LXXIII ASAMBLEA PLENARIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA
DECLARACIÓN
ACERCA DE LA
CONDONACIÓN DE LA DEUDA EXTERNA
Madrid,
23-26 de noviembre de 1999
Introducción
El Jubileo del año 2000, proclamado por Su Santidad el Papa Juan Pablo II para
celebrar el bimilenario del nacimiento de nuestro Salvador, ha de contener,
junto a otras dimensiones importantes, acciones concretas que muestren al mundo
la voluntad de reconciliación de todos los cristianos y que sirvan para que los
más pobres tengan acceso a unas condiciones de vida más dignas.
Uno de los factores que en la actualidad tiene una amplia repercusión negativa
en la vida de más de mil millones de personas en el mundo es el constituido por
la deuda externa de los países más pobres, calificada por el Santo Padre de
"pesado lastre (...) que compromete las economías de pueblos enteros,
frenando su progreso social y político".
Este problema, sumamente complejo, tiene muy graves consecuencias tanto
económicas como sociales, jurídicas y políticas, además de ineludibles
implicaciones éticas, que no se pueden ignorar: en efecto, pone en entredicho
la subsistencia misma de cientos de millones de personas, que ven herida su
dignidad por condiciones de vida infrahumanas. Por eso, siguiendo el camino
trazado por Juan Pablo II y por el Mensaje de la 2ª Asamblea Especial para
Europa del Sínodo de los Obispos, recientemente celebrado, consideramos nuestro
deber pronunciarnos públicamente sobre esta cuestión, de la cual ya nos
ocupamos también en la Asamblea Plenaria del pasado año, solicitando la
condonación de la deuda externa.
El compromiso de la
Iglesia
La Iglesia , fiel a la tradición bíblica y al mandamiento del Señor, tiene una
larga historia en compromisos en favor de los más pobres, algo de lo que da
testimonio la comunidad cristiana y la vida y las obras de tantos creyentes en
Jesús que hicieron de la misericordia y de la justicia social, el centro de su
existencia cristiana. En este mismo dinamismo, propio de la caridad cristiana y
del compromiso solidario que conlleva, se incluye ahora el afán del Santo Padre
y de numerosas Conferencias Episcopales, comunidades, organizaciones,
instituciones y fieles cristianos, por obtener la condonación total o parcial
de la deuda externa de los países más pobres. Se considera que ello es un acto
de justicia, que, en palabras del Santo Padre, es urgente realizar, puesto que
son los pobres los que más sufren a causa de la indeterminación y el retraso de
las medidas que puedan liberarlos de esa carga. La Iglesia no puede permanecer
indiferente ante el sufrimiento de tantas personas, que incluso ven amenazada
su propia vida debido a las situaciones que resultan del mantenimiento y el
apremio de pago de esa deuda externa contraída por los gobernantes de su país.
Apoyo explícito a la
campaña "Deuda externa ¿deuda eterna? Año 2000: libertad para mil millones
de personas"
En nuestro país, la campaña sobre la condonación de la deuda externa, promovida
por Cáritas, Confer, Justicia y Paz, y Manos Unidas, ha recibido el apoyo de
numerosas comunidades cristianas y de otras organizaciones e instituciones.
Dicha campaña se propone obtener la condonación de la deuda externa de los
países más empobrecidos y su repercusión en bienes sociales (salud, educación,
vivienda y otros) que beneficien a las poblaciones más necesitadas. Deseamos
hacer público el apoyo de la Conferencia Episcopal Española a la mencionada
campaña. Nos unimos así a los esfuerzos que en otros muchos lugares se están
realizando con este mismo fin, al estar convencidos de la justicia y necesidad
de tal condonación de la deuda, en conformidad con el espíritu del Jubileo.
4.- Es urgente encontrar
soluciones viables y éticas
Es moralmente inaceptable la presente situación de desigualdad y sufrimiento de
la mayor parte de la humanidad, mientras una minoría accede a condiciones de
vida cada vez más confortables, incluso a costa de los mismos países pobres, y
se aferra a ellas como a algo propio. Esta minoría es incapaz de compartir los
bienes, que han sido creados por Dios para el disfrute de toda la humanidad,
con los que no pertenecen a su propio ámbito geopolítico.
Creemos que es urgente, por tanto, que se tomen medidas para eliminar la deuda,
dado que la condonación de la misma es una condición previa para que los países
más pobres puedan luchar eficazmente contra la miseria y la pobreza, como ponía
de relieve el Santo Padre recientemente . Medidas de ese tipo, no sólo
practicables y éticamente exigibles, son totalmente necesarias y hasta
imprescindibles en nombre de la justicia y de la solidaridad que une a todos
los seres humanos y a todos los pueblos creados por un mismo y único Dios, a su
imagen y semejanza y con idéntica dignidad.
5.- Llamamiento a las
autoridades
Elogiamos y estimulamos los pasos que han comenzado a darse para la condonación
total o parcial de la deuda externa.
Continuamos, sin embargo, insistiendo en el llamamiento a las Autoridades de
nuestro país y a los responsables de las instituciones financieras. Les pedimos
que pongan en práctica medidas objetivamente generosas que den como resultado,
no aparente ni ficticio, el levantamiento del peso de la deuda externa no sólo de
los países denominados técnicamente "los más pobres y altamente
endeudados", sino también de aquellos otros que pertenecen a la comunidad
iberoamericana y que sufren esa situación, aunque no estén explícitamente
incluidos en el grupo mencionado.
6.- Asegurar el buen
uso de la ayuda económica
Hay que evitar
que esta condonación total o parcial revierta en la compra de armamento o en
beneficio económico de los gobernantes de los países destinatarios o sea
utilizada en obras socialmente innecesarias que persiguen el prestigio y el
afianzamiento de estos gobiernos; al mismo tiempo habrá que garantizar y
controlar su empleo en servicio de la comunidad, especialmente de sus capas
económicamente menos favorecidas.
7.- Llamamiento a la
comunidad cristiana y a las personas de buena voluntad
Por último, hacemos igualmente un llamamiento a todos los miembros de la
comunidad cristiana y a todas las personas de buena voluntad para que, de todo
corazón y con un profundo sentido de fraternidad, adopten comportamientos
sobrios de vida y se comprometan activamente en favor de nuestros hermanos más
necesitados, y de manera especial, para que colaboren y participen en las
iniciativas sociales que pretenden conseguir la condonación de la deuda
externa. De forma particular, les pedimos que se unan a los esfuerzos de la
campaña "Deuda externa ¿deuda eterna? Año 2000: libertad para mil millones
de personas", a cuyos promotores y realizadores queremos expresar nuestro
apoyo y aliento y lo hacemos convencidos de que esto ayudará a celebrar
debidamente el Jubileo del año 2000 y trabajar por una "civilización del
amor, fundada sobre valores de paz, solidaridad, justicia y libertad, que
encuentran en Cristo su plena realización" .
26 de noviembre 1999.