del Papa Juan Pablo II para la
XXXVII JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
1 de junio de 2003
Los medios de comunicación social
al servicio de la auténtica paz
a la luz de la «Pacem in terris»
Queridos hermanos y hermanas:
1. La Encíclica Pacem in terrisdel Beato Papa Juan
XXIII llegó como un faro de esperanza para los hombres y mujeres de buena
voluntad en los oscuros días de la Guerra Fría. Al afirmar que la auténtica paz
requiere "guardar íntegramente el orden establecido por Dios." (Pacem
in terris, 1), el Santo Padre señaló la verdad, la justicia, la caridad
y la libertad como los pilares de una sociedad pacífica (ibid
37).
El creciente poder que adquirían los modernos medios de comunicación social
fue parte importante del trasfondo de la Encíclica. El Papa Juan XXIII tenía
muy en cuenta esos medios cuando llamaba a la "serena objetividad" en
el uso de los "medios de información que la técnica ha introducido" y
que "tanto sirven para fomentar y extender el mutuo conocimiento de los
pueblos"; él desacreditaba "los sistemas de información que, violando
los preceptos de la verdad y la justicia, hieren la fama de cualquier
país" (ibid 90).
2. Hoy, mientras recordamos el cuadragésimo aniversario de Pacem
in terris, la división de los pueblos en bloques contrapuestos es casi sólo
un recuerdo doloroso, pero todavía la paz, la justicia y la estabilidad social
están ausentes en muchas partes del mundo. El terrorismo, el conflicto en Medio
Oriente y otras regiones, las amenazas y contra-amenazas, la injusticia, la
explotación y las violaciones a la dignidad y la santidad de la vida humana,
tanto antes como después del nacimiento, son realidades que causan
consternación en nuestros días.
Mientras tanto ha crecido enormemente el poder de los medios para moldear
las relaciones humanas e influenciar la vida política y social, tanto para el
bien como para el mal. De aquí la permanente actualidad del tema elegido para
la trigésima séptima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: "Los
medios de comunicación al servicio de la auténtica paz, a la luz de la Pacem
in terris". El mundo de los medios tiene todavía mucho que aprender
del mensaje del Beato Papa Juan XXIII.
3. Los Medios y la verdad. La exigencia moral
fundamental de toda comunicación es el respeto y el servicio a la verdad. La
libertad de buscar y decir la verdad es un elemento esencial de la comunicación
humana, no sólo en relación con los hechos y la información, sino también y
especialmente sobre la naturaleza y destino de la persona humana, respecto a la
sociedad y el bien común, respecto a nuestra relación con Dios. Los medios
masivos tienen una irrenunciable responsabilidad en este sentido, pues
constituyen la escena donde hoy en día se intercambian las ideas y donde los
pueblos pueden crecer en el conocimiento mutuo y la solidaridad. Es por eso que
el Papa Juan XXIII defendió el derecho a "buscar la verdad libremente y,
dentro de los límites del orden moral y el bien común, manifestar y difundir
las propias opiniones", todo ello como condición necesaria para la paz
social (Pacem in terris, 12).
De hecho, con frecuencia los medios prestan un valiente servicio a la
verdad; pero a veces funcionan como agentes de propaganda y desinformación al
servicio de intereses estrechos o de prejuicios de naturaleza nacional, étnica,
racial o religiosa, de avidez material o de falsas ideologías de tendencias
diversas. Ante las presiones que empujan a la prensa a tales errores, es
imprescindible una resistencia ante todo por parte de los propios hombres y
mujeres de los medios, pero también de la Iglesia y otros grupos responsables.
4. Los Medios y la justicia. El Beato Papa Juan XXIII
tuvo palabras elocuentes en la Pacem in terris sobre el bien común
universal -"el bien universal, es decir, el que afecta a toda la familia
humana" (nº 132)- en el que cada individuo y todos los pueblos tienen el
derecho de compartirlo.
La proyección global de los medios comporta especiales responsabilidades en
este aspecto. Si bien es cierto que los medios suelen pertenecer a grupos con
intereses propios, privados y públicos, la naturaleza intrínseca de su impacto
en la vida requiere que no favorezcan la división entre los grupos -por ejemplo
en el nombre de la lucha de clases, del nacionalismo exacerbado, de la
supremacía racial, la limpieza étnica u otros similares-. Enfrentar a unos
contra otros en nombre de la religión es un error particularmente grave contra
la verdad y la justicia, como lo es el tratamiento discriminador de las
creencias religiosas, pues éstas pertenecen al espacio más profundo de la
dignidad y libertad personal.
