LV ASAMBLEA PLENARIA DE LA CONFERENCIA
EPISCOPAL ESPAÑOLA
ORIENTACIONES
SOBRE
PASTORAL DE JUVENTUD
"¿Cómo
podemos saber el camino?" (Jn 14, 5)
Orientaciones de la Conferencia
Episcopal para
la elaboración de un proyecto de
Pastoral de Juventud
Madrid 18-23 de noviembre de
1991
I. PRESENTACIÓN
1. Los Obispos españoles hemos seguido de cerca y con sumo interés las
múltiples y diversas iniciativas de pastoral de juventud en cada una de
nuestras diócesis y en toda España. Se trata de una acción constante y eficaz;
emprendida hace años por numerosos sacerdotes, religiosos y laicos, jóvenes y
adultos.
2. La IV Jornada de la Juventud en Santiago de Compostela, con la presencia
de Juan Pablo II, puso de manifiesto el dinamismo de la pastoral de Juventud en
España 1, confirmado en la última Jornada Mundial celebrada en
Czestochowa. Nuestros encuentros con los jóvenes en las parroquias, con motivo
de las celebraciones de la confirmación, las jornadas diocesanas de la juventud
y los encuentros con los movimientos en diversas ocasiones nos hacen sentir con
gozo la juventud de la Iglesia, que se renueva constantemente 2.
1. Por qué un Proyecto de Pastoral de
Juventud
3. A la vez que constatamos esta realidad,
somos conscientes de las limitaciones de la acción pastoral con los jóvenes.
Limitaciones que se manifiestan en el gran número de jóvenes que en nuestro
país viven lejos de la Iglesia y del contacto con el Evangelio, de los que
sufren por un motivo o por otro y han perdido la esperanza en el futuro y la
ilusión por vivir, o están sujetos a ideologías materialistas de consumo y de
insolidaria competitividad.
4. En la acción pastoral señalamos, además,
las siguientes limitaciones: la multiplicación de las iniciativas teóricas y
una cierta divergencia respecto a los planteamientos concretos, la falta de
metas claras y de itinerarios comprobados, la improvisación y la consiguiente
discontinuidad, la ausencia de apoyo y compromiso de la comunidad. Esto
origina, en muchos casos, una pastoral ocasional y de iniciativas dispersas que
dificulta una labor continuada y orgánica.
5. Ante esto mismo, cuando la Iglesia está
inmersa en la tarea magnífica y comprometida de la nueva evangelización 3,
empresa que hace necesario el protagonismo de todos los bautizados, queremos
invitar a nuestras comunidades y, de forma especial, a los jóvenes a renovar e
intensificar la pastoral de juventud.
6. En la línea de promover la participación y
la corresponsabilidad de los laicos en la vida y en la misión de la Iglesia,
propusimos los obispos en el Plan de acción pastoral de la C.E.E. para el
trienio 1990-1993, la "elaboración de un Plan de Pastoral de
Juventud". Con él comprometemos a nuestras comunidades, y nos
comprometemos nosotros mismos, a dar un nuevo impulso a esta tarea que
consideramos prioritaria para la Iglesia en España.
2. Para qué un Proyecto de Pastoral de
Juventud
7. La finalidad del Proyecto de Pastoral de
Juventud es ayudar a que la acción de la pastoral de juventud sea más completa,
definida y coordinada. Se trata de tener en cuenta todos los aspectos de la
vida de los jóvenes: educación, cultura, experiencia social, el compromiso
eclesial. Hacer presente el evangelio en todos los ambientes: los alejados y
los cercanos, los marginados y los integrados, los de la ciudad y los del campo
y el mar, los estudiantes y los trabajadores. Y se trata de aprovechar todas
las energías disponibles, dones del Espíritu, y al mismo tiempo de
conjuntarlas, jerarquizando sus actuaciones según criterios de urgencia e
importancia.
8. El proyecto no pretende ser una nueva
metodología sino un instrumento que ayude a realizar una pastoral más
organizada, que construya una articulación de grupos y comunidades vivas que
tomen conciencia de la realidad en la que viven, proyecten su camino y se
organicen, según los planes diocesanos de pastoral, para una acción
evangelizadora más eficaz. Es conveniente que diferenciemos la pastoral de
jóvenes de la pastoral de adolescentes aunque estén íntimamente relacionadas.
