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Entrada: " Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven
corriendo a ayudarme. Soy un gusano, no un hombre, vergüenza de la gente,
desprecio del pueblo " (Sal 21, 20.7).
Colecta (Gelasiano): " Señor, tú que realizas sin cesar la
salvación de los hombres, y concedes a tu pueblo en los días de Cuaresma
gracias más abundantes, dígnate mirar con amor a tus elegidos y concede tu
auxilio protector a los catecúmenos y a los bautizados ".
Comunión: " Cristo fue entregado para reunir a los hijos de
Dios dispersos " (Jn 11, 52).
Postcomunión: " Humildemente te pedimos, Señor, que así como
nos alimentas con el cuerpo y la sangre de tu Hijo, nos des también parte en su
naturaleza divina "
- Ezequiel 37, 21-28: Los haré un solo pueblo. El profeta Ezequiel
asegura no solo el retorno de Israel a su tierra, sino también su purificación.
Los miembros del pueblo elegido se congregarán bajo el báculo de un nuevo
David, que reinará para siempre, luego de pactar una alianza eterna.
Todo ello se realiza en Cristo, verdadera presencia de Dios en su
pueblo. Todo es nuevo y eterno en Cristo, lo que muestra su trascendencia
mesiánica. Los judíos no lo ven. No quieren verlo. De momento tampoco lo ven
los Apóstoles. Lo verán más tarde. San Teófilo de Antioquía dice:
" Dios se deja ver de los que son capaces de verle, porque
tienen abiertos los ojos de la mente. Porque todos tienen ojos, pero algunos
los tienes bañados de tinieblas y no pueden ver la luz del sol " (Libro I,
2, 7).
Y San Agustín:
" Que tus obras tengan por fundamento la fe, porque creyendo
en Dios, te harás fiel " (Coment. al Salmo 32).
- El canto de Jeremías 31, 10-13 es un anuncio de libertad y de
unidad para el pueblo de Dios disgregado en Babilonia: Dios dará la libertad a
Israel. Si antes del cautiverio el pueblo de Dios conoció la división en dos
reinos, ahora, el que dispersó a Israel lo reunirá. Fue el pecado y la
infidelidad lo que dividió al pueblo de Israel, lo que disgregó ya en los días
de Babel a la humanidad entera.
Pero Dios reunirá definitivamente a su pueblo. Así lo ha prometido
por los profetas y con ese fin envió a su Hijo Unigénito: " Escuchad,
pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas; El que dispersó
a Israel lo reunirá, lo guardará como pastor a su rebaño. Porque el Señor
redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte. Vendrán con aclamaciones a
la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor ".
- Jn 11, 45-56: Jesús
debía morir para reunir a los hijos de Dios dispersos. La resurrección de
Lázaro acrecienta el número de los que creen en Jesús, pero provoca la conjura
de los sacerdotes y fariseos contra Él. El Sumo Sacerdote, sin caer en la
cuenta, profetiza la muerte de Jesús por el pueblo y esto será el signo de la
reunión de los hijos de Dios dispersos por el mundo. Comenta San Agustín:
" También por boca de hombres malos el espíritu de profecía
predice las cosas futuras, lo cual, sin embargo, el evangelista lo atribuye al
divino ministerio que como pontífice ejercía... Caifás solo profetizó acerca de
los judíos, en la cual estaban las ovejas de las cuales dijo el Señor: No he
venido sino a las ovejas que perecieron de la casa de Israel.
" Pero el evangelista sabía que había otras ovejas que no
pertenecían a este redil, a las cuales convenía atraer, para que hubiese un solo
redil y un solo pastor. Todas estas cosas han sido dichas según la
predestinación, porque entonces los que aún no habían creído no eran ovejas
suyas ni hijos de Dios " (Tratado sobre el Evangelio de San Juan 49, 27).