CONGREGACIÓN PARA EL CULTO
DIVINO
Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS
DIRECTORIO
SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA
PRINCIPIOS Y
ORIENTACIONES
Ciudad del Vaticano, 2002
ÍNDICE
SIGLAS
Y ABREVIATURAS
MENSAJE DE SU
SANTIDAD JUAN PABLO II
DECRETO
INTRODUCCIÓN
(1-21)
Naturaleza y estructura (4)
Los destinatarios (5)
La terminología (6-10)
Algunos principios (11-13)
El lenguaje de la piedad
popular (14-20)
Responsabilidad y competencia
(21)
PARTE PRIMERA
LÍNEAS EMERGENTES DE LA
HISTORIA, DEL MAGISTERIO, DE LA TEOLOGÍA (22-92)
CAPÍTULO I.
LITURGIA Y PIEDAD POPULAR A LA LUZ DE LA HISTORIA (22-59)
Liturgia y piedad popular en
el curso de los siglos (22-46)
La Antigüedad cristiana
(23-27)
La Edad Media (28-33)
La Época Moderna
(34-43)
La Época Contemporánea
(44-46)
Liturgia y piedad popular:
problemática actual (47-59)
Indicaciones de la
historia: causas del desequilibrio (48-49)
A la luz de la
Constitución sobre Liturgia (50-58)
La importancia de la
formación (59)
CAPÍTULO II.
LITURGIA Y PIEDAD
POPULAR EN EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA (60-75)
Los valores de la piedad
popular (61-64)
Algunos peligros que pueden
desviar la piedad popular (65-66)
El sujeto de la piedad
popular (67-69)
Los ejercicios de piedad (70-72)
Liturgia y ejercicios de
piedad (73-74)
Criterios generales para la
renovación de los ejercicios de piedad (75)
CAPÍTULO
III. PRINCIPIOS
TEOLÓGICOS PARA LA VALORACIÓN Y RENOVACIÓN DE LA PIEDAD POPULAR (76-92)
La vida cultual: comunión con
el Padre, por Cristo, en el Espíritu (76-80)
La Iglesia, comunidad cultual
(81-84)
Sacerdocio común y piedad
popular (85-86)
Palabra de Dios y piedad
popular (87-89)
Piedad popular y revelaciones
privadas (90)
Enculturación y piedad
popular (91-92)
PARTE SEGUNDA
ORIENTACIONES
PARA ARMONIZAR LA PIEDAD
POPULAR Y LA LITURGIA (93-287)
Premisa (93)
CAPÍTULO IV. AÑO
LITÚRGICO Y PIEDAD POPULAR (94-182)
El domingo (95)
En el tiempo de Adviento
(96-105)
La Corona de Adviento
(98)
Las Procesiones de
Adviento (99)
Las "Témporas de
invierno" (100)
La Virgen María en el
Adviento (101-102)
La Novena de Navidad
(103)
El "Nacimiento"
(104)
La piedad popular y el
espíritu del Adviento (105)
En el tiempo de Navidad (106-123)
La Noche de Navidad
(109-111)
La fiesta de la Sagrada
Familia (112)
La fiesta de los Santos
Inocentes (113)
El 31 de Diciembre
(114)
La solemnidad de santa
María Madre de Dios (115-117)
La solemnidad de la
Epifanía del Señor (118)
La fiesta del Bautismo del
Señor (119)
La fiesta de la
Presentación del Señor (120-123)
En el tiempo de Cuaresma
(124-137)
La veneración de Cristo
Crucificado (127-129)
La lectura de la Pasión
del Señor (130)
El "Vía Crucis"
(131-135)
El "Vía Matris"
(136-137)
La Semana Santa (138-139)
Domingo de Ramos: Las
palmas y los ramos de olivo o de otros árboles (139)
Triduo pascual (140-151)
Jueves Santo: La visita al
lugar de la reserva (141)
Viernes Santo: La
procesión del Viernes Santo (142-143)
Representación de la
Pasión de Cristo (144)
El recuerdo de la Virgen
de los Dolores (145)
Sábado Santo: (146-147)
La "Hora de la
Madre" (147)
Domingo de Pascua: (148-151)
El encuentro del
Resucitado con la Madre (149)
La bendición de la mesa
familiar (150)
El saludo pascual a la
Madre del Resucitado (151)
En el Tiempo Pascual
(152-156)
La bendición anual de las
familias en sus casas (152)
El "Vía Lucis"
(153)
La devoción a la
divina misericordia (154)
La novena de Pentecostés
(155)
Pentecostés: El domingo de
Pentecostés (156)
En el Tiempo ordinario
(157-182)
La solemnidad de la
santísima Trinidad (157-159)
La solemnidad del Cuerpo y
la Sangre del Señor (160-163)
La adoración eucarística
(164-165)
El sagrado Corazón de
Jesús (166-173)
El Corazón inmaculado de
María (174)
La preciosísima Sangre de
Cristo (175-179)
La Asunción de Santa María
Virgen (180-181)
Semana de oración por la
unidad de los cristianos (182)
CAPÍTULO V.
