CATECISMO
DE LA
IGLESIA CATÓLICA
Compendio
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Copyright 2005 - Libreria Editrice Vaticana
«Motu Proprio»
Introducción
PRIMERA PARTE - LA PROFESIÓN DE LA FE
Primera sección: «Creo» - «Creemos»
Capítulo primero: El hombre es «capaz» de Dios
Capítulo segundo: Dios viene al encuentro del hombre
La Revelación de Dios
La transmisión de la divina Revelación
La Sagrada Escritura
Capítulo tercero: La respuesta del hombre a Dios
Creo
Creemos
Segunda sección: La profesión de la fe cristiana
El Credo
Capítulo primero: Creo en Dios Padre
Los símbolos de la fe
«Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del ciclo y de la
tierra»
El cielo y la tierra
El hombre
La caída
Capítulo segundo: Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor
Jesucristo fue concebido por obra del Espíritu Santo y nació de
santa María Virgen
«Jesucristo padeció bajo el poder de Poncio Pilato. fue
crucificado, muerto y sepultado»
Jesucristo descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de
entre los muertos
«Jesucristo subió a los cielos, y está sentado a la derecha de
Dios, Padre todopoderoso»
«Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos
Capítulo tercero: «Creo en el Espíritu Santo»
«Creo en la Santa Iglesia Católica».
La Iglesia en el designio de Dios
La Iglesia: Pueblo de Dios, cuerpo de Cristo, templo
del Espíritu Santo
La Iglesia es una, santa, católica y apostólica
Los fieles: jerarquía, laicos, vida consagrada
«Creo en la comunión de los santos»
María, Madre de Cristo, Madre de la Iglesia
«Creo en el perdón de los pecados»
«Creo en la resurrección de la carne»
«Creo en la vida eterna»
«Amén»
SEGUNDA PARTE - LA CELEBRACIÓN DEL MISTERIO CRISTIANO
Primera sección: La economía sacramental
Capítulo primero: El Misterio pascua en el tiempo
de la Iglesia
La Liturgia, obra de la Santísima Trinidad
El Misterio pascual en los sacramentos de la Iglesia
Capítulo segundo: La celebración sacramental del Misterio
pascual
Celebrar la Liturgia de la Iglesia
¿Quién celebra?
¿Cómo celebrar?
¿Cuándo celebrar?
¿Dónde celebrar?
Diversidad litúrgica y unidad del misterio
Segunda sección: Los siete Sacramentos de la Iglesia
Capítulo primero Los Sacramentos de la iniciación
cristiana
El Sacramento del Bautismo
El Sacramento de la Confirmación
El Sacramento de la Eucaristía
Capítulo segundo: Los Sacramentos de curación
El Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación
El Sacramento de la Unción de los Enfermos
Capítulo tercero: Los Sacramentos al servicio de la
comunión y de la misión
El Sacramento del Orden
El Sacramento del Matrimonio
Capítulo cuarto: Otras celebraciones litúrgicas
Los sacramentales
Las exequias cristianas
TERCERA PARTE - LA VIDA EN CRISTO
Primera sección: La vocación del hombre: La vida en el
Espíritu
Capítulo primero: La dignidad de la persona humana
El hombre, imagen de Dios
Nuestra vocación a la bienaventuranza
La libertad del hombre
La moralidad de las pasiones
La conciencia moral
Las virtudes
El pecado
Capítulo segundo: La comunidad humana
La persona y la sociedad
La participación en la vida social
La justicia social
Capítulo tercero: La salvación de Dios: la ley y la
gracia
La ley moral
Gracia y justificación
La Iglesia, Madre y Maestra
Segunda sección: Los diez Mandamientos
Los diez Mandamientos
Capítulo primero: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas»
Primer Mandamiento: Yo soy el Señor tu Dios. Amarás a Dios sobre
todas las cosas
Segundo Mandamiento: No tomarás el Nombre de Dios en vano
Tercer Mandamiento: Santificarás las fiestas
