SAGRADA CONGREGACIÓN
PARA LOS RELIGIOSOS E INSTITUTOS
SECULARES
"RELIGIOSOS Y PROMOCIÓN
HUMANA"
(Plenaria SCRIS 25-28 abril 1978)
INTRODUCCIÓN
IMPORTANCIA Y URGENCIA DE UNA PARTICIPACIÓN ADECUADA DE LOS RELIGIOSOS
A LA PROMOCIÓN INTEGRAL DEL HOMBRE
- Las opciones evangélicas de la vida religiosa encuentran estímulos de
renovación en los "signos de los tiempos". Los graves fenómenos que
caracterizan la época moderna constituyen un motivo de confrontación para la
misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo, determinando lugares
preferenciales de evangelización y de promoción humana.
- La doctrina de la Iglesia, en efecto, pone de relieve siempre con mayor
evidencia los lazos profundos existentes entre las exigencias evangélicas de su
misión y el empeño generalizado de los pueblos en favor de la promoción de la
persona y de una sociedad digna del hombre.
"Evangelizar", para la Iglesia, es llevar la Buena Nueva a todos
los estratos de la humanidad y, gracias a su influjo, transformar desde dentro
a la humanidad misma: criterios de juicio, valores determinantes, modos de
vida, abriéndolos a una visión integral del hombre (1).
El cumplimiento de esta misión requiere de la Iglesia que escrute los signos
de los tiempos y los interprete a la luz del Evangelio, respondiendo así a los
perennes interrogantes que se plantea el hombre (2).
- De esta dimensión profética los religiosos están llamados a dar un
testimonio especial. La continua conversión del corazón y la libertad
espiritual, que los Consejos del Señor estimulan y favorecen, les ayudan a
recordar a sus contemporáneos que la edificación de a ciudad terrestre no puede
hacerse sin fundamentarse en el Señor y dirigirse a El (3).
Y puesto que la práctica de los Consejos une a los religiosos con la Iglesia
de modo especial (4), a ellos se dirige con más viva insistencia y mayor
confianza, la exhortación a una renovación sabia, abierta a las necesidades de
los hombres, a sus problemas y sus anhelos (5).
- Más allá de los dramas sociales y políticos, en efecto, la Iglesia es
consciente de tener como mandato supremo el dar una respuesta definitiva a los
interrogantes profundos del corazón humano (6) .
Por eso los documentos más recientes del Magisterio, queriendo promover una
integración adecuada entre evangelización y promoción humana, declaran cuán
fecunda es para la misión de la Iglesia la relación entre evangelización y vida
religiosa (7) y cuánto ha contribuido en todo tiempo la obra de los religiosos
a la elevación humana y espiritual de los pueblos (8).
- Sin embargo, una revisión profunda de la mentalidad y de las actitudes (9)
se impone cuando se trata de encauzar el compromiso de evangelización hacia los
problemas concretos y, a menudo agobiantes, de la promoción humana.
Este camino de "conversión" que involucra personas y decisiones
preferenciales en las iniciativas apostólicas y en las obras, no podía dejar de
reservar momentos de incertidumbre y dificultad.
Por lo demás, el mismo repensamiento doctrinal que, en diversas partes del
mundo, ha acompañado el loable esfuerzo de participación en las realidades
complejas de la historia, ha puesto de manifiesto, junto con intuiciones
positivas y estimulantes, otras visiones simplicistas y ambiguas.
Las reflexiones del Sínodo sobre la evangelización en el mundo contemporáneo
(1974) y, posteriormente, la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi constituyeron
una aportación valiosa de aclaración y orientación.
- Problemas y dificultades particulares encontraron las iniciativas de
religiosas y religiosos cuando intentaron traducirse en formas más acentuadas
de intervención en áreas en donde inciden con mayor fuerza la injusticia y la
opresión. La diversidad de valoraciones dentro de las comunidades eclesiales y
de los mismos Institutos hicieron todavía más ardua la búsqueda de soluciones.
Además, el cambio de los contextos sociales y políticos iba creando
situaciones nuevas, a menudo inesperadas. Las expresiones habituales de la vida
religiosa en su estilo de presencia y sus opciones apostólicas eran sometidas a
confrontaciones difíciles. La exigencia de una solidaridad más plena con los
hombres de su tiempo, sobre todo, con los más pobres y los marginados, atraía a
los religiosos hacia una participación más directa que, en ocasiones, alcanzaba
al mundo del trabajo y a las mismas esferas políticas.