LA VENERACIÓN A LA
SANTA MADRE DEL SEÑOR (183-207)
Algunos principios
(183-186)
Los tiempos de los ejercicios
de piedad marianos (187-191)
La celebración de
la fiesta (187)
El sábado (188)
Triduos, septenarios, novenas
marianas (189)
Los "meses de
María" (190-191)
Algunos ejercicios de piedad,
recomendados por el Magisterio (192-207)
Escucha orante de la
Palabra de Dios (193-194)
El "Ángelus
Domini" (195)
El "Regina
caeli" (196)
El Rosario (197-202)
Las Letanías de la Virgen
(203)
La consagración – entrega
a María (204)
El escapulario del Carmen
y otros escapularios (205)
Las medallas marianas
(206)
El himno
"Akathistos" (207)
CAPÍTULO VI. LA VENERACIÓN A LOS
SANTOS Y BEATOS (208-247)
Algunos principios
(208-212)
Los santos Ángeles (213-217)
San José (218-223)
San Juan Bautista (224-225)
El culto tributado a Santos y
Beatos (226-247)
La celebración de los
Santos (227-229)
El día de la fiesta
(230-233)
En la celebración de la
Eucaristía (234)
En las Letanías de los
Santos (235)
Las reliquias de los
Santos (236-237)
Las imágenes sagradas
(238-244)
Las procesiones
(245-247)
CAPÍTULO VII. LOS
SUFRAGIOS POR LOS DIFUNTOS (248-260)
La fe en la resurrección de
los muertos (248-250)
Sentido de los sufragios
(251)
Las exequias cristianas
(252-254)
Otros sufragios (255)
La memoria de los difuntos en
la piedad popular (256-260)
CAPÍTULO VIII.
SANTUARIOS Y PEREGRINACIONES (261-287)
El santuario (262-279)
Algunos principios
(262-263)
Reconocimiento canónico
(264)
El santuario como lugar de
celebraciones cultuales (265-273)
Valor ejemplar (266)
La celebración de la
Penitencia (267)
La celebración de la
Eucaristía (268)
La celebración de la
Unción de los enfermos (269)
La celebración de otros
sacramentos (270)
La celebración de la
Liturgia de las Horas (271)
La celebración de
sacramentales (272-273)
El santuario como lugar de
evangelización (274)
El santuario como lugar de
la caridad (275)
El santuario como lugar de
cultura (276)
El santuario como lugar de
tareas ecuménicas (277-278)
La peregrinación (279-287)
Peregrinaciones bíblicas
(280)
La peregrinación cristiana
(281-285)
Espiritualidad de la
peregrinación (286)
Desarrollo de la
peregrinación (287)
CONCLUSIÓN (288)
SIGLAS Y ABREVIATURAS
AAS Acta Apostolicae Sedis
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae
CCL Corpus Christianorum (Series Latina)
CIC Codex Iuris Canonici
CSEL Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum
DS H. DENZINGER - A. SCHÖNMETZER, Enchiridion Symbolorum definitionum et
declarationum de rebus fidei et morum
EI Enchiridion Indulgentiarum. Normae et concessiones (1999)
LG
CONCILIO VATICANO II, Constitución Lumen gentium
PG Patrologia graeca (I.P. MIGNE)
PL Patrologia latina (I.P. MIGNE)
SC CONCILIO VATICANO II,
Constitución Sacrosanctum
concilium
SCh Sources chrétiennes
Del "MENSAJE" de Su
Santidad JUAN PABLO II
a la Asamblea Plenaria de la
Congregación para
el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
(21 de septiembre del 2001)
2. La Sagrada Liturgia que la Constitución Sacrosanctum concilium
califica como la cumbre de la vida eclesial, jamás puede reducirse a una simple
realidad estética, ni puede ser considerada como un instrumento con fines
meramente pedagógicos o ecuménicos. La celebración de los santos misterios es,
sobre todo, acción de alabanza a la soberana majestad de Dios, Uno y Trino, y
expresión querida por Dios mismo. Con ella el hombre, personal y
comunitariamente, se presenta ante Él para darle gracias, consciente de que su
mismo ser no puede alcanzar su plenitud sin alabarlo y cumplir su voluntad, en
la constante búsqueda del Reino que está ya presente, pero que vendrá
definitivamente el día de la Parusía del Señor Jesús. La Liturgia y la
vida son realidades inseparables. Una Liturgia que no tuviera un reflejo en la
vida, se tornaría vacía y, ciertamente, no sería agradable a Dios.