De la misma forma hemos de distinguir en nuestra acción pastoral entre los
"jóvenes-adolescentes" (17-20 años) y los "jóvenes-adultos"
(20-25 años).
9. En estas Orientaciones queremos recoger
algunos de los elementos esenciales de todo programa de acción pastoral con
jóvenes, que más tarde se desarrollarán en el Proyecto de Pastoral. Acción
pastoral que ha de partir de la realidad de los jóvenes en el contexto de la
situación actual de la sociedad y de la Iglesia; presentar la propuesta de la
vocación cristiana, llamada universal a la santidad, y establecer el itinerario
formativo y la metodología adecuada para facilitar el proceso educativo en la
dirección apuntada. Por fin, señalar la importancia de los animadores, de su
formación y de su corresponsabilidad en la misión eclesial.
3. A quiénes nos dirigimos
10. Los
destinatarios primeros de estas orientaciones son los mismos jóvenes. La
Iglesia los ama y los necesita; y ellos necesitan a la Iglesia cuando buscan y
construyen su futuro 4. La Iglesia anuncia a Jesucristo y proclama
su Evangelio como la única y sobreabundante respuesta a las más radicales
aspiraciones de los jóvenes, y como la propuesta fuerte y enaltecedora de un
seguimiento personal, "Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo:
Una cosa te falta: vete, vende lo que tienes y dáselo a los pobres y tendrás un
tesoro en el cielo, luego ven y sígueme" (Mc 10, 21). Esto supone compartir el amor
filial de Jesús por el Padre y la participación en su misión de salvación de la
humanidad 5.
11. Nos dirigimos también a todos los
animadores de pastoral de juventud: laicos, jóvenes y adultos, sacerdotes,
religiosos y religiosas, que están ya trabajando en la pastoral de juventud o
están preocupados por colaborar en ella. A todos ellos van dirigidas
especialmente estas palabras, con la confianza de que les sirva de orientación
y aliento. De la entrega y experiencia de muchos hemos recibido nosotros mismos
el aliento y la inspiración con que ahora queremos animar a todos.
12. Y, por fin, a nuestras comunidades
enteras. Todos los cristianos deben estar interesados en la pastoral de
juventud y han de participar en ella directa o indirectamente. De todos
esperamos una atenta acogida: sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos,
adultos y jóvenes, padres de familia, educadores... La preocupación por la
pastoral de juventud y, en general, la evangelización de los jóvenes ha de
animar el dinamismo misionero de nuestras comunidades y ha de estimular la
conversión de sus miembros, para hacerse creíbles ante quienes necesitan y
exigen la máxima convicción y coherencia.
II. FUNDAMENTO Y OPCIONES
DE LA PASTORAL
DE JUVENTUD
1. Fundamento
13. Jesús,
enviado del Padre, animado por el Espíritu, manifiesta su vocación y misión en
Nazaret: proclamar el Evangelio de Dios. Más aún: Jesús de Nazaret, Hijo de
Dios vivo, es el Evangelio de Dios. Cristo vive en su Iglesia. Por eso la
presencia de la Iglesia entre los jóvenes es una exigencia y, a la vez, una
condición de la evangelización de los jóvenes. La Iglesia existe para
evangelizar. Vive en el mundo para anunciar el Evangelio a toda la creación (Mc 16, 15). Evangelizar es su identidad
más profunda 6. Evangelizar implica transformación, testimonio de
vida, anuncio de Jesucristo, adhesión a la comunidad, participación en la
misión de la Iglesia 7.
14. La misión de la Iglesia nace de la fe en
Jesucristo, de la comunión del Dios vivo, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y se
define, por tanto, como misión de comunión y comunión misionera 8.
El cometido fundamental de la Iglesia es anunciar el Evangelio, anunciar a
Jesucristo, Evangelio de Dios, a todos los hombres, convencidos de que la fe en
Cristo es la "única respuesta plenamente válida a los problemas y
expectativas de cada hombre y de cada sociedad"9. Ha llegado la
hora de una nueva evangelización y de la misión "Ad gentes"10. Todos en la Iglesia,
adultos y jóvenes, han de asumir el deber de esta tarea urgente. Los jóvenes
cristianos han de ser los protagonistas en primera línea de la evangelización
de los jóvenes.