- La importancia y la urgencia de una participación adecuada de los
religiosos en la promoción integral del hombre incitó, por lo tanto, a la SCRIS
a dedicar una especial atención al papel específico que desempeña la vida
religiosa, bajo este punto de vista, en la misión de la Iglesia.
Se pensó alentar así la búsqueda generosa de renovación y ofrecer, partiendo
de las situaciones y experiencias concretas, criterios de discernimiento
inspirados en el Magisterio de la Iglesia, en la naturaleza y misión de la vida
religiosa, en los objetivos de una evangelización en conexión íntima con la
promoción humana dentro de la realidad histórica de hoy.
- La Congregación Plenaria del 25-28 de abril de 1978 dedicó, pues, su
estudio a una serie de problemas que destacaban en la extensa encuesta
internacional, en cuya realización habían colaborado las Conferencias
Episcopales, los Representantes Pontificios, numerosos Institutos masculinos y
femeninos y las Conferencias de Superiores y Superioras Mayores.
- Cuatro problemas, sobre todo, se presentaban a la reflexión de la
Plenaria:
- - La opción por los pobres
y la justicia, hoy.
- - Las actividades y obras
sociales de los religiosos.
- - La inserción en el mundo
del trabajo.
- - La participación directa
en la praxis política
- Las orientaciones aquí presentadas, fruto de estos trabajos, pretenden contribuir
especialmente a la tarea de información y coordinación que compete a los
organismos responsables de la vida religiosa en la Iglesia. Son ellos, en
efecto, quienes deben evaluar los criterios y las opciones que - teniendo en
cuenta los principios y orientaciones aquí reseñadas - respondan a la
diversidad y complejidad de las situaciones; de tal suerte que, en las diversas
naciones, las Conferencias Episcopales y las Conferencias de Religiosos puedan
aquilatar, del modo que les parezca más adecuado, el papel específico de la
vida religiosa en el empeño común de evangelización y de promoción humana.
- El magisterio pastoral de Juan Pablo II, que ha venido entretanto a
iluminar y caracterizar, con nuevos elementos de reflexión y de estímulo, la
presencia y la participación de la Iglesia en la Historia del hombre de hoy,
pone de relieve esta orientación simultánea hacia los problemas del hombre y
hacia el encuentro insustituible con Cristo y su Evangelio.
Nos sentimos alentados, pues, a precisar la ruta de una evangelización y una
promoción humana que, por nuevo y especial titulo de consagración a Dios y a
sus designios en la historia del hombre, compete a los religiosos en la
Iglesia.
I
CUATRO PROBLEMAS PRINCIPALES
1. La tendencia hacia una participación creciente y activa
en el contexto de las situaciones históricas actuales, dentro del cual se
desarrolla la misión de la Iglesia, aparece como una constante del proceso de
renovación que han llevado a cabo los religiosos
- bien sea en lugares donde son llamados a proseguir una misión
"social" que es, a la par, profundamente religiosa, por medio de las
obras del Instituto o de la Iglesia local,
- bien en lugares donde las circunstancias exigen iniciativas nuevas que les
aproximan aún más a la vida y a los problemas de las gentes.
Pero, sea cual sea la situación, se demuestra necesaria una reflexión atenta
con el objeto de individualizar criterios y opciones comunes. Por este motivo,
partiendo de los cuatro problemas principales que hemos enumerado, desearíamos
deducir una serie de indicaciones que puedan servir como elementos de
evaluación y orientación.
Será después más fácil poner en evidencia los principios generales de
discernimiento.
1. La opción por los pobres y por la justicia hoy
2. La misión profética de Cristo "enviado para
anunciar a los pobres la Buena Nueva" (10) encuentra una viva resonancia
en la Iglesia de nuestro tiempo.
Lo atestiguan las numerosas intervenciones pontificias y los pasajes
precisos y luminosos de la constitución pastoral Gaudium et spes que piden
relaciones de más intensa solidaridad entre la Iglesia y la historia de los
pueblos. El Sínodo de los Obispos de 1971, en el documento Justicia en el
mundo, ha señalado la urgencia de una toma de conciencia de esta dimensión
de la misión evangelizadora de la Iglesia.
