DEL SANTO PADRE PARA LA
XLII JORNADA MUNDIAL DE
ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
17 de abril de 2005. IV Domingo de Pascua
«Llamados a remar mar adentro»
Venerados Hermanos en el Episcopado,
queridos Hermanos y Hermanas:
1. "Duc in altum!" Al comienzo de
la Carta apostólica Novo
Millennio Ineunte cité las palabras con las que Jesús anima a
los primeros discípulos a echar las redes para una pesca que sería milagrosa.
Dice a Pedro: "Duc in altum – Remar mar adentro" (Lc 5, 4). «Pedro y los primeros
compañeros se fiaron de las palabras de Cristo, y echaron las redes» (Novo
Millennio Ineunte, 1).
Esta conocida escena evangélica sirve de telón de fondo para la próxima
Jornada de Oración para las Vocaciones, que lleva por lema: «Llamados a
remar mar adentro». Privilegiada oportunidad para reflexionar sobre la
llamada a seguir a Jesús y, en particular, a seguirle en el camino del
sacerdocio y de la vida consagrada.
2. "Duc in altum!" La llamada de
Cristo resulta especialmente actual en nuestro tiempo, en el que una difusa
manera de pensar propicia la falta de esfuerzo personal ante las dificultades.
La primera condición para "remar mar adentro" requiere cultivar un
profundo espíritu de oración, alimentado por la escucha diaria de la Palabra de
Dios. La auténtica vida cristiana se mide por la hondura en la oración, arte
que se aprende humildemente "de los mismos labios del divino Maestro",
implorando casi, "como los primeros discípulos: ‘¡Señor, enséñanos a
orar!’ (Lc 11, 1). En la plegaria
se desarrolla ese diálogo con Cristo que nos convierte en sus íntimos:
‘Permaneced en mí, como yo en vosotros’ (Jn
15, 4)" (Novo Millennio Ineunte, 32).
La orante unión con Cristo nos ayuda a descubrir su
presencia incluso en momentos de aparente desilusión, cuando la fatiga parece
inútil, como les sucedía a los mismos apóstoles que después de haber faenado
toda la noche exclamaron: "Maestro, no hemos pescado nada" (Lc 5, 5). Frecuentemente en momentos
así es cuando hay que abrir el corazón a la onda de la gracia y dejar que la
palabra del Redentor actúe con toda su fuerza: "Duc in altum!"
(cfr. Novo Millennio Ineunte, 38).
3. Quien abra el corazón a Cristo no sólo comprende
el misterio de la propia existencia, sino también el de la propia vocación, y
recoge espléndidos frutos de gracia. Primero, creciendo en santidad por un
camino espiritual que, comenzando con el don del Bautismo, prosigue hasta
alcanzar la perfecta caridad (cfr ibid, 30). Viviendo el Evangelio
"sine glossa", el cristiano se hace cada vez más capaz de amar
como Cristo, a tenor de la exhortación: "Sed perfectos como vuestro Padre
celestial es perfecto" (Mt 5, 48).
Se esfuerza en perseverar en la unidad con los hermanos dentro de la comunión
de la Iglesia, y se pone al servicio de la nueva evangelización para proclamar
y ser testigo de la impresionante realidad del amor salvífico de Dios.
4. Particularmente a vosotros, queridos adolescentes y jóvenes, os
repito la invitación de Cristo a "remar mar adentro". Os encontráis
en un momento en que tenéis que tomar una decisión importante para vuestro
futuro. Guardo en mi corazón el recuerdo de numerosos encuentros en años
pasados con jóvenes, convertidos hoy en adultos, tal vez en padres de algunos
de vosotros, en sacerdotes, religiosos, religiosas, vuestros educadores en la
fe. Los vi alegres, como deben ser los jóvenes, pero también reflexivos, por el
empeño en dar un ‘sentido’ pleno a su existencia. Cada vez estoy más convencido
de que, en el ánimo de las nuevas generaciones es mayor la atracción hacia los
valores del espíritu, mayor el ansia de santidad. Los jóvenes necesitan de
Cristo, pero saben también que Cristo quiere contar con ellos.