15. En este marco, por pastoral de juventud
entendemos toda aquella presencia y todo un conjunto de acciones a través de
las cuales la Iglesia ayuda a los jóvenes a preguntarse y descubrir el sentido
de su vida, a descubrir y asimilar la dignidad y exigencias de ser cristianos,
les propone las diversas posibilidades de vivir la vocación cristiana en la
Iglesia y en la sociedad, y les anima y acompaña en su compromiso por la
construcción del Reino 11.
16. Por ello es necesario articular todas las
acciones de la comunidad cristiana en un proceso de acompañamiento que
garantice la formación integral del joven, su conversión constante y el
desarrollo armónico y coherente de sus relaciones con los demás, con el mundo y
con Dios en coherencia con la fe cristiana.
La pastoral de juventud tiene una clara dimensión educativa que comporta
una atención especial al crecimiento personal y armónico de todas las
potencialidades que el joven lleva dentro de sí, razón, afectividad, deseo de
absoluto; una atención a su dimensión social, cultivando actitudes de
solidaridad y de diálogo, y estimulando un compromiso por la justicia y por una
sociedad de talla humana; una preocupación por la dimensión cultural pues la
evangelización no es añadir un conocimiento religioso junto a contenidos que le
resultan extraños, sino plantear una acción que "alcanza y transforma los
criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las
líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos vitales"12.
2. Opciones pastorales
17. La pastoral de juventud
admite muy diversas y distintas formas de llevarse a cabo, todas ellas validas
y provechosas. Sin embargo queremos señalar las grandes líneas maestras que han
de servir de marco común para todos 13.
1ª. Presencia de la Iglesia, en especial de los jóvenes cristianos, en
los ambientes juveniles
18. La
presencia de la Iglesia entre los jóvenes es exigencia y, a la vez, condición
para la evangelización de los jóvenes. La Iglesia ha de llevar la Buena Noticia
a todos los hombres y proclamarla en todos los ambientes. Evangelizar desde
dentro 14 es una exigencia que brota de la lógica del misterio de la
Encarnación del Hijo de Dios 15. Únicamente aquello que se asume
puede ser transformado y salvado 16. Ante lo inhóspito de la
situación en muchos ambientes, algunos jóvenes pueden sentir la tentación de
refugiarse en determinadas formas de vida cristiana. Es oportuno recordar las
palabras del Concilio: "Los jóvenes, deben convertirse en los primeros e
inmediatos apóstoles de los jóvenes, ejerciendo el apostolado personal entre
sus propios compañeros, habida cuenta del medio social en que viven"17.
Esta presencia tiene que ser activa y significativa. Ello exige el
acompañamiento y la revisión por parte del grupo, pero, a la vez, suma
confianza en que el Señor va por delante (Cfr Hch 18, 9-10).
2ª. Protagonismo y corresponsabilidad de los jóvenes en la
Iglesia-comunión
19. Si la evangelización define la Iglesia,
la misión brota de la comunión y genera comunión. La Iglesia, animada por el
Espíritu, es comunidad misionera. Los jóvenes cristianos corresponsables con
toda la Iglesia de su misión evangelizadora, han de participar activamente en
la comunión eclesial; han de expresar, celebrar y alimentar su fe en la
comunidad, y reconocer y asumir sus responsabilidades en el seno de esta. Por
su parte la comunidad ha de reconocer y promover la presencia y participación
de los jóvenes en la vida de la misma. "Los jóvenes no deben considerarse
simplemente como objeto de la solicitud de la Iglesia; son de hecho -y deben
ser incitados a serlo- sujetos activos, protagonistas de la evangelización y
artífices de la renovación social"18.
20. Este protagonismo tiene su razón de ser
en su bautismo, que les hace miembros del pueblo de Dios 19, y en el
mismo carácter educativo de la pastoral de jóvenes, pues en el trabajo, en la
programación, realización y evaluación de las tareas de la comunidad, pueden
crecer y madurar como creyentes.
3ª. Opción preferencial por los pobres
21. La adhesión a Cristo y la comunión
eclesial lleva al servicio del hombre y al compromiso por el bien común de la
sociedad. Cristo revela el hombre al hombre 20, la plenitud de su
dignidad, la de ser hijo de Dios. Por su parte la Iglesia, cuerpo de Cristo, es
fermento del Reino, de la nueva humanidad. Por Cristo, cada hombre y todo
hombre, especialmente los pobres y los que sufren, se convierten en camino para
la Iglesia 21 que prolonga la encarnación de Cristo entre los pobres
y su compromiso liberador.