La exhortación apostólica Evangelii nuntiandi ha recalcado esta
llamada convocando a todos los miembros del Pueblo de Dios a asumir sus propias
responsabilidades frente a la vida y la historia de los "pueblos empeñados
con todas sus energías en el esfuerzo y la lucha por superar todo aquello que
les condena a permanecer al margen de la vida" (11).
3. Así pues, los temas de la "liberación
evangélica" fundamentada en el Reino de Dios (12) deben llegar a ser
particularmente familiares para los religiosos.
De hecho, el testimonio de las religiosas y religiosos que han luchado
valientemente en apoyo de los humildes y en defensa de los derechos humanos,
han sido un eco eficaz del Evangelio y de la voz de la Iglesia.
Sin embargo, como ya hemos observado, no siempre las interpretaciones y
realizaciones llevadas a cabo, tanto en las Iglesias locales como en las
comunidades religiosas o en la misma sociedad civil, han reflejado una idéntica
sensibilidad y preocupación.
4. Por eso, ha parecido necesario buscar algunos principios
guía, con objeto de que la opción preferencial por los pobres y el compromiso
por la justicia respondan a la finalidad y al estilo propios de la misión de la
Iglesia y, en ella, de la vida religiosa.
a. Los religiosos se encuentran frecuentemente en condiciones de vivir más
de cerca los dramas que atormentan a las poblaciones a cuyo servicio evangélico
se han consagrado. El carácter profético de la vida religiosa les impele a
"encarnar la Iglesia deseosa de entregarse al radicalismo de las
Bienaventuranzas" (13). Ellos se encuentran frecuentemente en las
avanzadas de la misión y asumen los mayores riesgos para su salud y su propia
vida (14).
b. Este deseo sincero de servir al Evangelio y a la promoción integral del
hombre exige que pongan en el centro de todas sus preocupaciones la comunión,
que se ha de construir con paciencia y perseverancia, buscando la verdad en la
caridad.
c. Las Conferencias de Religiosos, respetuosas de los carismas de los
diversos Institutos, pueden desempeñar a este respecto una valiosa función de
estímulo y equilibrio en estrecha relación con las Conferencias Episcopales
(15) y particularmente con las Comisiones Iustitia et Pax yCor Unum. De
este modo se favorecerá la superación de posiciones ambiguas, bien sea de una
pretendida y falaz neutralidad, o bien de sectarismos unívocos y totalizantes.
Además, las diversas condiciones de cultura y sensibilidad, junto con los
diversos contextos sociales y políticos, encontrarán de este modo el ambiente
apropiado para una escucha recíproca y una concertación comunitaria que den
garantía y eficacia segura.
d. Esta presencia en defensa y promoción de la justicia, particularmente
atenta y activa, debería hacerse patente especialmente en aquellos sectores de
las injusticias sin voz, en favor de las cuales clamaba el Sínodo de
1971 (16).
En efecto, mientras algunas categorías sociales saben dotarse de estructuras
vigorosas de protesta y apoyo, asistimos en cambio a un sinnúmero de
sufrimientos y de injusticias que encuentran escasa resonancia en el corazón de
muchos de nuestros contemporáneos: el drama de los prófugos, de los perseguidos
a causa de sus ideas políticas o de la profesión de su fe (17), la violación
del derecho a la vida, las limitaciones injustificadas de las libertades
humanas y religiosas, las carencias sociales que agudizan los sufrimientos de
los ancianos y los marginados...
La Iglesia quiere ser, sobre todo para ellos, voz, conciencia y compromiso
(18).
e. Pero el testimonio de los religiosos en pro de la justicia en el mundo
comporta, sobre todo para ellos mismos, una revisión constante de las propias
opciones de vida, del uso de los bienes, del estilo de sus relaciones. Porque
quien tiene la valentía de hablar de justicia a los hombres debe en primer
lugar ser justo ante ellos (19).
Y aquí se pone de manifiesto la relación estimulante entre evangelización y
promoción humana, que deriva de aquel "testimonio silencioso" que Evangelii
nuntiandi 69 nos presenta como la interpelación primera y mas eficaz al
mundo y a la Iglesia misma.