Queridos muchachos y muchachas, confiad en Él, escuchad sus enseñanzas,
mirad su rostro, perseverad en la escucha de su Palabra. Dejad que sea Él quien
oriente vuestras búsquedas y aspiraciones, vuestros ideales y los anhelos de
vuestro corazón.
5. Me dirijo ahora a los queridos padres y educadores cristianos, a
los amados sacerdotes, consagrados y catequistas. Dios os ha confiado el
quehacer peculiar de guiar a la juventud por el camino de la santidad. Sed para
ellos ejemplo de generosa fidelidad a Cristo. Animadles a no dudar en
"remar mar adentro", respondiendo sin tardanza a la invitación del
Señor. Él llama a unos a la vida familiar, a otros a la vida consagrada o al
ministerio sacerdotal. Ayudadles para que sepan discernir cuál es su camino, y
lleguen a ser verdaderos amigos de Cristo y sus auténticos discípulos.
Cuando los adultos creyentes hacen visible el rostro de Cristo con la palabra y
con el ejemplo, los jóvenes están dispuestos más fácilmente a acoger su
exigente mensaje marcado por el misterio de la Cruz.
¡No olvidéis, además, que hoy también se necesitan sacerdotes santos,
personas totalmente consagradas al servicio de Dios! Por eso querría repetir
una vez más: "Es necesario y urgente enfocar una vasta y capilar pastoral
de las vocaciones que llegue a las parroquias, los centros educativos, a las
familias, suscitando una reflexión más atenta a los valores esenciales de la
vida, los cuales se resumen claramente en la respuesta que cada uno está invitado
a dar a la llamada de Dios, especialmente cuando pide la entrega total de sí y
de las propias fuerzas para la causa del Reino" (Novo Millennio Ineunte,
46).
A los jóvenes les vuelvo a decir las palabras de Jesús:
"Duc in altum!" Al repetir de nuevo esta exhortación, pienso
también en las palabras dirigidas por María, su Madre, a los servidores en Caná
de Galilea: "Haced lo que Él os diga" (Jn 2, 5). Cristo, queridos jóvenes, os
pide «remar mar adentro» y la Virgen os anima a no dudar en seguirle.
6. Suba desde cada rincón de la tierra, reforzada
con la materna intercesión de la Virgen, la ardiente plegaria al Padre
celestial para conseguir "obreros para su mies" (Mt 9, 38). Quiera Él conceder
fervorosos y santos sacerdotes a cada porción de su grey. Confiadamente nos
dirigimos a Cristo, Sumo Sacerdote, y Le decimos con renovada esperanza:
Jesús, Hijo de Dios,
en quien habita la plenitud de la divinidad,
que llamas a todos los bautizados a "remar mar
adentro",
recorriendo el camino de la santidad,
suscita en el corazón de los jóvenes
el anhelo de ser en el mundo de hoy
testigos del poder de tu amor.
Llénalos con tu Espíritu de fortaleza y de prudencia
para que lleguen a descubrir su auténtico ser
y su verdadera vocación.
Salvador de los hombres,
enviado por el Padre para revelar el amor
misericordioso,
concede a tu Iglesia el regalo
de jóvenes dispuestos a remar mar a dentro,
siendo entre sus hermanos
manifestación de tu presencia que renueva y salva.
Virgen Santísima, Madre del Redentor,
guía segura en el camino hacia Dios y el prójimo,
que guardaste sus palabras en lo profundo de tu
corazón,
protege con tu maternal intercesión
a las familias y a las comunidades cristianas,
para que ayuden a los adolescentes y a los jóvenes
a responder generosamente a la llamada del Señor.
Amén.
Castel Gandolfo, 11 de agosto del 2004
Inicio l
Regresar