LVI ASAMBLEA PLENARIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA
SENTIDO
EVANGELIZADOR DEL DOMINGO Y DE LAS FIESTAS
Instrucción pastoral de la
Conferencia Episcopal Española
Madrid, 22 de mayo de 1992
La Iglesia, por una tradición apostólica que trae su
origen del día mismo de la resurrección de Cristo, celebra el Misterio Pascual
cada ocho días, en el día que es llamado con razón día del Señor o domingo. En
este día, los fieles deben reunirse a fin de que, escuchando la Palabra de Dios
y participando en la eucaristía, recuerden la pasión, la resurrección y la gloria
del Señor Jesús y den gracias a Dios, que los hizo renacer a la viva esperanza
por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos (1Pe 1, 3). Por esto, el
domingo es la fiesta primordial que debe presentarse e inculcarse a la piedad
de los fieles, de modo que sea también el día de alegría y de liberación del
trabajo. No se le antepongan otras solemnidades, a no ser que sean, de veras,
de suma importancia, puesto que el domingo es el fundamento y el núcleo del año
litúrgico (SC 106).
INTRODUCCIÓN
Motivos de la Instrucción
1. Fortalecer la vida cristiana", es decir, potenciar la madurez
de la fe de todos los creyentes, haciéndola más consciente y personal para que
se manifieste en una conducta regida más claramente por el Evangelio,
constituye una de las mayores preocupaciones de los Obispos de la Conferencia
Episcopal Española en la actualidad 1.
Para llevar a cabo este fortalecimiento es preciso revitalizar los cauces
comunitarios y participativos de la vida eclesial. Entre estos cauces se
encuentran el domingo y las fiestas M calendario cristiano, a causa de su
tradición y de la incidencia real en la educación de la fe y en la formación de
los creyentes.
El domingo desde los orígenes del cristianismo y las fiestas cristianas que
fueron apareciendo a lo largo de la historia, son un medio privilegiado para
perseverar en la vida de la fe inaugurada en el bautismo. El día del Señor ha
sido, desde el principio, un espacio gozoso en el que la Iglesia es
evangelizada continuamente por la Palabra que proclama y por los sacramentos
que celebra y se convierte en comunidad de fe, de amor y de esperanza en medio
de los hombres.
2. La catequesis de la Iglesia parte de la confesión de la fe en que
han sido bautizados sus hijos, y tiende a la confesión de esta fe. En el largo
proceso de la educación de la fe, la eucaristía ocupa un lugar central porque
es en ella donde la fe es proclamada, celebrada y confesada. De ahí la
necesidad de vincular la acción evangelizadora y catequética a la celebración
eucarística y de manera particular a la que tiene lugar el domingo y en las
fiestas de precepto. En la eucaristía dominical yfestiva suelen participar
muchos fieles cristianos que no han sido suficientemente evangelizados para
poder confesar su fe. Es preciso ayudarles para que sean capaces de hacerlo
cuando participan con el resto de la comunidad cristiana en la celebración
eucarística.
Asimismo, en la catequesis la Iglesia hace la traditio fidei o transmisión
de la fe. Pero es en la celebración eucarística donde dicha transmisión se
realiza de manera más propia y plena, pues en ella Cristo se entrega al Padre
para la salvación de los hombres. En esta perspectiva los fieles que participan
en la eucaristía dominical deben ser preparados, por medio de la formación
catequética, para vivir este acontecimiento salvífico de manera consciente,
activa y fructuosa (cf. SC 12;
DGC 25).
3. Además, el domingo y las fiestas del calendario cristiano
pertenecen al patrimonio cultural de una fe que se ha encarnado en los pueblos
de nuestra geografía europea y que se ha extendido en gran parte del mundo. En
este sentido el domingo y las fiestas poseen valores que son aceptados
comúnmente por la sociedad pluralista y secularizada y que llevan el sello
cultural cristiano. Por este motivo, los discípulos de Jesús debemos vivir los
días festivos de una manera testimonial, como espacios privilegiados para
expresar nuestra identidad cristiana y, a la vez, nuestra solidaridad en Cristo
con los demás hombres.
Destinatarios
4. Al preparar esta instrucción, que viene a apoyar la Campaña de
recuperación de los valores del domingo y de las fiestas que se viene
realizando en muchas diócesis, los Obispos pensamos en nuestros presbíteros y
diáconos, desconcertados muchas veces ante la pérdida del sentido cristiano del
domingo y de las fiestas religiosas y ante el descenso de la práctica dominical
como indicador del alejamiento real de la Iglesia.
A ellos les corresponde, ayudados por losequipos de animación litúrgica y
por los laicos y religiosos que trabajan en este campo, hacer del domingo y de
las fiestas un momento fuerte de evangelización y de edificación de las
comunidades cristianas.
Recordamos con particular gratitud a los sacerdotes sobrecargados de trabajo
precisamente en los días festivos, que se esfuerzan por asegurar la
periodicidad dominical de la Misa y animar la celebración en muchas
comunidades, sobre todo rurales. A los actuales retos que plantea hoy la
sociedad a la pastoral del domingo y de las fiestas se une la imposibilidad
para muchas comunidades, de contar con un presbítero que presida la eucaristía
todos los domingos y fiestas.
5. Los Obispos de la Conferencia Episcopal Española nos dirigimos a
través de esta Instrucción a todos los fieles cristianos de nuestras
comunidades, para que recuperen en sus conciencias la importancia del día del
Señor y de las fiestas en orden a mantener viva su fe y su identidad como
miembros de la Iglesia de Jesucristo. Pero quisiéramos ser escuchados también
por aquellos que se consideran cristianos o católicos, pero al mismo tiempo
confiesan que no son practicantes, para que comprendan la incongruencia de esta
actitud y la necesidad de vivir y de celebrar la fe dentro de la comunidad
creyente.
Hacemos también una llamada a los jóvenes, invitándoles a descubrir los
motivos profundos de la convocatoria eclesial de los domingos y de las fiestas
y animándoles a que, con su presencia activa, contribuyan a hacer más viva y
gozosa la celebración de la eucaristía.
Objeto de la Instrucción
6. En la presente Instrucción no se hace un análisis sociológico o
sociocultural de la situación del domingo y de las fiestas cristianas en
España, aunque se apuntan algunos indicios y síntomas. Tampoco se pretende
presentar toda la rica doctrina de la tradición cristiana sobre los días
festivos. Expresión de esta doctrina fueron en el pasado los numerosísimos
testimonios de los Santos Padres, y en la actualidad los documentos del Magisterio
Pontificio y del Magisterio Episcopal de todos los países.
No obstante vamos a recordar algunos aspectos más sobresalientes de la
teología y de la pastoral del domingo y de las fiestas, aquellos que guardan
una mayor relación con la dimensión evangelizadora de los días festivos para la
misma comunidad cristiana y para la sociedad entera. En esta misma perspectiva
se mueven las orientaciones y sugerencias que vamos a hacer.
I. EL DOMINGO Y LAS FIESTAS
RELIGIOSAS HOY
La situación de los días festivos en nuestras
comunidades
7. La celebración del domingo y de las fiestas ha sido siempre para
la Iglesia una señal de fidelidad al Señor. Por eso nunca dejó de reunir a los
fieles para proclamar cuanto se refiere a Cristo en toda la Sagrada Escritura,
y celebrar la eucaristía que hace presente de nuevo su victoria pascual sobre
el pecado y sobre la muerte. Al mismo tiempo procuró que los cristianos fuesen
educados en la participación en la Misa dominical y en la santificación de las
fiestas. Fruto de esta acción es un elevado porcentaje de asistencia a la
eucaristía dominical, que se hace aún mayor en algunas fiestas de precepto.
Por otra parte, en muchas comunidades el domingo y aún el fin de semana son
el momento en que se desarrollan numerosas actividades propias de la vida
parroquia¡ o apostólica: la catequesis de los niños y de los adolescentes en
varias modalidades, los encuentros juveniles, las reuniones o las convivencias
de los movimientos ode los grupos eclesiales, la visita a los enfermos, algunos
ejercicios piadosos y la celebración no sólo de la Misa sino también de otros
sacramentos.
Sin embargo, en nuestra sociedad han cambiado muchas cosas que repercuten en
la convocatoria eclesial de los días festivos. Las nuevas condiciones del
trabajo y del descanso, la cultura del ocio, la civilización del bienestar, las
comunidades y el turismo, las formas nuevas de organización de la vida familiar
y de la convivencia social, el deporte, el éxodo de las ciudades, etc., inciden
de manera directa en la existencia de los creyentes. En esta situación se
modifican no solamente los hábitos de comportamiento religioso sino también la
fisonomía misma del día festivo, que ya no se distingue apenas de los demás
días de la semana.
