JORNADA PONTIFICIA DE ORACIÓN
POR LA PAZ EN TIERRA SANTA
(Domingo, 7 de abril de 2002)
CARTA DEL SANTO PADRE
AL CARDENAL SECRETARIO DE ESTADO
Al Señor Cardenal ANGELO SODANO,
Secretario de Estado
La
dramática situación en la que se encuentra Tierra Santa me lleva a dirigir de
nuevo una acuciante petición a toda la Iglesia para que se intensifiquen las
oraciones de todos los creyentes por esas poblaciones desgarradas por formas de
violencia inaudita. En este período, en el que el corazón de los cristianos se
dirige hacia los lugares donde el Señor Jesús padeció, murió y resucitó, llegan
noticias cada vez más trágicas, que contribuyen a acrecentar la zozobra de la
opinión pública, suscitando la impresión de una espiral imparable de crueldad
inhumana.
Frente a
la obstinada determinación con la que, por una y otra parte, se sigue avanzando
por el camino de la represalia y la venganza, se abre frente al ánimo
angustiado de los creyentes la perspectiva del recurso a la oración ferviente
al Dios que, Él solo, puede cambiar los corazones de los hombres, incluso de
los más obstinados.
El
próximo domingo 7 de abril la Iglesia celebrará con fervor particular el
misterio de la Misericordia Divina y dará gracias a Aquel que cargó con las
miserias de nuestra humanidad. ¿Qué fecha mejor se podría encontrar para hacer
subir al Cielo una invocación concorde de perdón y misericordia, que implore
del corazón de Dios una intervención especial sobre cuantos tienen la responsabilidad
y el poder de dar los pasos necesarios, aunque sean trabajosos, para llevar a
las partes en conflicto hacia acuerdos justos y dignos para todos?
Le
agradecería mucho, por lo tanto, venerado Hermano, que se haga
intérprete, de este deseo ante los Pastores de las diversas Iglesias
particulares, en la forma que estime conveniente, invitándoles para el próximo
domingo a esta súplica simultánea en una hora tan grave para la humanidad. ¡Que
llegue así a esa tierra tan querida a los creyentes de las tres religiones
monoteístas un mensaje de paz estable y duradera!
Con este
deseo, que surge de lo más profundo de mi corazón, le envío junto a todos mis
Hermanos en el Episcopado una especial bendición apostólica.
En
el Vaticano, a 4 de abril de 2002.