COMITÉ EJECUTIVO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA
Esperanza frente al terrorismo
Reunidos hoy en Madrid en nuestra primera sesión ordinaria después del infame
atentado terrorista del 11 de marzo, los miembros del Comité Ejecutivo de la
Conferencia Episcopal deseamos dirigir de nuevo una palabra a los católicos y a
todos los españoles.
Es muy grande el dolor de muchas familias, del pueblo de Madrid y de toda
España. Pero el sufrimiento no debería abrir el paso al miedo incontrolado ni
al desánimo. El terrorismo, sufrido por nuestra sociedad desde hace ya
demasiados años, puede amenazarnos ahora también desde otras instancias y
lugares. Pretende, como siempre, extender el miedo y el odio entre todos para
doblegar las voluntades y someter a la sociedad y al Estado a sus propios
fines. No lo conseguirá si no cedemos a su chantaje y mantenemos el ánimo
sereno e incluso la magnanimidad para el perdón. No se puede negociar con el terrorismo,
de modo que sus acciones criminales obtengan rendimientos sociales o políticos.
Los terroristas responderán de sus crímenes ante la justicia humana y ante la
de Dios. Pero si no nos hacen perder el ánimo y la generosidad, se habrán
quedado sin armas para someternos.
La respuesta de los madrileños y de toda España frente a la barbarie terrorista
ha sido admirable en innumerables gestos concretos de ayuda y de cercanía con
las víctimas que han mostrado cómo el amor es más fuerte que el odio y que la
muerte.
Hemos recibido muestras de condolencia, de solidaridad y de unidad en la
oración desde todo el mundo. Casi todas las Conferencias Episcopales nos han
escrito asegurándonos su cercanía espiritual para con la víctimas, sus familias
y todo el pueblo español. En particular, el Santo Padre, Juan Pablo II, ha
seguido y sigue de cerca lo acontecido y acompaña con su oración a quienes han
sido golpeados de uno u otro modo por el flagelo cruel del terror.
¡No tengáis miedo! Al final, Dios está con nosotros. Podrán quitarnos la vida,
pero nunca la esperanza en la vida eterna, la vida divina para la que hemos
sido creados y para la que nos ha redimido la sangre de Jesucristo.
En la nueva etapa política que se abre después de las elecciones del pasado 14
de marzo, las autoridades legítimas han de contar con la colaboración de todos
en la tarea absolutamente prioritaria de la lucha contra el terrorismo. Los
católicos se la prestaremos sin vacilación alguna; y aportaremos el ánimo
fuerte que se alimenta de una esperanza que no defrauda.
Madrid, 17 de marzo de 2004