DV CONSTITUCION DOGMATICA "DEI
VERBUM" SOBRE LA DIVINA REVELACION
Proemio
CAPITULO
I: LA REVELACION EN SI MISMA.
[Naturaleza
y objeto de la revelación]
[Preparación
de la revelación evangélica]
[Cristo
lleva a su culmen la revelación]
[La
revelación hay que recibirla con fe]
[Las
verdades reveladas]
CAPITULO
II: TRANSMISION DE LA REVELACION DIVINA.
[Los
Apóstoles y sus sucesores, heraldos del Evangelio]
[La
Sagrada Tradición]
[Mutua
relación entre la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura]
[Relación
de una y otra con toda la Iglesia y con el Magisterio]
CAPITULO
III: INSPIRACION DIVINA DE LA SAGRADA ESCRITURA
[Se
establece el hecho de la inspiración y de la verdad de la Sagrada Escritura]
[Cómo
hay que interpretar la Sagrada Escritura]
[Condescendencia
de Dios]
CAPITULO
IV: EL ANTIGUO TESTAMENTO.
[La
historia de la salvación consignada en los libros del Antiguo Testamento]
[Importancia
del Antiguo Testamento para los cristianos]
[Unidad
de ambos Testamentos]
CAPITULO
V: EL NUEVO TESTAMENTO.
[Excelencia
del Nuevo Testamento]
[Origen
apostólico de los Evangelios]
[Carácter
histórico de los Evangelios]
[Los
restantes escritos del Nuevo Testamento]
CAPITULO
VI: LA SAGRADA ESCRITURA EN LA VIDA DE LA IGLESIA.
[La
Iglesia venera las Sagradas Escrituras]
[Se
recomiendan las traducciones bien cuidadas]
[Deber
de los católicos doctos]
[Importancia
de la Sagrada Escritura para la Teología]
[Se
recomienda la lectura asidua de la Sagrada Escritura]
[Epílogo]
Proemio
1 El Santo Concilio, escuchando religiosamente la palabra
de Dios y proclamándola confiadamente, hace cuya la frase de San Juan, cuando
dice: "Os anunciamos la vida terna, que estaba en el Padre y se nos
manifestó: lo que hemos visto y oído os lo anunciamos a vosotros, a fin de que
viváis también en comunión con nosotros, y esta comunión nuestra sea con el
Padre y con su Hijo Jesucristo" (1Jn
1, 2 - 3). Por tanto siguiendo las huellas de los Concilios
Tridentino y Vaticano I, se propone exponer la doctrina genuina sobre la divina
revelación y sobre su transmisión para que todo el mundo, oyendo, crea el
anuncio de la salvación; creyendo, espere, y esperando, ame
CAPITULO I: LA REVELACION EN SI MISMA.
[Naturaleza y objeto de la revelación]
2 Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a
conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de
Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen
consortes de la naturaleza divina. En consecuencia, por esta revelación, dios
invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con
ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía.
