IM DECRETO "INTER MIRIFICA" SOBRE LOS MEDIOS DE
COMUNICACION SOCIAL
Proemio
[Maravillosos inventos de la técnica]
CAPITULO I: NORMAS REGULADORAS DEL RECTO USO DE LOS MEDIOS
[La Iglesia y los medios de comunicación social]
[Recta conciencia en el uso de los medios de comunicación social]
[Primacía del Orden moral]
[Deberes de justicia y caridad]
[De los destinatarios de la información]
[De los sujetos activos de la información]
[De las autoridades]
CAPITULO II: LOS MEDIOS DE COMUNICACION SOCIAL
[Medios de comunicación social católicos]
[Formación católica para el uso de estos medios]
[Apoyo económico a los medios católicos de comunicación social]
[Organismos adecuados]
[Trabajo coordinado]
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Entre los
maravillosos inventos de la técnica que, el ingenio humano, principalmente en
estos días, extrajo de las cosas creadas con la ayuda de Dios la Madre Iglesia
acoge y fomenta aquellos que miran principalmente al espíritu humano y han
abierto nuevos caminos para comunicar facilísimamente las noticias, ideas y
órdenes. Entre tales instrumentos sobresalen aquellos que por su naturaleza no
sólo pueden llegar a cada uno de los hombres, sino a las multitudes y a toda la
sociedad humana, como la prensa, el cine, la radio, la televisión y otros que,
por ello mismo, pueden llamarse con toda razón medios de comunicación social
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La Madre Iglesia
reconoce que estos instrumentos, rectamente utilizados, prestan ayuda valiosa
al género humano, puesto que contribuyen eficazmente a distender y cultivar los
espíritus y a propagar y afirmar el reino de Dios; sabe también que los hombres
pueden utilizar tales medios contra los mandamientos del Creador y convertirlos
en instrumentos de su propio daño; más aún, siente maternal angustia por los
daños que de su mal uso se han infligido con demasiada frecuencia a la sociedad
humana.
Por lo
cual, el Sacrosanto Concilio, acogiendo la vigilante preocupación de los Sumos
Pontífices y Obispos en cuestión de tanta importancia, considera su deber
ocuparse de las principales cuestiones pertinentes a los instrumentos de
comunicación social. Confía, además, que su doctrina y disciplina, así
presentadas, aprovecharán no sólo al bien de los cristianos, sino al progreso
de todo el género humano
DE COMUNICACION SOCIAL
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La Iglesia
católica, fundada por nuestro Señor Jesucristo para la salvación de todos los
hombres, y por lo mismo que está obligada a la evangelización de toda criatura,
considera parte de su misión servirse de los instrumentos de comunicación
social para predicar a los hombres el mensaje de salvación y enseñarles el
recto uso de estos medios.
A la
Iglesia, pues, corresponde el derecho natural de usar y poseer todos los
instrumentos de este orden en cuanto sean necesarios o útiles para la educación
cristiana y para toda su obra de la salvación de las almas, y corresponde,
pues, a los sagrados pastores el deber de instruir y gobernar a los fieles de
modo que éstos, sirviéndose de dichos instrumentos, atiendan a su propia
perfección y salvación, así como a la de todo el género humano.
Por lo
demás, corresponde principalmente a los laicos penetrar de espíritu cristiano
esta clase de medios a fin de que respondan a la gran esperanza del género
humano y a los designios divinos.
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Para el recto uso
de estos medios es absolutamente necesario que todos los que se sirven de ellos
conozcan y llevan a la práctica en este campo las normas del orden moral.
Consideren, pues, la especial naturaleza de las cosas que se difunden a través
de estos instrumentos, según la peculiar naturaleza de cada uno; tengan, a la
vez, en cuenta, las circunstancias o condiciones todas, es decir, el fin, las
personas, el lugar, el tiempo y demás datos que entran en juego en los diversos
medios de comunicación, y aquellas otras circunstancias que pueden hacer perder
su honestidad o cambiarla; entre las cuales el carácter específico con que
actúa cada instrumento, es decir, su propia fuerza, que puede ser tan grande
que los hombres, sobre todo si no están formados, difícilmente sean capaces de
advertirla, dominarla y, si llega el caso, rechazarla
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En necesario, más
que nada, que todos los interesados, en la utilización de estos medios de
comunicación se formen recta conciencia sobre tal uso, en particular por lo que
se refiere a algunas cuestiones agriamente debatidas en nuestros días.