Capítulo segundo:«Amarás a tu prójimo como a ti mismo»
Cuarto Mandamiento: Honrarás a tu padre y a tu madre
Quinto Mandamiento: No matarás
Sexto Mandamiento: No cometerás actos impuros
Séptimo Mandamiento: No robarás
Octavo Mandamiento: No darás falso testimonio ni mentirás
Noveno Mandamiento: No consentirás pensamientos ni deseos impuros
Décimo Mandamiento: No codiciarás los bienes ajenos
CUARTA PARTE - LA ORACIÓN CRISTIANA
Primera sección: La oración en la vida cristiana
Capítulo primero: La revelación de la oración
La revelación de la oración en el Antiguo Testamento
La oración es plenamente revelada y realizada en Jesús
La oración en el tiempo de la Iglesia
Capítulo segundo: La tradición de la oración
Fuentes de la oración
El camino de la oración
Maestros de oración
Capítulo tercero: La vida de oración
Las expresiones de la oración
El combate de la oración
Segunda sección: La oración del Señor: «Padre nuestro»
El Padre nuestro
«La síntesis de todo el Evangelio»
«Padre nuestro que estás en el cielo»
Las siete Peticiones
APÉNDICE
Oraciones
comunes
Fórmulas de Doctrina católica
ABREVIATURAS BÍBLICAS
MOTU PROPRIO
para la aprobación y publicación
del Compendio
del Catecismo de la Iglesia Católica
A los Venerables Hermanos Cardenales, Patriarcas, Arzobispos, Obispos,
Presbíteros, Diáconos y a todos los Miembros del Pueblo de Dios
Hace ya veinte años se iniciaba la preparación del Catecismo de la
Iglesia Católica, a petición de la Asamblea extraordinaria del Sínodo de
los Obispos, celebrada con ocasión del vigésimo aniversario de la clausura del
Concilio Ecuménico Vaticano II.
Agradezco infinitamente a Dios Nuestro Señor el haber dado a la Iglesia este
Catecismo, promulgado en 1992 por mi venerado y amado Predecesor, el
Papa Juan Pablo II.
La gran utilidad y valor de este don han sido confirmados, ante todo, por la
positiva y amplia acogida que el Catecismo ha tenido entre los obispos,
a quienes se dirigía en primer lugar, como texto de referencia segura y
auténtica para la enseñanza de la doctrina católica y, en particular, para la
elaboración de catecismos locales. Pero una ulterior confirmación ha venido de
la favorable y gran acogida dispensada al mismo por todos los sectores del
Pueblo de Dios, que lo han podido conocer y apreciar en las más de cincuenta
lenguas a las que, hasta el momento, ha sido traducido.
Ahora, con gran gozo, apruebo y promulgo el Compendio de este Catecismo.
Dicho Compendio había sido vivamente deseado por los participantes al
Congreso Catequético Internacional de octubre de 2002, que se hacían así
intérpretes de una exigencia muy extendida en la Iglesia. Acogiendo este deseo,
mi difunto Predecesor decidió su preparación en febrero de 2003, confiando la
redacción del mismo a una restringida Comisión de Cardenales, presidida por mí
y ayudada por un grupo de expertos colaboradores. Durante el desarrollo de los
trabajos, el proyecto de este Compendio fue sometido al juicio de los
Eminentísimos Cardenales y los Presidentes de las Conferencias Episcopales, que
en su inmensa mayoría lo han acogido y valorado favorablemente.
El Compendio, que ahora presento a la Iglesia Universal, es una
síntesis fiel y segura del Catecismo de la Iglesia Católica. Contiene,
de modo conciso, todos los elementos esenciales y fundamentales de la fe de la
Iglesia, de manera tal que constituye, como deseaba mi Predecesor, una especie
de vademécum, a través del cual las personas, creyentes o no, pueden
abarcar con una sola mirada de conjunto el panorama completo de la fe católica.