Este plan de la revelación se realiza con hechos y palabras intrínsecamente
conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de
la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por
las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el
misterio contenido en ellas. Pero la verdad íntima acerca de Dios y acerca de
la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un
tiempo mediador y plenitud de toda la revelación
[Preparación de la revelación evangélica]
3 Dios, creándolo todo y conservándolo por su Verbo, da a
los hombres testimonio perenne de sí en las cosas creadas, y, queriendo abrir
el camino de la salvación sobrenatural, se manifestó, además, personalmente a
nuestros primeros padres ya desde el principio. Después de su caída alentó en
ellos la esperanza de la salvación, con la promesa de la redención, y tuvo
incesante cuidado del género humano, para dar la vida terna a todos los que
buscan la salvación con la perseverancia en las buenas obras. En su tiempo
llamó a Abraham para hacerlo padre de una gran pueblo, al que luego instruyó
por los Patriarcas, por Moisés y por los Profetas para que lo reconocieran Dios
único, vivo y verdadero, Padre providente y justo juez, y para que esperaran al
Salvador prometido, y de esta forma, a través de los siglos, fue preparando el
camino del Evangelio
[Cristo lleva a su culmen la revelación]
4 Después que Dios habló muchas veces y de muchas maneras
por los Profetas, "últimamente, en estos días, nos habló por su
Hijo". pues envió a su Hijo, es decir, al Verbo eterno, que ilumina a
todos los hombres, para que viviera entre ellos y les manifestara los secretos
de Dios; Jesucristo, pues, el Verbo hecho carne, "hombre enviado, a los
hombres", "habla palabras de Dios" y lleva a cabo la obra de la
salvación que el Padre le confió. Por tanto, Jesucristo - ver al cual es ver al
Padre - , con su total presencia y manifestación personal, con palabras y
obras, señales y milagros, y, sobre todo, con su muerte y resurrección gloriosa
de entre los muertos; finalmente, con el envío del Espíritu de verdad, completa
la revelación y confirma con el testimonio divino que vive en Dios con nosotros
para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la
vida eterna
La economía cristiana, por tanto, como alianza nueva y definitiva, nunca
cesará, y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa
manifestación de nuestro Señor Jesucristo (cf. 1Tm 6, 14; Tt 2, 13)
[La revelación hay que recibirla con fe]
5 Cuando Dios revela hay que prestarle "la obediencia
de la fe", por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios
prestando "a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la
voluntad", y asistiendo voluntariamente a la revelación hecha por El. Para
profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios, que proviene y ayuda, a los
auxilios internos del Espíritu Santo, el cual mueve el corazón y lo convierte a
Dios, abre los ojos de la mente y da "a todos la suavidad en el aceptar y
creer la verdad". Y para que la inteligencia de la revelación sea más
profunda, el mismo Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de
sus dones
[Las verdades reveladas]
6 Mediante la revelación divina quiso Dios manifestarse a
Sí mismo y los eternos decretos de su voluntad acerca de la salvación de los
hombres, "para comunicarles los bienes divinos, que superan totalmente la
comprensión de la inteligencia humana".
Confiesa el Santo Concilio "que Dios, principio y fin de todas las
cosas, puede ser conocido con seguridad por la luz natural de la razón humana,
partiendo de las criaturas"; pero enseña que hay que atribuir a Su
revelación "el que todo lo divino que por su naturaleza no sea inaccesible
a la razón humana lo pueden conocer todos fácilmente, con certeza y sin error
alguno, incluso en la condición presente del género humano
CAPITULO II: TRANSMISION DE LA REVELACION
DIVINA.
[Los Apóstoles y sus sucesores, heraldos del
Evangelio]
7 Dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado
para la salvación de los hombres permaneciera íntegro para siempre y se fuera
transmitiendo a todas las generaciones. Por ello Cristo Señor, en quien se
consuma la revelación total del Dios sumo, mandó a los Apóstoles que predicaran
a todos los hombres el Evangelio, comunicándoles los dones divinos. Este
Evangelio, prometido antes por los Profetas, lo completó El y lo promulgó con
su propia boca, como fuente de toda la verdad salvadora y de la ordenación de
las costumbres. Lo cual fue realizado fielmente, tanto por los Apóstoles, que
en la predicación oral comunicaron con ejemplos e instituciones lo que habían
recibido por la palabra, por la convivencia y por las obras de Cristo, o habían
aprendido por la inspiración del Espíritu Santo, como por aquellos Apóstoles y
varones apostólicos que, bajo la inspiración del mismo Espíritu, escribieron el
mensaje de la salvación
Mas para que el Evangelio se conservara constantemente íntegro y vivo en la
Iglesia, los Apóstoles dejaron como sucesores suyos a los Obispos,
"entregándoles su propio cargo del magisterio". Por consiguiente,
esta sagrada tradición y la Sagrada Escritura de ambos Testamentos son como un
espejo en que la Iglesia peregrina en la tierra contempla a Dios, de quien todo
lo recibe, hasta que le sea concedido el verbo cara a cara, tal como es (cf. 1Jn 3, 2)
[La Sagrada Tradición]
8 Así, pues, la predicación apostólica, que está expuesta
de un modo especial en los libros inspirados, debía conservarse hasta el fin de
los tiempos por una sucesión continua.