En esta perspectiva, posee una fuerza particular de signo y de fecundidad
apostólica el "papel desempeñado por los religiosos y religiosas
consagrados a la oración, al silencio, a la penitencia, al sacrificio"
(20).
En efecto, la dimensión contemplativa propia de toda forma de vida
religiosa, adquiere en ellos acentos particularmente significativos, demostrando
que la vida religiosa, en todas sus modalidades, no solo no convierte al
religioso en un extraño para los hombres o inútil para la ciudad terrestre,
sino que, al contrario, le hace capaz de acogerlo todo más profundamente en la
caridad misma de Cristo (21).
2. Actividades y obras sociales de los religiosos
5. Las pluriformes actividades y obras que, en la variedad
de los carismas, caracterizan la misión de los religiosos, constituyen uno de
los medios más importantes para realizar la misión de evangelización y
promoción humana que la Iglesia desempeña en el mundo (22).
De ahí la importancia que reviste la renovación de los religiosos para la
renovación misma de la Iglesia y del mundo (23).
Por esa razón, Evangelii nuntiandi 31 exhorta a tener en cuenta los
lazos profundos que unen la evangelización y la promoción humana. Olvidarlos
significaría ignorar "la doctrina del Evangelio acerca del amor al prójimo
que sufre y padece necesidad".
6. Abiertos a los signos de los tiempos, los religiosos
sabrán buscar y promover una nueva modalidad de presencia, que responda a la
creatividad de sus Fundadores así como a la finalidad original del propio
Instituto (24).
En esta perspectiva, destacan algunas líneas de renovación:
a. las actividades y "obras sociales" que han acompañado siempre
la misión de los religiosos, dan testimonio de su empeño constante por la
promoción integral del hombre. Escuelas, hospitales, centros asistenciales,
iniciativas orientadas al servicio de los pobres, al progreso cultural y espiritual
de los pueblos, no solamente conservan su actualidad, sino que, debidamente
acomodados, se revelan a menudo como elementos privilegiados de evangelización,
de testimonio, de auténtica promoción humana.
En el servicio evangélico de las obras de promoción humana y social,
numerosas y siempre urgentes, los religiosos convierten en "signo"
convincente el don de una vida totalmente disponible para Dios, la Iglesia y
sus hermanos (25).
b. El Espíritu, que suscita formas e instituciones siempre nuevas de vida
consagrada, en respuesta a las exigencias de los tiempos, anima también las ya
existentes con una renovada capacidad de inserción, correspondiente a los
cambios eclesiales y sociales.
c. En la Iglesia, abierta a los ministerios, en un continuo y ordenado
crecimiento comunitario (26), los religiosos pueden descubrir nuevas formas de
participación activa que comprometan cada vez más a la comunidad cristiana en
sus iniciativas y sus obras.
Tendrán así la oportunidad de hacer valer su carisma específico en cuanto
capacidad singular de promover aquellos ministerios que corresponden con los
fines apostólicos y sociales de su propio Instituto.
d. La participación de los laicos en las actividades y las obras de los
religiosos se abre a nuevos horizontes gracias al desarrollo de la dimensión
eclesial de corresponsabilidad en una misión común. Con una preparación
adecuada, esta participación podría efectuarse incluso en la gestión misma de
las obras confiadas hasta ahora únicamente a los religiosos (27).
e. Por otra parte, los contextos sociales actuales exigen nuevas formas de
solidaridad y de participación. Un proceso de transformación civil tiende, en
muchos sitios, a desarrollar la responsabilidad de todos los componentes
sociales a través de estructuras y organismos de participación. De este modo,
todos los ciudadanos vienen impelidos a tomar parte activa en la solución de
los problemas concretos que lleva consigo la construcción de la convivencia
social.
Junto a la contribución más directa de los laicos, el testimonio y la
experiencia de los religiosos pueden, en este campo, contribuir positivamente a
orientar hacia soluciones que respondan a los criterios del Evangelio y a las
directrices pastorales de la Iglesia (28).
3. Inserción en el mundo del trabajo
7. La atención pastoral de la Iglesia hacia el mundo del
trabajo se ha manifestado en numerosas intervenciones que la Encíclica Mater
et Magistra repropone desde una perspectiva abierta a las nuevas realidades
económicas y sociales.