3. La celebración litúrgica es un acto de la virtud de la religión que,
coherentemente con su naturaleza, debe caracterizarse por un profundo sentido
de lo sagrado. En ella, el hombre y la comunidad han de ser conscientes de
encontrarse, en forma especial, ante Aquel que es tres veces santo y
trascendente. Por eso, la actitud apropiada no puede ser otra que una actitud
impregnada de reverencia y sentido de estupor, que brota del saberse en la
presencia de la majestad de Dios. ¿No era esto, acaso, lo que Dios quería
expresar cuando ordenó a Moisés que se quitase las sandalias delante de la
zarza ardiente? ¿No nacía, acaso, de esta conciencia, la actitud de Moisés y de
Elías, que no osaron mirar a Dios cara a cara?
El Pueblo de Dios necesita ver, en los sacerdotes y en los diáconos, un
comportamiento lleno de reverencia y de dignidad, que sea capaz de ayudarle a
penetrar las cosas invisibles, incluso sin tantas palabras y explicaciones. En
el Misal Romano, denominado de San Pío V, como en diversas Liturgias
orientales, se encuentran oraciones muy hermosas, con las cuales el sacerdote
expresa el más profundo sentimiento de humildad y de reverencia delante de los
santos misterios: ellas, revelan la sustancia misma de cualquier Liturgia.
La celebración litúrgica presidida por el sacerdote es una asamblea orante,
reunida en la fe y atenta a la Palabra de Dios. Ella tiene como finalidad
primera presentar a la Majestad divina el Sacrificio vivo, puro y santo,
ofrecido sobre el Calvario, una vez para siempre, por el Señor Jesús, que se
hace presenta cada vez que la Iglesia celebra la Santa Misa, para expresar el
culto debido a Dios, en espíritu y en verdad.
Conozco el esfuerzo realizado por la Congregación para promover, junto con
los Obispos, el fortalecimiento de la vida litúrgica en la Iglesia. Al
expresarles mi aprecio, deseo que tan preciosa obra contribuya a que las
celebraciones sean, cada vez, más dignas y fructuosas.
4. Vuestra Plenaria ha escogido como tema central la religiosidad, para
preparar un Directorio sobre esta materia. La religiosidad popular constituye
una expresión de la fe, que se vale de los elementos culturales de un
determinado ambiente, interpretando e interpelando la sensibilidad de los
participantes, de manera viva y eficaz.
La religiosidad popular, que se expresa de formas diversas y diferenciadas,
tiene como fuente, cuando es genuina, la fe y debe ser, por lo tanto, apreciada
y favorecida. En sus manifestaciones más auténticas, no se contrapone a la
centralidad de la Sagrada Liturgia, sino que, favoreciendo la fe del pueblo,
que la considera como propia y natural expresión religiosa, predispone a la
celebración de los Sagrados misterios.
5. La correcta relación entre estas dos expresiones de fe, debe tener
presente algunos puntos firmes y, entre ellos, ante todo, que la Liturgia es el
centro de la vida de la Iglesia y ninguna otra expresión religiosa puede
sustituirla o ser considerada a su nivel.
Es importante subrayar, además, que la religiosidad popular tiene su natural
culminación en la celebración litúrgica, hacia la cual, aunque no confluya
habitualmente, debe idealmente orientarse, y ello se debe enseñar con una
adecuada catequesis.
Las expresiones de la religiosidad popular aparecen, a veces, contaminadas
por elementos no coherentes con la doctrina católica. En esos casos, dichas
manifestaciones han de ser purificadas con prudencia y paciencia, por medio de
contactos con los responsables y una catequesis atenta y respetuosa, a no ser
que incongruencias radicales hagan necesarias medidas claras e inmediatas.
Evaluar esto, compete en primer lugar al Obispo diocesano, o a los Obispos
de los territorios en que se dan dichas formas de religiosidad. En este caso,
es oportuno que los Pastores confronten sus experiencias, para ofrecer
orientaciones pastorales comunes, evitando contradicciones dañinas para el
pueblo cristiano. Sin embargo, a menos que existan claros motivos contrarios,
los Obispos deben tener una actitud positiva y alentadora hacia la religiosidad
popular.