De ahí que los Apóstoles, comunicando lo que de ellos mismos han recibido,
amonestan a los fieles que conserven las tradiciones que han aprendido o de
palabra o por escrito, y que sigan combatiendo por la fe que se les ha dado una
vez para siempre. Ahora bien, lo que enseñaron los Apóstoles encierra todo lo
necesario para que el Pueblo de Dios viva santamente y aumente su fe, y de esta
forma la Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto perpetúa y transmite
a todas las generaciones todo lo que ella es, todo lo que cree
Esta Tradición, que deriva de los Apóstoles, progresa en la Iglesia con la
asistencia del Espíritu Santo: puesto que va creciendo en la comprensión de las
cosas y de las palabras transmitidas, ya por la contemplación y el estudio de
los creyentes, que las meditan en su corazón y, ya por la percepción íntima que
experimentan de las cosas espirituales, ya por el anuncio de aquellos que con
la sucesión del episcopado recibieron el carisma cierto de la verdad. Es decir,
la Iglesia, en el decurso de los siglos, tiende constantemente a la plenitud de
la verdad divina, hasta que en ella se cumplan las palabras de Dios
Las enseñanzas de los Santos Padres testifican la presencia viva de esta
tradición, cuyos tesoros se comunican a la práctica y a la vida de la Iglesia
creyente y orante. Por esta Tradición conoce la Iglesia el Canon íntegro de los
libros sagrados, y la misma Sagrada Escritura se va conociendo en ella más a
fondo y se hace incesantemente operativa, y de esta forma, Dios, que habló en
otro tiempo, habla sin intermisión con la Esposa de su amado Hijo; y el
Espíritu Santo, por quien la voz del Evangelio resuena viva en la Iglesia, y
por ella en el mundo, va induciendo a los creyentes en la verdad entera, y hace
que la palabra de Cristo habite en ellos abundantemente (cf. Col 3, 16)
[Mutua relación entre la Sagrada Tradición y
la Sagrada Escritura]
9 Así, pues, la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura
están íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma
divina fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin. Ya que la
Sagrada Escritura es la palabra de Dios en cuanto se consigna por escrito bajo
la inspiración del Espíritu Santo, y la Sagrada Tradición transmite íntegramente
a los sucesores de los Apóstoles la palabra de Dios, a ellos confiada por
Cristo Señor y por el Espíritu Santo para que, con la luz del Espíritu de la
verdad la guarden fielmente, la expongan y la difundan con su predicación; de
donde se sigue que la Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura su
certeza acerca de todas las verdades reveladas. Por eso se han de recibir y
venerar ambas con un mismo espíritu de piedad
[Relación de una y otra con toda la Iglesia
y con el Magisterio]
10 La Sagrada Tradición, pues, y la Sagrada Escritura
constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la
Iglesia; fiel a este depósito todo el pueblo santo, unido con sus pastores en
la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, persevera constantemente en la
fracción del pan y en la oración (cf. Hch
8, 42), de suerte que prelados y fieles colaboran estrechamente en la
conservación, en el ejercicio y en la profesión de la fe recibida
Pero el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o
transmitida ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya
autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo. Este Magisterio, evidentemente,
no está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que
le ha sido confiado, por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo
la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de este
único depósito de la fe saca todo lo que propone como verdad revelada por Dios
que se ha de creer
Es evidente, por tanto, que la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el
Magisterio de la Iglesia, según el designio sapientísimo de Dios, están
entrelazados y unidos de tal forma que no tiene consistencia el uno sin el
otro, y que, juntos, cada uno a su modo, bajo la acción del Espíritu Santo,
contribuyen eficazmente a la salvación de las almas
CAPITULO III: INSPIRACION DIVINA DE LA
SAGRADA ESCRITURA
Y SU INTERPRETACION.