La primera
cuestión se refiere a la llamada información, a la obtención y divulgación de
las noticias. Es evidente que tal información, por razón del moderno progreso
de la sociedad humana y por los más estrechos vínculos entre sus miembros,
resulta muy útil y, las más de las veces, necesaria, pues el intercambio
público y puntual de noticias sobre acontecimientos y cosas facilita a los
hombres un conocimiento más amplio y continuo de la actualidad, de modo que
puedan contribuir eficazmente al bien común y al mayor progreso de toda la
sociedad humana. Existe, pues, en el seno de la sociedad humana el derecho a la
información sobre aquellas cosas que convienen a los hombres, según las
circunstancias de cada cual, tanto particularmente como constituidos en
sociedad. Sin embargo, el recto uso de este derecho exige que la información
sea siempre objetivamente verdadera y, salva la justicia y la caridad, íntegra;
en cuanto al modo, ha de ser, además, honesta y conveniente, es decir, que
respete las leyes morales del hombre, sus legítimos derechos y dignidad, tanto
en la obtención de la noticia como en su divulgación; pues no toda la ciencia
aprovecha, "pero la caridad es constructiva" (1Co 8, 1)
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Una segunda
cuestión se plantea sobre las relaciones que median entre los llamados derechos
del arte y las normas de la ley moral. Dado que, no rara vez, las controversias
que surgen sobre este tema tienen su origen en falsas doctrinas sobre ética y
estética, el Concilio proclama que la primacía del orden moral objetivo ha de
ser aceptada por todos, puesto que es el único que supera y congruentemente
ordena todos los demás órdenes humanos por dignos que sean, sin excluir el
arte. Pues solamente el orden moral abarca, en toda su naturaleza, al hombre,
hechura racional de Dios y llamado a lo sobrenatural; y cuando tal orden moral
se observa íntegra y fielmente, le conduce a la perfección y bienaventuranza
plena.
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Por otra parte, la
narración, descripción y representación del mal moral, puede, sin duda, con el
auxilio de los medios de comunicación social, servir para conocer y descubrir
mejor al hombre y para hacer que mejor resplandezca y se exalte la verdad y el
bien mediante oportunos y logrados efectos dramáticos; sin embargo, para que no
produzcan mayor daño que utilidad a las almas, han de someterse plenamente a
las leyes morales, sobre todo si se trata de cosas que merecen el máximo
respeto o que incitan más fácilmente al hombre, inclinado por la culpa
original, a deseos depravados
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Como quiera que la
opinión pública ejerce hoy un poderoso influjo en todos los órdenes de la vida
social, pública y privada, es necesario que todos los miembros de la sociedad
cumplan sus deberes de justicia y caridad también en esta materia, y, por
tanto, que con el auxilio de estos medios, se procure formar y divulgar una
recta opinión pública
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Peculiares deberes
competen a todos los destinatarios de la información, lectores, espectadores y
oyentes que por su personal y libre elección reciben las informaciones
difundidas por estos medios de comunicación. Pues, una recta elección exige que
aquéllos fomenten todo lo que contribuye a la virtud, la ciencia y el arte, y
eviten, en cambio, todo lo que pueda ser causa u ocasión de daño espiritual
para ellos o para otros, por el mal ejemplo que puedan ocasionarles, y lo que
favorezca las malas producciones y se oponga a las buenas, lo que sucede a
menudo contribuyendo económicamente en empresas que tan sólo persiguen el lucro
en la utilización de estos medios.
