Catequesis del Papa Benedicto XVI
durante la Audiencia General del miércoles 31 de Octubre de 2007

Queridos hermanos y hermanas:

A comienzos del siglo quinto, San Máximo de Turín contribuyó decisivamente a la consolidación del cristianismo en el norte de Italia. Se conservan pocas noticias de su vida, sin embargo, han llegado hasta nosotros unos noventa Sermones suyos. En ellos se puede constatar el vínculo profundo que unió a este insigne Obispo con la ciudad de la que fue Pastor. Frente a las graves tensiones de su tiempo, San Máximo logró congregar al pueblo cristiano a través de sus enseñanzas, atajando de este modo el deterioro de la convivencia y los conatos de dispersión. En su predicación, subrayó la coherencia entre fe y vida, entre Evangelio y cultura. Aunque el contexto social actual sea distinto, el magisterio de este Padre de la Iglesia no ha perdido su vigencia, pues hoy puede seguirse afirmando que la fe no aleja al cristiano de las tareas temporales, sino que, por el contrario, como ya señaló el Concilio Vaticano II, obliga a su perfecto cumplimiento, según la vocación personal de cada uno. Sobre esto mismo, yo pude reflexionar también hace unos años en la Nota doctrinal que escribí sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política.
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