[Se establece el hecho de la inspiración y
de la verdad de la Sagrada Escritura]
11 Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y
manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del
Espíritu Santo. la santa Madre Iglesia, según la fe apostólica, tiene por
santos y canónicos los libros enteros del Antiguo y Nuevo Testamento con todas
sus partes, porque, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a
Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia. Pero en la
redacción de los libros sagrados, Dios eligió a hombres, que utilizó usando de
sus propias facultades y medios, de forma que obrando El en ellos y por ellos,
escribieron, como verdaderos autores, todo y sólo lo que El quería
Pues, como todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirman, debe
tenerse como afirmado por el Espíritu Santo, hay que confesar que los libros de
la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios
quiso consignar en las sagradas letras que nuestra salvación. Así, pues,
"toda la Escritura es divinamente inspirada y útil para enseñar, para
argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de
Dios sea perfecto y equipado para toda obra buena" (2Tm 3, 16 - 17)
[Cómo hay que interpretar la Sagrada
Escritura]
12 Habiendo, pues, hablando dios en la Sagrada Escritura
por hombres y a la manera humana, para que el intérprete de la Sagrada
Escritura comprenda lo que El quiso comunicarnos, debe investigar con atención
lo que pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y plugo a Dios
manifestar con las palabras de ellos
Para descubrir la intención de los hagiógrafos, entre otras cosas hay que
atender a "los géneros literarios".
Puesto que la verdad se propone y se expresa de maneras diversas en los
textos de diverso género: histórico, profético, poético o en otros géneros
literarios.
Conviene, además, que el intérprete investigue el sentido que intentó
expresar y expresó el hagiógrafo en cada circunstancia según la condición de su
tiempo y de su cultura, según los géneros literarios usados en su época. Pues
para entender rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escritos,
hay que atender cuidadosamente tanto a las formas nativas usadas de pensar, de
hablar o de narrar vigentes en los tiempos del hagiógrafo, como a las que en
aquella época solían usarse en el trato mutuo de los hombres
Mas como la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo
Espíritu con que se escribió para sacar el sentido exacto de los textos
sagrados, hay que atender no menos diligentemente al contenido y a la unidad de
toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuenta la Tradición viva de toda la
Iglesia y la analogía de la fe. Es deber de los exegetas trabajar según estas
reglas para entender y exponer totalmente el sentido de la Sagrada Escritura,
para que, como en un estudio previo, vaya madurando el juicio de la Iglesia.
Por que todo lo que se refiere a la interpretación de la Sagrada Escritura,
está sometido en última instancia a la Iglesia, que tiene el mandato y el
ministerio divino de conservar y de interpretar la palabra de Dios
[Condescendencia de Dios]
13 En la Sagrada Escritura, pues, se manifiesta, salva
siempre la verdad y la santidad de Dios, la admirable
"condescendencia" de la sabiduría eterna, "para que conozcamos
la inefable benignidad de Dios, y de cuánta adaptación de palabra ha uso
teniendo providencia y cuidado de nuestra naturaleza". Porque las palabras
de Dios expresadas con lenguas humanas se han hecho semejantes al habla humana,
como en otro tiempo el Verbo del Padre Eterno, tomada la carne de la debilidad
humana, se hizo semejante a los hombres
CAPITULO IV: EL ANTIGUO TESTAMENTO.
[La historia de la salvación consignada en
los libros del Antiguo Testamento]
14 Dios amantísimo, buscando y preparando solícitamente la
salvación de todo el género humano, con singular favor se eligió un pueblo, a
quien confió sus promesas. Hecho, pues, el pacto con Abraham y con el pueblo de
Israel por medio de Moisés, de tal forma se reveló con palabras y con obras a
su pueblo elegido como el único Dios verdadero y vivo, que Israel experimentó
cuáles eran los caminos de Dios con los hombres, y, hablando el mismo Dios por
los Profetas, los entendió más hondamente y con más claridad de día en día, y
los difundió ampliamente entre las gentes. La economía, pues, de la salvación
preanunciada, narrada y explicada por los autores sagrados, se conserva como
verdadera palabra de Dios en los libros del Antiguo Testamento; por lo cual
estos libros inspirados por Dios conservan un valor perenne: "Pues todo
cuanto está escrito, para nuestra enseñanza, fue escrito, a fin de que por la
paciencia y por la consolación de las Escrituras estemos firmes en la
esperanza" (Rm 15, 4)
[Importancia del Antiguo Testamento para los
cristianos]
15 La economía del Antiguo Testamento estaba ordenada,
sobre todo, para preparar, anunciar proféticamente y significar con diversas