22. A las puertas del tercer milenio
corresponde a los jóvenes impulsar una nueva evangelización, sirviendo al
hombre y a la sociedad, a fin de contribuir, con la sola fuerza del Evangelio,
a la construcción de una nueva civilización: civilización del amor, de la vida,
de la verdad, de la justicia y de la paz. Este compromiso se concreta, tanto en
la solidaridad con los empobrecidos y marginados que están entre nosotros, como
más allá de nuestras fronteras.
23. Consideramos importante potenciar los
diversos voluntariados y animar, sin temor alguno, a compromisos estables y
definitivos en este sentido 22. Dentro de esta línea se ve la
necesidad de contemplar en los planes de formación de los jóvenes una seria
formación social y política, siguiendo la doctrina social de la Iglesia 23.
4ª. Una espiritualidad que integre de la fe y la vida
24. Es fundamental ayudar a los jóvenes en la
búsqueda de una auténtica espiritualidad que integre la fe en toda la vida del
joven, en su vida afectiva, en su vida familiar, de trabajo, de diversión, de
compromiso; que desarrolle el sentido de la vida en la comunidad cristiana como
fraternidad; y que por su experiencia de oración y vida sacramental puedan ser
contemplativos en la acción; que ayude a aceptar la propia experiencia de
fracaso y de pecado a la luz de la misericordia del Padre, manifestada en la
cruz de Cristo. Espiritualidad que lleva a manifestar la fe en las obras,
huyendo de toda privatización de la fe y buscando la unidad de conciencia 24.
25. En la formación de esta espiritualidad no
han de faltar los elementos más genuinos de la fe cristiana:
- El misterio de nuestra
comunión de fe y amor con el Padre por Cristo en el Espíritu Santo.
- La configuración con
Cristo en su obediencia filial al Padre y en su compromiso por el Reino.
- La devoción a María,
Madre de la Iglesia y modelo de vida de fe.
- El sentido de la
comunión con la Iglesia y la participación en su acción evangelizadora.
- La participación en la
liturgia, especialmente en los sacramentos de la Reconciliación y de la
Eucaristía.
- La vida de oración.
- La alegría como
manifestación de la salvación.
- La aceptación cristiana
de la cruz en la propia vida.
- El compromiso en la
práctica del mandamiento nuevo del amor fraterno en unión con Cristo.
- La contemplación
esperanzada y comprometida del mundo con sus luces y sus sombras.
5ª. Coordinación y articulación de la pastoral con jóvenes
26. La
coordinación, como manifestación efectiva de la comunión, tiene su raíz en el
mismo ser de la Iglesia y de nuestra fe en Jesús. Sus palabras "que todos
sean uno como Tú, Padre, estás en mí y yo en Ti" (Jn 17, 19-23), son la raíz de la
coordinación. A la vez la coordinación fortalece y acrecienta la comunión.
27. La Iglesia tiene unidad de misión, misión
recibida de Cristo que, a su vez la recibió del Padre. Esta unidad de misión no
impide que haya diversidad de acciones, de carismas, de vocaciones, de
iniciativas. Pero cada grupo necesita de los demás para reconocerse e
identificarse como Iglesia. La coordinación exige el esfuerzo de abrirse a los
demás, de reconocer que nadie es autosuficiente, de escucha paciente, etc.,
pero también es fuente de gozo fraternal y de eficacia apostólica. La mutua
estima y la recíproca colaboración entre los grupos es manifestación de la
comunión eclesial 25.
III. ELEMENTOS QUE DEBEN
CONFIGURAR
EL PROYECTO DE
PASTORAL DE JUVENTUD
1. El punto de partida: el joven en su
situación
28. La pastoral de juventud tiene como
destinatario al joven en su situación concreta. Para que la pastoral de
juventud sea auténticamente evangelizadora ha de ser oferta de sentido adecuada
a la concreta y diversa situación de los jóvenes, tanto por los ambientes como
por sus ocupaciones.
