« Anterior
La unidad de los dos Testamentos se deriva de la unidad del plan de Dios y
de su Revelación. El Antiguo Testamento prepara el Nuevo mientras que éste da
cumplimiento al Antiguo; los dos se esclarecen mutuamente; los dos son
verdadera Palabra de Dios.
"La Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho
con el Cuerpo de Cristo" (DV 21):
aquellas y éste alimentan y rigen toda la vida cristiana. "Para mis pies
antorcha es tu palabra, luz para mi sendero" (Sal 119, 105; Is 50, 4).
CAPÍTULO TERCERO: LA RESPUESTA DEL HOMBRE A DIOS
Por su revelación, "Dios invisible habla a los hombres como amigo,
movido por su gran amor y mora con ellos para invitarlos a la comunicación
consigo y recibirlos en su compañía" (DV 2). La respuesta adecuada a esta
invitación es la fe.
Por la fe, el hombre somete completamente su inteligencia y su voluntad a
Dios. Con todo su ser, el hombre da su asentimiento a Dios que revela (cf. DV 5). La Sagrada Escritura llama
"obediencia de la fe" a esta respuesta del hombre a Dios que revela
(cf. Rm 1, 5; 16, 26).
144 Artículo 1 CREO
I LA OBEDIENCIA DE LA FE
Obedecer ("ob - audire") en la fe, es someterse libremente a la
palabra escuchada, porque su verdad está garantizada por Dios, la Verdad misma.
De esta obediencia, Abraham es el modelo que nos propone la Sagrada Escritura.
La Virgen María es la realización más perfecta de la misma.
145 Abraham, "el padre de todos los creyentes"
La carta a los Hebreos, en el gran elogio de la fe de los antepasados
insiste particularmente en la fe de Abraham: "Por la fe, Abraham obedeció
y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber a
dónde iba" (Hb 11, 8; cf. Gn 12, 1 - 4). Por la fe, vivió
como extranjero y peregrino en la Tierra prometida (cf. Gn 23, 4). Por la fe, a Sara se otorgó
el concebir al hijo de la promesa. Por la fe, finalmente, Abraham ofreció a su
hijo único en sacrificio (cf. Hb 11, 17).
Abraham realiza así la definición de la fe dada por la carta a los Hebreos:
"La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no
se ven" (Hb 11, 1).
"Creyó Abraham en Dios y le fue reputado como justicia" (Rm 4, 3; cf. Gn 15, 6). Gracias a esta "fe
poderosa" (Rm 4, 20), Abraham
vino a ser "el padre de todos los creyentes" (Rm 4, 11. 18; cf. Gn 15, 15).
El Antiguo Testamento es rico en testimonios acerca de esta fe. La carta a
los Hebreos proclama el elogio de la fe ejemplar de los antiguos, por la cual
"fueron alabados" (Hb 11, 2.
39). Sin embargo, "Dios tenía ya dispuesto algo mejor": la gracia de
creer en su Hijo Jesús, "el que inicia y consuma la fe" (Hb 11, 40; 12, 2).
148 María : "Dichosa la que ha creído"
La Virgen María realiza de la manera más perfecta la obediencia de la fe. En
la fe, María acogió el anuncio y la promesa que le traía el ángel Gabriel,
creyendo que "nada es imposible para Dios" (Lc 1, 37; cf. Gn 18, 14) y dando su asentimiento:
"He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38). Isabel la saludó:
"¡Dichosa la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron
dichas de parte del Señor!" (Lc 1,
45). Por esta fe todas las generaciones la proclamarán bienaventurada (cf. Lc 1, 48).
Durante toda su vida, y hasta su última prueba (cf. Lc 2, 35), cuando Jesús, su hijo,
murió en la cruz, su fe no vaciló. María no cesó de creer en el "cumplimiento"
de la palabra de Dios. Por todo ello, la Iglesia venera en María la realización
más pura de la fe.
Siguiente »