El vacío espiritual del domingo
8. Los cristianos no son, por otra parte, impermeables a los
fenómenos que afectan especialmente al domingo en nuestra sociedad. Y son,
sobre todo, los jóvenes a quienes más puede afectar el vaciamiento de valores
de los días festivos. Para gran parte de los hombres y mujeres el domingo es un
día carente de sentido, justificado tan sólo por la necesidad de recuperar
energías para el resto de la semana, de descansar. de los excesos del sábado,
de cambiar de tarea, de estar con la familia o de dedicarse a la ocupación
favorita. Son muchos los que se aburren el domingo y no saben qué hacer o cómo
llenar un espacio de tiempo que se alarga con el fin de semana y los puentes.
Esta sensación de vacío espiritual y de tedio se puede dar también en los
creyentes, incluso entre los que procuran asistir a la celebración eucarística
el domingo o el sábado por la tarde. Muchos no aciertan a hacer de toda la
jornada un día de alegría y de fiesta, aunque son muchos también los que han
descubierto que los días festivos son un regalo de Dios no para evadirse ni
para encerrarse en un horizonte estrecho, sino para disfrutar de cuanto tienen
de hermoso el mundo y la naturaleza.
Nuevas condiciones sociolaborales
9. La sociedad industrial y urbana, sobre todo, lejos de liberar a
los hombres y mujeres al llegar el día festivo, está creando nuevas necesidades
y obligaciones. La oferta excesiva de ocupaciones y de distracciones en los
fines de semana, además de incidir sobre todos los consumidores con una presión
constante, da lugar a nuevos problemas de sobrecarga laboral para muchas
personas: madres que trabajan fuera del hogar, miembros de la seguridad de
Estado y de Protección Civil y otros servicios públicos, personal médico y
sanitario de los hospitales, trabajadores de la hostelería, trabajadores de
industrias cuyo proceso de producción no puede interrumpirse, etc.
Por otra parte hoy se asiste a una liberalización de las legislaciones que
afectan a los horarios y a las limitaciones sobre el tiempo de trabajo en la
industria y en el comercio, por motivos económicos y de la competencia a escala
mundial. Estos y otros factores, no hay que ocultarlo, entrañan serios peligros
para el hombre y para el cristiano, al someter los valores humanos y
espirituales a las exigencias de la producción y del consumo. El deterioro de
los valores morales y religiosos que padece nuestra sociedad no es ajeno al
proceso de secularización y de deshumanización del domingo y de las fiestas 2.
Por todos estos motivos los Obispos españoles pedimos a los responsables de
la política laboral, a los empresarios y a los representantes de los
trabajadores que no cedan a la fácil tentación de eliminar poco a poco el
descanso dominical basándose en la posibilidad de una mayor producción y
ampliación del tiempo libre durante la semana, con detrimento de la libertad
personal, de la convivencia familiar y de otros aspectos de la vida ciudadana.
La actitud de la Iglesia
10. La Iglesia no puede ver con indiferencia todos estos fenómenos y,
aunque valora todo cuanto encierran de positivo para el hombre, no puede
ocultar su preocupación por las dificultades que entrañan para la fe y la vida
cristiana de los creyentes. Si en otros tiempos éstos se sentían impulsados a la
práctica religiosa por el mismo ambiente social, hoy sucede todo lo contrario.
Por otra parte, la antigua insistencia en el precepto dominical y festivo, como
motivo casi exclusivo de la santificación M domingo y de las fiestas, no ha
sido suficientemente reemplazada por la instrucción sobre sus valores.
La nueva situación cultural y eclesial nos impulsa a la búsqueda de formas
nuevas o renovadas de evangelización, capaces de adaptarse a los desafíos de
esta etapa histórica. Una de estas formas es promover el sentido cristiano del
domingo y de las fiestas religiosas especialmente en el interior de las
comunidades, pero sin olvidar la incidencia que han de tener los días festivos
en la sociedad. Están en juego la identidad cristiana de muchos fieles y la edificación
de las comunidades como signos de comunión, de reconciliación, esperanza y de
paz. Esto no será posible si los creyentes no perseveran en la fe y no
anuncian, con palabras y con obras, la salvación Ofrecida en Jesucristo.
Ejemplos de ayer y de hoy
11. El día del Señor nació y se organizó en un medio nada fácil para
los primeros cristianos, tanto para los que vivían en el mundo judío como para
los que llegaron a la fe procedentes del paganismo. El día de la asamblea
cristiana no coincidía con los días festivos del resto de la sociedad, de
manera que su celebración venía a ser de hecho un signo de identidad ante los
demás ciudadanos.
De igual manera en las Iglesias jóvenes de hoy, después de la primera
evangelización, los cristianos han sido muy fieles en reunirse, a veces
convocados por catequistas laicos, para escuchar la Palabra de Dios y orar en
común, superando de este modo la dispersión y las tentaciones de volver al
pasado no cristiano. Como en los primeros siglos, en los que se conoce el testimonio
de los mártires del domingo 3, numerosos cristianos, privados hoy de
libertad religiosa, hacen lo imposible por asistir a la eucaristía dominical,
para encontrar la fuerza que les alienta en medio de las dificultades.
II. ASPECTOS EVANGELIZADORES
DEL DOMINGO Y
DE LAS FIESTAS
A) El domingo
Los orígenes del "día del Señor"
12. El Concilio Vaticano II expresó magníficamente el significado que
el domingo tiene para los cristianos:
"La Iglesia, por una tradición apostólica que trae su origen del día mismo
de la resurrección de Cristo, celebra el Misterio Pascual cada ocho días, en el
día que es llamado con razón día del Señor o domingo. En este día, los fieles
deben reunirse a fin de que, escuchando la Palabra de Dios y participando en la
eucaristía, recuerden la pasión, la resurrección y la gloria del Señor Jesús y
den gracias a Dios, que los hizo renacera la viva esperanza por la resurrección
de Jesucristo de entre los muertos (1Pe 1, 3). Por esto, el domingo es la
fiesta primordial, que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles,
de modo que sea también el día de alegría y de liberación del trabajo. No se le
antepongan otras solemnidades, a no ser que sean, de veras, de suma
importancia, puesto que el domingo es el fundamento y el núcleo del año
litúrgico" (SC 106).
El "día del Señor" y las notas de
la comunidad cristiana
13. La celebración del
domingo está justificada por el recuerdo de la resurrección del Señor y de las
apariciones que tuvieron lugar "el primer día de la semana" (cf. Mt 28, 1 y par.; l---c 24, 13-45;
Jun 20, 19-29). Desde el principio la institución dominical está unida, por
tanto, al reconocimiento y a la confesión de Jesús como Señor (cf. Hch 2, 36; Rom 10, 91; Fil 2, 9-11) por
medio de unos actos que expresan y contienen el "poder de su
resurrección" (cf. Fil 3, 10). Todos los valores del domingo tienen su
raíz y su razón de ser en el encuentro personal de los discípulos de Jesús con
el Resucitado que vive para siempre y se hace presente a su Iglesia sobre todo
en la acción litúrgica (cf. SC 7).
Desde el principio se descubren también,
unidas al domingo y a la eucaristía, las notas que caracterizan a la Iglesia
del Señor, formada durante el tiempo de su ministerio público y reconstruida y
consagrada en el Misterio Pascua¡ con la donación del Espíritu Santo:
"Ellos, acogiendo la palabra, fueron bautizados; y fueron agregados en
aquel día como unas tres mil almas. Y perseveraban asiduamente en la doctrina
de los apóstoles y en la comunión, y en la fracción del pan y en las
oraciones" (Hch 2, 41-42).
El "día de la Iglesia"
14. El Señor, después de la
resurrección, agrupó de nuevo a los discípulos y se hizo presente en medio de
ellos (cf. Lc 24, 36-45; Jn 20, 19-29). La primera nota de la
Iglesia que pone de manifiesto la celebración del domingo es la reunión de la
asamblea 4. Aunque cada cristiano ha de vivir su incorporación al
Misterio Pascual de Jesucristo todos los días, en la dispersión de su
existencia y de sus ocupaciones, al llegar el domingo se sabe llamado a reunirse
con sus hermanos, con los que forma el cuerpo de Cristo, para encontrarse a su
vez con el Señor resucitado, que prometió estar presente "donde dos o más
se reúnan en su nombre" (Mt 18, 20;
cf. 20, 20).
