CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA
SAN JUAN
DE ÁVILA,
MAESTRO DE EVANGELIZADORES
Mensaje al Pueblo de Dios
en el Vº Centenario del
Nacimiento
de San Juan de Ávila
Queridos hermanos y hermanas :
El día 6 de enero se cumplirán
500 años del nacimiento de San Juan de Ávila, Patrono del clero secular
español. La celebración de este Vº Centenario nos invita a reavivar en nuestra
vida y en nuestra acción pastoral el deseo de imitar al santo Maestro Ávila. Su
recia personalidad, su amor entrañable a Jesucristo, su pasión por la Iglesia,
su ardor y entrega apostólica son estímulos permanentes para que vivamos en
fidelidad la vocación a la que Dios nos llama a cada uno y seamos sus testigos en
los comienzos de este nuevo milenio.
Damos gracias a Dios por el
regalo de este santo y por los reconocimientos que la Iglesia ha hecho de él:
la beatificación, por parte de León XIII el 6 de abril de 1894; la declaración
como Patrón principal del clero secular español por Pío XII el 2 de Julio de
1946; la canonización por Pablo VI el 31 de Mayo de 1970. Y esperamos que al
título de "Santo" se le añada pronto, si la Iglesia lo considera
oportuno, el de "Doctor" de la Iglesia universal.
Sabio maestro y consejero experimentado
San Juan de Ávila fue una
vocación para la reforma que la Iglesia necesitaba en momentos de profunda
crisis. Es una de las figuras más centrales y representativas del siglo XVI,
escogido por los mejores. Destacó, ya en su tiempo, por la calidad de su
doctrina teológica y la sabiduría de sus consejos como guía espiritual, en unas
circunstancias en las que la Iglesia y la sociedad del siglo XVI necesitaban
guías experimentados que las renovaran. Convenientemente preparado en su villa
natal de Almodóvar del Campo (Ciudad Real), según las costumbres de la época,
bajo tutores personales, a los catorce años ingresó en la Universidad de
Salamanca, una de las más prestigiosas del mundo de entonces. Después de cursar
estudios de Leyes durante tres años sintió una llamada de Dios y volvió a la
casa familiar para consagrarse a una vida de oración y penitencia. Tres años
llevaba en este género de vida, cuando un religioso de San Francisco le
aconsejóque se dedicara al estudio de la Filosofía y la Teología en la recién
fundada Universidad de Alcalá, a fin de prepararse para recibir las Órdenes
sagradas y poder así ayudar mejor a las almas. Tanto adelantó en estos estudios
y en el conocimiento de la Sagrada Escritura, que sus mismos maestros, entre
ellos el teólogo Domingo de Soto, vistas la agudeza de su ingenio, la
admirablememoria y su incansable aplicación al estudio, auguraron que en breve
llegaría a ser uno de los hombres más sabios de toda España.
Enriquecido con este tesoro de
ciencia humana y teológica y ordenado sacerdote, se consagró a enseñar con su
predicación, cartas, consejosy tratados espirituales a personas de toda edad,
estado y condición social. Ejerció su magisterio directo en la región de
Andalucía, tan necesitada en aquel momento de doctrina, pues, islamizada
durante siglos, se encontraba en plena reconstrucción cristiana y social. A esa
renovación contribuyó decisivamente Juan de Ávila.
Lo mismo exponía desde la cátedra
las Sagradas Escrituras con eruditos comentarios, que enseñaba los rudimentos
de la doctrina cristiana en lenguaje sencillo a los niños y aldeanos. Las
innumerables cartas que escribió nos han dejado un elocuente testimonio de su
santidad y de su sabiduría. A pedir consejo acudían a él en su retiro de
Montilla o le escribían jóvenes buscando orientación y discernimiento
vocacional, casados que pedían consejo, políticos y hombres de gobierno,
obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas que buscaban una palabra de
aliento o de luz.Se relacionó con personas de talla espiritual tan
sobresaliente como San Pedro de Alcántara, San Ignacio de Loyola, San Francisco
de Borja, San Juan de Ribera, Fray Luis de Granada, etc.