Así, pues,
para que los destinatarios de la información cumplan con la ley moral, deben
cuidar de informarse oportunamente sobre los juicios o criterios de las
autoridades competentes en esta materia y de seguirlos según las normas de una
recta conciencia; mas para que puedan con mayor facilidad oponerse a los malos
atractivos y secundar de lleno los buenos, procuren ilustrar y dirigir su
conciencia con recursos adecuados
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Los destinatarios,
sobre todo los jóvenes, procuren acostumbrarse a ser moderados y disciplinados
en el uso de estos instrumentos; pongan, además, empeño en entender bien lo
oído, visto, leído; dialoguen con educadores y peritos en materia y aprendan a
formar recto juicio. Recuerden los padres que es deber suyo vigilar
cuidadosamente para que los espectáculos, las lecturas y cosas parecidas que
puedan ofender la fe o las buenas costumbres no entren en el hogar y para que
sus hijos no los vean en otra parte
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Muy principal
deber moral incumbe, en cuanto al recto uso de los medios de comunicación
social, a los periodistas, escritores, actores, productores, realizadores,
exhibidores, distribuidores, directores y vendedores, críticos y demás que de
algún modo intervienen en la realización y difusión de las comunicaciones; pues
es de toda evidencia la trascendencia y gravedad de su cometido en las actuales
circunstancias humanas, pudiendo encauzar a la humanidad al bien o al mal con
sus informaciones y excitaciones.
Misión
suya es, por tanto, tratar las cuestiones económicas, políticas o artísticas de
modo que no produzcan daño al bien común; para lograr esto más fácilmente,
bueno será que se asocien profesionalmente - incluso si fuera necesario
mediante el compromiso de observar desde el comienzo un código moral - en
aquellas entidades que impongan a sus miembros el respeto a las leyes morales
en las empresas y deberes profesionales.
Recuerden
siempre que la mayor parte de los lectores y espectadores está compuesta de
jóvenes, necesitados de prensa y espectáculos que les ofrezcan ejemplos de
moralidad y los estimulen hacia sentimientos elevados. Procuren, además que las
materias concernientes a la religión se confíen a personas dignas y expertas y
se traten con la debida reverencia
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Las autoridades
civiles tienen peculiares deberes en esta materia en razón del bien común al
que se ordenan estos instrumentos. Por virtud de su autoridad y en función de
la misma, les corresponde defender y tutelar una verdadera y justa libertad de
información que la sociedad moderna necesita enteramente para su provecho,
sobre todo en lo que atañe a la prensa. Defender la religión, fomentar la
cultura, las bellas artes, proteger a los destinatarios para que puedan gozar
libremente de sus legítimos derechos.
Por otra
parte, a la autoridad civil corresponde fomentar aquellas obras y empresas que,
siendo especialmente útiles para la juventud, no podrían de otro modo ser
acometidas. Por último, la misma autoridad pública que legítimamente se ocupa
del bienestar de los ciudadanos, está obligada a procurar, justa y celosamente,
mediante la oportuna promulgación y diligente ejecución de las leyes, que no
perjudiquen a las costumbres y al progreso de la sociedad por el mal uso de
estos medios de comunicación. Esta diligente vigilancia no restringe en modo
alguno la libertad de los individuos o de las asociaciones, sobre todo cuando
faltan las debidas precauciones por parte de aquellos que, por razón de su
oficio, manejan estos instrumentos.
Téngase
particular cuidado en proteger a los jóvenes de la prensa y de los espectáculos
perniciosos para su edad
Y LA ACCION PASTORAL DE LA IGLESIA
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Procuren, de común
acuerdo, todos los hijos de la Iglesia que los instrumentos de comunicación
social se utilicen, sin la menor dilación y con el máximo empeño, en las más
variadas formas de apostolado, tal como lo exigen las realidades y las
circunstancias de nuestro tiempo, adelantándose así a las malas iniciativas,
especialmente en aquellas regiones en las que el progreso moral y religioso
reclama una mayor atención.
Apresúrense,
pues, los sagrados pastores a cumplir en este campo su misión, íntimamente
ligada a su deber ordinario de predicar. A su vez, los laicos que hacen uso de
dichos instrumentos, procuren dar testimonio de Cristo, realizando, en primer
término, sus propias tareas con pericia y espíritu apostólico y aportando,
además, en lo que esté de su parte, mediante las posibilidades de la técnica,
de la economía, de la cultura y del arte, su apoyo directo a la acción pastoral
de la Iglesia
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Han de fomentarse,
ante todo, las publicaciones honestas. Ahora bien, para imbuir plenamente de
espíritu cristiano a los lectores debe crearse y difundirse una prensa
genuinamente católica - bien sea por parte de la propia jerarquía eclesiástica,
o promovida por hombres católicos y dependiente de ellos - editada con la
intención de formar, afirmar y promover una opinión pública en consonancia con
el derecho natural y con las doctrinas y preceptos católicos, al mismo tiempo
que divulga y desarrolla adecuadamente los acontecimientos relacionados con la
vida de la Iglesia. Debe advertirse a los fieles de la necesidad de leer y
difundir la prensa católica para conseguir un criterio cristiano sobre todos
los acontecimientos.
