Discurso del Papa Juan Pablo
II
al Consejo pontificio para las comunicaciones sociales,
viernes 1 de marzo de 2002
Abrid puertas a Cristo
en la prensa, la radio y la televisión,
el mundo del cine e Internet
Eminencias; hermanos en el episcopado; hermanos y hermanas en Cristo:
1. Desde los cinco continentes habéis venido una vez más a Roma para la
asamblea plenaria del Consejo pontificio para las comunicaciones sociales.
Agradezco al arzobispo John Foley sus amables palabras y su labor de guía como
presidente del Consejo, con la competente cooperación del obispo Pierfranco
Pastore. Deseo aprovechar esta oportunidad para agradecer a todo el Consejo
la ayuda que sigue dándome en mi ministerio apostólico. En el mundo actual,
¿cómo debe cumplir el Sucesor de Pedro su misión de predicar el Evangelio y
confirmar a sus hermanos y hermanas en la fe sino a través de los medios de
comunicación social? Estoy plenamente convencido de ello y, por tanto, os doy
las gracias a vosotros y a los grupos que, como los Caballeros de Colón, apoyan
generosamente vuestro trabajo.
El compromiso esencial de la nueva
evangelización
2. Me parece acertado el tema que habéis elegido para esta asamblea
plenaria: "Los medios de comunicación y la nueva evangelización:
actividades actuales y planes para el futuro". En efecto, es esencial
considerar nuestro compromiso con el mundo de los medios de comunicación como una
parte vital de la nueva evangelización a la que el Espíritu Santo está
convocando ahora a la Iglesia en todo el mundo. Como destaqué en mi carta
apostólica Novo Millennio Ineunte, debemos
elaborar "indicaciones programáticas (...) que permitan que el anuncio de
Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente,
mediante el testimonio de los valores evangélicos, en la sociedad y en la
cultura" (n. 29). No basta esperar que las cosas sucedan o actuar de un
modo casual: en este tiempo urge una planificación concreta y eficaz, como
la que estáis realizando en esta asamblea plenaria. El desafío especial que
tenéis ante vosotros consiste en encontrar modos de asegurar que la voz de la
Iglesia no sea marginada o silenciada en el ámbito moderno de los medios de
comunicación. Tenéis que contribuir a garantizar que el Evangelio no sea
confinado a un mundo estrictamente privado. ¡No! Es preciso anunciar a
Jesucristo al mundo; por eso la Iglesia debe entrar con valentía y
confianza en el gran foro de los medios de comunicación.
Un nuevo foro
3. No sólo debemos usar los medios de comunicación para anunciar a Cristo al
mundo; debemos predicar el Evangelio también al mundo de los medios de
comunicación. Lo que dije en otra ocasión a propósito de Internet vale también
para todos los medios de comunicación social: son "un nuevo
"foro", entendido en el antiguo sentido romano de lugar público (...)
muy concurrido y animado, que no sólo reflejaba la cultura del ambiente, sino
que también creaba una cultura propia" (Mensaje para la XXXVI Jornada mundial
de las comunicaciones sociales, 24 de enero de 2002, n. 2: L'Osservatore
Romano, edición en lengua española, 25 de enero de 2002, p. 5). ¡Esta
cultura de los medios de comunicación debe ser evangelizada! Y vosotros
estáis llamados a proporcionar a la Iglesia inspiración e ideas para esta gran
tarea, aprovechando los modelos más elevados de profesionalidad y los recursos
más profundos de la fe cristiana y de la tradición católica.
A esta tarea el Consejo pontificio se ha dedicado con gran empeño. Durante
esta asamblea plenaria, por ejemplo, publicaréis dos importantes documentos
cuya preparación ha requerido varios años: "Ética en Internet" y
"La Iglesia e Internet". Son signos no sólo de vuestra creatividad
profesional, sino también de vuestro compromiso de predicar la buena nueva en
el mundo de las comunicaciones sociales, que evoluciona con tanta rapidez.
Un reto para la Iglesia
4. El Evangelio vive siempre en diálogo con la cultura, porque la Palabra
eterna nunca deja de estar presente en la Iglesia y en la humanidad. Si la
Iglesia se aleja de la cultura, el Evangelio queda silenciado. Por tanto, no
debemos temer cruzar el umbral cultural de las comunicaciones y de la revolución
de la información que está teniendo lugar ahora. "Como en las nuevas
fronteras de otros tiempos, ésta entraña también peligros y promesas, con el
mismo sentido de aventura que caracterizó otros grandes períodos de
cambio" (ib.). Para la Iglesia, el reto consiste en hacer que la
verdad de Cristo se difunda en este nuevo mundo, con todas sus promesas,
inquietudes e interrogantes. Esto requerirá especialmente la promoción de
una ética auténticamente humana, que suscite comunión más que alienación
entre las personas (cf. Novo Millennio Ineunte, 43),
y solidaridad más que enemistad entre los pueblos.
Sin embargo, la cuestión fundamental es: "En esta
galaxia de imágenes y sonidos, ¿aparecerá el rostro de Cristo y se oirá su voz?"
(Mensaje para la XXXVI Jornada mundial de las comunicaciones sociales,
n. 6). En toda nuestra planificación no podemos olvidar que Cristo es la
buena nueva. No tenemos otra cosa que ofrecer que Jesús, el único mediador
entre Dios y el hombre (cf. 1Tm 2, 5).
Evangelizar es simplemente permitir que lo vean y lo escuchen, pues sabemos que
si no hay lugar para Cristo, tampoco hay lugar para el hombre.
Por tanto, queridos hermanos y hermanas, os exhorto a dar espacio a
Cristo en toda vuestra planificación. En la prensa, en la radio y en la
televisión, en el mundo del cine y en Internet, tratad de abrir puertas a Aquel
que tan misericordiosamente es la puerta de salvación para nosotros. Entonces,
los medios de comunicación serán un mundo de auténtica comunicación, no un
mundo ficticio sino de verdad y alegría. Pido fervientemente a Dios que así
sea, y encomiendo vuestro trabajo a María, Madre del Verbo hecho carne. De buen
grado imparto mi bendición apostólica a todos los que trabajan en el Consejo
pontificio, como prenda de la presencia de Cristo entre vosotros y de su fuerza
sobre todo lo que hacéis en su nombre.
(L'Osservatore Romano - 15 de
febrero de 2002)
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