En algunos influyó de manera
decisiva. Así ayudó a San Juan de Dios en el proceso de su conversión y en su
posterior camino espiritual.A su vez, la gran mística española, Santa
Teresa de Jesús, declarada por Pablo VI "Doctora de la Iglesia", en
un momento en que su experiencia mística era cuestionada por muchos, hace
llegar el "Libro de la Vida" al Maestro Ávila, explicando:
"yo deseo harto se dé orden en cómo lo vea, pues con ese intento lo
comencé a escribir; porque como a él le parezca voy por buen camino, quedaré
muy consolada, ya que no me queda más para hacer lo que es en mí". San
Juan de Ávila le da su juicio favorable en una carta que ha sido calificada de
llave de oro de la mística española del siglo XVI, por haber dado el visto
bueno a la doctrina espiritual de la santa Doctora en un momento en que no por
todos era admitida.
Nuestro Santo cuidó continuamente
su formación, tanto en los aspectos humanos e intelectuales como los
espirituales y pastorales. Era gran conocedor de la Sagrada Escritura, de los
Padres de la Iglesia, de los teólogos escolásticos y de los autores de su
tiempo. Estudia y difunde la doctrina de Trento, para salir al paso de las
opiniones de los reformadores, de las que estaba al tanto. Su Biblioteca era
abundante, actualizada y selecta, y dedicaba al estudio, con proyección pastoral,
varias horas al día. Sin embargo, la fuente principal de su ciencia era
la oración y contemplación del misterio de Cristo. Su libro más leído y mejor
asimilado era la cruz del Señor, vivida como la gran señal de amor de Dios al
hombre. Y la Eucaristía era el horno donde encendía su corazón en celo
ardiente. Así Fray Luis de Granada podía decir de él que "las palabras que
salían como saetas encendidas del corazón que ardía, hacían también arder los
corazones en los otros".
Influjo de su magisterio
El magisterio de Juan de Ávila no
terminó con su vida. Sus abundantesescritos han influido notablemente en la
historia de la espiritualidad y de la renovación eclesial. En la Biblioteca
de Autores Cristianos sus obras conocidas ocupan varios volúmenes. Se
enumeran no menos de catorce ediciones generales españolas y tres en otras
lenguas, en distintas épocas. De obras por separado son numerosas las ediciones
y versiones a distintos idiomas. De su Epistolario hay al menos veintitrés
ediciones extranjeras. El tratado "Audi Filia" es un clásico
de la espiritualidad. Se tradujo muy pronto al italiano, francés, alemán e
inglés. Los católicos perseguidos en Inglaterra encontraban en él un gran
aliento. Fray Luis de Granada afirmaba: "Lo tengo en la cabeza por haberlo
leído muchas veces". Felipe II lo tenía de libro de cabecera. El Cardenal
Astorga, arzobispo de Toledo, decía: "este libro ha convertido más almas
que letras tiene".
Su influencia en el Concilio de
Trento ha sido puesta de manifiesto por los especialistas. No pudo participar
en él por su precaria salud. Pero a través del Arzobispo de Granada, D. Pedro
Guerrero, envió dos Memoriales, que fueron acogidos en el aula conciliar con
aplauso general. Sus criterios influyeron en los acuerdos de este Concilio en
temas de tanta importancia como la institución de los Seminarios, la reforma
del estado eclesiástico o la catequesis, de modo que Pablo VI pudo decir en la
homilía de canonización que "el Concilio de Trento adoptó decisiones que
él había preconizado mucho tiempo antes". El Maestro Ávila pertenece a ese
grupo de verdaderos reformadores que alentaron e iluminaron la renovación de la
Iglesia en aquellos tiempos recios del siglo XVI.Su influencia se puede
comprobar también en varios Concilios provincialesde aplicación de Trento: en
los de Toledo, Granada, Santiago de Compostela, Valencia y, pasando al Nuevo
Mundo, en el tercer Concilio de Lima y de México.
