DECLARACIÓN DE LA COMISIÓN EPISCOPAL DE
LITURGIA
en el Centenario del Motu Proprio "Tra le sollecitudini" de San
Pío X y en el
XL Aniversario de la Constitución litúrgica del Concilio Vaticano II "Sacrosanctum concilium"
"Fuente primera e indispensable
de la vida cristiana"
Introducción
En estas últimas semanas de 2003 se
conmemoran dos acontecimientos que han marcado con fuerza la vida de la Iglesia
durante el siglo XX: el centenario de la publicación por el Papa San Pío X del
Motu Proprio "Tra le sollecitudini", sobre la música en la
Iglesia, el día 22 de noviembre de 1903, y el XL aniversario de la solemne
promulgación de la Constitución "Sacrosanctum concilium"
por el Papa Pablo VI, el día 4 de diciembre de 1963, como primer fruto del
Concilio Vaticano II.
Por este motivo la Comisión Episcopal
de Liturgia quiere llamar la atención sobre la importancia eclesial de estas
dos efemérides, al mismo tiempo que invita a bendecir y a dar gracias a Dios
por cuanto ha representado la renovación litúrgica en la vida de la Iglesia
durante el último siglo.
1. El
propósito de San Pío X
El Papa San Pío X quiso dedicar a la
liturgia la primera intervención magisterial de su pontificado, para expresar
la importancia que le atribuía. El motivo inmediato era la restauración de la
música sagrada, pero el objetivo que pretendía era acrecentar la vida cristiana
promoviendo la santidad de las celebraciones mediante una reforma de la
liturgia.
Allí formuló una frase, incorporada más
tarde por el Concilio Vaticano II a la Constitución sobre la Sagrada Liturgia,
que ha quedado como el lema de la pastoral litúrgica: "La participación
activa de los fieles en los sagrados misterios es la fuente primera e
indispensable del verdadero espíritu cristiano" (cf. SC 14). El documento de San Pío X fue
solamente la primera de sus iniciativas en el campo litúrgico. Le siguieron,
poco después, las precisiones sobre los requisitos para la comunión frecuente,
la interpretación sobre la edad para recibir la comunión por parte de los niños
y, muy especialmente, la reforma del calendario, con la recuperación litúrgica
del domingo, y una nueva distribución del Salterio para la Liturgia de las
Horas. Eran los primeros pasos de una reforma general del edificio litúrgico,
que él deseaba y cuyo alcance adivinaba, aunque era consciente de que iba a
llevar mucho tiempo.
2. La
continuación de la obra
Las intervenciones de los Pontífices
posteriores, especialmente de Pío XI 1 y de Pío XII 2,
unidas a la reformas efectuadas por este último, retomaron fielmente la
intención y el programa de San Pío X. Finalmente el Concilio Vaticano II llevó
a término, con satisfacción prácticamente unánime, lo que San Pío X había
deseado, mediante la Constitución "Sacrosanctum concilium",
a la que siguió la puesta en práctica de sus principios y normas.
La reforma de la liturgia debía
contribuir a la revitalización de la Iglesia, dada la estrechísima relación
existente entre la renovación litúrgica y la renovación de la vida de la
Iglesia 3. No obstante las dificultades y las sombras que se han
apreciado en la aplicación de la reforma litúrgica, debidas a diversos factores
humanos y a nuevos problemas que han afectado a la Iglesia, hemos de alegrarnos
por la herencia preciosa que ha llegado hasta nosotros, con toda la riqueza de
la tradición y de la memoria de los venerados Pontífices que han llenado todo el
siglo XX.
3. El
magisterio del Papa Juan Pablo II
En continuidad con la labor de sus
predecesores, el Papa Juan Pablo II ha subrayado especialmente la fuerza
espiritual de la liturgia. En la Carta Apostólica "Vicesimus quintus annus",
conmemorativa del XXV aniversario de la Constitución litúrgica del Vaticano II,
ha hecho esta afirmación, paralela a la de San Pío X: "La liturgia es
el lugar principal del encuentro entre Dios y los hombres, de Cristo con su
Iglesia" 4.
El Catecismo de la Iglesia Católica
ha explicado también que la misma palabra liturgia significa, en la tradición
cristiana, que el pueblo de Dios toma parte en la obra de Dios. En la liturgia,
Cristo nuestro Redentor y Sumo Sacerdote, hace presente en su Iglesia, con ella
y por ella, la obra de nuestra redención (CCE 1069), de tal manera que las
acciones litúrgicas son siempre celebraciones de la Iglesia, que es sacramento
de unidad, pueblo santo nacido en el bautismo y sellado por el Espíritu,
reunido y estructurado bajo el cuidado de los obispos (cf. SC 26). En este fundamento doctrinal,
cristológico y eclesiológico, se apoya y se explica el sentido del principio
acerca de la participación activa.
4. Necesidad
de una buena educación litúrgica
En este comienzo de siglo y de milenio,
es particularmente importante la educación litúrgica de las nuevas
generaciones. Estas deben asumir la celebración de la Iglesia, y hacerla
propia, enriqueciéndola con su experiencia espiritual a la vez que se
enriquecen entrando en la gran tradición litúrgica, y superan la tentación de
hacer una liturgia aparte, según sus preferencias.