29. El acompañamiento pastoral, tanto
personal como en grupo, ha de tener presente la diversa maduración en la fe de
los jóvenes. No todos se encuentran en las mismas circunstancias de fe y por lo
tanto los procesos han de ser distintos, sin olvidar que el mensaje es para
todos: asociados y no asociados, practicantes y no practicantes, creyentes y no
creyentes. Todos son llamados al encuentro con Cristo y a la participación en
la comunidad cristiana 26.
2. El punto de llegada
30. Es evidente que el objetivo fundamental
del itinerario de la evangelización y educación en la fe de los jóvenes, es que
el joven descubra en Cristo la plenitud de sentido y el sentido de la totalidad
de su vida, y busque la más plena identificación con El, con todas sus
implicaciones, santidad de vida, la vida según el Espíritu, la configuración
con Cristo. Por ello toda pastoral con jóvenes ha de proponer y animar el
encuentro personal y comunitario del joven con Cristo vivo que es, al mismo
tiempo, el origen y el camino de este proceso. Ha de impulsar y además
facilitar la participación en la vida de la comunidad y ha de promover y
acompañar su compromiso en la acción evangelizadora de la Iglesia a favor del
hombre y de la sociedad.
31. Este objetivo general marca las líneas de
trabajo de toda acción pastoral con jóvenes. Es propuesta y acompañamiento. La
propuesta es convocatoria y misión; es ayuda a descubrir el sentido de la vida
en una entrega, en una misión, en un servicio. El acompañamiento define, la
pedagogía propia de la pastoral de juventud, que exige al animador y a la
comunidad cristiana, estar cerca, alentar y promover el protagonismo de los
jóvenes.
32. La universal y común vocación a la
santidad en el seguimiento de Jesucristo se especifica en diversas vocaciones
laicales 27 y de especial consagración: -ministerio sacerdotal, vida
religiosa, vida monacal, vida laical consagrada- y la vocación misionera como
posibilidad para todos los estados de vida. La pastoral de juventud ha de
ayudar a descubrir la concreta vocación a la que el joven tratará de responder
con generosidad 28, y a la progresiva inserción en la comunidad de
los creyentes y participación corresponsable en la misma.
3. El itinerario educativo: etapas
33. La pastoral de juventud ha de establecer
el proceso a través del cual la comunidad cristiana conduce y acompaña al joven
desde su concreta situación hasta la plena madurez humana y cristiana. Este es
un proceso lento y largo de descubrimiento: no hay recetas, ni soluciones
exteriores. Es el joven quien descubre su propia vida y es ahí donde puede
encontrarse con Cristo por la fe.
34. Entre el punto de partida y la meta del
itinerario evangelizador, podemos distinguir tres momentos o etapas, con
objetivos y acciones específicas: etapa misionera, etapa catecumenal y etapa
pastoral 29, por llamarlas de alguna manera. Estas etapas no quieren
significar un proceso cronológico sino metodológico, pues pueden coincidir.
Ayudan a entender que en el proceso educativo de la fe siempre hay que tener en
cuenta la situación concreta en que el joven se encuentra en las diferentes
dimensiones de su vida.
35. La etapa misionera, etapa de convocatoria
y propuesta, corresponde a la situación de los jóvenes no creyentes y de los
alejados de la fe y de la comunidad eclesial; y comprende las acciones de la
comunidad a ellos dirigidas. El elemento primero de esta acción misionera de la
comunidad será el testimonio de los creyentes como "presencia,
participación y solidaridad"30. El testimonio ha de hacerse
anuncio explícito, propuesta del Evangelio de Jesús 31. Concluye
esta etapa cuando el joven acepta a Jesucristo y desea incorporarse a la
comunidad cristiana.
36. La etapa catecumenal, etapa de iniciación
y formación, corresponde a la situación de los jóvenes que inicialmente han
dado su adhesión a la persona y al Evangelio de Jesucristo y desean
incorporarse a la plena comunión eclesial. Comprende esta etapa todas las
acciones a través de las cuales la comunidad cristiana intenta que los jóvenes
entiendan, celebren y vivan en la Iglesia la novedad de la vida cristiana. Esta
acción catecumenal está al servicio de la Iniciación Cristiana que, como enseña
el Concilio, ha de ser una iniciación: "en el misterio de la salvación; en
el ejercicio de las costumbres evangélicas; en los ritos sagrados que han de
celebrarse en los tiempos sucesivos; y sean introducidos en la vida de la fe,
de la liturgia y de la caridad del pueblo de Dios"32. Dentro de
esta etapa reviste capital importancia, en algunas diócesis, la catequesis y la
recepción del sacramento de la confirmación.