Sus escritos fueron fuente de
inspiración para la espiritualidad sacerdotal. A él se le puede considerar como
el promotor del movimiento místico entre los sacerdotes seculares. La
obra clásica "Instrucción de sacerdotes", de Antonio de
Molina, tan leída a lo largo de los siglos XVII y XVIII, transcribe con
frecuencia al Maestro Ávila. Su influencia se detecta también en la escuela
sacerdotal francesa : uno de sus fundadores, el Cardenal Bérulle,
afirmaba que dicha escuela ya había sido un diseño de Juan de Ávila. San
Francisco de Sales lo menciona elogiosamente en el "Tratado del Amor de
Dios" y en la "Introducción a la vida devota" trae
pasajes del "Audi Filia", remitiéndose a su autoridad
espiritual. San Antonio Mª Claret, lector asiduo del Maestro Ávila, confesaba:
"Su estilo es el que más se me ha adaptado y el que he conocido que más
felices resultados daba. ¡Gloria sea a Dios Nuestro Señor, que me ha hecho
conocer los escritos y obras de ese gran Maestro de predicadores y padre de
buenos y celosísimos sacerdotes!".
Ya en nuestro siglo, Juan de
Ávila ha sido una referencia para el clero diocesano, no solo en España, sino
también en otros países, particularmente en América. Su figura influyó de
manera notable entre nosotrosen el resurgir de la espiritualidad sacerdotal a
mitad de este siglo. La declaración de Patrono del clero secular español
impulsó nuevos estudios sobre su doctrina y vida. En las "academias
sacerdotales" de los Seminarios se estudiaban sus obras y, mirando al
Apóstol de Andalucía, se alentaba la santidad y espiritualidad propia del
sacerdote diocesano. En este ambiente se recibió con entusiasmo su canonización
y actualmente su fiesta del 10 de Mayo es en la mayoría de las Diócesis una
jornada de fraternidad en la unión del presbiterio y en la celebración gozosa
de las Bodas de oro y de plata sacerdotales.
Maestro de evangelizadores
Al comenzar un nuevo milenio, en
este tiempo en que la Iglesia tiene la urgencia de una nueva evangelización,
creemos que la doctrina y el ejemplo de vida de San Juan de Ávila pueden
iluminar los caminos y métodos que hemos de seguir. Y el nuevo ardor necesario
para anunciar a Jesucristo y construir la Iglesia se encenderá al contacto con
su celo apostólico. El es un verdadero "Maestro de evangelizadores".
Sus enseñanzas nos ayudarán a todos los miembros del Pueblo de Dios en el fiel
cumplimiento de nuestra vocación.
En sus cartas y escritos podemos
encontrar los Obispos consejos de amigo y prudentes orientaciones para
ejercer nuestro ministerio con entrega, sencillez y valentía.
Para los sacerdotes, S.
Juan de Ávila es un modelo actual.Las orientaciones que ha dado el Concilio
Vaticano II, y posteriormente la Exhortación Apostólica Pastores dabo
vobis, hallan en San Juan de Ávila el ejemplo realizado de un sacerdote
santo que ha encontrado la fuente de su espiritualidad en el ejercicio de su
ministerio, configurado con Cristo Sacerdote y Pastor, pobre y desprendido,
casto, obediente y servidor; un sacerdote con vida de oración y honda
experiencia de Dios, enamorado de la Eucaristía, fiel devoto de la Virgen, bien
preparado en ciencias humanas y teológicas, conocedor de la cultura de su
tiempo, estudioso y en formación permanente integral, acogedor, viviendo en
comunión la amistad, la fraternidad sacerdotal y el trabajo apostólico; un
apóstol infatigable entregado a la misión, predicador del misterio cristiano y
de la conversión, padre y maestro en el sacramento de la penitencia, guía y
consejero de espíritus, discernidor de carismas,animador de vocaciones
sacerdotales, religiosas y laicales, innovador de métodos pastorales,
preocupado por la educación de los niños y jóvenes. San Juan de Ávila es, en
fin, la caridad pastoral viviente. Los presbíteros, y los seminaristas que
se preparan para serlo,encontrarán en San Juan de Ávila un modelo de lo que es
un verdadero apóstol, un ejemplo vivo de la caridad pastoral, como clave de la
espiritualidad sacerdotal, vivida diariamente en el ejercicio del ministerio.