Que la
producción y exhibición de cintas destinadas al honesto descanso del espíritu,
provechosas para la cultura y el arte humano, sobre todo aquellas que se
destinan a la juventud, sean promovidas por todos los medios eficaces y
aseguradas a toda costa; lo cual se logra, sobre todo, apoyando y coordinando
las realizaciones y las iniciativas honestas, tanto de producción como de
distribución, recomendando las películas que merecen elogio por el juicio
concorde y por los premios de los críticos, fomentando y asociando entre sí las
salas pertenecientes a empresarios católicos y a hombres honrados.
Préstese
asimismo apoyo eficaz a las emisiones radiofónicas y televisivas honestas, ante
todo a aquellas que sean apropiadas para las familias. Y que se fomenten con
todo interés las emisiones católicas, mediante las cuales los oyentes y los
espectadores sean estimulados a participar en la vida de la Iglesia y se
compenetren con las verdades religiosas. Con toda solicitud deben promoverse,
allí donde fuese oportuno, las emisoras católicas; hay que cuidar, empero, de
que sobresalgan por su perfección y por su eficacia.
Cuídese,
en fin, de que el noble y antiguo arte escénico, que hoy se propaga ampliamente
a través de los instrumentos de comunicación social, trabaje a favor del
sentido humano y la ordenación de las costumbres de los espectadores
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Para proveer a las
necesidades arriba indicadas han de formarse oportunamente sacerdotes,
religiosos y también laicos, que posean la debida competencia de estos
instrumentos y puedan dirigirlos a los fines del apostolado.
En primer
lugar, deben ser instruidos los laicos en el arte, la doctrina y las
costumbres, multiplicando el número d escuelas, facultades e institutos, donde
los periodistas, los guionistas cinematográficos, radiofónicos, de televisión y
demás interesados puedan adquirir una formación íntegra, penetrada de espíritu
cristiano, sobre todo en la doctrina social de la Iglesia. También los actores
escénicos han de ser formados y ayudados para que convenientemente sirvan, con
su arte, a la sociedad humana. Por último, han de prepararse cuidadosamente
críticos literarios, cinematográficos, radiofónicos, de la televisión y de los
demás medios, que dominen perfectamente su profesión, preparados y estimulados
para emitir juicios en que la razón moral aparezca siempre en su verdadera luz
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Habida cuenta de
que el uso de los instrumentos de comunicación social, que se dirigen a
personas diversas por edad y cultura, requieren en estas personas una formación
y una experiencia acomodadas y apropiadas, deben favorecerse, multiplicarse y
encauzarse, según los principios de las costumbres cristianas, las iniciativas
que sean aptas para conseguir este fin (sobre todo si se destinan a los
jóvenes), en las escuelas católicas de cualquier grado, en los seminarios y en
las asociaciones apostólicas seglares. Para realizar esto con mayor rapidez, la
exposición y explicación de la doctrina y disciplina católicas en esta materia
debe enseñarse en el catecismo
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Siendo
incompatible para los hijos de la Iglesia soportar insensiblemente que la
doctrina de la salvación sea obstaculizada e impedida por razones técnicas o
por los gastos, ciertamente cuantiosos, que son propios de estos medios, este
Santo Concilio amonesta sobre la obligación de sostener y auxiliar los diarios
católicos, las revistas e iniciativas cinematográficas, las emisoras y
transmisiones radiofónicas y televisadas, cuyo principal fin es divulgar y
defender la verdad y proveer a la formación cristiana de la sociedad humana.