figuras la venida de Cristo redentor universal y la del Reino Mesiánico. mas
los libros del Antiguo Testamento manifiestan a todos el conocimiento de Dios y
del hombre, y las formas de obrar de Dios justo y misericordioso con los
hombres, según la condición del género humano en los tiempos que precedieron a
la salvación establecida por Cristo. Estos libros, aunque contengan también
algunas cosas imperfectas y adaptadas a sus tiempos, demuestran, sin embargo,
la verdadera pedagogía divina. Por tanto, los cristianos han de recibir
devotamente estos libros, que expresan el sentimiento vivo de Dios, y en los
que se encierran sublimes doctrinas acerca de Dios y una sabiduría salvadora
sobre la vida del hombre, y tesoros admirables de oración, y en los que, por
fin, está latente el misterio de nuestra salvación
[Unidad de ambos Testamentos]
16 Dios, pues, inspirador y autor de ambos Testamentos,
dispuso las cosas tan sabiamente que el Nuevo Testamento está latente en el Antiguo
y el Antiguo está patente en el Nuevo. Porque, aunque Cristo fundó el Nuevo
Testamento en su sangre, no obstante los libros del Antiguo Testamento
recibidos íntegramente en la proclamación evangélica, adquieren y manifiestan
su plena significación en el Nuevo Testamento, ilustrándolo y explicándolo al
mismo tiempo.
CAPITULO V: EL NUEVO TESTAMENTO.
[Excelencia del Nuevo Testamento]
17 La palabra divina que es poder de Dios para la salvación
de todo el que cree, se presenta y manifiesta su vigor de manera especial en
los escritos del Nuevo Testamento. Pues al llegar la plenitud de los tiempos el
Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad. Cristo
instauró el Reino de Dios en la tierra, manifestó a su Padre y a Sí mismo con
obras y palabras y completó su obra con la muerte, resurrección y gloriosa
ascensión, y con la misión del Espíritu Santo. Levantado de la tierra, atrae a
todos a Sí mismo, El, el único que tiene palabras de vida eterna. pero este
misterio no fue descubierto a otras generaciones, como es revelado ahora a sus
santos Apóstoles y Profetas en el Espíritu Santo, para que predicaran el
Evangelio, suscitaran la fe en Jesús, Cristo y Señor, y congregaran la Iglesia.
De todo lo cual los escritos del Nuevo Testamento son un testimonio perenne y
divino
[Origen apostólico de los Evangelios]
18 Nadie ignora que entre todas las Escrituras, incluso del
Nuevo Testamento, los Evangelios ocupan, con razón, el lugar preeminente,
puesto que son el testimonio principal de la vida y doctrina del Verbo
Encarnado, nuestro Salvador
La Iglesia siempre ha defendido y defiende que los cuatro Evangelios tienen
origen apostólico. Pues lo que los Apóstoles predicaron por mandato de Cristo,
luego, bajo la inspiración del Espíritu Santo, ellos y los varones apostólicos
nos lo transmitieron por escrito, fundamento de la fe, es decir, el Evangelio
en cuatro redacciones, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan
[Carácter histórico de los Evangelios]
19 La Santa Madre Iglesia firme y constantemente ha creído
y cree que los cuatro referidos Evangelios, cuya historicidad afirma sin
vacilar, comunican fielmente lo que Jesús Hijo de Dios, viviendo entre los
hombres, hizo y enseñó realmente para la salvación de ellos, hasta el día que
fue levantado al cielo. los Apóstoles, , ciertamente, después de la ascensión
del Señor, predicaron a sus oyentes lo que El había dicho y obrado, con aquella
crecida inteligencia de que ellos gozaban, amaestrados por los acontecimientos
gloriosos de Cristo y por la luz del Espíritu de verdad. Los autores sagrados
escribieron los cuatro Evangelios escogiendo algunas cosas de las muchas que ya
se trasmitían de palabra o por escrito, sintetizando otras, o explicándolas
atendiendo a la condición de las Iglesias, reteniendo por fin la forma de
proclamación de manera que siempre nos comunicaban la verdad sincera acerca de
Jesús. Escribieron, pues, sacándolo ya de su memoria o recuerdos, ya del
testimonio de quienes "desde el principio fueron testigos oculares y ministros
de la palabra" para que conozcamos "la verdad" de las palabras
que nos enseñan (cf. Lc 1, 2 -
4)
[Los restantes escritos del Nuevo
Testamento]
20 El Canon del Nuevo Testamento, además de los cuatro Evangelios,
contiene también las cartas de San Pablo y otros libros apostólicos escritos
bajo la inspiración del Espíritu Santo, con los cuales, según la sabia
disposición de Dios, se confirma todo lo que se refiere a Cristo Señor, se
declara más y más su genuina doctrina, se manifiesta el poder salvador de la
obra divina de Cristo, y se cuentan los principios de la Iglesia y su admirable
difusión, y se anuncia su gloriosa consumación
El Señor Jesús, pues, estuvo con los Apóstoles como había prometido y les envió
el Espíritu Consolador, para que los introdujera en la verdad completa (cf. Jn 16, 13)
CAPITULO VI: LA SAGRADA ESCRITURA EN LA VIDA
DE LA IGLESIA.