***
CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO
Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS
Prot. N. 1532/00/L
DECRETO
Al afirmar el primado de la liturgia, "la cumbre a la cual tiende la
actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su
fuerza" (Sacrosanctum concilium 10), el Concilio Ecuménico
Vaticano II recuerda, todavía, que "la participación en la Sagrada
liturgia no abarca toda la vida espiritual" (ibidem 12). Como
alimento de la vida espiritual de los fieles existen, de hecho, también
"los ejercicios piadosos del pueblo cristiano", especialmente
aquellos recomendados por la Sede Apostólica y practicados en las Iglesias
particulares por mandato o con la aprobación del Obispo. Al recordar la
importancia de que tales expresiones cultuales sean conformes a las leyes y a
las normas de la Iglesia, los Padres conciliares han trazado el ámbito de su
comprensión teológica y pastoral: "los ejercicios piadosos se organicen de
modo que vayan de acuerdo con la sagrada liturgia, en cierto modo deriven de
ella y a ella conduzcan al pueblo, ya que la liturgia, por su naturaleza, está
muy por encima de ellos" (ibidem 13).
A la luz de tan autorizada enseñanza y de otras intervenciones del
Magisterio de la Iglesia sobre las prácticas de piedad del pueblo cristiano, y
recogiendo las iniciativas pastorales que han surgido en estos años, la Plenaria
de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, que
tuvo lugar en los días 26-28 de septiembre del 2001, ha aprobado el presente Directorio.
En él se consideran, de forma orgánica, los nexos existentes entre Liturgia y
piedad popular, recordando los principios que guían tal relación y dando
orientaciones para conseguir efectos fructíferos en las Iglesias
particulares, según las peculiares tradiciones de cada una de ellas. Por lo
tanto y a título especial, es competencia del Obispo valorar la piedad popular,
cuyos frutos han sido y son de gran valor para que se conserve la fe en el
pueblo cristiano, cultivando una actitud pastoral positiva y estimulante, hacia
ella.
Recibida la aprobación del Sumo Pontífice JUAN PABLO II, para que este
Dicasterio publique el "Directorio
sobre la piedad popular y la Liturgia. Principios y orientaciones"
(Comunicación de la Secretaría de Estado, del 14 diciembre del 2001, Prot. N.
497.514), la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos se alegra de hacerlo público, deseando que con este instrumento,
Pastores y fieles, puedan encontrar mejores condiciones para crecer en Cristo,
por él y con él, en el Espíritu Santo, para alabanza del Padre que está en los
cielos.
Sin que obstante nada en contra.
En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos, el 17 de diciembre del 2001.
Jorge A. Card. Medina Estévez
Prefecto
Francesco Pio Tamburrino
Arzobispo Secretario
INTRODUCCIÓN
1. En el asegurar el crecimiento y la promoción de la
Liturgia, "la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al
mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza", esta Congregación
advierte la necesidad de que no sean olvidadas otras formas de piedad del
pueblo cristiano y su fructuosa aportación para vivir unidos a Cristo, en la
Iglesia, según las enseñanzas del Concilio Vaticano II.
Después de la renovación conciliar, la situación de la piedad popular
cristiana se presenta variada, según los países y las tradiciones locales. Se
aprecian diversos modos de presentarse, a veces en contraste, como: abandono
manifiesto y rápido de formas de piedad heredadas del pasado, dejando vacíos no
siempre colmados; aferrarse a modos imperfectos o equivocados de devoción, que
alejan de la genuina revelación bíblica y chocan con la economía sacramental;
críticas injustificadas a la piedad del pueblo sencillo, en nombre de una
presunta "pureza" de la fe; exigencia de salvaguardar la riqueza de
la piedad popular, expresión del sentir profundo y maduro de los creyentes en
un determinado lugar y tiempo; necesidad de purificar de los equívocos y de los
peligros de sincretismo; renovada vitalidad de la religiosidad popular como
resistencia y reacción a una cultura tecnológica-pragmática y al utilitarismo
económico; caída de interés por la piedad popular, provocada por ideologías
secularizadas y por las agresiones de "sectas" hostiles a ella.
La cuestión exige constantemente la atención de los Obispos, presbíteros y diáconos,
de los agentes de pastoral y de los estudiosos, los cuales deben tener especial
cuidado, ya sea de la promoción de la vida litúrgica entre los fieles, ya sea
de revalorizar la piedad popular.
2. La relación entre Liturgia y ejercicios de piedad ha
sido abordada expresamente por el Concilio Vaticano II en la Constitución sobre
la sagrada Liturgia. En diversas circunstancias, la Sede Apostólica y las
Conferencias de Obispos han afrontado más ampliamente el argumento de la piedad
popular, propuesto por la Carta Apostólica Vicesimus Quintus Annus,
de Juan Pablo II, entre las futuras tareas de renovación: "la piedad
popular no puede ser ni ignorada ni tratada con indiferencia o desprecio,
porque es rica en valores, y ya de por sí expresa la actitud religiosa ante
Dios; pero tiene necesidad de ser continuamente evangelizada, para que la fe
que expresa, llegue a ser un acto cada vez más maduro y auténtico. Tanto los
ejercicios de piedad del pueblo cristiano, como otras formas de devoción, son
acogidos y recomendados, siempre que no sustituyan y no se mezclen con las
celebraciones litúrgicas. Una auténtica pastoral litúrgica sabrá apoyarse en
las riquezas de la piedad popular, purificarla y orientarla hacia la Liturgia,
como una ofrenda de los pueblos".