Esta asamblea, convocada por el
Resucitado y reunida en su Espíritu, es la principal manifestación de la
Iglesia (cf. SC 41-42; LG 26), un elemento esencial al
domingo y a la misma comunidad cristiana. Por esto no debería faltar ni
siquiera en aquellos lugares donde la falta de sacerdote no permite celebrar la
eucaristía del domingo. La asamblea es la ocasión de encontrarse los que están
llamados a "Tener un solo corazón y una sola alma" (cf. Hch 4, 32). El cristiano que no
frecuenta la asamblea dominical, difícilmente vivirá su fe eciesialmente y se
irá alejando poco a poco de la comunión que hace de la iglesia un sacramento o
señal de la unión con Dios y de la unidad de todos los hombres, signo indispensable
para la acción evagelizadora de hoy 5.
El "día de la Palabra de Dios"
15. La perseverancia de
los cristianos en la vida nueva recibida en el Bautismo les ha exigido siempre
volver una y otra vez "a la enseñanza de los Apóstoles" (cf. Hch 2, 42), es decir, a la Palabra que
un día les fue anunciada y en la que creyeron para salvarse. En las apariciones
del Resucitado elprimer día de la semana se destaca ya el puesto que la
Sagrada Escritura tiene en la asamblea de los cristianos. El propio Señor,
antes de partir el pan para los discípulos de Emaús, "comenzando por
Moisés y siguiendo por todos los profetas, les iba interpretando en todas las
Escrituras" cuanto se refería al Mesías y a los acontecimientos ocurridos
en Jerusalén (cf. Lc 24, 26). Estos
discípulos reconocieron que su corazón "ardía cuando les hablaba por el
camino y les abría el sentido de las Escrituras" (Lc 24, 32; cf . 24, 44-45).
El domingo es el día de la Palabra de
Dios, bajo todas las formas de este ministerio, pero especialmente en la
liturgia de la Palabra, cuando ésta es proclamada y celebrada 6.
Entonces Cristo está presente y sigue anunciando el Evangelio (cf. SC 7; 33), como lo hacía cuando
explicaba las parábolas a los discípulos (cf. Mc 4, 32; Mt 13, 36; 15, 15). Nunca como hoy la
mesa de la Palabra de Dios ha estado tan dispuesta. La Iglesia pone al alcance
de los fieles 'los tesoros de la Biblia" estableciendo una lectura de la
Sagrada Escritura más abundante, más variada y más apropiada (cf. SC 31; 51; DV 21; PO 18).
16. La acción evangelizadora de la Iglesia requiere que toda la
comunidad cristiana se sienta ella misma evangelizada en el contacto vivo y
personal de cada uno de sus miembros con el Evangelio y con los demás textos de
la Escritura que se ordenan a él. Este contacto lo facilita la actual
organización del Leccionario dominical y festivo, que en cada uno de los
ciclos anuales despliega todo el Misterio de Cristo, siguiendo de manera
continuada o temática los hechos y palabras de salvación realizados por el
Señor. Los cristianos asiduos a la eucaristía dominical tienen ocasión de
escuchar las principales páginas de la Sagrada Escritura y prácticamente los
cuatro Evangelios. Para muchos de ellos, no suficientemente evangelizados, se
trata del único contacto vital con la Palabra de Dios en toda la semana.
El "día de la eucaristía"
17. La comunidad cristiana
persevera también en la fracción del Pan y en las oraciones (cf. Hch 2, 42), para cumplir el encargo del
Señor: "Haced esto en memoria mía" (Lc 22, 19; 1Cor 11, 24) y celebrar de
manera más expresiva el , encuentro con el Señor resucitado. Y así ocurría en
la Iglesia Apostólica, cuando los fieles "partían el pan por las casas con
alegría y sencillez de corazón" (Hch
2, 46), y se dedicaban también a la oración en común (cf. Hch 1, 14.24; 4, 24-31; 12, 5; etc.). La
vinculación de la eucaristía al domingo es una realidad desde la época del
Nuevo Testamento (cf. Hch 20, 712).
La celebración de la eucaristía constituye el centro de toda la vida de la
Iglesia 7. Pero, además, la Iglesia local congregada por la
predicación del Evangelio, es edificada por la comunión del Cuerpo y de la
Sangre de Cristo y manifiesta el símbolo de aquella caridad y unidad del Cuerpo
místico, sin la cual no hay salvación 8.
Por otra parte el Sacrificio eucarístico forma una unidad con la liturgia de
la Palabra de Dios, de manera que la fe necesaria para celebrar los sacramentos
se nutre de la misma Palabra. En efecto, la Palabra de Dios, leída y explicada
por la Iglesia en la celebración eucarística, conduce al Sacrificio de la
alianza y al sagrado Banquete. En este sentido la Iglesia, y cada uno de los
fieles, progresan en la fe y en la caridad gracias a la mesa de la Palabra de
Dios y del Cuerpo de Cristo. Pero no se puede olvidar que el hecho mismo de
celebrar la eucaristía constituye en sí un anuncio del Misterio Pascual de
Jesucristo, es decir, un acto de evangelización como sugiere la aclamación que
sigue a la consagración: "Anunciamos tu muerte, proclamamos tu
resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!' (cf. 1Cor 11, 26).
El "día de la caridad"
18. Los primeros
cristianos no sólo "partían el pan" y oraban en común, sino que
proyectaban la comunión en el Espíritu en la comunicación de los bienes y en el
testimonio de la vida (cf. Hch 2, 44-47;
4, 32-37). De este modo la eucaristía dominical se prolongaba en toda una serie
de actitudes y de obras que movían a admiración y que invitaban a compartir la
fe y la caridad. San Pablo, que sugería a los fieles de Corinto ahorrar una
cantidad "cada primer día de la semana", con destino a la colecta en
favor de los hermanos de Jerusalén (cf. 1Cor 16, 2), explica la solidaridad
cristiana como expresión de la generosidad del mismo Cristo (cf. 2Cor 8, 9 ss.)9.
La caridad fraterna y la solidaridad con los necesitados, en cualquiera de
las formas que pueda adoptar, desde la oferta de dinero en la colecta que se
hace durante la presentación de los dones del pan y del vino en la Misa, hasta
los gestos o compromisos más persistentes en favor de los pobres o de los
marginados, constituyen sin duda uno de los signos más evidentes de la
participación profunda en el Sacrificio eucarístico y una de las señales más
eficaces que abren el camino a la acción evangelizadora.
El "día de la misión"
19. Pero los que tomaban parte en
la eucaristía sabían también que eran enviados a anunciar a los demás que
"habían reconocido al Señor en la fracción del pan" (cf. Lc 24, 35). Los cristianos que habían
celebrado con alegría la resurrección del Señor, se sentían portadores del
mensaje pascua¡: Id y anunciad a mis hermanos" , (Mt 28, 10; cf. Jn 20, 17-18). La misión surge
espontáneamente de la experiencia gozosa de la te que se ha alimentado en la
mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo. Eucaristía y evangelización
se fecundan mutuamente y urgen a todos los discípulos de Jesús a sentirse
deudores del don que han recibido hacia los que todavía no conocen el anuncio
que es capaz de transformar sus vidas.
El domingo, situado en el comienzo de la
semana para los cristianos, invita a extender a toda la existencia, mediante el
testimonio consciente y el compromiso responsable, cuanto se ha vivido en la
celebración. De este modo la vida se hace adoración a Dios en el Espíritu y en
la verdad (cf. Jn 4, 23).
El "día de la alegría"
20. Otro gran signo de la comunión
en el Espíritu es la alegría. "El domingo estad siempre alegres, porque el
que se entristece este día es reo de pecado"10. Esta invitación
parece un eco de la escritura por San Pablo: "Estad siempre alegres en el
Señor, os lo repito, estad alegres: que vuestra mesura sea conocida por todos
los hombres. El Señor está cerca" (Fil 4, 4-5). El motivo de la alegría es
la renovada presencia del Amigo (cf. Lc
24, 41; Jn 20, 20).
Los primeros cristianos, al celebrar el
domingo, vivían la alegría de una presencia que nadie podía ya arrebatarles
(cf. Jn 16, 22). Ellos, los amigos del
Esposo, habían visto cómo la muerte se lo quitaba y entonces experimentaron el
fracaso. Pero la palabra de Jesús se cumplió, y el Esposo volvió a estar de
nuevo con ellos (cf. Mc 2, 19-20 y
par.). Pero ahora de un modo más completo, porque veían cómo eran escuchados
por el Padre en el nombre de Jesús (cf. Jn
16, 20), y recibían el Espíritu Santo (cf. Jn 14, 17-18; 20, 22). El domingo es con
toda verdad el "día del Espíritu" que colma de gracia y de alegría a
los que cristianos que se dejan guiar por su luz. La fe y la caridad
compartidas en el día del Señor, son fuente de gozo interior y externo.