igualmente, invita insistentemente a las asociaciones y a los particulares, que
gozan de autoridad en las cuestiones económicas y técnicas, a sostener con
largueza y de buen grado, con sus bienes económicos y su competencia, estos
instrumentos, en cuanto sirven al apostolado ya la verdadera cultura
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Para que se
vigorice el apostolado de la Iglesia en relación con los medios de comunicación
social, debe celebrarse cada año en todas las diócesis del orbe, a juicio del
Obispo, un día en el que los fieles sean adoctrinados sobre sus obligaciones en
esta materia, invitados a orar por esta causa y a entregar una limosna para
este fin, que será empleada para sostener y fomentar, según las necesidades del
orbe católico, las instituciones e iniciativas promovidas por la Iglesia en
este sector
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Para ejercitar la
suprema cura pastoral sobre los instrumentos de comunicación social, el Sumo
Pontífice tiene a su disposición un peculiar organismo de la Santa Sede.(1)
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(1) Los
Padres del Concilio haciendo suyo el voto del "Secretariado de la Prensa y
orientación de Espectáculos", reverentemente piden al Sumo Pontífice que
extienda las obligaciones y competencias de este organismo a todos los
instrumentos de comunicación social sin excluir la prensa, asociando a él a
especialistas de las distintas naciones, entre ellos también laicos
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Será competencia
de los Obispos, en sus propias diócesis, vigilar estas obras e iniciativas,
promoverlas y, en cuanto atañen al apostolado público, ordenarlas, sin excluir
aquellas que están sometidas a la dirección de los religiosos exentos
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Pero, como la
eficacia del apostolado en toda la nación requiere unidad de propósitos y de
esfuerzos, este Santo Concilio establece y manda que en todas partes se
constituyan y se apoyen por todos los medios oficinas nacionales para los
problemas de la prensa, del cine, de la radio y la televisión. Misión de estas
oficinas, será velar para que la conciencia de los fieles se forme rectamente
sobre el uso de estos instrumentos y para estimular y organizar todo lo que los
católicos realizan en este campo.
En cada
nación la dirección de estos organismos ha de confiarse a una especial comisión
del Episcopado o a un Obispo delegado. En esos organismos han de participar
también seglares que conozcan la doctrina de la Iglesia sobre estas actividades
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Y puesto que la
eficacia de tales instrumentos traspasa los límites de las naciones, y es como
si convirtiera a cada hombre en ciudadano de la Humanidad, coordínense las iniciativas
de este género, lo mismo en el plano nacional que en el internacional. Aquellos
organismos, de los que se habla en el número 21, han de trabajar denodadamente
en unión con su correspondiente asociación católica internacional. Estas
asociaciones católicas internacionales sólo pueden ser legítimamente aprobadas
por la Santa Sede, de la cual dependen
CLAUSULAS
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Para que todos los
principios y las normas de este Santo Sínodo acerca de los medios de
comunicación social se lleven a efecto, por expreso mandato del Concilio,
prepárese una instrucción pastoral por el Organismo de la Santa Sede, del que
se habla en el número 19, con la ayuda de peritos de diferentes naciones
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Por los demás,
este Santo Concilio confía en que estas instrucciones y normas serán libremente
aceptadas y santamente observadas por todos los hijos de la Iglesia, los cuales
por esta razón, al utilizar tales medios, lejos de padecer daño, como sal y
como luz, darán sabor a la tierra e iluminarán el mundo; el Concilio invita,
además, a todos los hombres de buena voluntad, especialmente a aquellos que
gobiernan estos instrumentos, para que se esfuercen en utilizarlos en bien de
la sociedad humana, cuya suerte depende cada día más del recto uso de aquéllos.
Así, pues, como en los monumentos artísticos de la antigüedad, también ahora en
los nuevos inventos debe ser glorificado el nombre del Señor según aquello del
Apóstol: "Jesucristo, ayer y hoy, y El mismo por los siglos de los
siglos" (Hb 13, 8).
Todas y
cada una de las cosas contenidas en este Decreto han obtenido el beneplácito de
los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud de la potestad apostólica
recibida de Cristo, juntamente con los Venerables Padres, las aprobamos,
decretamos y establecemos en el Espíritu Santo, y mandamos que lo así decidido
conciliarmente, sea promulgado para gloria de Dios
Roma, en
San Pedro, 4 de diciembre de 1963. Yo, PABLO, Obispo de la Iglesia Católica.