El Compendio refleja fielmente, en su estructura, contenidos y
lenguaje, el Catecismo de la Iglesia Católica, que podrá ser mejor
conocido y comprendido gracias a la ayuda y estímulo de esta síntesis.
Entrego, por tanto, con confianza este Compendio, ante todo a la
Iglesia entera y a cada cristiano en particular, para que, por medio de él,
cada cual pueda encontrar, en este tercer milenio, nuevo impulso para renovar
el compromiso de evangelización y educación de la fe que debe caracterizar a
toda comunidad eclesial y a cada creyente en Cristo de cualquier edad y nación.
Pero este Compendio, por su brevedad, claridad e integridad, se
dirige asimismo a toda persona que, viviendo en un mundo dispersivo y lleno de
los más variados mensajes, quiera conocer el Camino de la Vida y la Verdad,
entregado por Dios a la Iglesia de su Hijo.
Leyendo este valioso instrumento que es el Compendio, gracias especialmente
a la intercesión de María Santísima, Madre de Cristo y de la Iglesia, puedan
todos reconocer y acoger cada vez mejor la inagotable belleza, unicidad y
actualidad del Don por excelencia que Dios ha hecho a la humanidad: Su Hijo
único, Jesucristo, que es «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6).
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 28 de Junio de 2005, víspera de la
Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, año primero de mi
Pontificado.
BENEDICTUS PP. XVI
INTRODUCCIÓN
1. El 11 de Octubre de 1992, el Papa Juan Pablo II entregaba a
los fieles de todo el mundo el Catecismo de la Iglesia Católica, presentándolo
como «texto de referencia» para una catequesis renovada en las
fuentes vivas de la fe. A treinta años de la apertura del Concilio Vaticano II
(1962-1965), se cumplía de este modo felizmente el deseo expresado en 1985 por
la Asamblea extraordinaria del Sínodo de los Obispos de que se compusiera un
catecismo de toda la doctrina católica, tanto de la fe como de la moral.
Cinco años después, el 15 de Agosto de 1997, al promulgar la editio
typica del Catechismus Ecclesiae Catholicae, el Sumo Pontífice
confirmaba la finalidad fundamental de la obra: «Presentarse como una
exposición completa e íntegra de la doctrina católica, que permite que todos
conozcan lo que la Iglesia misma profesa, celebra, vive y ora en su vida
diaria».
2. En orden a un mayor aprovechamiento de los valores del Catecismo
y para responder a la petición del Congreso Catequético Internacional de 2002,
Juan Pablo II instituía en 2003 una Comisión especial, presidida por mí, como
Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, con el encargo de
elaborar un Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, que
recogiera una formulación más sintética de los mismos contenidos de la fe. Tras
dos años de trabajo se preparó un proyecto de compendio, que fue
enviado a consulta a los Cardenales y a los Presidentes de las Conferencias
Episcopales. El proyecto, en su conjunto, obtuvo una valoración positiva
por parte de la absoluta mayoría de cuantos respondieron. La Comisión, por
tanto, procedió a la revisión del mencionado proyecto y, teniendo en
cuenta las propuestas de mejora recibidas, redactó el texto final de la obra.
3. Tres son las características principales del Compendio:
la estrecha dependencia del Catecismo de la Iglesia Católica, el estilo
dialogal y el uso de imágenes en la catequesis.
Ante todo, el Compendio no es una obra autónoma ni pretende de ningún
modo sustituir al Catecismo de la Iglesia Católica: más bien remite a él
constantemente, tanto con la puntual indicación de los números de referencia
como con el continuo llamamiento a su estructura, desarrollo y contenidos. El Compendio,
además, pretende despertar un renovado interés y aprecio por el Catecismo,
que, con su sabiduría expositiva y unción espiritual, continua siendo el texto
de base de la catequesis eclesial de hoy.
Como el Catecismo, también el Compendio se articula en cuatro
partes, correspondientes a las leyes fundamentales de la vida en Cristo.