3. En el intento, por lo tanto, de ayudar "a los
Obispos, para que, además del culto litúrgico, se incrementen y tengan en
consideración las oraciones y las prácticas de piedad del pueblo cristiano, que
responden plenamente a las normas de la Iglesia", y parece oportuno a este
Dicasterio redactar el presente Directorio, en el cual se busca
considerar de forma orgánica los nexos que existen entre Liturgia y piedad
popular, recordando algunos principios y dando indicaciones para las
actuaciones prácticas.
Naturaleza y estructura
4. El Directorio está constituido por dos partes. La
primera, denominada Líneas emergentes, establece los elementos para
realizar una armónica composición entre culto litúrgico y piedad popular.
Primero de todo, se trata la experiencia madurada a lo largo de la historia y
la determinación sistemática de la problemática de nuestro tiempo (cap. I); se
proponen orgánicamente, por lo tanto, las enseñanzas del Magisterio, como
premisa indispensable de comunión eclesial y de acción fructífera (cap. II);
finalmente se presentan los principios teológicos a cuya luz se deben afrontar
y resolver los problemas relativos a la relación entre Liturgia y piedad
popular (cap. III). Sólo en el sabio y cuidadoso respeto de estos presupuestos
está la posibilidad de desarrollar una verdadera y fecunda armonía. Por el
contrario, el olvido de ellos desemboca en una recíproca ignorancia estéril, en
una dañina confusión o en una polémica contraposición.
La segunda parte, llamada Orientaciones, presenta un conjunto de
propuestas operativas, sin todavía pretender abarcar todos los usos y las
prácticas de piedad existentes en los distintos lugares. Al mencionar las
diferentes expresiones de piedad popular, no se quiere pedir su adopción en
aquellos lugares donde estas no existan. La exposición se desarrolla con
referencias a las celebraciones del Año litúrgico (cap. IV); a la peculiar
veneración que la Iglesia tributa a la Madre del Señor (cap. V); a la devoción
hacia los Ángeles, los Santos y los Beatos (cap. VI); a los sufragios por los
hermanos y hermanas difuntos (cap. VII); al desarrollo de las peregrinaciones y
a las manifestaciones de piedad en los santuarios (cap. VIII).
En su totalidad, el Directorio tiene la finalidad de orientar e
incluso si, en algunos casos, previene posibles abusos y desviaciones, tiene un
sentido constructivo y un tono positivo. En este contexto, las Orientaciones
ofrecen, sobre cada una de las devociones, breves noticias históricas,
recuerdan los diversos ejercicios de piedad en los cuales se expresa, proponen
las razones teológicas que les sirven de fundamento, dan sugerencias prácticas
sobre el tiempo, el lugar, el lenguaje y sobre otros elementos, para una válida
armonización entre las acciones litúrgicas y los ejercicios de piedad.
Los destinatarios
5. Las propuestas operativas, que se refieren solamente a
la Iglesia Latina, y principalmente al Rito Romano, se dirigen sobre todo a los
Obispos, a los cuales corresponde la tarea de presidir en las diócesis la
comunidad del culto, de incrementar la vida litúrgica y de coordinar con ella
las otras formas cultuales; también son destinatarios sus colaboradores
directos, o sea, sus Vicarios, presbíteros y diáconos, de forma especial los
Rectores de santuarios. Además, se dirigen a los Superiores mayores de los
institutos de vida consagrada, masculinos y femeninos, porque no pocas de las
manifestaciones de la piedad popular han surgido y se han desarrollado en este
ámbito, y porque de la colaboración de los religiosos, religiosas y miembros de
los institutos seculares, se puede esperar mucho para la justa armonización
legítimamente deseada.
La terminología
6. En el curso de los siglos, las Iglesias de occidente han
estado marcadas por el florecer y enraizarse del pueblo cristiano, junto y al lado
de las celebraciones litúrgicas, de múltiples y variadas modalidades de
expresar, con simplicidad y fervor, la fe en Dios, el amor por Cristo Redentor,
la invocación del Espíritu Santo, la devoción a la Virgen María, la veneración
de los Santos, el deseo de conversión y la caridad fraterna. Ya que el
tratamiento de esta compleja materia, denominada comúnmente "religiosidad
popular" o "piedad popular", no conoce una terminología unívoca,
se impone alguna precisión. Sin la pretensión de querer dirimir todas las
cuestiones, se describe el significado usual de los términos empleados en este
documento.