Frente a un sector tan amplio de la humanidad, que interpela vivamente la
misión de toda la comunidad cristiana, los religiosos sienten una exigencia más
profunda de solidaridad y participación. Ya su misma opción por la pobreza
evangélica les impele de modo especial a acoger los valores auténticos de la
ley común del trabajo (29).
8. En cuanto a los sacerdotes, el Magisterio de los
Pastores ha descrito con precisión las motivaciones, perspectivas y condiciones
que han de guiar las opciones más comprometidas de presencia en el mundo del
trabajo (30).
Es evidente que cuando se trata de religiosos sacerdotes, valen igualmente
para ellos estas directrices. Pero, a causa de la naturaleza específica de la
vida religiosa y del vínculo especial que la une con la misión de la Iglesia
(31), se aplican también análogamente a todos los demás religiosos y
religiosas.
Las características propias de la vocación y de la misión de los religiosos
sugieren además algunos criterios capaces de motivar y guiar su presencia
eventual en el mundo del trabajo:
a. la fidelidad dinámica a las finalidades para las cuales el Espíritu ha
suscitado su Instituto en la Iglesia (32),
b. la búsqueda de un testimonio de los valores evangélicos que restituyan al
trabajo su dignidad y atestiguen su verdadera finalidad (33),
c. el empeño en consolidar las dimensiones "religiosas"que
califican su profesión y demuestran la fuerza de atracción del Reino de Dios
acogido por ellos en toda su radicalidad (34),
d. un compartimiento fraterno que la experiencia comunitaria cotidiana de la
vida religiosa sostiene y desarrolla, poniendo de manifiesto la novedad del
Amor de Cristo en la construcción de la solidaridad entre los hombres (35).
9. Hay aún otros dos modos de participación que requieren
criterios específicos de elección y de comportamiento. En efecto, dos formas
concretas de inserción en el mundo del trabajo se presentan con características
que merecen una detenida reflexión:
I. La integración en una profesión civil ejercida en las mismas condiciones
sociales y económicas que los demás ciudadanos (en colegios, hospitales...).
En varios países son los cambios de las condiciones políticas los que lo
imponen, como en el caso de nacionalización y, en consecuencia, de gestión
estatal de las obras.
A veces son las reformas legislativas o las necesidades internas de los
Institutos religiosos las que inducen a una presencia equiparada a la de los
laicos para poder proseguir las propias actividades apostólicas.
Asimismo, la búsqueda de modalidades nuevas de presencia han sugerido experiencias
de inserción en las estructuras sociales comunes.
En cualquiera de los casos, el respeto de los fines generales de la vida
religiosa y de aquellos del propio Instituto exige que estas nuevas situaciones
se confronten con las exigencias comunitarias y con las obligaciones de la
obediencia y pobreza religiosa.
En efecto, una profesión civil coloca al religioso en un plano más
directamente individual y lo hace depender en mayor grado de organismos y
estructuras ajenos a su Instituto, creando además una relación nueva entre
trabajo y salario. Son éstos algunos de los aspectos que los responsables de
los Institutos han de tener presentes a la hora de evaluar dichas opciones, las
cuales efectivamente requieren una capacidad de discernimiento que salvaguarde
y valorice la finalidad religiosa por la cual se asumen.
II. La inserción en la "condición obrera" lleva consigo, junto con
los valores que pretende realizar, una serie de problemas característicos.
Los religiosos obreros, en efecto, penetran en un mundo que tiene sus leyes,
sus tensiones y, sobre todo en la sociedad de hoy, sus fuertes
condicionamientos debidos a ideologías predominantes y luchas sindicales
frecuentemente atormentadas y ambiguas.
Puede ocurrir, por eso, que al compartir la condición obrera para
testimoniar la solicitud pastoral de la Iglesia (36), el religioso se halle
envuelto en una visión del hombre, de la sociedad, de la historia, del mismo
mundo del trabajo, que no corresponde a los criterios de juicio y a las
directrices de acción contenidas en la doctrina social del Magisterio. De ahí
que una misión semejante requiera garantías serias y una atención especial
(37).
