NOTA DEL COMITÉ EJECUTIVO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA
TRAS LA VISITA APOSTÓLICA DEL SANTO PADRE
«Avivar las raíces cristianas»
Madrid, 8 de mayo de 2003
La Visita del Santo Padre a España en
los pasados días 3 y 4 de mayo ha sido un acontecimiento de gracia y salvación.
El Señor nos lo ha concedido generosamente como regalo pascual respondiendo a
nuestra plegaria por el fruto espiritual de la Visita.
Gracias sean dadas al Padre de quien
procede todo don, porque nos ha permitido a los católicos, y a muchos hombres y
mujeres de buena voluntad, disfrutar una vez más de la presencia del Papa,
escuchar su palabra evangélica y sentirnos fortalecidos en la comunión
eclesial, alentados en la fe e impulsados a un nuevo y más vigoroso compromiso
apostólico.
Gracias sean dadas a Jesucristo, de
quien el Papa, como hiciera el Apóstol San Pedro tras la Resurrección del
Señor, nos ha dado testimonio con mucho valor, invitándonos a ser sus testigos
y proclamando que "Cristo es la respuesta verdadera a todas las
preguntas sobre el hombre y su destino" y que "vale la pena
dedicarse a la causa de Cristo y por amor a Él consagrarse al servicio del
hombre" (Discurso a los jóvenes, 4 y 5).
Gracias sean dadas al Espíritu Santo,
que santifica y rejuvenece a la Iglesia, por los cinco españoles contemporáneos
nuestros -Pedro Poveda, José María Rubio, Genoveva Torres, Ángela de la Cruz y
Maravillas de Jesús- que el Papa Juan Pablo II ha inscrito en el catálogo de
los Santos en la solemne Eucaristía del domingo ante más de un millón de
personas, al tiempo que nos exhortaba a imitar sus admirables ejemplos de
santidad, fruto de "la acción del Espíritu Santo, que ha suscitado en
ellos una adhesión inquebrantable a Cristo crucificado y resucitado y el
propósito de imitarlo" (Homilía en la plaza de Colón, 5).
Los miembros del Comité Ejecutivo de la
Conferencia Episcopal Española, en nombre de todos nuestros hermanos Obispos de
España, queremos manifestar nuestra gratitud emocionada al Santo Padre, que en
su solicitud por todas las Iglesias acogió desde el principio con sumo interés
nuestra invitación, y durante estos días nos ha dado tantas muestras de afecto
entrañable y orientaciones preciosas para el futuro de la Iglesia en España. Su
cercanía física y espiritual nos ha ayudado a fortalecer "los lazos de
unidad, de amor y de paz" (LG 22) con el Vicario de Cristo y
Cabeza visible de toda la Iglesia.
Queremos manifestar también nuestro
agradecimiento sincero a Sus Majestades los Reyes de España y a la Familia
Real, que tantos detalles de afecto y respeto han tenido con el Santo Padre; al
Gobierno de España, a las administraciones autonómica y municipal de Madrid y a
los servidores del orden, cuya eficaz y generosa colaboración ha sido decisiva
para el feliz resultado que todos celebramos. Nuestra gratitud a todos los
representantes de las altas instituciones del Estado, que han tenido a bien
participar en los actos presididos por el Papa.
En este capítulo de agradecimientos no
podemos olvidar la colaboración entusiasta del personal de la Conferencia
Episcopal y de la Comisión para la Visita del Papa del Arzobispado de Madrid,
el quehacer abnegado de los Delegados Diocesanos para la Visita y de los
responsables de la Pastoral de Juventud de todas las diócesis de España. No
olvidamos el servicio impagable que nos han prestado los miles de voluntarios
que tan eficazmente han trabajado en la preparación y desarrollo de este gran
acontecimiento eclesial, así como la generosidad de instituciones y
particulares que han querido colaborar con sus aportaciones económicas. No
olvidamos tampoco la colaboración importante de los medios de comunicación
social, que en buena medida han tratado la Visita del Santo Padre con
objetividad, respeto y afecto. Mención especial merece Radio Televisión
Española, que no ha escatimado medios para hacer presente la voz, la imagen y
el mensaje del Papa en España y en el mundo.