Ejercicio de piedad
7. En el Directorio, el término "ejercicio de
piedad", designa aquellas expresiones públicas o privadas de la piedad
cristiana que, aun no formando parte de la Liturgia, están en armonía con ella,
respetando su espíritu, las normas, los ritmos; por otra parte, de la Liturgia
extraen, de algún modo, la inspiración y a ella deben conducir al pueblo
cristiano. Algunos ejercicios de piedad se realizan por mandato de la misma
Sede Apostólica, otros por mandato de los Obispos; muchos forman parte de las
tradiciones cultuales de las Iglesias particulares y de las familias
religiosas. Los ejercicios de piedad tienen siempre una referencia a la revelación
divina pública y un trasfondo eclesial: se refieren siempre, de hecho, a la
realidad de gracia que Dios ha revelado en Cristo Jesús y, conforme a las
"normas y leyes de la Iglesia" se desarrollan "según las
costumbres o los libros legítimamente aprobados".
Devociones
8. En nuestro ámbito, el término viene usado para designar
las diversas prácticas exteriores (por ejemplo: textos de oración y de canto;
observancias de tiempos y visitas a lugares particulares, insignias, medallas,
hábitos y costumbres), que, animados de una actitud interior de fe, manifiestan
un aspecto particular de la relación del fiel con las Divinas Personas, o con
la Virgen María en sus privilegios de gracia y en los títulos que lo expresan,
o con los Santos, considerados en su configuración con Cristo o en su misión
desarrollada en la vida de la Iglesia.
Piedad popular
9. El término "piedad popular", designa aquí las
diversas manifestaciones cultuales, de carácter privado o comunitario, que en
el ámbito de la fe cristiana se expresan principalmente, no con los modos de la
sagrada Liturgia, sino con las formas peculiares derivadas del genio de un
pueblo o de una etnia y de su cultura.
La piedad popular, considerada justamente como un "verdadero tesoro del
pueblo de Dios", "manifiesta una sed de Dios que sólo los sencillos y
los pobres pueden conocer; vuelve capaces de generosidad y de sacrificio hasta
el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe; comporta un sentimiento vivo
de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia
amorosa y constante; genera actitudes interiores, raramente observadas en otros
lugares, en el mismo grado: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana,
desprendimiento, apretura a los demás, devoción".
Religiosidad popular
10. La realidad indicada con la palabra "religiosidad
popular", se refiere a una experiencia universal: en el corazón de toda
persona, como en la cultura de todo pueblo y en sus manifestaciones colectivas,
está siempre presente una dimensión religiosa. Todo pueblo, de hecho, tiende a
expresar su visión total de la trascendencia y su concepción de la naturaleza,
de la sociedad y de la historia, a través de mediaciones cultuales, en una
síntesis característica, de gran significado humano y espiritual.
La religiosidad popular no tiene relación, necesariamente, con la revelación
cristiana. Pero en muchas regiones, expresándose en una sociedad impregnada de
diversas formas de elementos cristianos, da lugar a una especie de
"catolicismo popular", en el cual coexisten, más o menos
armónicamente, elementos provenientes del sentido religioso de la vida, de la
cultura propia de un pueblo, de la revelación cristiana.
Algunos principios
Para introducir en una visión de conjunto, se presenta aquí brevemente cuanto
se expone ampliamente y se explica en el presente Directorio.
El primado de la Liturgia
11. La historia enseña que, en ciertas épocas, la vida de
fe ha sido sostenida por formas y prácticas de piedad, con frecuencia sentidas
por los fieles como más incisivas y atrayentes que las celebraciones
litúrgicas. En verdad, "toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo
sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia,
cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna
otra acción de la Iglesia". Debe ser superado, por lo tanto, el equívoco
de que la Liturgia no sea "popular": la renovación conciliar ha
querido promover la participación del pueblo en las celebraciones litúrgicas,
favoreciendo modos y lugares (cantos, participación activa, ministerios
laicos...) que, en otros tiempos han suscitado oraciones alternativas o
sustitutivas de la acción litúrgica.
La excelencia de la Liturgia respecto a toda otra posible y legítima forma
de oración cristiana, debe encontrar acogida en la conciencia de los fieles: si
las acciones sacramentales son necesarias para vivir en Cristo, las
formas de la piedad popular pertenecen, en cambio, al ámbito de lo facultativo.
Prueba venerable es el precepto de participar a la Misa dominical, mientras que
ninguna obligación ha afectado jamás a los píos ejercicios, por muy
recomendados y difundidos, los cuales pueden, no obstante, ser asumidos con
carácter obligatorio por una comunidad o un fiel particular.
Esto pide la formación de los sacerdotes y los fieles, a fin que se dé la
preeminencia a la oración litúrgica y al año litúrgico, sobre toda otra
práctica de devoción. En todo caso, esta obligada preeminencia no puede
comprenderse en términos de exclusión, contraposición o marginación.