10. La participación en las actividades sindicales
requiere, aún mas, un conocimiento claro de las perspectivas pastorales, como
también de los límites y riesgos de instrumentalización que podría acarrear
para la vida y la actividad de los religiosos.
Convendrá, por lo mismo, hacer algunas precisaciones que sirvan de guía a
este respecto:
a. En principio no parece que exista una intrínseca incompatibilidad entre
vida religiosa y compromiso social, incluso a nivel sindical. A veces la
participación en las actividades sindicales, según el tipo de legislación
vigente, puede estar necesariamente unida con la presencia en el mundo del
trabajo. Por otra parte, esta participación puede ser sugerida por la
solidaridad, en apoyo legítimo de justos derechos (38).
b. Las interferencias políticas, sin embargo, plantean con frecuencia
problemas nada fáciles. Será necesario evaluar estas situaciones según
criterios apropiados a la "praxis política" (cfr. art sig.). En tal
caso, se deberá prestar particular atención a las ideologías promotoras de la
"lucha de clases". La doctrina de Octogesima adveniens (26-36)
se revelará, en semejante eventualidad, más necesaria que nunca
c. De las experiencias realizadas hasta el presente es posible recavar
algunos principios de comportamiento que orienten la finalidad y estilo de
tales opciones. En el interior de un elemento de tanta influencia sobre la vida
social como el mundo obrero, los religiosos son portadores de valores humanos y
cristianos que les obligan a rechazar ciertos medios de acción sindical y
ciertas maniobras políticas que nada tienen que ver con las exigencias precisas
de la justicia, por razón de las cuales únicamente se han comprometido.
Igualmente, en su propia comunidad estas religiosas y religiosos deberán
promover los valores de comunión, evitando polarizaciones inaceptables. Una tal
actitud podrá contribuir a orientar las comunidades hacia opciones equilibradas
y creíbles.
d. La conciencia de que compete a los laicos por su propia vocación y
misión, empeñarse en la promoción de los valores de solidaridad y de justicia
dentro de las estructuras temporales (39), debe considerarse como otro criterio
esencial para orientar la presencia de los religiosos.
Su papel de complementariedad, especialmente en este campo, se expresará
sobre todo con el testimonio y con la contribución a una preparación del
laicado siempre más adecuada.
4. El compromiso en la "praxis política"
11. Los religiosos han demostrado, en general, ser
conscientes de que su participación en la promoción humana es un servicio al
Evangelio y al hombre, no una opción preferencial de ideologías o de partidos
políticos.
Ellos ven, más bien, en implicaciones de este género, el riesgo de pérdida
de la identidad propia de la vida religiosa y de la misión de la Iglesia (40),
junto a una tendencia peligrosa a absolutizar ideas y métodos, pudiendo ser
objeto de fáciles e interesadas instrumentalizaciones.
12. Parece, pues, necesario enumerar algunos principios
directivos, conformes con el Magisterio, que iluminen una materia de por sí
candente y, a veces, causa de desviaciones:
a. La "política" puede ser entendida en un sentido amplio y
genérico como organización dinámica de toda la vida social.
Desde este punto de vista, constituye para todos los ciudadanos un deber de
participación humana, responsable y activa. En esta perspectiva, el papel de
los religiosos en las actividades y obras, reviste un significado profundo de
estímulo y de compromiso en pro de aquellas transformaciones culturales y
sociales que contribuyen a la promoción humana.
b. Pero si "política" quiere significar participación directa en
las opciones de partido (lo que se llama "praxis política") entonces
es preciso recurrir a las razones de fondo que han motivado la vocación y la
misión de los religiosos en la Iglesia y en la sociedad para determinar los
justos criterios de un compromiso eventual:
l - Aun reconociendo la valiosa contribución que deriva de la fuerza de su
testimonio evangélico y de la variedad de sus iniciativas apostólicas, los
religiosos no deben dejarse arrastrar por la ilusión de poder influir
mayormente en el desarrollo de las personas y de los pueblos, sustituyendo sus
deberes específicos con un "compromiso político" en el sentido
estricto de la palabra (41),
2 - Edificar el Reino de Dios dentro de las estructuras mismas del mundo, en
cuanto animación evangélica de la historia del hombre, constituye ciertamente
un tema de vivo interés para toda la comunidad cristiana y, por lo tanto,
también para los religiosos. Pero no en el sentido que se dejen involucrar en
la "praxis política". En cambio, a través de las instituciones
docentes, los medios de comunicación, las múltiples iniciativas religiosas y
educativas, pueden contribuir activamente, sobre todo, a la preparación de los
jóvenes haciéndoles artífices de promoción humana y social, cuyo reflejo no
dejará de hacerse sentir incluso en el sector político. Y esto no por una
estrategia de conquista, sino para realizar aquel servicio al hombre y a la
sociedad que es la misión confiada por Cristo a toda la comunidad eclesial.
