NOTA DE PRENSA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA
Ante la aprobación del Anteproyecto de Ley por
la que se
modifica el Código Civil en materia de
separación y divorcio
El anteproyecto de Ley sobre el divorcio aprobado hoy por el Gobierno pretende
salir al paso del gravísimo problema social del incremento permanente del
número de las rupturas de matrimonios y de los dramas personales que las
acompañan. Sin embargo, los medios que se arbitran suscitan una seria
preocupación. Muy probablemente lo que vendrá serán más divorcios y más
sufrimiento. Porque la Ley no parte de una buena concepción antropológica del
matrimonio como institución social fundamental, sino más bien de una ideología
individualista que lo reduce a un mero contrato entre particulares. A este
respecto recordamos lo declarado por la Asamblea Plenaria de la Conferencia
Episcopal en la Instrucción Pastoral "La familia, santuario de la vida y
esperanza de la sociedad":
"Evidentemente, si se pierde el sentido sagrado del matrimonio, se acabará por
valorarlo simplemente como un contrato entre particulares, y, por consiguiente
establecido a su arbitrio y dependiente de su voluntad, la cual puede cambiar y
llegar a romperlo. Tal concepción hace incomprensible la indisolubilidad del
matrimonio. Un compromiso para toda la vida sería algo prácticamente imposible
y podría darse el caso de que llegara a ser insoportable. En esa óptica, el
divorcio es concebido como un derecho, incluso como una condición para contraer
matrimonio, una cláusula de ruptura. Esta mentalidad introduce una
inestabilidad estructural en la vida matrimonial, que la hace incapaz de
afrontar las crisis y las dificultades con las que inevitablemente se
encontrará".
"Como ocurre con otros hechos dolorosos de nuestra sociedad, el modo cultural
de presentar el divorcio intenta ocultar el drama - humano, psíquico, social -
del fracaso matrimonial. Con el lema de 'reconstruir la vida' - quizá con 'otra
pareja' - se pretende solucionar el drama solventando los problemas técnicos
(jurídicos, económicos), pero sin querer entrar en los verdaderos problemas
antropológicos y éticos".
Madrid, 17 de septiembre de 2004