[La Iglesia venera las Sagradas Escrituras]
21 la Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras
al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de
distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la palabra de Dios como del
Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia. Siempre las ha considerado
y considera, juntamente con la Sagrada Tradición, como la regla suprema de su
fe, puesto que, inspiradas por Dios y escritas de una vez para siempre,
comunican inmutablemente la palabra del mismo Dios, y hacen resonar la voz del
Espíritu Santo en las palabras de los Profetas y de los Apóstoles. Es
necesario, por consiguiente, que toda la predicación eclesiástica, como la
misma religión cristiana, se nutra de la Sagrada Escritura, y se rija por ella.
Porque en los sagrados libros el Padre que está en los cielos se dirige con
amor a sus hijos y habla con ellos; y es tanta la eficacia que radica en la
palabra de Dios, que es, en verdad, apoyo y vigor de la Iglesia, y fortaleza de
la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente pura y perenne de la vida
espiritual. Muy a propósito se aplican a la Sagrada Escritura estas palabras:
"Pues la palabra de Dios es viva y eficaz", "que puede edificar
y dar la herencia a todos los que han sido santificados"
[Se recomiendan las traducciones bien
cuidadas]
22 Es conveniente que los cristianos tengan amplio acceso a
la Sagrada Escritura. Por ello la Iglesia ya desde sus principios, tomó como
suya la antiquísima versión griega del Antiguo Testamento, llamada de los
Setenta, y conserva siempre con honor otras traducciones orientales y latinas,
sobre todo la que llaman Vulgata. Pero como la palabra de Dios debe estar
siempre disponible, la Iglesia procura, con solicitud materna, que se redacten
traducciones aptas y fieles en varias lenguas, sobre todo de los textos
primitivos de los sagrados libros. Y si estas traducciones, oportunamente y con
el beneplácito de la Autoridad de la Iglesia, se llevan a cabo incluso con la
colaboración de los hermanos separados, podrán usarse por todos los cristianos
[Deber de los católicos doctos]
23 La esposa del Verbo Encarnado, es decir, la Iglesia,
enseñada por el Espíritu Santo, se esfuerza en acercarse, de día en día, a la
más profunda inteligencia de las Sagradas Escrituras, para alimentar sin desfallecimiento
a sus hijos con la divina enseñanzas; por lo cual fomenta también
convenientemente el estudio de los Santos Padres, tanto del Oriente como del
Occidente, y de las Sagradas Liturgias. Los exegetas católicos, y demás
teólogos deben trabajar, aunando diligentemente sus fuerzas, para investigar y
proponer las Letras divinas, bajo la vigilancia del Sagrado Magisterio, con los
instrumentos oportunos, de forma que el mayor número posible de ministros de la
palabra pueden repartir fructuosamente al Pueblo de Dios el alimento de las
Escrituras, que ilumine la mente, robustezca las voluntades y encienda los
corazones de los hombres en el amor de Dios. El Sagrado Concilio anima a los
hijos de la Iglesia dedicados a los estudios bíblicos, para que la obra felizmente
comenzada, renovando constantemente las fuerzas, la sigan realizando con todo
celo, según el sentir de la Iglesia
[Importancia de la Sagrada Escritura para la
Teología]
24 La Sagrada Teología se apoya, como en cimientos perpetuo
en la palabra escrita de Dios, al mismo tiempo que en la Sagrada Tradición, y
con ella se robustece firmemente y se rejuvenece de continuo, investigando a la
luz de la fe toda la verdad contenida en el misterio de Cristo. las Sagradas