Pascua semanal
21. El domingo es "el día que
hizo el Señor' para nuestra alegría y nuestro gozo (cf. Sal 118, 24. La vinculación del domingo
al Misterio Pascua¡ de Jesucristo hace que sea el día memorial de la resurrección
y del comienzo de la nueva creación", o sea, la pascua semanal y el
fundamento y núcleo de todo el año litúrgico" (SC 106). En este sentido la
celebración del domingo nos recuerda que en el bautismo fuimos liberados de la
esclavitud del pecado, pasando de la muerte a la vida (cf. Rom 6, 3-11; 1Jn 3, 14). Esta liberación, para los
cristianos, está en el origen detodas las demás liberaciones, incluso humanas,
a las que como hijos de Dios aspiran.
El Misterio Pascual de Jesucristo es el tránsito de la pasión a la
resurrección de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, que va
reproduciéndose en cada uno de los cristianos desde el momento de su bautismo.
El discípulo de Jesús, al celebrar el domingo, se reencuentra semanalmente con
el poder de la resurrección que va transformando poco a poco su existencia y le
permite completar en su carne lo que falta a la pasión de Cristo (cf. 1, 24).
"Fiesta primordial de los
cristianos"
22. El domingo es llamado también "fiesta primordial" y
"día de alegría y liberación del trabajo" por el Concilio Vaticano II
(SC 106), es decir, la fiesta
esencial y primera de los cristianos, que reúne en sí todos los valores humanos
y todas las características que las modernas ciencias del hombre han puesto de
relieve acerca de la fiesta.
Estos valores peculiares no pueden desestimarse, y menos aún en una sociedad
que se materializa y seculariza cada día más. En efecto, los aspectos humanos
de la fiesta y los aspectos específicos de la experiencia cristiana del domingo
no caminan en direcciones opuestas, sino que -son dimensiones de una misma
realidad que tiene en Cristo, el Hombre nuevo, su punto de convergencia, pues
todo es del hombre, el hombre es de Cristo y Cristo de Dios (cf. 1Cor 3, 22; GS
22)12.
Por otra parte, el domingo como fiesta primordial acoge los aspectos que la
revelación bíblica ha puesto de manifiesto sobre la santificación del día
festivo, y que los Santos Padres atribuyeron de manera particular al día del
Señor como expresión de la nueva situación creada por la resurrección de
Cristo. En efecto, por medio de Cristo, se nos ha dado la plenitud del culto
divino (cf. SC 5). Por tanto
celebrar el domingo es también un acto de culto a Dios Padre, como expresión
del reconocimiento y de la adoración que se deben al Creador de todo cuanto
existe.
23. En este día el hombre recupera
la bondad de la creación (cf. Gn 1, 31;
Sal 104, 124) y alaba al Señor cuya
gloria es precisamente el hombre mismo, llamado a alcanzar su plena realización
en la totalidad de su ser, alma y cuerpo, y en relación con todo el universo.
La fiesta y la celebración, el agradecimiento, la alabanza y la bendición hacen
al hombre más feliz y lo orientan hacia el bien. La liberación del trabajo
propia del domingo es oportunidad para dedicarse al Señor, para gozar de las
relaciones familiares y sociales, y para entrar en contacto con la naturaleza.
Por otra parte la alegría del domingo es
un fruto del Espíritu Santo (cf. Gal 5, 22), que proviene. de la acogida de la
Palabra de Dios con fe (cf. Lc 1, 46-47;
1 Tes 1, 6), de la conversión del corazón y de la reconciliación (cf. Lc 15, 24), de haber reconocido la
presencia del Señor (cf. Jn 20, 20),
incluso de haber compartido sus sufrimientos (cf. Hb 10, 34; 1Pe 1, 6) y de haber anunciado
su nombre (cf. Lc 10, 17). Pero así
como no hay fiesta sin celebración, pues no basta dejar el trabajo para hacer
fiesta, tampoco hay domingo sin que los creyentes se reúnan para alabar al
Señor, recordar sus obras, darle gracias y suplicarle. En este sentido la
celebración de la eucaristía ha sido siempre el corazón del domingo y de toda
fiesta cristiana, el momento culminante de toda una dinámica festiva que es
recuerdo de las maravillas obradas por Dios y cumplidas en Cristo y, a la vez,
presencia y anticipo de la fiesta que no tendrá fin.
Significado del Precepto dominical
24. Por todos estos motivos el domingo ayuda a los cristianos a
recibir mejor la acción de la gracia divina en sus vidas y a responder a ella
más generosamente. La realidad humana y cotidiana del hombre exige que
interrumpa el trabajo de cada día para dedicarse a los bienes del espíritu,
entre los que sobresale la consagración de la propia existencia a Dios. El
descanso, por otra parte, es también oportunidad para realizar el bien y
dedicarse al servicio de los demás y al apostolado. La Iglesia, consciente de estos
valores, ha determinado con solicitud amorosa y con autoridad la santificación
del día festivo. De este modo concreta la voluntad divina expresada en el
tercer precepto del Decálogo. Por esto la disposición que recuerda el deber de
"participar en la eucaristía" y de abstenerse de 'los trabajos que
impiden dar a Dios el culto debido y disfrutar del descanso necesario" (CDC, c. 1247), no es una mera
disposición externa que se pueda modificar sin que se vea afectada la
substancia del precepto.
En efecto, el precepto dominical orienta a los fieles hacia la fuente de la
fe y de la vida de la Iglesia: la asamblea festiva en torno a la Palabra de
Dios y al Sacrificio eucarístico. La participación en esta celebración permite
a los cristianos descubrir su propia identidad y les hace capaces de vivir en
comunión con sus hermanos y entregarse a su tarea en la sociedad humana. El
precepto tiene además un valor pedagógico para ayudar a vencer la pereza y el
olvido, contribuyendo a la toma de conciencia de los fines religiosos y
espirituales a los que sirve. Es necesario que la instrucción a los fieles
sobre la obligatoriedad personal del precepto festivo vaya apoyada en los
auténticos motivos de la santificación de las fiestas, y que se eduque en el
sentido profundo de la obligación interior del cristiano, que debe obrar no por
imperativos legalistas sino, sobre todo, movido por el amor y la fidelidad al
Señor.
B) Las restantes fiestas cristianas
Las fiestas del calendario cristiano
25. Además de la celebración del domingo, fundamento y núcleo del
recuerdo que la Iglesia va haciendo del Misterio de Cristo durante el círculo
del año, existen en el calendario cristiano otros días festivos importantes. Se
trata de las denominadas fiestas de precepto que forman parte también de
la conmemoración de la obra de la salvación a través del año, o porque celebran
diversos aspectos del Misterio de Cristo (cf. SC 102) o porque son días en los que
la Iglesia "venera con amor especial a la Bienaventurada Madre de Dios la
Virgen María" (SC 103) o
"proclama las maravillas de Cristo en sus servidores y propone ejemplos
oportunos a la imitación de los fieles" (SC 111; cf. 104).
En dichos días, lo mismo que en el domingo, "los fieles tienen
obligación de participar en la Misa, y se abstendrán además de aquellos
trabajos y actividades que impidan dar culto a Dios, gozar de la alegría propia
del día del Señor o disfrutar del debido descanso de la mente y del
cuerpo"13.
Capacidad evangelizadora de las fiestas
26. La caridad exige compartirla
alegría de las fiestas con los demás (cf. 1Pe 3, 8; Rom 12, 15; Lc 15, 6. 9). Las fiestas del calendario
cristiano que jalonan el año, pueden dar también una respuesta a la búsqueda de
un significado para el ocio y el tiempo libre que padece el hombre moderno. De
lo que se trata no es de "entretener" o "matar" el tiempo,
sino de vivirlo y "pasarlo" como un don de Dios y como una inclusión
de la eternidad en la vida de los hombres. En este sentido el tiempo aparece
como una oportunidad abierta para dedicarse a los demás, a los seres queridos,
a Dios y a uno mismo. Frente a la inquietud y al nerviosismo de Marta, para
atender al Señor, está la calma y el sosiego de María, sentada a los pies del
Maestro escuchándole. "Una cosa es necesaria, María ha elegido la parte
mejor" (Lc 10, 42). Quizás los
cristianos puedan enseñara los demás ciudadanos a "perder el tiempo"
de este modo.
Hoy sin duda es muy necesario que las
fiestas religiosas sean celebradas como una llamada a la esperanza y una
exigencia para construir una nueva civilización basada en la Verdad y en el
Amor. Las comunidades cristianas, que peregrinan hacia la plenitud del Reino de
Dios y reciben su fortaleza de la eucaristía, están llamadas a renovar
continuamente la esperanza de los hombres. Los jóvenes especialmente,
conscientes de las exigencias de su Bautismo y robustecidos por el don del
Espíritu Santo en la Confirmación, han de ser testigos, para su propia
generación, del Misterio Pascual de Jesucristo que "hace nuevas todas las
cosas" (cf. Ap 21, 5).