Para la vida consagrada
los escritos del Santo Maestro Ávila pueden seguir siendo hoy luminosos y
estimulantes, particularmente en la llamada a la radicalidad evangélica y a
vivir la dimensión esponsal de la consagración. Él dirigió con acierto a muchas
almas contemplativas por los caminos del Espíritu, y a él acudieron muchos
religiosos y religiosas para pedir consejo.
También para los laicos de
hoy San Juan de Ávila es buen guía. Como sacerdote secular, vivió muy de cerca
la problemática de su tiempo. Tuvo que ingeniárselas para sacar adelante
económicamente los colegios que fundó para enseñanza de la fe y gramática,
incluso "patentando" varios inventos suyos de elevación de agua.
Conoce la realidad de la familia y aconseja en los problemas matrimoniales y de
educación de hijos. Da sus criterios sobre el gobierno y administración de la
vida pública. Habla de lo que las personas están viviendo: los negocios, las
enfermedades, los juegos, las diversiones, la vida diaria. Aunque hayan
cambiado las circunstancias, el criterio evangélico, con que él atina a
iluminar la realidad, tiene valor permanente.
Ejemplo para la nueva evangelización
Los distintos campos y
dimensiones de nuestra pastoral y de la nueva evangelización, a la que estamos
convocados, se ven iluminados y fortalecidos a la luz de los escritos y vida de
este santo pastor y evangelizador.
En el campo de la catequesis
Juan de Ávila es un buen modelo y estímulo para nosotros hoy. Él sabe
transmitir con seguridad el núcleo del mensaje cristiano y formar en los
misterios centrales de la fe y en su implicación en la vida cristiana ;
provoca la adhesión a Jesucristo y llama a la conversión. Inventa un
catecismo en verso para cantar con los niños, con tanto éxito pedagógico que
los jesuitas lo adoptaron en sus Colegios, y se extendería por buena parte de
España, y particularmente por América, e incluso en África. Su método tenía,
además, la particularidad de que los mismos niños se convertían en catequistas
de otros niños. Los consejos que escribe para los catequistas son sumamente
prácticos y actuales. Al Concilio de Trento pide que urja la catequesis y le
manifiesta la conveniencia de que se haga un catecismo para toda la
cristiandad. Éstas y otras son las facetas en las que el estilo de este gran
catequista sigue siendo de plena actualidad.
Respecto a la pastoral de la
educación y de la cultura, de tanta importancia en nuestros días, Juan de
Ávila fue un pionero. El fundó una Universidad, dos Colegios Mayores, once
Escuelas y tres Convictorios para formación permanente integral de clérigos.
Varias de estas escuelas y colegios eran para niños huérfanos y pobres. Buscaba
con ello lo que hoy llamamos la formación integral con una orientación
cristiana de la vida. Para sacar adelante esas obras tuvo que relacionarse con
personas amigas y él mismo pedir limosna. Hacía notar a los gobernantes la
importancia de las escuelas de niños por "ser aquella edad el fundamento
de toda la vida" y que las tenían que establecer "a costa de dineros
de la ciudad". También al Concilio de Trento le insiste en el mismo tema e
incluso propone la oportunidad de establecer escuelas nocturnas de adultos.