Por tanto, en las celebraciones es
importante la educación litúrgica de los fieles: por la profundidad de la
sintonía con el misterio celebrado, por la fidelidad a los libros litúrgicos, y
por la dignidad de la celebración 5. Los aniversarios que recordamos
invitan a cuidar con mayor esmero la pastoral litúrgica, para que todos los
fieles sean capaces de participar más plenamente en las celebraciones
litúrgicas (cf. SC 15),
penetrando en los sagrados misterios que celebramos. En efecto, "nada
de lo que hacemos en la liturgia puede aparecer como más importante de lo que
invisible, pero realmente, Cristo hace por obra de su Espíritu. La fe
vivificada por la caridad, la adoración, la alabanza al Padre y el silencio de
la contemplación, serán siempre los primeros objetivos a alcanzar para una
pastoral litúrgica y sacramental" 6.
La participación plena y activa en la
liturgia consiste, precisamente, en que los que asisten a ella, hagan suya la
acción sagrada y la vivan como un acontecimiento de carácter espiritual,
realizando cada cual, ministro o simple fiel, todo y solamente aquello que le corresponde
según la naturaleza de la acción y las normas litúrgicas (cf. SC 28). La participación completa en
la Eucaristía será siempre la comunión sacramental con las debidas
disposiciones. San Pío X promovió esta participación de tal manera que a él debemos
el aumento de la piedad eucarística que floreció durante el siglo XX. Esperamos
que la recepción de la reciente encíclica "Ecclesia de Eucharistia"
de Juan Pablo II, se convierta, así mismo, en un nuevo estímulo de celebración
y participación, incluso diaria, en la Eucaristía, de fidelidad gozosa a la
asamblea dominical cada semana, y de un cultivo más intenso de las prácticas
del culto eucarístico.
5. En el campo
de la música litúrgica
El centenario del documento de San Pío
X sobre la música en la Iglesia, invita también a tener muy en cuenta los
principios expuestos por el santo Pontífice sobre esta materia. Los criterios
de santidad, belleza y universalidad de la música sagrada, los encontraba San
Pío X sobre todo en el canto gregoriano. De ahí que el Concilio Vaticano II
haya reafirmado que éste es el canto propio de la liturgia romana, invitando a
las comunidades cristianas a esforzarse en aprender y usar las melodías
gregorianas más fáciles, sin descuidar la utilización de los cantos en las
lenguas vernáculas que reúnan las debidas cualidades (cf. SC 116; 118; 120; 121).
Si la problemática del Motu Proprio era
sobre todo el tipo de música que se oía en la Iglesia, actualmente el problema
está tanto en la música como en la letra. Por eso es urgente prestar una
atención privilegiada a los textos de los cantos utilizados en las
celebraciones litúrgicas, para que respondan a los que propone la liturgia,
especialmente en el Ordinario de la Misa, en este caso sin alteraciones
o glosas, y constituyan una forma de participación eclesial, y no una simple
expresión de sentimientos individuales. Se trata de un elemento importante de
la celebración, que no debe olvidar nunca el "noble ministerio" de
la música en el servicio divino (cf. SC 112).
6. Invitación
final
El impulso pastoral que imprimen estos
aniversarios no es distinto del que ha dado Juan Pablo II a la Iglesia en la
Carta Apostólica "Novo
millennio ineunte", cuando afirma: "El mayor empeño se ha
de poner en la liturgia, cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y
al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza" 7.
El trabajo principal, como nos advierte el Papa, será siempre el de conducir al
pueblo cristiano a la santidad, a partir de la plegaria, de la escucha de la
Palabra de Dios, de la celebración eucarística, del ministerio de la
Reconciliación, y todo ello en un clima de profunda y sincera comunión
eclesial.
Madrid, 22 de noviembre de 2003
+ Julián López, Obispo de León, Presidente de la C.E. de Liturgia
+ Carmelo Borobia, Obispo de Tarazona
+ Pere Tena, Obispo Auxiliar de Barcelona
+ Carlos López, Obispo de Salamanca
+ José Cerviño, Obispo emérito de Tuy-Vigo
+ Rosendo Alvarez, Obispo emérito de Almería.
__________________
Notas
1 En la Constitución Apostólica "Divinis Cultus", de
20-XII-1928, en AAS 21 (1929) 33-41.
2 En las encíclicas "Mediator Dei", de 20-XI-1947, en AAS
39 (1947) 521-595; y "Musicae sacrae disciplina", de
25-XII-1955, en AAS 48 (1956) 5-25.
3 Cf. Juan Pablo II, Carta Apostólica "Dominicae Cenae", de
24-II-1980, 13: en AAS 72 (1980) 146.
4 Juan Pablo II, Carta Apostólica "Vicesimus quintus annus",
de 4-XII-1988, 7: en AAS 81 (1989) 903.
5 Cf. Juan Pablo II, Carta encíclica "Ecclesia de Eucharistia",
de 17-IV-2003, cap. V: en AAS 95 (2003) 464-468.
6 Juan Pablo II, Carta Apostólica "Vicesimus quintus annus",
cit., 10: en AAS 81 (1989) 906-907.
7 Juan Pablo II, Carta Apostólica "Novo millennio ineunte",
de 6-I-2001, 35: en AAS 93 (2001) 290.