Valoraciones y renovación
12. La libertad frente a los ejercicios de piedad, no debe
significar, por lo tanto, escasa consideración ni desprecio de los mismos. La
vía a seguir es la de valorar correcta y sabiamente las no escasas riquezas de
la piedad popular, las potencialidades que encierra, la fuerza de vida
cristiana que puede suscitar.
Siendo el Evangelio la medida y el criterio para valorar toda forma de
expresión – antigua y nueva – de la piedad cristiana, a la valoración de los
ejercicios de piedad y de las prácticas de devoción debe unirse una tarea de
purificación, algunas veces necesaria, para conservar la justa referencia al
misterio cristiano. Es válido para la piedad popular cuanto se afirma para la
Liturgia cristiana, o sea, que "no puede en absoluto acoger ritos de
magia, de superstición, de espiritismo, de venganza o que tengan connotaciones
sexuales".
En tal sentido se comprende que la renovación querida por el Concilio
Vaticano II para la liturgia debe, de algún modo, inspirar también la correcta
valoración y la renovación de los ejercicios de piedad y las prácticas de
devoción. En la piedad popular debe percibirse: la inspiración bíblica,
siendo inaceptable una oración cristiana sin referencia, directa o indirecta, a
las páginas bíblicas; la inspiración litúrgica, desde el momento que
dispone y se hace eco de los misterios celebrados en las acciones litúrgicas;
una inspiración ecuménica, esto es, la consideración de sensibilidades y
tradiciones cristianas diversas, sin por esto caer en inhibiciones inoportunas;
la inspiración antropológica, que se expresa, ya sea en conservar
símbolos y expresiones significativas para un pueblo determinado, evitando, sin
embargo, el arcaísmo carente de sentido, ya sea en el esfuerzo por dialogar con
la sensibilidad actual. Para que resulte fructuosa, tal renovación debe estar
llena de sentido pedagógico y realizada con gradualidad, teniendo en cuenta los
diversos lugares y circunstancias.
Distinciones y armonía con la Liturgia
13. La diferencia objetiva entre los ejercicios de piedad y
las prácticas de devoción respecto de la Liturgia debe hacerse visible en las
expresiones cultuales. Esto significa que no pueden mezclarse las fórmulas
propias de los ejercicios de piedad con las acciones litúrgicas; los actos de
piedad y de devoción encuentran su lugar propio fuera de la celebración de la
Eucaristía y de los otros sacramentos.
De una parte, se debe evitar la superposición, ya que el lenguaje, el ritmo,
el desarrollo y los acentos teológicos de la piedad popular se diferencian de
los correspondientes de las acciones litúrgicas. Igualmente se debe superar,
donde se da el caso, la concurrencia o la contraposición con las acciones
litúrgicas: se debe salvaguardar la precedencia propia del domingo, de las solemnidades,
de los tiempos y días litúrgicos.
Por otra parte, hay que evitar añadir modos propios de la "celebración
litúrgica" a los ejercicios de piedad, que deben conservar su estilo, su
simplicidad y su lenguaje característico.
El lenguaje de la piedad popular
14. El lenguaje verbal y gestual de la piedad popular,
aunque conserve la simplicidad y la espontaneidad de expresión, debe siempre
ser cuidado, de modo que permita manifestar, en todo caso, junto a la verdad de
la fe, la grandeza de los misterios cristianos.
Los gestos
15. Una gran variedad y riqueza de expresiones corpóreas,
gestuales y simbólicas, caracteriza la piedad popular. Su puede pensar, por
ejemplo, en el uso de besar o tocar con la mano las imágenes, los lugares, las
reliquias y los objetos sacros; las iniciativas de peregrinaciones y
procesiones; el recorrer etapas de camino o hacer recorridos
"especiales" con los pies descalzos o de rodillas; el presentar
ofrendas, cirios o exvotos; vestir hábitos particulares; arrodillarse o
postrarse; llevar medallas e insignias... Similares expresiones, que se
trasmiten desde siglos, de padres a hijos, son modos directos y simples de
manifestar externamente el sentimiento del corazón y el deseo de vivir
cristianamente. Sin este componente interior existe el riesgo de que los gestos
simbólicos degeneren en costumbres vacías y, en el peor de los casos, en la
superstición.
Los textos y las fórmulas
16. Aunque redactados con un lenguaje, por así decirlo,
menos riguroso que las oraciones de la Liturgia, los textos de oración y las
fórmulas de devoción deben encontrar su inspiración en las páginas de la
Sagrada Escritura, en la Liturgia, en los Padres y en el Magisterio,
concordando con la fe de la Iglesia. Los textos estables y públicos de
oraciones y de actos de piedad deben llevar la aprobación del Ordinario del
lugar.
