CARTA
DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS SACERDOTES
PARA EL JUEVES SANTO DE 2005
"Yo soy la vid
verdadera y mi Padre es el viñador" (Jn
15, 1)
Queridos hermanos sacerdotes:
1. Permitidme que recuerde hoy estas palabras del
evangelio de san Juan. Están relacionadas con la liturgia del Jueves santo:
"Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora" (Jn 13, 1), lavó los pies a sus
discípulos y luego les habló de manera muy íntima y cordial, como nos lo relata
el evangelista. En el marco de este discurso de despedida está también la
alegoría de la vid y los sarmientos: "Yo soy la vid; vosotros los sarmientos.
El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí
no podéis hacer nada" (Jn 15, 5).
Deseo referirme precisamente a estas palabras de Cristo al ofrecer a la
Iglesia, con ocasión de este Jueves santo de 1992, la exhortación apostólica
sobre la formación sacerdotal. Es el fruto del trabajo colegial del Sínodo de
los obispos de 1990, que estuvo dedicado por entero a este tema. Juntos hemos
elaborado un documento, muy necesario y esperado, del magisterio de la Iglesia,
que recoge la doctrina del concilio Vaticano II y también la reflexión sobre
las experiencias de los veinticinco años transcurridos desde su clausura.
2. Hoy deseo depositar a los pies de Cristo, sacerdote y pastor de nuestras
almas (cf. 1 P 2, 25), este texto, fruto de la plegaria y de la
reflexión de los padres sinodales. Junto con vosotros deseo recogerlo del altar
de aquel único y eterno sacerdocio del Redentor, del cual hemos participado
sacramentalmente durante la última cena.
Cristo es la vid verdadera. Si el Padre eterno cultiva en este mundo su
viña, lo hace con la fuerza de la verdad y de la vida que están en el Hijo.
Aquí se hallan el inicio permanente y la fuente inagotable de la formación de
todo cristiano y especialmente de todo sacerdote. En el día de Jueves santo
tratemos de renovar de modo particular esta convicción y, a la vez, la
disposición indispensable para poder permanecer, en Cristo, bajo el aliento del
Espíritu de verdad y dar fruto abundante en la viña del Padre.
3. Unidos en la liturgia del Jueves santo a todos los
pastores de la Iglesia, damos gracias por el don del sacerdocio del que
participamos. Al mismo tiempo, elevamos nuestras plegarias para que los muchos
llamados por la gracia de la vocación en todo el mundo respondan generosamente
a este don. Y también para que no falten obreros para la mies, que es mucha
(cf. Mt 9, 37).
Con estos deseos, envío a todos mi saludo afectuoso y la bendición
apostólica.
Vaticano, 29 de marzo, cuarto domingo de Cuaresma del año 1992,
decimocuarto de pontificado.
Iniciol