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EPISTOLA DE SAN JUDAS
Capítulo único
1 Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Santiago, a los que han recibido la llamada divina, amados de Dios Padre y guardados para Jesucristo: Ap 12, 7 Mc 6, 1 Mt 13, 1
2 misericordia, paz y amor en abundancia para vosotros.
3 Queridísimos, teniendo gran interés en escribiros acerca de nuestra común salvación, me siento obligado a dirigiros esta carta, para exhortaros a combatir por la fe, que ha sido entregada a los santos de una vez para siempre.
4 Porque se han infiltrado ciertos hombres impíos, ya de antiguo señalados en la Escritura para esta condenación, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios y niegan al único Dueño y Señor nuestro Jesucristo.
5 Quiero recordaros, aunque ya sepáis todo esto de una vez para siempre, que el Señor -después de haber salvado al pueblo de la tierra de Egipto- hizo perecer a continuación a los que no creyeron; Ex 12, 1 Nm 14, 1
6 y que a los ángeles que no mantuvieron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los tiene guardados en tinieblas con cadenas eternas para el juicio del gran día;
7 también Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, que como ellos se entregaron a la fornicación y fueron tras un uso antinatural de la carne, están puestas para escarmiento, sufriendo el castigo de un fuego eterno. Gn 19, 25
8 También éstos, a pesar de todo, en su delirio manchan su cuerpo, menosprecian la autoridad del Señor y blasfeman de los seres gloriosos.
9 El arcángel Miguel, cuando -oponiéndose al diablo disputaba sobre el cuerpo de Moisés, no se atrevió a pronunciar una sentencia injuriosa, sino que dijo: ¡Que el Señor te reprenda! Dt 34, 1 Is 10, 1 Is 12, 1 Za 3, 2
10 Pero éstos blasfeman de todo lo que desconocen; y en lo que conocen por instinto natural como las bestias irracionales, en eso se corrompen.
11 ¡Ay de ellos!, porque se metieron por el camino de Caín, y se precipitaron por afán de lucro en la aberración de Balaán, y perecieron en la rebelión de Coré. Gn 4, 1 Nm 16, 1 Nm 22, 1
12 Estos son un escándalo en vuestros ágapes, banqueteando con vosotros sin recato, se apacientan a sí mismos; son nubes sin agua zarandeadas por los vientos; árboles de otoño sin fruto, dos veces muertos y arrancados de raíz;
13 olas bravías del mar que echan la espuma de sus torpezas; astros errantes a los que está reservado para siempre el infierno tenebroso.
14 De ellos también profetizó Henoc, el séptimo descendiente de Adán, cuando dijo: He aquí que ha venido el Señor con sus santas miríadas, Gn 5, 24
15 para entablar juicio contra todos y dejar convictos a todos los impíos de todas las perversidades que han cometido, y de todas las injurias que los pecadores impíos han proferido contra él.
16 Estos son unos murmuradores, quejumbrosos de su suerte, que viven conforme a sus concupiscencias, cuya boca habla presuntuosamente, y que por propio interés adulan a las personas.
17 En cambio vosotros, queridísimos, acordaos de las palabras predichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo,
18 que os decían: En los últimos tiempos habrá quienes se burlen de todo y vivan según sus impías concupiscencias. 2P 3, 3
19 Estos son los que crean divisiones, hombres meramente naturales, que no tienen el Espíritu.
20 Pero vosotros, queridísimos, edificándoos sobre vuestra santísima fe y orando en el Espíritu Santo,
21 manteneos en el amor de Dios, aguardando que la misericordia de nuestro Señor Jesucristo os conceda la vida eterna.
22 Tratad con compasión a los que vacilan;
23 a unos procurad salvarlos, arrancándolos del fuego; a otros tratadlos con misericordia, pero con precaución, aborreciendo hasta la túnica manchada con su carne.
24 Al que es poderoso para guardaros sin tropiezo y presentaros sin tacha y con júbilo delante de su gloria,
25 al único Dios, Salvador nuestro por medio de Jesucristo nuestro Señor, la gloria, la majestad, el imperio y la potestad, desde siempre y ahora y por todos los siglos. Amén.
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