Él encarnó en su vida la
pobreza y el amor a los pobres. Cuando celebró su Primera Misa en
Almodóvar, repartió todos sus bienes entre los pobres. Se hospedaba y vivía en
casas pobres, como la que todavía se puede visitar en Montilla. Quería imitar
así el ejemplo de Cristo, que nació, vivió y murió en pobreza. Como criterio de
discernimiento en los candidatos al sacerdocio señala el espíritu de pobreza, y
de los sacerdotes dice que son "padres de los pobres". Llama la
atención de los gobernantes para que se preocupen de los pobres, eviten gastos
superfluos y proporcionen trabajo para todos. Al Concilio de Trento le pide que
se renueven las cofradías o hermandades en su proyección social y que en cada
pueblo exista al menos una que cuide de los pobres. Pone como ejemplo a las que
tienen un hospital, como el fundado por su discípulo San Juan de Dios. Las
mismas escuelas que él fundó iban destinadas preferentemente a niños pobres,
consciente de que no basta una caridad asistencial, sino que se necesita
también la promocional. Mensaje y ejemplo que anima el compromiso de amor
preferencial a los pobres en el que estamos empeñados.
La dimensión sacramental
es central en su predicación y sus escritos: la clave de la vida cristiana y de
toda la espiritualidad está en la vida divina y la filiación adoptiva recibida
en el bautismo. Es un enamorado de la Eucaristía, de la que habla y escribe con
corazón enardecido. Particularmente a los sacerdotes aconseja una celebración
fervorosa de la Santa Misa, lo cual exige recogimiento y santidad de vida. Él
se pasaba horas ante el sagrario, donde Cristo "se quedó por el gran amor
que nos tiene". Es un apóstol de la comunión frecuente y un precursor de
la comunión diaria, a la vez que exhorta a la debida preparación. Insiste en la
importancia de que el pueblo conozca la doctrina eucarística. Conservamos
veintisiete sermones suyos sobre la Eucaristía, muchos de ellos predicados en
la fiesta del Corpus, a la que le tenía especial devoción. Su sello personal
era un motivo eucarístico. Y junto a la Eucaristía, el sacramento de la
penitencia, al que dedicó muchas horas como confesor, sabiendo que es el lugar
donde se restablece la amistad con Dios, y al que exhortaba continuamente en sus
sermones.
Y en medio de su actividad
apostólica, la oración. En ella templaba su alma para la predicación.
Como dice su biógrafo Muñoz, "vivía de oración, en la que gastó la mayor
parte de su vida". Ordinariamente oraba dos horas por la mañana y dos por
la tarde. La define como "una secreta e interior habla con que el ánima se
comunica con Dios". Continuamente exhorta a tener experiencia de oración,
que no es tanto cuestión de métodos, sino de actitud filial y de humildad y
simplicidad de niños. Fue en ello un verdadero guía, y, a través de sus
escritos, puede seguir siéndolo para nosotros, particularmente hoy, que tanta
necesidad tenemos de oración y de maestros de oración, porque, como él
escribía, "los que no cuidan de tener oración, con sola una mano nadan,
con sola una mano pelean y con un solo pie andan".
No podemos dejar de recordar un
aspecto que fue preocupación principal en su trabajo apostólico: la pastoral
vocacional. En primer lugar volcó lo mejor de sus afanes en la formación de
los candidatos al sacerdocio, consciente de que la clave de la verdadera
reforma de la Iglesia estaba en la selección y buena formación de los pastores,
tal como escribía al Concilio de Trento. En su tiempo no había escasez de
candidatos al sacerdocio, como ahora; el problema era las motivaciones y la
calidad de la formación tanto intelectual como espiritual. La institución de
sus Colegios universitarios y convictorios estaba destinada a tal fin. Y de
igual modo animará a que en cada Diócesis se instituya un Seminario donde se
discierna la vocación y, con doctrina y buenos ejemplos, se forme bien a los
candidatos, que han de buscar servir a Cristo y edificar a las almas y no
rentas ni dignidades. También se preocupó de las vocaciones a la vida consagrada.