El canto y la música
17. También el canto, expresión natural del alma de un
pueblo, ocupa una función de relieve en la piedad popular. El cuidado en
conservar la herencia de los cantos recibidos de la tradición debe conjugarse
con el sentido bíblico y eclesial, abierto a la necesidad de revisiones o de
nuevas composiciones.
El canto se asocia instintivamente, en algunos pueblos, con el tocar las
palmas, el movimiento rítmico del cuerpo o pasos de danza. Tales formas de
expresar el sentimiento interior, forman parte de la tradición popular,
especialmente con ocasión de las fiestas de los santos Patronos; es claro que
deben ser manifestaciones de verdadera oración común y no un simple espectáculo.
El hecho de que sean habituales en determinados lugares, no significa que se
deba animar a su extensión a otros lugares, en los cuales no serían
connaturales.
Las imágenes
18. Una expresión de gran importancia en el ámbito de la piedad
popular es el uso de las imágenes sagradas que, según los cánones de la cultura
y la multiplicidad de las artes, ayudan a los fieles a colocarse delante de los
misterios de la fe cristiana. La veneración por las imágenes sagradas
pertenece, de hecho, a la naturaleza de la piedad católica: es un signo el gran
patrimonio artístico, que se puede encontrar en iglesias y santuarios, a cuya
formación ha contribuido frecuentemente la devoción popular.
Es válido el principio relativo al empleo litúrgico de las imágenes de
Cristo, de la Virgen y de los Santos, tradicionalmente afirmado y defendido por
la Iglesia, consciente de que "los honores tributados a las imágenes se
dirige a las personas representadas". El necesario rigor, pedido para las
imágenes de las iglesias - respecto de la verdad de la fe, de su jerarquía,
belleza y calidad – debe poder encontrarse, también en las imágenes y objetos
destinados a la devoción privada y personal.
Puesto que la iconografía de los edificios sagrados no se deja a la iniciativa
privada, los responsables de las iglesias y oratorios deben tutelar la
dignidad, belleza y calidad de las imágenes expuestas a la pública veneración,
para impedir que los cuadros o las imágenes inspirados por la devoción privada
sean impuestos, de hecho, a la veneración común.
Los Obispos, como también los rectores de santuarios, vigilen para que las
imágenes sagradas reproducidas muchas veces para uso de los fieles, para ser
expuestas en sus casas, llevadas al cuello o guardadas junto a uno, no caigan
nunca en la banalidad ni induzcan a error.
Los lugares
19. Junto a la iglesia, la piedad popular tiene un
espacio expresivo de importancia en el santuario – algunas veces no es
una iglesia -, frecuentemente caracterizado por peculiares formas y prácticas
de devoción, entre las cuales destaca la peregrinación. Al lado de tales
lugares, manifiestamente reservados a la oración comunitaria y privada, existen
otros, no menos importantes, como la casa, los ambientes de vida y de
trabajo; en algunas ocasiones, también las calles y las plazas
se convierten en espacios de manifestación de la fe.
Los tiempos
20. El ritmo marcado por el alternarse del día y de la
noche, de los meses, del cambio de las estaciones, está acompañado de variadas
expresiones de la piedad popular. Esta se encuentra ligada, igualmente, a días
particulares, marcados por acontecimientos alegres o tristes de la vida
personal, familiar, comunitaria. Después, es sobre todo la "fiesta",
con sus días de preparación, la que hace sobresalir las manifestaciones
religiosas que han contribuido a forjar la tradición peculiar de una
determinada comunidad.
Responsabilidad y competencia
21. Las manifestaciones de la piedad popular están bajo la
responsabilidad del Ordinario del lugar: a él compete su reglamentación,
animarlas en su función de ayuda a los fieles para la vida cristiana,
purificarlas donde es necesario y evangelizarlas; vigilar que no sustituyan ni
se mezclen con las celebraciones litúrgicas; aprobar los textos de oraciones y
de formulas relacionadas con actos públicos de piedad y prácticas de devoción.
Las disposiciones dadas por un Ordinario para el propio territorio de
jurisdicción, conciernen, de por sí, a la Iglesia particular confiada a él.
Por lo tanto, cada fiel - clérigos y laicos - así como grupos particulares
evitarán proponer públicamente textos de oraciones, fórmulas e iniciativas
subjetivamente válidas, sin el consentimiento del Ordinario.
Según las normas de la ya citada Constitución Pastor Bonus, n. 70, es tarea de esta
Congregación ayudar a los Obispos en materia de oración y prácticas de piedad
del pueblo cristiano, así como dar disposiciones al respecto, en los casos que
van más allá de los confines de una Iglesia particular y cuando se impone un
proveimiento subsidiario.