El cariño, afecto y devoción que tantos
miles de jóvenes y adultos han manifestado al Santo Padre, la numerosísima
participación en los actos programados y los altos índices de audiencia de las
transmisiones por radio y televisión, nos llena de alegría y confianza, al
comprobar que los corazones de muchos españoles siguen abiertos a la persona de
Jesucristo y a la luz del Evangelio.
Junto a estos sentimientos de gratitud,
abrigamos la esperanza de que la buena semilla, que el Papa ha sembrado con su
palabra y el testimonio de su vida, fructifique generosamente entre nosotros.
Es responsabilidad nuestra cuidarla, abonarla y regarla como servidores de la
heredad del Señor. Tenemos todavía grabado en el alma el mensaje, lleno de fe y
de vigor religioso, que dirigió a los numerosísimos jóvenes presentes en el
encuentro inolvidable de Cuatro Vientos, tan pleno de emociones, de sintonía de
afectos y de pensamientos, de alegría y esperanza pascual, de gozo en el
Espíritu. Recordamos conmovidos su llamada a la interioridad y a la
contemplación, al estilo de la Virgen María, porque "sin interioridad
la cultura carece de entrañas"; su invitación a ser artífices de la
verdadera paz (“testimoniad con vuestra vida que las ideas no se imponen,
sino que se proponen”)y su exhortación a hablar de Jesucristo sin miedo ni
complejos y a convertirse en apóstoles de los propios jóvenes. Recordamos
también su invitación a seguir a Jesucristo en el sacerdocio o en la vida
consagrada, brindándoles el testimonio personal de sus 56 años de vida
entregada como sacerdote. Todo ello constituye una pauta imprescindible, honda
y fecunda para nuestra pastoral juvenil y para nuestro trabajo en el campo de
la promoción vocacional.
De igual modo, y como regalo precioso
de esta Visita memorable, el Santo Padre nos deja a los católicos españoles la
exhortación insistente a mantener y avivar el rasgo más sobresaliente de
nuestra identidad: "¡No rompáis con vuestras raíces cristianas! Sólo
así seréis capaces de aportar al mundo y a Europa la riqueza cultura de vuestra
historia" (Homilía en la Eucaristía de Canonizaciones, 5); "así
contribuiréis mejor a hacer realidad una gran sueño: el nacimiento de la nueva
Europa del espíritu, una Europa fiel a sus raíces cristianas"
(Discurso a los jóvenes, 2); "sois depositarios de una rica herencia
espiritual, que debe ser capaz de dinamizar vuestra vitalidad cristiana"
(Angelus). Tenemos aquí marcado el camino para la auténtica renovación de la
Iglesia, para una nueva primavera de santidad y de vida cristiana, y para una
realización más honda de nuestro Plan Pastoral. La savia del catolicismo que a
lo largo de nuestra historia ha generado tantas vidas heroicas y ha aportado a
la Iglesia universal tantos frutos de cultura, de evangelización y de servicio
al hombre, sigue latiendo en las raíces más profundas de nuestra personalidad e
identidad cultural. Preciso es ahora reconocer esa rica savia, apreciarla y
avivarla, de modo que robustezca la vida interior de nuestras comunidades y
produzca en nuestras diócesis frutos nuevos de dinamismo pastoral y audacia
evangelizadora en los inicios de este nuevo Milenio, para gloria de Dios y
plenitud del hombre.
Para la "tierra de María",
como al Papa le gusta llamar a España, en el año del Rosario, invocamos la
protección de la Virgen. Le pedimos que nos conceda el don de la paz y que nos
acompañe en la contemplación del rostro de Cristo que el Santo Padre nos ha
iluminado en estas jornadas inolvidables. Le pedimos, por fin, que proteja al
Papa y a todos nos aliente en el camino de la santidad para ser testigos
creíbles de Jesucristo resucitado con la palabra y con el testimonio elocuente
de la propia vida.
Madrid, 8 de mayo de 2003