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Años impares
- Dn 7, 15-27: El poder
real y el dominio será entregado al pueblo de los santos del Altísimo. No
obstante las persecuciones del mundo, la victoria es de nuestro Señor. Al fin
se les hará justicia a los fieles, ya que la irresistible Autoridad divina
arrebatará el dominio al perseguidor y lo dará a los santos para siempre. El
desquite de éstos será total, y llegará como fruto de una gran paciencia.
Oigamos a San Cipriano:
" Esta virtud de la paciencia derrama sus frutos con profusión
y exuberancia por todas partes. La paciencia es la que nos recomienda y guarda
para Dios; modera nuestra ira, frena la lengua, dirige nuestro pesar, conserva
la paz, endereza la conducta, doblega la rebeldía de la pasión, reprime el
orgullo, apaga el fuego de los enconos, contiene la prepotencia de los ricos,
alivia la necesidad de los pobres... Es la que fortifica sólidamente los
cimientos de nuestra fe, y levanta en alto nuestra esperanza... Ella nos lleva
a perseverar como hijos de Dios, imitando la paciencia del Padre "
(Tratado de la paciencia 20).
- Sigue como canto responsorial el de los tres jóvenes, en Daniel
3: " Hijos de los hombres, bendecid al Señor. Bendiga Israel al Señor.
Sacerdotes del Señor, siervos del Señor, almas y espíritu justos, santos y
humildes de corazón... bendecid al Señor ". Así hemos de proceder en
nuestros días, de modo que toda nuestra vida sea una alabanza continuada al
Señor. Y cuando nuestros labios no puedan manifestar nuestro júbilo, que venga
expresado en todo por nuestras obras, y que eleve nuestro pensamiento al Señor,
alzando hacia Él constantemente breves oraciones o jaculatorias.
Años pares
- Ap 22, 1-7: Ya no habrá
más noche, porque el Señor irradiará luz sobre ellos. Se describe la gloria de
la nueva Jerusalén. Dios unitrino y la misma humanidad de Cristo resplandecen
en medio de la ciudad y son su única Luz. Comenta San Cesáreo de Arlés:
" El monte elevado, al cual San Juan dijo que había
ascendido, representa el Espíritu. La ciudad de Jerusalén, que él dijo haber
visto allí, es figura de la Iglesia; es la que el mismo Señor mostró en el
Evangelio cuando dijo: "no puede ocultarse una ciudad situada en la cima
de un monte" (Mt 5, 14). Y cuando
dice que ella tiene una luz semejante a una piedra preciosísima, ved en ella la
gloria de Cristo. En las doce puertas y en los doce ángeles reconoced a los
apóstoles y a los profetas...
" Y puesto que esta ciudad que es descrita representa a la
Iglesia, que está extendida por toda la tierra, se dice que ella tiene tres
puertas en cada una de las cuatro partes a causa del misterio de la Trinidad.
En la vara de oro mostró a los hombres de la Iglesia, frágiles en la carne,
pero que tienen por fundamento una fe luminosa... Lo que dice de la ciudad de
oro, el altar de oro y las copas de oro, se trata de la Iglesia por su recta
fe. Y el recipiente muestra la pureza de esta fe "... (Comentario al
Apocalipsis 22).
- Con el Salmo 94 decimos:
" Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva,
entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. Porque el
Señor es un Dios grande, soberano de todos los dioses. Tiene en sus manos las
simas de la tierra, son suyas las cumbres de los montes, suyo es el mar, porque
Él lo hizo, la tierra firme que modelaron sus manos. Entremos, postrémonos por
tierra, bendiciendo al Señor, Creador nuestro. Él es nuestro Dios y nosotros su
pueblo, el rebaño que Él guía ". Dejémonos guiar por Él y así llegaremos a
la Jerusalén celeste, llamada visión de paz.
- Lc 21, 34-36:
Vigilancia y oración son las actitudes necesarias para esperar la venida del Señor.
Jesucristo nos anuncia en cada página del Evangelio un mensaje de esperanza.
Cristo mismo es nuestra única esperanza. Él es la garantía plena para alcanzar
los bienes prometidos. Él nos muestra cuál debe ser el objeto principal de
nuestra esperanza: el tesoro de la herencia incorruptible, la felicidad suprema
de la posesión eterna de Dios. Escribe San Basilio:
" El único motivo que te queda para gloriarte, oh hombre, y
el único motivo de esperanza consiste en hacer morir todo lo tuyo y buscar la
vida futura en Cristo " (Homilía 20 sobre la humildad).
Pero la esperanza no es posible, como dice San Agustín, si no hay
amor (Sobre la fe, la esperanza y la caridad 117). Y en el atardecer de nuestra
vida, como dice San Juan de la Cruz, seremos examinados sobre el amor.