Los signos de la fiesta y el "Día
Octavo"
27. Las fiestas cristianas y el domingo fiesta primordial, que
acompañan la existencia de los hombres y de los pueblos adaptándose al ciclo
vital de la naturaleza y a la evolución del conjunto de las distintas tareas
que van construyendo la sociedad, dan fisonomía incluso a la vida civil y
contribuyen a que muchos hombres y mujeres encuentren en la fe el sentido
fundamental de sus vidas. Se trata de un aspecto de nuestra cultura
originariamente cristiano, pero que no siempre es percibido y valorado por los
mismos creyentes, influenciados por un ambiente que trata de eliminar la
referencia a Dios y a la transcendencia en el tejido social.
Los días festivos contemplan la alegría como una prenda y un anticipo de la
felicidad plena que sólo se alcanzará más allá de las fronteras de este mundo,
cuando la lucha dará paso a la paz, los recelos y los odios a la
reconciliación, el dolor al consuelo y los esfuerzos de los hombres al descanso
de Dios. El domingo es el día primero de la semana, pero es también el octavo
día, porque es un don de Dios que anuncia las realidades últimas y
definitivas, y permite anticipar todo aquello que es esperado y deseado como
futuro. Entre los signos festivos más comunes y todavía expresivos, se
encuentran el vestido nuevo o traje de fiesta y la comida abundante y
compartida. Son los mismos signos que aparecen en el Evangeliol 4
como señal y exigencia, a la vez, de una vida eterna que, sin embargo, es
también proyecto y esperanza realizable que da sentido a la presencia y a la
acción de los cristianos en el mundo.
III. ORIENTACIONES Y SUGERENCIAS
PASTORALES
A) La pastoral del domingo y de las fiestas
Las fiestas y la identidad cristiana
28. La entera comunidad eclesial y cada uno de los miembros que la
integran deben sentirse llamados a celebrar el domingo y las fiestas del
calendario cristiano con la conciencia de que, al hacerlo, contribuyen
decisivamente a expresar y a alimentar su identidad cristiana y a que la
Iglesia aparezca en medio del mundo como señal e instrumento de la unión con
Dios y de la unidad de todos los hombres (cf. LG l). En este sentido los Obispos
de la Conferencia Episcopal Española hacemos una llamada a todos, sacerdotes y
fieles, para que colaboren, cada uno por su parte, en la revalorización del
domingo y de las fiestas cristianas, bajo todos los aspectos.
De manera particular es preciso que la -celebración del domingo y de las
fiestas constituya un signo de pertenencia consciente y gozosa a la Iglesia de
Jesucristo y una expresión no sólo individual o familiar, sino también
comunitaria y social de identidad cristiana. En medio de la sociedad pluralista
los discípulos de Jesús, superando las barreras que existen entre los hombres,
han de dar testimonio de que en Cristo se encuentran la plenitud de la dignidad
humana, la fraternidad universal, la soberanía sobre todas las cosas y la
verdadera liberación. No se trata sólo de cumplir unos deberes religiosos para
con Dios, en la santificación de los días festivos, sino también de construir
la Iglesia como comunidad imprescindible para anunciar el mensaje de Jesucristo
en nuestro mundo.
Las dificultades socioculturales de la hora
presente
29. El hecho de que las dificultades que afectan hoy al domingo y a
las fiestas sean nuevas, no quiere decir que sean mayores que las de otras
épocas. En efecto, la mentalidad cultura¡ y la organización y el estilo de vida
contemporáneos pueden dar lugar a una renovación de los planteamientos y de los
métodos pastorales. La primera condición necesaria consiste en discernir con
realismo los cambios que se producen en la sociedad y tratar de ver qué
instancias y qué carencias ponen de manifiesto. No todos los fenómenos
socioculturales que se han apuntado al principiol 5, son negativos
en sí mismos para la fe y para la vida cristiana. Muchos de ellos entrañan
logros y ventajas para el hombre y, en consecuencia, deben ser estimados. Por
esto es. preciso afrontar con decisión no sólo las dificultades sino también
las oportunidades nuevas que se descubren.
El domingo de los que tienen que trabajar o
viajar
30. Los fenómenos contemporáneos de la organización de la sociedad y
del fin de semana, merecen ciertamente comprensión y dedicación pastoral. Las
personas y a veces las familias enteras son más bien víctimas que beneficiarias
de la complejidad de la vida moderna. Pero no se pueden ignorar los daños que
este modo de vivir ocasionan a la vivencia comunitaria de la fe y a la vida
religiosa. Se hace necesario, pues, reflexionar a fondo sobre estos fenómenos,
si no se quiere que el domingo y las fiestas terminen por convertirse en un
momento de disgregación y de abandono de la fe y de la pertenencia a la Iglesia
de Jesucristo.
Por una parte habrá que ofrecer una respuesta pastoral adecuada para
aquellas personas que se ven obligadas a trabajar en los días festivos, para
que no sucumban a unas estructuras de trabajo que a veces no dejan espacio para
el espíritu. Las comunidades cristianas de las zonas donde se dan estos
problemas deberán hacerse cargo de esta problemática a la hora de organizar las
celebraciones del domingo y de los sábados y vísperas de fiestas. Por otra
parte habrá que hacer la oportuna catequesis para que todos los creyentes sean
conscientes de que no es posible la vida de la fe al margen de la comunidad
cristiana y de la celebración eucarística. Durante los tres primeros siglos
cuando el domingo era todavía día de trabajo, los cristianos hacían todo lo que
estaba de su parte para no faltar a la eucaristía dominical 16. En
los lugares de vacaciones y de fin de semana será preciso reforzar el
ministerio pastoral los domingos y las fiestas.
Una pastoral evangelizadora
31. La pastoral del domingo y de las fiestas de precepto ha de formar
parte de todo el conjunto de la acción evangelizadora y de la misión de la
Iglesia. En realidad son muchos los aspectos que se ven afectados de manera más
o menos directa en la celebración de los días festivos. En primer lugar la
misma iniciación cristiana, que difícilmente se podrá llevar a cabo si se
prescinde de la participación en la eucaristía del domingo centro de la vida de
la comunidad eclesial y su principal manifestación. Por tanto, habrá que poner
todo el empeño para que los niños, los adolescentes y los jóvenes, y los
adultos que siguen un proceso de catecumenado o de catequesis, tomen parte en
la asamblea eucarística según su edad y condición.
Póngase todo el cuidado para que todos los elementos de la celebración
eucarística tengan en cuenta también las exigencias del proceso de la educación
en la fe, de manera que catequesis y liturgia estén íntimamente unidas para
favorecer la confesión de la fe de todos los bautizados.
B) La pastoral de la asamblea eucarística
Participación en la eucaristía dorninical y festiva
32. La participación en la eucaristía es una exigencia vital también
para todos los miembros de la comunidad cristiana. Al llegar el domingo, la
Iglesia convoca a todos sus hijos sin excepción, aunque sabe que a muchos les
es muy difícil e incluso imposible asistir a la eucaristía. Por esto ha
introducido la práctica de las misas vespertinas y, después, la posibilidad de
anticipar la celebración al sábado y a la víspera de las fiestas. La
celebración del domingo y de las solemnidades comienza ya en la tarde del día
precedente (NUALC 3). Por consiguiente todas estas misas han de cuidarse con
esmero y se tienen que distinguir por el tono festivo y por la calidad de la
participación activa, interna y externa, de las celebraciones de los restantes
días de la semana. La liturgia será siempre la del domingo o fiesta y nunca
podrá faltar la homilía.
Evitar la dispersión de la comunidad
33. La eucaristía del domingo ha de ser verdaderamente la fuente de
donde brota la vitalidad de una parroquia o comunidad. Conviene que en cada
iglesia se celebren solamente aquellas misas que requiera el bien de los fieles
y se puedan realizar con el mayor grado de participación posible. La
celebración expresará la unidad del Pueblo de Dios (cfr. SC 41-42), para lo cual hay que
evitar la dispersión de la comunidad. Cuando en una misma zona hay numerosas
iglesias a las que acude un número muy reducido de fieles, como ocurre en
algunas ciudades, es conveniente, si esto es posible, que los fieles se reúnan
en la iglesia más importante para la Misa del domingo y de las fiestas. Así
mismo es conveniente también que las comunidades religiosas laicales, no
monásticas, participen en la eucaristía de la parroquia o de otra iglesia de
gran importancia y presten su ayuda para la preparación y la participación del
pueblo.
Cuidar los elementos participativos
34. Entre los elementos participativos que quizás sea hoy más
necesario cuidar, están la acogida de los que llegan, para que se logre una
mayor unidad entre los presentes, la elección de los cantos de acuerdo con la
calidad teológica, musical y pastoral, el respeto de los silencios establecidos
en la misma celebración, para que exista el debido equilibrio entre actitudes
internas y acción exterior. Así mismo, se deben distribuir los distintos
ministerios o funciones litúrgicas, especialmente los que pueden desempeñar los
fieles laicos.
