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- Memorial de la pasión y
de la resurrección del Señor.
- Santo Sacrificio, porque
actualiza el único sacrificio de Cristo Salvador e incluye la ofrenda de la
Iglesia; o también santo sacrificio de la misa, "sacrificio de
alabanza" (Hch 13, 15; cf Sal 116, 13.
17), sacrificio espiritual (cf 1P 2, 5),
sacrificio puro (cf Ml 1, 11) y santo, puesto que
completa y supera todos los sacrificios de la Antigua Alianza.
- Santa y divina Liturgia,
porque toda la liturgia de la Iglesia encuentra su centro y su expresión más
densa en la celebración de este sacramento; en el mismo sentido se la llama
también celebración de los santos misterios. Se habla también del Santísimo
Sacramento porque es el Sacramento de los Sacramentos. Con este nombre se
designan las especies eucarísticas guardadas en el sagrario.
- Comunión, porque por
este sacramento nos unimos a Cristo que nos hace partícipes de su Cuerpo y de
su Sangre para formar un solo cuerpo (cf 1Co 10, 16 - 17); se la llama también las cosas santas [ta hagia; sancta]
(Const. Apost. 8, 13, 12; Didaché 9, 5; 10, 6) - es el sentido primero de la
comunión de los santos de que habla el Símbolo de los Apóstoles - , pan de los
ángeles, pan del cielo, medicina de inmortalidad (S. Ignacio de Ant. Ef 20, 2),
viático. . .
- Santa Misa porque la
liturgia en la que se realiza el misterio de salvación se termina con el envío
de los fieles (missio) a fin de que cumplan la voluntad de Dios en su vida
cotidiana.
1333
III.
LA EUCARISTIA EN LA ECONOMIA DE LA SALVACION
Los signos del pan y del vino
En el corazón de la celebración de la Eucaristía se encuentran el
pan y el vino que, por las palabras de Cristo y por la invocación del Espíritu
Santo, se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Fiel a la orden del
Señor, la Iglesia continúa haciendo, en memoria de él, hasta su retorno
glorioso, lo que él hizo la víspera de su pasión: "Tomó pan. . . ",
"tomó el cáliz lleno de vino. . . ". Al convertirse misteriosamente
en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, los signos del pan y del vino siguen
significando también la bondad de la creación. Así, en el ofertorio, damos
gracias al Creador por el pan y el vino (cf Sal 104, 13 - 15), fruto "del trabajo del
hombre", pero antes, "fruto de la tierra" y "de la
vid", dones del Creador. La Iglesia ve en en el gesto de Melquisedec, rey
y sacerdote, que "ofreció pan y vino" (Gn 14, 18) una prefiguración de
su propia ofrenda (cf MR, Canon Romano 95).
En la Antigua Alianza, el pan y el vino eran ofrecidos como
sacrificio entre las primicias de la tierra en señal de reconocimiento al Creador.
Pero reciben también una nueva significación en el contexto del Exodo: los
panes ácimos que Israel come cada año en la Pascua conmemoran la salida
apresurada y liberadora de Egipto. El recuerdo del maná del desierto sugerirá
siempre a Israel que vive del pan de la Palabra de Dios (Dt 8, 3).
Finalmente, el pan de cada día es el fruto de la Tierra prometida, prenda de la
fidelidad de Dios a sus promesas. El "cáliz de bendición" (1Co 10, 16), al final del banquete
pascual de los judíos, añade a la alegría festiva del vino una dimensión
escatológica, la de la espera mesiánica del restablecimiento de Jerusalén.
Jesús instituyó su Eucaristía dando un sentido nuevo y definitivo a la
bendición del pan y del cáliz.
Los milagros de la multiplicación de los panes, cuando el Señor
dijo la bendición, partió y distribuyó los panes por medio de sus discípulos
para alimentar la multitud, prefiguran la sobreabundancia de este único pan de
su Eucaristía (cf. Mt 14, 13 - 21; 15, 32 - 29). El signo del agua
convertida en vino en Caná (cf Jn 2, 11) anuncia ya la Hora de
la glorificación de Jesús. Manifiesta el cumplimiento del banquete de las bodas
en el Reino del Padre, donde los fieles beberán el vino nuevo (cf Mc 14, 25)
convertido en Sangre de Cristo.
El primer anuncio de la Eucaristía dividió a los discípulos, igual
que el anuncio de la pasión los escandalizó: "Es duro este lenguaje,
¿quién puede escucharlo?" (Jn 6, 60). La Eucaristía y la
cruz son piedras de tropiezo. Es el mismo misterio, y no cesa de ser ocasión de
división. "¿También vosotros queréis marcharos?" (Jn 6, 67):
esta pregunta del Señor, resuena a través de las edades, invitación de su amor
a descubrir que sólo él tiene "palabras de vida eterna" (Jn 6, 68),
y que acoger en la fe el don de su Eucaristía es acogerlo a él mismo.
1337
La
institución de la Eucaristía
El Señor, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin.
Sabiendo que había llegado la hora de partir de este mundo para retornar a su
Padre, en el transcurso de una cena, les lavó los pies y les dio el mandamiento
del amor (Jn
13, 1 - 17). Para dejarles
una prenda de este amor, para no alejarse nunca de los suyos y hacerles
partícipes de su Pascua, instituyó la Eucaristía como memorial de su muerte y
de su resurrección y ordenó a sus apóstoles celebrarlo hasta su retorno,
"constituyéndoles entonces sacerdotes del Nuevo Testamento" (Cc. de
Trento: DS 1740).
Los tres evangelios sinópticos y S. Pablo nos han tran smitido el
relato de la institución de la Eucaristía; por su parte, S. Juan relata las palabras
de Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm, palabras que preparan la institución de
la Eucaristía: Cristo se designa a sí mismo como el pan de vida, bajado del
cielo (cf Jn 6).
Jesús escogió el tiempo de la Pascua para realizar lo que había
anunciado en Cafarnaúm: dar a sus discípulos su Cuerpo y su Sangre:
Llegó el día de los Azimos, en el que se había de inmolar el
cordero de Pascua; (Jesús) envió a Pedro y a Juan, diciendo: `Id y preparadnos
la Pascua para que la comamos'. . . fueron. . . y prepararon la Pascua. Llegada
la hora, se puso a la mesa con los apóstoles; y les dijo: `Con ansia he deseado
comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que ya no la
comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios'. . . Y tomó
pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: `Esto es mi cuerpo que va a
ser entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío'. De igual modo, después
de cenar, el cáliz, diciendo: `Este cáliz es la Nueva Alianza en mi sangre, que
va a ser derramada por vosotros' (Lc 22, 7 - 20; cf Mt 26, 17 - 29; Mc 14, 12 - 25; 1Co
11, 23 - 26).
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