Tenía habilidad especial para "ojear" la vocación, como el decía, y
en la dirección espiritual orientaba a buscar la voluntad de Dios y a valorar
la consagración como un tesoro. Y a los padres, que también entonces ponían
dificultades a la vocación de sus hijos les decía: "aunque giman con amor
de los hijos, vénzanse con el amor de Dios". Por todo ello es un buen
ejemplo para impulsar nuestra pastoral vocacional en estos tiempos de sequía de
vocaciones. Y una buena referencia para orientar acertadamente la formación de
nuestros Seminarios y, con ella, la renovación de la Iglesia y la
evangelización de nuestra sociedad.
Conocerlo y amarlo
Muchas más facetas podríamos
evocar de la vida y enseñanza de San Juan de Ávila. Las indicadas bastan para
comprobar la calidad de su doctrina y la actualidad de su mensaje y testimonio.
Queremos con estas sugerencias animaros a todos a leer sus escritos y orar con
ellos. Ahí encontraréis la riqueza y hondura de un clásico. A las editoriales y
revistas católicas les pedimos la difusión de la figura y obras del Maestro
Ávila. Invitamos a las Facultades de Teología a que promuevan cursos
monográficos y trabajos de investigación en torno a sus obras. Y asimismo a los
especialistas en literatura, historia y otras áreas del saber, para que, en un
trabajo interdisciplinar, descubran y den a conocer las diversas facetas de
este autor tan relevante de nuestro privilegiado siglo XVI. Desde la
Conferencia Episcopal queremos impulsar su conocimiento con una nueva edición
de sus obras y la celebración de un Simposio.
Con ocasión del Vº Centenario de
su nacimiento os exhortamos también a hacer de San Juan de Avila un santo
querido, cuya devoción se extienda en nuestras parroquias y comunidades, a
rezarle y ponerlo como intercesor y, sobre todo, a imitar su ejemplo de vida.
Éste será un buen año para peregrinar a los lugares relacionados con su vida,
particularmente Almodóvar del Campo, donde nació y fue bautizado, y Montilla,
donde murió y se conservan sus restos. De manera especial a los sacerdotes os
animamos a participar en el Encuentro nacional de sacerdotes que se celebrará
en Montilla el 31 de Mayo del año 2000 como homenaje del Clero español a su
Patrono.
El Santo Padre nos recuerda en la
Carta Apostólica "Tertio
Millennio Adveniente" que "el mayor homenaje que todas las
Iglesias tributarán a Cristo en el umbral del tercer milenio, será la
demostración de la omnipotente presencia del Redentor mediante frutos de fe,
esperanza y caridad en hombres y mujeres de tantas lenguas y razas, que han
seguido a Cristo en las distintas formas de la vocación cristiana".
Nuestra Iglesia en España, tan bendecida en frutos de santidad, se alegra
particularmente por San Juan de Avila en el Vº Centenario de su nacimiento.
Por estas razones hemos
presentado al Santo Padre la petición de que sea declarado Doctor de la Iglesia
Universal, convencidos de que ello puede contribuir a la gloria de Dios y a la
salvación de los hombres. También nosotros, como Pablo VI el día de la canonización,
pedimos a San Juan de Ávila que "sea favorable intercesor de las gracias
que la Iglesia parece necesitar hoy más: la firmeza en la verdadera fe, el
auténtico amor a la Iglesia, la santidad del clero, la fidelidad al Concilio y
la imitación de Cristo tal como debe ser en los nuevos tiempos". Que su
doctrina y ejemplo influyan en nuestra vida y nos impulsen a anunciar el
Evangelio a las generaciones del nuevo milenio, de tal modo que el Santo
Maestro Ávila sea hoy para todo el Pueblo de Dios -laicos, consagrados y
sacerdotes-, como también lo fue en su tiempo, "Maestro de
evangelizadores".
Noviembre de 1999