Conviene realizar todos los gestos y utilizar todos los símbolos que están
recomendados y que son tan elocuentes, como la aspersión del agua los domingos,
el incienso, las luces, las flores, y procurar las mejores condiciones
materiales posibles de iluminación, acústica y cierta comodidad, para que toda
la celebración sea una verdadera fiesta en honor del Señor y para todos cuantos
asisten.
La Presidencia y la actuación de los
diversos ministerios
35. La presidencia de la eucaristía ha de constituir la principal
tarea ministerial de los sacerdotes los domingos y las fiestas, porque es un
servicio a Cristo, a quien representan ante los fieles, y también a la
comunidad, a la que han de guiar y ayudar para que se una al Sacrificio
eucarístico. El sacerdote no se puede limitar a realizar unos ritos y a
pronunciar unos textos de manera impersonal o rutinaria. Tiene que ser un
verdadero animador de la participación plena de toda la asamblea, en la que él
mismo está inmerso. Esto lo conseguirá actuando de tal modo que inculque en el
pueblo el carácter santo de la celebración y desempeñando su función
rectamente, según las normas litúrgicas, particularmente las que se refieren al
respeto a los textos litúrgicos y a las vestiduras. En todo momento debe
realizar los gestos con dignidad y belleza, cantar los textos o recitarlos con
voz alta y clara, y con la debida unción religiosa, de manera que los fieles no
sólo los perciban sino que tiendan espontáneamente a responder y a participar 17.
Este modo de proceder afecta también a todos los que desempeñan algún
ministerio o función litúrgica, como el diácono, el comentarista, los lectores,
cantores, acólitos, los encargados de la acogida de los fieles, etc. Es muy
importante que todos conozcan su papel en la celebración y se preparen
convenientemente, tanto desde el punto de vista espiritual como técnico. Los
equipos de animación litúrgica tienen una gran tarea a realizar. Convendría que
en todas las comunidades se formaran estos equipos para preparar bien las
celebraciones bajo la responsabilidad del sacerdote que ha de presidirlas 18.
La liturgia de la Palabra
36. Dentro de la celebración eucarística, para que ésta alimente la
fe y la vida cristiana se ha de cuidar con especial esmero toda la liturgia de
la Palabra. La lectura de los textos propuestos por el Leccionario de la
Misa se realizará por lectores bien preparados, que ejerzan su función con
la conciencia de ser mensajeros y portavoces de la Palabra divina al servicio
de toda la asamblea. El lector litúrgico ha de leer con la pausa y el tono
adecuados, con claridad, expresión y convicción, pero sin declamar,
manifestando incluso en su compostura exterior que es el primero en aceptar la
palabra que proclama 19.
Un elemento muy importante de la liturgia de la Palabra es el salmo
responsorial. No es una mera respuesta de la asamblea a la lectura anterior,
sino la meditación cantada o escuchada de la Palabra divina. Por eso el salmo a
semejanza de las lecturas bíblicas, no puede ser sustituido nunca por cualquier
otro canto. El salmo se canta al modo responsorial por el salmista, o es
recitado por un lector, participando la asamblea por medio de la respuesta.
También se puede cantar o recitar de modo directo, sin que la asamblea
intercale la respuesta 20.
La palabra de Dios ha de ser acogida por toda la asamblea con atención
religiosa y en medio de un clima conveniente de silencio y de meditación. Para
favorecer este clima es útil que antes de las lecturas se haga una breve
monición introductoria que ponga de manifiesto el contenido esencial del texto
y la actitud con que debe ser escuchado. Después de la proclamación del
Evangelio, o a continuación de la homilía, es muy conveniente también observar
una pausa para profundizar personalmente en lo que se ha escuchado 2l.
La homilía
37. La homilía, parte integrante de la acción litúrgica, reviste una
importancia particular como elemento de conexión con el Sacrificio eucarístico.
Sobresale entre todas las formas del ministerio de la Palabra, como anuncio del
Evangelio de Jesucristo a los hombres, pero tiene unas características
especiales al producirse en un contexto litúrgico y estar dirigida, ante todo,
a los creyentes que toman parte en la celebración. Ahora bien, en las presentes
circunstancias, la homilía ha de tener también una clara dimensión
evangelizadora y catequética, lo cual no quiere decir que se convierta en una
catequesis. La homilía, siguiendo las lecturas que se proclaman a lo largo del
año litúrgico, permite recorrer el itinerario propuesto por la catequesis para conducir
a los fieles a la celebración de la fe y al testimonio de la vida cristiana.
Es muy importante que los ministros de la
homilía se preparen bien, con el estudio y la oración, para realizar este
ministerio y no ser predicadores vacíos y superfluos que no escuchan en su
interior la Palabra divina (cfr. DV 25).
Los fieles tienen derecho a escuchar en toda su verdad esta Palabra de la boca
de los ministros (cf r. PO 4;
LG 34). El deber de éstos es
enseñar no su propia sabiduría sino la Palabra del Señor y comunicar al pueblo
cristiano los inmensos tesoros de la Sagrada Escritura (cfr. PO 4; DV 25). El ministerio de la homilía
requiere grandes dosis de perseverancia y de esfuerzo, pero solamente con estas
condiciones se superan el cansancio y la rutina. La eficacia evangelizadora y
mistagógica de la homilía es similar a la del rocío y la nieve que empapan la
tierra (cfr. Is 55, 10-1 l).
Los Obispos de la Conferencia Episcopal Española, conscientes de las
dificultades que entraña este ministerio, queremos expresar nuestro aprecio y
nuestro aliento hacia los presbíteros y diáconos que comparten con nosotros la
responsabilidad de explicar la Palabra de Dios y los misterios de la salvación
al pueblo. Al mismo tiempo les invitamos a desempeñar el ministerio de la
homilía con generosidad y alegría, y les recomendamos la lectura y la
aplicación de las Orientaciones que, con el título de "Partir el pan de
la Palabra", publicó en 1983 la Comisión Episcopal de Liturgia 22.
Las celebraciones dominicales en ausencia
del sacerdote
38. La disminución del número de los sacerdotes hace que en
algunas regiones no sea posible asegurar la celebración de la eucaristía todos
los domingos y fiestas de precepto para algunas comunidades, especialmente
rurales. Los sacerdotes encargados de varias parroquias no pueden presidir la
eucaristía más veces de las que permite la normativa canónica ("dos veces
al día, e incluso, cuando lo exige una necesidad pastoral, tres veces los
domingos y fiestas de precepto": C.D.C. c. 905, &2), que mira tanto a
la necesidad de asegurar una buena celebración como a la salud física y
espiritual de los propios ministros. Para solucionar en parte este problema, el
Obispo diocesano, oído el consejo presbiteral y después de agotadas otras
posibles soluciones como la revisión del número de misas y una mejor
distribución del trabajo pastoral de los sacerdotes, puede establecer en su
diócesis las llamadas celebraciones dominicales en ausencia de presbítero, de
acuerdo con el Directorio de la Congregación para el Culto Divino, de 2-VI-198823.
La finalidad de estas celebraciones no es ofrecer una forma más fácil o
adaptada de evangelización ni sustituir libremente la eucaristía dominical que
tendrá que ser siempre el objetivo prioritario de la pastoral del domingo y de
las fiestas, sino asegurar, para las comunidades que no pueden participar en la
Misa todos los domingos, algunos elementos integrantes de la celebración
eucarística: a) en primer lugar, la reunión comunitaria, para que no se
interrumpa el ritmo semana¡ de la convocatoria de la Iglesia; b) la
proclamación de la Palabra de Dios, que es conveniente que se haga siempre
tomando las lecturas que correspondan del Leccionario dominical y festivo; c)
la oración en común, de intercesión (oración de los fieles) y de acción de
gracias (en sustitución de la plegaria eucarística); d) la comunión sacramental
con la Reserva eucarística de la última vez que se celebró la eucaristía en la
iglesia o llevada expresamente por el ministro que va a presidir o dirigir la
celebración.
C) Otros aspectos de la pastoral del domingo y de las fiestas
Celebración integral del domingo y de las fiestas
39. Pero la eucaristía, con ser el centro del domingo y de las
fiestas, no lo es todo en la celebración cristiana de estos días. La
santificación del día festivo se extiende a la Liturgia de las Horas,
especialmente a las Vísperas, cuya celebración comunitaria es muy recomendable.