La primera parte, titulada «La profesión de la fe», contiene una oportuna
síntesis de la lex credendi, es decir, de la fe profesada por la Iglesia
Católica, tomada del Símbolo Apostólico, ulteriormente explicitado y detallado
por el Símbolo Niceno-Constantinopolitano, cuya constante proclamación en la
asamblea cristiana mantiene viva la memoria de las principales verdades de la
fe.
La segunda parte, titulada «La celebración del misterio cristiano», presenta
los elementos esenciales de la lex celebrandi. El anuncio del Evangelio
encuentra, efectivamente, su respuesta privilegiada en la vida sacramental. En
ella los fieles experimentan y dan testimonio en cada momento de su existencia,
de la eficacia salvífica del misterio pascual, por medio del cual Cristo ha
consumado la obra de nuestra redención.
La tercera parte, titulada «La vida en Cristo», presenta la lex vivendi,
es decir, el compromiso que tienen los bautizados de manifestar en sus
comportamientos y en sus decisiones éticas la fidelidad a la fe profesada y
celebrada. Los fieles, en efecto, están llamados por el Señor Jesús a realizar
las obras que se corresponden con su dignidad de hijos del Padre en la caridad
del Espíritu Santo.
La cuarta parte, titulada «La oración cristiana», ofrece una síntesis de la lex
orandi, es decir, de la vida de oración. A ejemplo de Jesús, modelo
perfecto de orante, también el cristiano está llamado al diálogo con Dios en la
oración, de la que es expresión privilegiada el Padre Nuestro, la
oración que nos enseñó el mismo Jesús.
4. Una segunda característica del Compendio es su forma dialogal,
que recupera un antiguo género catequético basado en preguntas y respuestas. Se
trata de volver a proponer un diálogo ideal entre el maestro y el discípulo,
mediante una apremiante secuencia de preguntas, que implican al lector,
invitándole a proseguir en el descubrimiento de aspectos siempre nuevos de la
verdad de su fe. Este género ayuda también a abreviar notablemente el texto,
reduciéndolo a lo esencial, y favoreciendo de este modo la asimilación y
eventual memorización de los contenidos.
5. Una tercera característica es la presencia de algunas
imágenes, que acompañan a la articulación del Compendio. Provienen del
riquísimo patrimonio de la iconografía cristiana. De la secular tradición
conciliar aprendemos que también la imagen es predicación evangélica. Los
artistas de todos los tiempos han ofrecido, para contemplación y asombro de los
fieles, los hechos más sobresalientes del misterio de la salvación,
presentándolo en el esplendor del color y la perfección de la belleza. Es éste
un indicio de cómo hoy más que nunca, en la civilización de la imagen, la
imagen sagrada puede expresar mucho más que la misma palabra, dada la gran
eficacia de su dinamismo de comunicación y de transmisión del mensaje
evangélico.
6. Cuarenta años después de la conclusión del Concilio Vaticano
II y en el año de la Eucaristía, el Compendio puede constituir un
ulterior instrumento para satisfacer tanto el hambre de verdad de los fieles de
toda edad y condición, como la necesidad de todos aquellos que, sin serlo,
tienen sed de verdad y de justicia. Su publicación tendrá lugar en la
Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, columnas de la Iglesia
universal y evangelizadores ejemplares en el mundo antiguo. Estos apóstoles
vieron lo que predicaron, y dieron testimonio de la verdad de Cristo hasta el
martirio. Imitémosles en su impulso misionero, y roguemos al Señor para que la
Iglesia siga siempre las enseñanzas de los Apóstoles, de quienes ha recibido el
primer anuncio gozoso de la fe.
Domingo de Ramos, 20 de marzo de 2005.
Joseph Card. Ratzinger
Presidente de la Comisión especial
Juan Pablo II, Const.
ap. Fidei depositum, 11 de octubre de 1992.
Juan Pablo II, Carta
ap.
Laetamur magnopere, 15 de agosto de 1997.