Cuando realizan una crónica cuidadosa de los hechos, explicando bien los
temas y presentando honradamente los diversos puntos de vista, los medios cumplen
su grave deber de impulsar la justicia y la solidaridad en las relaciones
humanas a todos los niveles de la sociedad. Esto no significa quitar
importancia a las injusticias y divisiones, sino ir a sus raíces para que
puedan ser comprendidas y sanadas.
5. Los medios y la libertad. La libertad es una
condición previa de la verdadera paz, así como uno de sus más preciosos frutos.
Los medios sirven a la libertad sirviendo a la verdad, y por el contrario,
obstruyen la libertad en la medida en que se alejan de la verdad y difunden
falsedades o crean un clima de reacciones emotivas incontroladas ante los
hechos. Sólo cuando la sociedad tiene libre acceso a una información veraz y
suficiente, puede dedicarse a buscar el bien común y respaldar una responsable autoridad
pública.
Si los medios están para servir a la libertad, ellos mismos deben ser libres
y usar correctamente esa libertad. Su situación privilegiada les obliga a estar
por encima de las meras preocupaciones comerciales y servir a las verdaderas
necesidades e intereses de la sociedad. Si bien existen normativas públicas
sobre los medios, adecuadas a la defensa del bien común, a veces el control
gubernamental no lo es. En particular los reporteros y comentaristas tienen el
grave deber de seguir las indicaciones de su conciencia moral y resistir a las
presiones que les empujan a "adaptar" la verdad para satisfacer las
exigencias de los poderes económicos o políticos.
En concreto es necesario, no sólo encontrar el modo de garantizar a los
sectores más débiles de la sociedad el acceso a la información que necesitan,
sino también asegurar que no sean excluidos de un papel efectivo y responsable
en la toma de decisiones sobre los contenidos de los medios, y en la
determinación de las estructuras y líneas de conducta de las comunicaciones
sociales.
6. Los medios y el amor. "La ira del hombre nunca
realiza la justicia de Dios" (Santiago 1, 20). En el apogeo de la Guerra
Fría, el Beato Papa Juan XXIII expresó un pensamiento que aunaba la sencillez
con una gran profundidad sobre lo que comportaba el camino de la paz: "Es
necesario que la norma suprema que hoy se sigue para mantener la paz sea
sustituida por otra completamente distinta, en virtud de la cual se reconozca
que una paz internacional verdadera y constante no puede apoyarse en el
equilibrio de las fuerzas militares, sino únicamente en la confianza
recíproca" (Pacem in terris, 113).
Los medios de comunicación son actores clave en el mundo actual, y tienen un
papel inmenso que realizar para construir aquella confianza. Su poder es tal,
que en poco tiempo pueden suscitar una reacción pública positiva o negativa
hacia los eventos, según sus intereses. El público sensato se dará cuenta de
que un poder tan enorme requiere los más altos niveles de compromiso con la
verdad y el bien. En este sentido los hombres y mujeres de los medios están
especialmente obligados a contribuir a la paz en todas las partes del mundo
derribando las barreras de la desconfianza, impulsando la reflexión sobre el
punto de vista de los otros, y esforzándose siempre por aunar a los pueblos y
las naciones en un entendimiento y respeto mutuo; y más allá de la comprensión
y el respeto, ¡en la reconciliación y la misericordia!. "Allá donde
dominan el odio y la sed de venganza, allá donde la guerra lleva sufrimiento y
muerte de los inocentes, es necesaria la gracia de la misericordia para
apaciguar las mentes y los corazones y construir la paz" (Homilía en el
Santuario de la Divina Misericordia en Cracovia-Lagiewiniki, 17 de agosto
2002, nº 5).
Aunque todo esto parezca un enorme desafío, de ningún modo es pedir
demasiado a los hombres y mujeres de los medios. Tanto por vocación como por
profesión, están llamados a ser agentes de paz, de justicia, de libertad y de
amor, contribuyendo con su importante labor a un orden social "basado en
la verdad, establecido de acuerdo con las normas de la justicia, sustentado y
henchido por la caridad, y realizado bajo los auspicios de la libertad" (Pacem
in terris, 167). Por ello mi oración en esta Jornada Mundial de las
Comunicaciones sociales se eleva para que los hombres y las mujeres de los
medios asuman más que nunca el desafío de su vocación: servir al bien común
universal. De ello dependen, en gran medida, su realización personal y la paz y
felicidad del mundo. Que Dios los bendiga, les ilumine y les fortalezca.
Desde el Vaticano, 24 de enero de 2003, Fiesta de San Francisco de Sales.
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