37. La etapa pastoral. Etapa del compromiso y
la misión, comprende las acciones de la comunidad eclesial dirigidas a los
jóvenes ya iniciados en la fe: la educación permanente de la fe, la celebración
de los sacramentos, la comunión fraterna en las comunidades vivas,
participativas y corresponsables y el testimonio de la nueva vida en Cristo.
Este testimonio alcanza todas las situaciones de la vida. De una manera
especial, en nuestro tiempo, ese testimonio ha de expresarse en el respeto y
defensa de la dignidad de la persona humana, en la solidaridad con los pobres y
amor a la pobreza evangélica, en el diálogo fe y cultura 33, en el
trabajo por la paz y la ecología; y ha de llevar a la transformación de las
estructura de pecado según el plan de Dios 34. Estos jóvenes,
iniciados en la fe, son aquellos que pueden llevar adelante una doble y urgente
tarea: la nueva evangelización y la evangelización misionera, "Ad gentes"35.
4. Pedagogía y metodología pastoral
38. La pedagogía del proceso evangelizador y
la metodología de la formación, siempre importante, reviste una especial
significación en todo el proceso de la educación del joven en la fe.
39. Por ello se han de establecer con
claridad aquellos criterios fundamentales que sirvan a los movimientos y
asociaciones, para la revisión y actualización de los métodos empleados, y que
ayuden a los grupos, asociaciones y comunidades a adoptar aquellos que sean más
aptos para la formación integral, espiritual y doctrinal, de los jóvenes.
40. Podemos recordar algunos principios en
que habrán de inspirarse tales criterios: la lectura creyente de la realidad
personal y social y la lectura del Evangelio desde la realidad personal y de la
comunidad cristiana; la formación entendida como "auto-formación"36,
pero siempre y sólo en el seno de una comunidad eclesial, en pequeños grupos,
en asociaciones o movimientos; la formación espiritual, con los medios comunes
y adecuados a las condiciones personales de vida -escucha de la Palabra, oración
personal y comunitaria, participación activa en la liturgia- y formación
doctrinal, con una sistemática acción de catequesis 37, que
garantice la asimilación del misterio de Cristo y de la Iglesia 38.
41. La misma vida de Jesús, como maestro y
educador de los apóstoles y de las multitudes es también, en su totalidad una
pedagogía activa y liberadora que culmina en la cruz y en la resurrección.
5. Ámbitos de formación
42. Las comunidades cristianas no pueden
ignorar ni excluir la riqueza y diversidad de cauces que contribuyen, cada uno
según su propia función, a la formación integral de los jóvenes, humana,
doctrinal y espiritual 39.
43. El Proyecto de Pastoral de Juventud
deberá articular y coordinar las aportaciones específicas y complementarias de
la familia, el colegio, la parroquia, las asociaciones y movimientos 40.
Cada uno de estos ámbitos tiene una misión distinta pero necesaria; por ello es
preciso lograr una eficaz colaboración entre todos ellos.
44. Afirmamos, una vez más, que la enseñanza
de la religión está íntimamente relacionada con la evangelización y con la
pastoral de juventud. A este respecto nos remitimos a lo dicho en otras
ocasiones al respecto 41.
45. A nuestro criterio, el grupo de jóvenes
constituye un marco muy importante para situar el proceso de educación en la fe
y personalización de la experiencia, y, por otra parte, puede ser una mediación
privilegiada de experiencia de Iglesia.
IV. PERFIL Y FUNCIÓN
DEL
ANIMADOR DE PASTORAL DE JUVENTUD
46. Esta labor pastoral no se podría realizar
sin la colaboración, esfuerzo y generosidad de un gran número de animadores,
sacerdotes, religiosas y laicos, adultos y jóvenes. Sabemos que ser animador de
pastoral de juventud no es una vocación fácil o inmediatamente realizable, sino
que requiere una madurez humana, una formación técnica, y una fuerte vivencia
personal de la fe.
47. Entre los rasgos que han de caracterizar
al animador destacamos el que sea alguien que ame profundamente a los jóvenes
y, por lo tanto, confíe en ellos 42; educador cercano y atento;
testigo de la fe de la comunidad eclesial; animador del grupo y enviado de la
comunidad.