3 - Precisamente bajo este punto de vista, han de favorecerse las
iniciativas tomadas por las religiosas para cooperar a la promoción de la
mujer, con el fin de fomentar en los sectores de la vida pública y de la
Iglesia misma, aquella inserción de la mujer que corresponde a la naturaleza y
cualidades que le son propias (42),
4 - De esta forma, mediante el testimonio y las obras, los religiosos y
religiosas se convierten en "expertos del Evangelio" creíbles,
haciéndose útiles, como tales, para el saneamiento y la edificación de la
sociedad, incluso cuando mantienen sus distancias frente a opciones políticas
específicas, para presentarse no como hombres y mujeres de partido, sino como
instrumentos de pacificación y solidaridad fraternal.
En efecto, por la primacía del Amor de Dios, que su elección pone
fuertemente de relieve (43), los religiosos se presentan como hombres del
Absoluto dentro del dinamismo de la Iglesia sedienta del Absoluto de Dios (44).
Por esta opción fundamental, que promueve y condiciona todas las demás, son
llamados a convertirse en signo y estímulo en medio del Pueblo de Dios.
5 - Sin embargo, una participación política activa sigue siendo una
excepción y una cuestión de suplencia, que debe ser evaluada según criterios
particulares. Cuando lo requieran circunstancias extraordinarias, se podrán
examinar los casos particulares de modo que, de acuerdo con los responsables de
la Iglesia local y de los Institutos religiosos, se tomen las decisiones más
beneficiosas para la comunidad eclesial y civil. Pero la prioridad de la misión
específica de la Iglesia y de la vida religiosa debe ser tenida siempre
presente y mantenida según su modalidad característica (45).
I I
CRITERIOS GENERALES DE
DISCERNIMIENTO
13. Cuatro grandes fidelidades motivan preferentemente y guían
el papel de los religiosos en la promoción humana, siguiendo los principios
conciliares de renovación (46) y habida cuenta de los problemas examinados
anteriormente:
- fidelidad al hombre y a nuestro tiempo;
- fidelidad a Cristo y al Evangelio;
- fidelidad a la Iglesia y a su misión en el mundo;
- fidelidad a la vida religiosa y al carisma propio del Instituto.
1. Presentes al hombre y a nuestro tiempo
14. Las transformaciones culturales, sociales y políticas,
que involucran, no sin dificultad, pueblos y continentes, inducen a la Iglesia
a una presencia evangélica que se convierta en respuesta a las esperanzas y
aspiraciones más difusas de la humanidad (47).
Esta viva preocupación pastoral, agudizada por las reflexiones y
perspectivas del Vaticano II, reaflora en los sínodos de los Obispos y en las
exhortaciones apostólicas, que incitan con claridad e insistencia a la
comunidad eclesial a tomar decisiones valientes de renovación, con el fin de
acercar al hombre contemporáneo a la fuente de toda auténtica promoción humana
y social: el Evangelio (48).
15. La historia del mundo de hoy, que se encarna en la
historia concreta de cada hombre, se convierte en libro abierto a la meditación
apasionada de la Iglesia y de todos los cristianos (49). Esta meditación se
convierte efectivamente en un reto dirigido a todas las vocaciones en la
Iglesia, provocándolas a una exigente revisión de vida y de compromiso.
Los religiosos, por la radicalidad de sus opciones evangélicas, se sienten
más profundamente interpelados. Comprenden que, en la medida de su propia
"conversión" al proyecto original de Dios sobre el hombre, como se
revela en el "Hombre nuevo, Jesús" (50), contribuirán a acelerar
también en los demás aquella conversión de mentalidad y actitudes que confiere
autenticidad y estabilidad a la reforma de las estructuras económicas, sociales
y políticas, al servicio de una convivencia más justa y pacífica (51).