Pero, además, es conveniente sugerir a los fieles que dediquen algún tiempo a
la lectura personal o en familia de la Palabra de Dios o a realizar algún
ejercicio piadoso. Tradicionalmente, en la tarde de los días festivos, se ha
hecho la Exposición prolongada del Santísimo Sacramento. Es una buena ocasión
para prolongar la acción evangelizadora y nutritiva de la vida cristiana de la
eucaristía, por medio de lecturas apropiadas de la Sagrada Escritura y
comentarios oportunos.
Por otra parte, la salida de la familia al campo, al mar o a la montaña, es
también una ocasión para santificar el día festivo, refiriendo a Dios la
alegría y la convivencia en el contacto con la belleza de la creación. Lo mismo
cabe decir del turismo y de la sana diversión. Los días de fiesta permiten
dedicar un tiempo a visitar a los parientes o a los amigos que viven lejos, a
los enfermos, a las personas necesitadas de algún tipo de ayuda. Estos actos
entran de lleno en las obras de la luz, que deben practicar los hijos de Dios,
como señal de que han sido liberados de la esclavitud del pecado. Incluso la
visita al cementerio que algunas personas realizan para orar por sus difuntos,
puede inscribirse en la perspectiva escatológica del Octavo Día y constituir un
testimonio de fe y de esperanza cristiana.
Las fiestas patronales
40. Merecen una gran atención también la fiesta del Patrono del lugar
y otras fiestas de la Santísima Virgen y de los Santos que el pueblo celebra
con particular énfasis aunque no sean días de precepto. Su importancia reside
precisamente en las implicaciones de tipo religioso, cultural, folklórico y
turístico que llevan consigo, y en que contribuyen, con su lenguaje y su
ritual, a definir y afirmar la identidad de un pueblo. Con frecuencia pueden
ser objeto de utilización o manipulación con los fines más diversos,
especialmente culturales, políticos y económicos 24.
La celebración de este tipo de fiestas ha de interesar a los pastores no
menos que la celebración del domingo y de las solemnidades del calendario
litúrgico. Se trata de hacer aflorar en las manifestaciones festivas, sobre
todo en las religiosas, las raíces de la fe cristiana y de cuidar que sean
también un medio de evangelización. Para ello habrá que compaginar el trabajo
paciente para que sean un cauce de unión con Dios en Jesucristo, con la
comprensión respetuosa hacia las formas populares de expresión 25.
Traslado de fiestas a domingo y Misas
rituales
41. Un aspecto particularmente delicado de la celebración de estas
fiestas es su traslado, demasiado frecuente y no siempre justificado, a
domingo. Una cosa es la Fiesta del Patrono del lugar, que tiene categoría de
solemnidad y ocupa un puesto más elevado que los domingos del Tiempo
"durante el año" y otra cosa son las fiestas meramente devocionales.
El traslado de estas últimas a domingo, afecta seriamente a la celebración del
día del Señor 26. Lo mismo cabe decir de la celebración de misas
rituales y exequiales en los domingos y solemnidades en que están impedidas por
las leyes litúrgicas, en función de la primacía del Misterio de Cristo 27.
Las Jornadas eclesiales
42. Las Jornadas eclesiales de oración o con otros fines en los
domingos y fiestas de precepto, de suyo no oscurecen la importancia de la
celebración del día del Señor o de la memoria de la Santísima Virgen y de los
Santos. Junto al misterio o aspecto que la Iglesia celebra, que ha de estar en
el centro del domingo o de la fiesta de precepto, las Jornadas extienden este
aspecto hacia la misión de la Iglesia y la vida comunitaria y espiritual de los
fieles. Pero se requiere para esto que las Jornadas se adapten a los textos
litúrgicos propuestos en el Leccionario y en el Misa¡ y no traten de polarizar
la celebración. En muchos casos será suficiente anunciar el motivo de la
Jornada en la monición introductoria o referirse a él en la homilía, y realizar
la correspondiente intención en la Oración de los Fieles, o indicar
oportunamente la finalidad de la colecta.
El domingo y las fiestas para el sacerdote
43. La celebración del domingo y de las fiestas, con su
centro que es la eucaristía, depende en buena medida del ministerio de los
presbíteros. Además de lo que se ha dicho antes, en el nº 35 sobre la
importancia del papel de quien ha de presidir la comunidad reunida el día del
Señor, conviene recordar también lo que representan el domingo y las fiestas
para los propios sacerdotes. Especialmente para los que están dedicados a la
pastoral parroquial, el domingo y las fiestas son los días de mayor trabajo
ministerial, un trabajo asumido gozosamente en la mayoría de los casos como
expresión de la entrega personal a Cristo y a los hermanos.
No obstante el domingo y las fiestas pueden ser días de liberación y de
alegría festiva para el sacerdote, si trata de unirse más íntimamente a Cristo
y a su sacrificio pascual, sabiendo que la entrega generosa al ministerio
contribuirá también a que la siembra de la Palabra de Dios dé fruto abundante
en el corazón de los hombres. Pero, por otra parte, es preciso racionalizar el
trabajo pastoral y desarrollar una acción que no se limite a "no dejar sin
la Misa" a ninguna comunidad, sino que tienda a lograr algunos objetivos,
como, por ejemplo, ayudar a los fieles a participar plenamente en la
eucaristía, a descubrir que el domingo empieza el sábado por la tarde y que su
celebración no se reduce a la asistencia a la Misa, debiendo santificar las
fiestas por medio de la caridad, de la oración personal o en familia, de la
convivencia fraterna y del descanso, etc.
La celebración del domingo y de las fiestas
en el Seminario
44. La misión del presbítero de impulsar la celebración del día
del Señor y las fiestas del calendario cristiano, requiere también que los
alumnos de los Seminarios aprendan a vivir estos días como "fiesta
primordial" en honor del Señor y motivo de alegría y de liberación para
los hombres. Por consiguiente, además de la celebración de la Misa y de la
Liturgia de las Horas según las normas de los libros litúrgicos, es necesario
procurar que en el Seminario se dé un carácter festivo al domingo y a las
principales celebraciones del Señor, de la Bienaventurada Virgen y de los
Santos, de suerte que sean de verdad días de alegría"28.
Esto requiere que la comunidad seminarística, que es una comunidad que se
realiza también en las acciones litúrgicas, celebre como tal el domingo y las
fiestas, independientemente de la ayuda que después puedan prestar sus miembros
en la animación litúrgica de las parroquias como iniciación o preparación para
el futuro ministerio. Si los alumnos de los seminarios no adquieren en los años
de su formación una profunda experiencia del Misterio de Jesucristo en el año
litúrgico, celebrándolo de la forma más cercana al ideal que propone la
Iglesia, difícilmente la tendrán después, cuando no cuenten seguramente con los
medios de que disponen en el Seminario. En la enseñanza de la Liturgia es
preciso también que estén presentes los elementos de la teología y de la
espiritualidad del domingo y del año litúrgico, así como las posibilidades
pastorales y pedagógicas que encierran para la vida.
El domingo y las fiestas en las comunidades
religiosas
45. Las comunidades religiosas tienen la posibilidad de vivir de
forma privilegiada todas las riquezas del domingo y de las fiestas cristianas.
La alegría pascual de la presencia del Señor entre los suyos no sólo ha de
presidir la jornada entera de la comunidad sino que ha de ser un signo que se
proyecta hacia el resto del Pueblo de Dios. En este sentido las comunidades
monásticas, conservando la fidelidad a su propio espíritu (cf. PC 7; AG 40), pueden ofrecer a los hombres
de nuestro tiempo una valiosa ayuda para santificar las fiestas, al facilitar
la participación en la liturgia monástica realizada con todo esmero y hondura
espiritual.
Esta puede ser una magnífica contribución
a la dimensión evangelizadora del domingo y de las fiestas cristianas. Los que
se acerquen a estas comunidades con la finalidad indicada, pueden apreciar cómo
llena el espíritu el dedicarse por entero a Dios y a la oración -vacare Deo (cf.
PC 7)-. Frente al vacío y el
tedio en que muchos hombres y mujeres pasan el día de fiesta, he aquí un
testimonio de que "sólo una cosa es necesaria" (cf. Lc 10, 42) en la perspectiva del Octavo
Día.
46. Las comunidades religiosas de vida activa y otros institutos de
perfección tienen también su propia forma de dar testimonio cristiano con la
celebración del domingo y de las fiestas y de realizar una acción
evangelizadora en favor de toda la comunidad eclesial. En efecto, en la medida
de sus posibilidades y en la fidelidad al espíritu y a las tradiciones del
propio instituto, son cada vez más los religiosos y las religiosas que
colaboran en la pastoral del domingo y de las fiestas preparando y animando las
Misas de los días festivos y otras celebraciones, organizando encuentros y
convivencias de oración y de apostolado, reuniendo a los jóvenes, a los niños y
prestando su ayuda a enfermos, encarcelados o marginados. Incluso acudiendo a
pequeños pueblos para dirigir celebraciones dominicales y festivas ante la
falta de sacerdote. Estas tareas suponen y significan tina presencia muy
valiosa de los religiosos en las Iglesias particulares.