48. En la pastoral de jóvenes, el sacerdote
tiene un papel fundamental en la labor de acompañamiento, de ayuda para
discernir la voluntad de Dios, de guía en la vida espiritual y en la
celebración de los sacramentos. Esta es una labor a realizar tanto con los
jóvenes como con el equipo de animadores.
V. LÍNEAS OPERATIVAS
PARA
DESARROLLAR ESTAS ORIENTACIONES
Y PONERLAS EN
PRÁCTICA
49. Al llegar al final de nuestra reflexión
nos parece oportuno señalar algunas líneas operativas que ayuden a desarrollar
estas orientaciones.
50. La Comisión Episcopal de Apostolado
Seglar, en colaboración con las de Enseñanza y Catequesis y la de Seminarios y
Universidades, elaborará el Proyecto marco de Pastoral que desarrolle estas
orientaciones.
51. La nueva evangelización en la que la
Iglesia debe empeñarse nos exige responder a los retos de los jóvenes más allá
de la simple multiplicación de iniciativas. La experiencia nos dice que es
conveniente que cada Iglesia Diocesana cuente con un proyecto de pastoral de
juventud, como instrumento para una acción más coordinada y eficaz.
52. Teniendo en cuenta los diversos ámbitos
en los que se desarrolla la pastoral con jóvenes, la coordinación de las
diversas iniciativas de pastoral de juventud promovidas por las parroquias, los
colegios, las congregaciones religiosas, los movimientos, asociaciones y
comunidades, ha de contar con los cauces adecuados en la pastoral diocesana 43,
dentro de las cuales destaca la Delegación Diocesana de Pastoral de Juventud.
53. Es preciso articular las diversas
iniciativas de pastoral con jóvenes dentro de la pastoral de juventud y de
conjunto en cada Iglesia particular. La pastoral de jóvenes se entiende dentro
del Plan Diocesano de Pastoral coordinado a través de los Consejos de Pastoral
y de las correspondientes Delegaciones Episcopales.
54. Cada una de nuestras diócesis dedicará
las personas y medios necesarios para el buen funcionamiento de las
delegaciones diocesanas, y procura que se creen los equipos de pastoral juvenil
en los arciprestazgos y zonas, en los que estén representados los animadores de
la pastoral de juventud y los mismos jóvenes.
55. Las delegaciones o los secretariados de
pastoral de juventud alentarán y ayudarán a dar una estructura orgánica al gran
número de grupos parroquiales de jóvenes, muchos de los cuales han surgido de
las catequesis de confirmación para adolescentes y jóvenes. Estructura que haga
posible la permanencia de los grupos, la formación de los animadores y de
miembros del grupo y facilite la participación de los grupos en las plataformas
juveniles tanto civiles como eclesiales.
56. Las delegaciones, secretariados y
parroquias potenciarán los movimientos, asociaciones, centros de tiempo libre,
viendo en ellos un instrumento privilegiado para la presencia y misión de la
Iglesia en los diversos ambientes en los que viven los jóvenes. En este sentido
nos merecen especial atención los Movimientos de Acción Católica 44.
57. También procúrese la constitución de
Escuelas para Catequistas, Animadores de Pastoral Juvenil, Educadores de Tiempo
libre, manteniendo la unidad necesaria. Considerando la formación de
Consiliarios, Animadores y Educadores como tarea urgente y prioritaria.
58. Los religiosos y religiosas, que
acompañan los grupos de jóvenes o los atienden en su formación escolar
participarán de esta tarea evangelizadora, asumiendo los objetivos de la
pastoral diocesana y enriqueciéndola con su propio carisma.
59. Dada la importancia de la enseñanza de la
religión para la formación de los jóvenes, se potenciará la formación
específica de los profesores de religión, así como su acompañamiento pastoral.
Se coordinarán los servicios de pastoral en juventud, enseñanza y
universidades. Y se buscarán cauces de colaboración entre las parroquias y los
colegios, especialmente en lo que respecta a las actividades extraescolares, en
las que tantos profesores, religiosos, religiosas y seglares, ponen su esfuerzo
y generosidad.
60. La pastoral con jóvenes tendrá en cuenta
no sólo a los grupos organizados, sino también a tantos jóvenes que sin estar
en grupos determinados se esfuerzan diariamente en el seguimiento de Jesús y en
la fidelidad a su Iglesia.
