CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA
Nota de la Subcomisión para
la Familia y la Defensa de la Vida
LA NAVIDAD, FIESTA
DE LA FAMILIA Y DE LA
VIDA"
30 de diciembre de 2001
Fiesta de la Sagrada Familia
"La Navidad no es sólo la fiesta de Dios que se hace hombre, es también la
fiesta de la familia y de la vida. Nos nace un niño, se nos da un hijo" [1] . Hoy es la fiesta de la Sagrada
Familia, en cuyo seno nació y creció el Hijo de Dios, que se hace hombre. En
este día se celebra en todas las diócesis españolas la Jornada por la
Familia y por la Vida, dos realidades ahora unidas en una misma festividad.
Tenemos el gozo de contar desde el 27 de abril del año
que termina con una Instrucción Pastoral, aprobada y publicada por todos los
Obispos de España en sesión plenaria. "La Familia, santuario de la vida y
esperanza de la sociedad" proyecta una mirada a nuestra sociedad y nuestra
cultura, desde la fe en Dios y el aprecio por el ser humano. He aquí algunas
palabras de este documento que muestran la preocupación de los obispos: "Las
circunstancias actuales de la sociedad española hacen que sintamos - escriben
- junto con una gran esperanza, una grave preocupación por la situación de la
familia y de la vida humana de los más débiles... En España, la familia padece
graves males y es hora de afrontar sin complejos sus causas y sus soluciones...
Las leyes que toleran e incluso regulan violaciones del derecho a la vida son
gravemente injustas. Ponen en cuestión la legitimidad de los poderes públicos
que las elaboran y promulgan" [2] .
La Instrucción Pastoral, sin embargo, es sobre todo una
proclamación de la verdad y la belleza del matrimonio, de la familia y de la
vida humana. Éstos son precisamente los tres aspectos que deseamos proclamar en
esta Jornada por la Familia y por la Vida. Con esta ocasión, en efecto, los
Obispos de la Subcomisión para la Familia y la Defensa de la Vida dirigimos
este mensaje a todas las familias cristianas y a cuantas personas aman la vida
y desean promoverla.
1. La familia, realidad insustituible
En la familia, el amor se hace gratuidad, acogida y
entrega. En la familia cada uno es reconocido, respetado y valorado por sí
mismo, por el hecho de ser persona, de ser esposa, esposo, padre, madre, hijo o
abuelo. El ser humano necesita una "morada" donde vivir. Una de las tareas
fundamentales de su vida es saberla construir. Todo hombre y mujer necesitan un
hogar donde sentirse acogidos y comprendidos. El hogar es para el hombre un
espacio de libertad, la primera escuela de humanidad. En la convivencia familiar
se aprende también a vivir la fraternidad y sociabilidad, para poder abrirse al
mundo que nos rodea. Por eso, la familia es la verdadera ecología humana, el hábitat
natural.
Si dentro de la familia nos fijamos en los esposos,
merece la pena leer lo que decía el escritor Tertuliano:
"Quién podrá explicar la felicidad del matrimonio que
consagra la Iglesia, confirma la oblación del sacrificio, sella la bendición
del sacerdote, lo anuncian los ángeles y ratifica el Padre celestial...? ¡Qué
unión la de los dos fieles que tienen la misma esperanza, el mismo deseo, la
misma disciplina, el mismo Señor! Dos hermanos, comprometidos en el mismo
servicio: no hay división de espíritu ni de carne; realmente son dos en una
sola carne. Donde hay una sola carne, allí también un solo espíritu. Oran
juntos, juntos se acuestan, juntos cumplen la les del ayuno. Uno al otro se
enseñan, uno al otro se exhortan, uno al otro se soportan. Juntos pasan las
angustias, las persecuciones y las alegrías. No se ocultan nada el uno al otro,
todo es compartido, sin que por eso sea carga el uno para el otro..." (Ad uxorem,
9).
Por esta razón, hemos de denunciar una vez más los
denominados "nuevos y alternativos modelos de familia". Nos parecen pobres y
raquíticos, y más si se presentan frente a la que es llamada, muchas veces con
desprecio, "familia tradicional". Todavía nos parece más perniciosa la
equiparación de las uniones de las uniones de hecho al verdadero matrimonio y a
la verdadera familia. También manifestamos nuestra tristeza por la difusión del
matrimonio meramente civil entre bautizados, y la expansión de la mentalidad
divorcista. En esa óptica, el divorcio es concebido como un derecho, pero en
realidad oculta el drama humano y social que supone el fracaso del matrimonio.
Nuestra sociedad oculta y tampoco denuncia el tremendo síndrome del post-aborto
que tanto dolor y sufrimiento provoca en las madres que, en unas circunstancias
sin duda difíciles de su vida, no apostaron por la vida.
2. La familia y su misión de transmitir la
vida y educar a los hijos
La familia, comunidad de vida y amor fundada en el
matrimonio, tiene como misión la transmisión de la vida y la educación de los
hijos. Sólo por esto sería ya institución imprescindible en la sociedad. La
familia es verdaderamente "el santuario de la vida, el ámbito donde la vida,
don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada, contra los
múltiples ataques a que está expuesta, y puede desarollarse según las
exigencias de un auténtico crecimiento humano" [3]
El amor de los esposos es la primera relación que
conforma la familia. Luego, la relación paterno-filial, cuya falta, por los más
variados motivos, es siempre un primer drama en la vida de las personas.