Escrituras contienen la palabra de Dios y, por ser inspiradas, son en verdad la
palabra de Dios; por consiguiente, el estudio de la Sagrada Escritura ha de ser
como el alma de la Sagrada Teología. También el ministerio de la palabra, esto
es, la predicación pastoral, la catequesis y toda instrucción cristiana, en que
es preciso que ocupe un lugar importante la homilía litúrgica, se nutre
saludablemente y se vigoriza santamente con la misma palabra de la Escritura
[Se recomienda la lectura asidua de la
Sagrada Escritura]
25 Es necesario, pues, que todos los clérigos, sobre todo
los sacerdotes de Cristo y los demás que como los diáconos y catequistas se
dedican legítimamente al ministerio de la palabra, se sumerjan en las
Escrituras con asidua lectura y con estudio diligente, para que ninguno de
ellos resulte "predicador vacío y superfluo de la palabra de Dios que no
la escucha en su interior", puesto que debe comunicar a los fieles que se
le han confiado, sobre todo en la Sagrada Liturgia, las inmensas riquezas de la
palabra divina. De igual forma el Santo Concilio exhorta con vehemencia a todos
los cristianos en particular a los religiosos, a que aprendan "el sublime
conocimiento de Jesucristo", con la lectura frecuente de las divinas
Escrituras. "Porque el desconocimiento de las Escrituras es
desconocimiento de Cristo". Lléguense, pues, gustosamente, al mismo
sagrado texto, ya por la Sagrada Liturgia, llena del lenguaje de Dios, ya por
la lectura espiritual, ya por instituciones aptas para ello, y por otros
medios, que con la aprobación o el cuidado de los Pastores
de la Iglesia se difunden ahora laudablemente por todas partes. peor no
olviden que debe acompañar la oración a la lectura de la Sagrada Escritura para
que se entable diálogo entre Dios y el hombre; porque "a El hablamos
cuando oramos, y a El oímos cuando leemos las palabras divinas
Incumbe a los Prelados, "depositarios de la doctrina apostólica",
instruir oportunamente a los fieles a ellos confiados, para que usen rectamente
los libros sagrados, sobre todo el Nuevo Testamento, y especialmente los
Evangelios por medio de traducciones de los sagrados textos, que estén
provistas de las explicaciones necesarias y suficientes para que los hijos de
la Iglesia se familiaricen sin peligro y provechosamente con las Sagradas
Escrituras y se penetren de su espíritu
Háganse, además, ediciones de la Sagrada Escritura, provistas de notas
convenientes, para uso también de los no cristianos, y acomodadas a sus
condiciones, y procuren los pastores de las almas y los cristianos de cualquier
estado divulgarlas como puedan con toda habilidad
[Epílogo]
26 Así, pues, con la lectura y el estudio de los Libros
Sagrados "la palabra de Dios se difunda y resplandezca" y el tesoro
de la revelación, confiado a la Iglesia, llene más y más los corazones de los
hombres. Como la vida de la Iglesia recibe su incremento de la renovación
constante del misterio Eucarístico, así es de esperar un nuevo impulso de la
vida espiritual de la acrecida veneración de la palabra de Dios que
"permanece para siempre" (Is
40, 8; cf. 1P 1, 23 - 25)
Todas y cada una de las cosas contenidas en esta Constitución Dogmática han
obtenido el beneplácito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud
de la potestad apostólica recibida de Cristo, juntamente con los Venerables
Padres, las aprobamos, decretamos y establecemos en el Espíritu Santo, y
mandamos que lo así decidido conciliarmente sea promulgado para gloria de Dios
Roma, en San Pedro, 18 de noviembre de 1965. Yo, PABLO, Obispo de la Iglesia
católica.