Las Misas a través de la Radio y la
Televisión
47. La transmisión de la eucaristía a través de la Radio y de la
Televisión se ha convertido en los últimos tiempos en un signo muy elocuente
del interés de muchas personas por encontrar un espacio religioso para su vida.
No son solamente enfermos y ancianos quienes siguen de forma asidua estas
retransmisiones que subsanan en parte la dificultad de acudir a la iglesia. Son
también personas de toda índole y condición las que encuentran una ayuda
espiritual que les es particularmente útil. Es cierto que el seguir la Misa a
través de estos medios de comunicación, no sustituye en modo alguno la
participación directa y personal en la asamblea litúrgica, que sigue siendo
obligatoria para las personas no impedidas por alguna causa. Pero no es menos
cierto también que los radioyentes y los telespectadores pueden escuchar la
palabra de Dios proclamada y comentada en directo, y unirse a la oración de una
comunidad viva que en ese momento está reunida en algún lugar.
Todo esto hace de estas retransmisiones un reto pastoral de primer orden de
cara a la acción' evangelizadora de la Iglesia. Las celebraciones han de
prepararse y realizarse con todo esmero, teniendo en cuenta a las personas que
se unen desde sus casas a la escucha de la palabra de Dios y a la oración de la
comunidad 29. Ha de ser el Misterio de Cristo siguiendo el año
litúrgico lo que ha de prevalecer en las retransmisiones, por encima de otros
motivos locales o particulares, que pueden tener también una presencia discreta
pero en modo alguno dominante.
CONCLUSIÓN
48. La celebración de los domingos y de las fiestas del calendario
cristiano, a medida que se acerca al ideal propuesto por la Iglesia en los
actuales libros litúrgicos, es un medio muy eficaz de anuncio de Jesucristo y
de gozosa vivencia de la salvación. Siguiendo el Año litúrgico, la proclamación
y la escucha atenta de la palabra de Dios, la oración común, la participación
en el Sacrificio eucarístico y en otros actos litúrgicos, la caridad
compartida, la alegría y el testimonio, son factores indispensables para una
acción evangelizadora ininterrumpida. Por otra parte, la asistencia a la
asamblea dominical y festiva es para todos los fieles una señal de la
pertenencia a la Iglesia de Jesucristo y un compromiso de identidad cristiana.
NOTAS
- Impulsar una nueva
evangelización. Plan de acción pastoral de la C.E.E. para el Trienio
1990-1993, EDICE, 1990, p. 25.
- Véase el análisis de las causas de la situación de la
crisis moral que hicimos en la instrucción pastoral, "La verdados
hará libres" (Jn 8, 32)
(EDICE, 1990), n. 21 -33.
- Cfr. Actas de los
Mártires de Abitinia, en D. Ruiz Bueno, BAC 75, Madrid, 1951, p.973.
- La Didaché recomendaba
a los cristianos de finales del siglo I: "Reuníos cada día del Señor,
partid el pan y dad gracias" (14, l). Y san Justino, hacia el año
160, hablaba de la "reunión el día que se llama del sol, de todos los
que habitan en las ciudades o en los campos" para leer 1as memorias
de los Apóstoles y los escritos de los Profetas" y celebrar la
eucaristía (cfr. Apol 1, 67).
- En la Carta a los Hebreos se advertía ya: "No
abandonéis vuestra asamblea"(Hb
10, 25); y la Didascalia de los Apóstoles del s. III
recomendaba a los Obispos: Cuando enseñes, ordena y persuade al pueblo a
ser fiel en reunirse en asamblea, que no falte... a fin de que nadie sea
causa de merma para la Iglesia al no asistir, ni el cuerpo de Cristo se
vea privado de uno de sus miembros" (cap. 13).
- Véanse Ordenación
general del Misal Romano (=OGMR) n. 8, 9 y 33; Ordenación de las
Lecturas de la Misa, n. 4-6 y 10.
- En efecto, 'los demás
sacramentos, al igual que todos los ministerios y las obras de apostolado,
están unidos por la Eucaristía y hacia ella se ordenan" (PO 5).
- Cfr. Instr.
Eucharisticum Mysterium, de 25-V- 1967, n. 7.
- Hacia la mitad del siglo II
san Justino informa de la celebración dominical de la eucaristía y de la
comunicación de bienes entre los fieles: "Los que tienen y quieren,
cada uno según su libre determinación, da lo que bien le parece, y lo
recogido se entrega al presidente, y él socorre con ello a huérfanos y
viudas, a los que por enfermedad o por otra causa están necesitados, a los
que están en las cárceles, a los forasteros de paso, y, en una palabra, él
se constituye provisor de cuantos se hallan en necesidad (Apol. 1, 67:
trad. de D. Ruiz Bueno, BAC 116, pp. 258-9).
- Didascalia de los
Apóstoles, n. 21.
- Fue llamado día del Señor
porque es el señor de los otros días. Antes de la pasión del Señor no era
llamado día del Señor sino primer día. En este día el Señor ha dado
comienzo (a la resurrección ciertamente) a la creación del mundo, y en el
mismo día ha dado al mundo las primicias de la resurrección": Eusebio
de Alejandría, Sermones: PG 86, 1.
- Sobre los valores
antropológicos de la Fiesta véase el documento de la Comisión Permanente
de la Conferencia Episcopal Española, Las flestas del Calendario
cristiano, de 13-XII-1982.
- Código de Derecho
Canónico, c. 1247.
- Cfr. Mt 2, 11; Lc 15, 22; etc.
- Véanse los n. 12-16.
- San Justino refiere que
acudían al amanecer todos los que estaban en la ciudad y los que vivían en
el campo (I Apol 67).
- Cfr. OGMR n. 10-13; 18-19;
etc.; Secretariado Nacional de Liturgia, El presidente de la
celebración. Directorio litúrgico-pastoral, PPC (DE 132), Madrid,
1988.
- Cfr. OGMR n. 73 y 313;
Secretariado Nacional de Liturgia, El equipo de animación litúrgica.
Directorio litúrgico-pastoral, PPC (DE 139), Madrid, 1989.
- Cfr. Secretariado Nacional
de Liturgia, El ministerio del Lector. Directorio
litúrgico-pastoral, PPC (DE 103), Madrid, 1986.
- Cfr. Secretariado Nacional
de Liturgia, El salmo responsorial y el ministerio del salmista.
Directorio litúrgico-pastoral, PPC (DE 120), Madrid, 1986.
- OGMR n. 23.
- Comisión Episcopal de
Liturgia, Tartirel Pan de la Palabra". Orientaciones sobre el
ministerio de la homilía, PPC (DE 109), Madrid, 1985.
- Pastoral litúrgica 183/184
(1989) 17-31.
- Véase El Catolicismo
popular. Nuevas consideraciones pastorales. Carta pastoral de los Obispos
de las Provincias Eclesiásticas de Granada y Sevilla, de 20-11-1985:
Boletines Oficiales de las diócesis.
- Cfr. Secretariado Nacional
de Liturgia, Liturgia y piedad popular. Directorio litúrgico-pastoral, PPC
(DE 140), Madrid, 1989, n. 81-94.
- "Por el bien pastoral
de los fieles es lícito celebrar, en los domingos del Tiempo ordinario,
aquellas celebraciones que caen entre semana y que tienen mucha aceptación
en la piedad de los fieles, siempre que estas celebraciones puedan ser
preferidas al domingo según la tabla de precedencia. De estas
celebraciones pueden decirse todas las misas en las que participa el
pueblo" (Normas universales sobre el Año litúrgico, n. 58; véase
también n. 54 y OGMR n. 332). Por encima de los domingos del Tiempo
ordinario están todas las solemnidades y solamente las fiestas del Señor
inscritas en el calendario universal.
- "Entre las misas de
difuntos la más importante es la Misa de las exequias o funeral, que se
puede celebrar todos los días, excepto las solemnidades de precepto, el.
Jueves Santo, el Triduo pascua¡ y los domingos de Adviento, Cuaresma y
Pascua" (OGMR 336; cfr. Ritual de Exequias, n. 40). En los días en
que no está permitida la Misa exequial, se hacen las exequias con la
Liturgia de la palabra y la Misa se celebra otro día.
- Instr. sobre la
formación litúrgica en los Seminarios, de 3-VI-1979, n. 32.
- Véase: Comisiones
Episcopales de Liturgia y de Medios de Comunicación Social, Directorio
litúrgico para la retransmisión de las Misas por Radio y Televisión, PPC
(DE 118), Madrid, 1986.