También las relaciones de fraternidad, que tienen una riqueza singular que no
se encuentra en otras relaciones humanas; es la riqueza de compartir en
igualdad un único amor: el amor de los padres. Tampoco puede olvidar la
familia, la atención y el cariño especial que debe prestar a los ancianos
y a otros miembros débiles, porque la familia, pequeña iglesia, está llamada al
servicio de todos los que la forman, y especialmente de los más necesitados; de
este modo vive "el amor preferencial por los pobres": recién nacidos, deficientes,
enfermos y ancianos
La convivencia familiar se convierte, así, en escuela de
fraternidad y solidaridad, que nos abre igualmente a la solidaridad con otras
familias, para la construcción de un mundo mejor. Servir al evangelio de la
vida supone también que las familias se impliquen activamente en asociaciones
familiares y trabajen para que las leyes e instituciones del Estado no violen
de ningún modo los derechos humanos, entre los cuales está en primer lugar el
derecho a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural, sino que los
defiendan y promuevan.
3.- La Navidad, fiesta de la familia y de la
vida
Frente a tantas amenazas y asechanzas como surgen a veces
entre nosotros contra la familia, célula primordial de la sociedad, todos
debemos tomar conciencia de nuestra responsabilidad como creyentes: la familia
sana es el fundamento de una sociedad libre y justa. En cambio, la familia
enferma descompone el tejido humano de la sociedad. Tenemos la oportunidad, en
estos días de Navidad de tantos encuentros de familia, de sentir ante el belén
la llamada a amarla más, y a servir y defender la vida humana, especialmente
cuando es débil e indefensa.
El evangelio del día de la Sagrada Familia nos habla
precisamente de su huida a Egipto. "Levántate, toma al niño y a su madre y
huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar
al niño para matarlo". Como entonces, está en peligro el mayor tesoro de la
familia, el hijo. La vida del Hijo de Dios está amenazada desde su nacimiento,
por la pobreza y la persecución. El Hijo de Dios fue también, por un tiempo,
emigrante y exiliado. Herodes atentaba contra la vida del niño, y, al verse
burlado por los Magos, mandó matar a todos los niños de Belén y sus alrededores.
Los Santos Inocentes de Belén son los primeros de tantos niños inocentes,
víctimas de los intereses egoístas de los mayores.
Especial mención hemos de hacer, en esta Jornada por la
Familia y por la Vida, a las víctimas inocentes del aborto provocado. Ninguna
circunstancia, por dramática que sea, puede justificar el que se mate a un ser
humano inocente. No se solucionauna situación difícil con la comisión de lo que
el Concilio ya calificó de "crimen abominable". Por desgracia, en no pocas ocasiones,
las mujeres gestantes, abandonadas a su propia suerte e incluso presionadas
para eliminar a su hijo, acuden al aborto como autoras y víctimas a la vez de
esta violencia. Las penosas consecuencias - fisiológicas, psicológicas y
morales - que padecen estas mujeres reclaman la atención y acogida
misericordiosa de la Iglesia [4] .
Como decía Juan Pablo II, en el V aniversario de la
encíclica Evangelium Vitae, "no
tiene razón de ser una mentalidad abandonista que lleva a considerar las leyes
contrarias a la vida - las leyes que legalizan el aborto, la eutanasia, la
esterilización y planificación de los nacimientos con métodos contrarios a la
vida y a la dignidad del matrimonio - son inevitables y ya casi una necesidad
social. Por el contrario, constituyen un germen de corrupción de la sociedad y
de sus fundamentos. La conciencia civil y moral no puede aceptar esta falsa
inevitabilidad, del mismo modo que no acepta la idea de la inevitabilidad de
las guerras o de los exterminios interétnicos" [5] .
En estos días de Navidad que traen a nuestra meditación
el nacimiento y la infancia del Hijo de Dios hecho hombre, en esta fiesta de la
Sagrada Familia que ve amenazada la vida de su hijo recién nacido, sentimos el
vivo deseo de reafirmar con energía que la familia, toda familia está llamada a
ser santuario de la vida, lugar de acogida y amor para todos sus miembros.
+ Mons. Braulio
Rodríguez Plaza, Obispo de Salamanca
Presidente de la C.E. de Apostolado Seglar
+ Mons. Juan
Antonio Reig Plá, Obispo de Segorbe-Castellón
Presidente de la Subcomisión para la
Familia y la Defensa de la Vida
+ Mons. Francisco
Javier Ciuraneta Aymí, Obispo de Lleida
+ Mons. Javier Martínez Fernández,
Obispo de Córdoba
+ Mons. Casimiro López Llorente, Obispo
de Zamora
Notas:
[1] JUAN PABLO II, Audiencia
general de 21 diciembre 1994.
[2] La Familia, Santuario de la
Vida y Esperanza de la Sociedad. Instrucción Pastoral. Nº 3, 12, 127.
[3] JUAN PABLO II. Centésimus
annus (1 mayo 1991), 39.
[4] Cf. La Familia, Santuario de
la Vida y Esperanza de la Sociedad, 111, 112.
[5] JUAN PABLO II. Discurso con
motivo del V aniversario de la publicación de la encíclica Evangelium Vitae, 14 de febrero de 2000.