61. La Iglesia tiene en cuenta la diversidad
cultural y política de España, manifestada en la estructura autonómica del
Estado. La organización de la pastoral de juventud tendrá en cuenta esta
diversidad cultural y política 45.
62. La Subcomisión de Pastoral de Juventud de
la CEAS es el lugar de encuentro de las diversas realidades de pastoral de
juventud que existen en la Iglesia en España y estará al servicio de las
diversas diócesis alentando y ayudando procesos de comunión y de servicios
interdiocesanos.
VI. CONCLUSIÓN
63. Al encomendar el desarrollo y concreción
ulterior de estas orientaciones a la CEAS confiamos que, con la elaboración del
Proyecto, sabremos alentar y acompañar la confianza y las esperanzas de
nuestros delegados diocesanos, de los cada vez más numerosos animadores de
pastoral de juventud y de todos los jóvenes. Somos conscientes de que
contribuiremos a un futuro mejor, si sabemos ofrecer a los jóvenes una razón
para vivir y un motivo para esperar, si podemos ofrecerles a Cristo, esperanza de
la humanidad y fuente de alegría para quienes lo reconocen 46.
64. Confiamos el fruto de estas
orientaciones, a la intercesión de María que supo escuchar con admiración lo
que se decía de Jesús y proclamar con gozo el evangelio que nos libera.
NOTAS:ç
1. Así lo reconocía el propio
Juan Pablo II en la audiencia general del miércoles 23 de agosto de 1989.
2. Cfr Mensaje del Concilio a
los Jóvenes.
3. Haití, CELAM: 9, 3, 83.
4. Cfr Puebla, 1206ss.
5. CfrChL 46.
6. Cfr EN, 14.
7. Cfr EN, 21-24.
8. Cfr CHL, 32.
9. CHL, 34.
10. Cfr RM, 3; CHL, 34; TDV, 53.
11. Cfr CHL, 54.
12. EN 19.
13. Cfr Congreso de evangelización: Conclusiones
del grupo de Juventud.
14. Cfr EN, 18.
15. Cfr EN, 13 y 18.
16. Cfr AA, 14.
17. AA, 12.
18. CHL, 46. Sínodo 87, Pro.52. Cfr AA, 12; EN, 72; CC, 248.
19. Cfr LG, 33.
20. Cfr GS, 22; CHL, 36.
21. Cfr RH, 14; CA, 53-56.
22. Cfr RM, 79-80.
23. Cfr CA, 56; CHL, 42.
24. Cfr ES, 15; GS, 43.
25. CHL, 30.
26. Cfr Mt 9, 36-37.
27. Cfr CHL, 55-56.
28. Cfr CHL, 58.
29. Cfr AG, 6, 13, 15.
30. EN, 21.
31. Cfr Ibid, 21.
32. AG, 14.
33. Cfr EN, 19-20.
34. Cfr SRS, 36; TDV, 53, 65.
35. "La misión renueva la Iglesia, refuerza la
fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe
se fortalece dándola! La nueva evangelización de los pueblos cristianos hallará
inspiración y apoyo en el compromiso por la misión universal" (RM, 2; Cfr
RM, 3; AA, 12).
36. Juan Pablo II Carta apostólica a los jóvenes
y a las jóvenes del mundo con ocasión del Año Internacional de la Juventud, 13.
37. Cfr CHL, 60.
38. Cfr C.E.E., Orientaciones del Episcopado
Español sobre Apostolado Seglar (1972), nº, 23.
39. Cfr CHL, 59.
40. Cfr CHL, 61-62.
41. Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis:
Orientaciones Pastorales sobre la enseñanza religiosa escolar. Su legitimidad,
carácter propio y contenido. Ed. EDICE, Madrid, 1979. Cfr Orientaciones
Pastorales sobre el ministerio de los sacerdotes en la acción educativa, 1987,
100-101.
42. Cfr 1 Tes 2, 78; Juan Pablo II, Carta
Apostólica a los jóvenes y a las jóvenes del mundo con ocasión del Año
Internacional de la Juventud, 7.
43. Cfr LG, 23.
44. Cfr AA, 20.
45. Cfr CHL, 63.
46. Cfr CHL, 7.