16. Con esta finalidad, en tensión hacia la renovación de
su testimonio y de su misión, todos los Institutos religiosos son invitados a
proporcionar a sus miembros "un conocimiento apropiado, tanto de las
condiciones de los tiempos y de los hombres, como de las necesidades de la
Iglesia, de modo que, juzgando sabiamente a la luz de la fe las realidades concretas
de este mundo y ardiendo en celo apostólico, sean capaces de ayudar más
eficazmente a los demás (52).
2. Con la fuerza transformante de Cristo y del Evangelio
17. Los Evangelios dan testimonio a Cristo de la fidelidad
con que cumplió la misión para la cual el Espíritu le había consagrado (53).
Misión de evangelización y redención humana que le llevó a vivir con su pueblo,
compartiendo sus vicisitudes que El esclarecía y orientaba, predicando y
testimoniando el Evangelio de conversión al "Reino de Dios" (54).
Su propuesta desconcertante de las "Bienaventuranzas" introdujo un
cambio radical de perspectiva en la evaluación de las realidades temporales y
en las relaciones humanas y sociales, que El quiso centrar en una justicia
santidad animada por la nueva ley del amor (55).
Sus opciones de vida signan y califican de modo especial a los religiosos,
que hacen suya "la forma de vivir que abrazó el Hijo de Dios cuando vino
al mundo" (56).
18. Fieles a esta "regla suprema" (57), los
religiosos saben que están comprometidos en un camino cotidiano de conversión
al Reino de Dios que les convierte en el seno de la Iglesia y a la faz del
mundo, en signo de atracción, incitando a revisiones profundas de vida y de
valores (58).
Es este, sin duda, el empeño más trascendente y fecundo al cual son llamados
(59), incluso en aquellos campos en que la comunidad cristiana actúa en pro de
la promoción humana y del desarrollo de las relaciones sociales inspiradas en
principios de solidaridad y de comunión fraternal.
De esta forma, contribuyen a "salvaguardar la originalidad de la
liberación cristiana y las energías que ésta es capaz de desarrollar.
Liberación en su sentido integral, profundo, como lo anunció y realizó
Jesús" (60).
19. La fuerza de transformación que encierra el espíritu
de: las Bienaventuranzas, penetrando dinámicamente la vida de los religiosos,
caracteriza su vocación y su misión (61).
Ellos consideran como primera bienaventuranza y "liberación" el
encuentro con Cristo, pobre entre los pobres, atestiguando que creen realmente
en la presencia del Reino de Dios por encima de las cosas terrestres y en las
exigencias supremas del mismo (62).
Dilatando así el sentido cristiano y profundamente humano de las realidades
y de la historia, que brota del programa de las bienaventuranzas convertidas en
criterio cotidiano de vida, los religiosos demuestran cuán estrecha es la
relación entre Evangelio y promoción del hombre en la convivencia social.
Por esto la Iglesia puede ofrecer el testimonio evangélico de los religiosos
como un modo espléndido y singular de demostrar que el camino de las
bienaventuranzas es el único capaz de transfigurar el mundo y ofrecerlo a
Dios" (63).
3. En la comunión eclesial orgánica
20. La vocación común de los cristianos a la unión con Dios
y entre los hombres para salvación del mundo (64), debe anteponerse a la
diversidad de dones y ministerios. En esta vocación común se fundan las
relaciones de comunión entre los diferentes miembros de la Iglesia y en
especial, con aquellos que el Espíritu Santo ha destinado, como Obispos, a
apacentar la Iglesia de Dios (65).
21. Los religiosos, unidos más íntimamente a la Iglesia
(66), participan de un modo peculiar suyo de la naturaleza sacramental del
Pueblo de Dios (67); y en las Iglesias locales pertenecen a la familia
diocesana en virtud de una razón peculiar (68).
El Decreto conciliar sobre el oficio pastoral de los Obispos dedica su
atención al papel desempeñado por los religiosos, colocándolos entre los
colaboradores del Obispo en una doble perspectiva:
- la adhesión a las
exigencias pastorales;
- la conformidad con los
fines característicos del propio Instituto (69).
22. La identidad de la vida religiosa y de su papel
específico recibe una nueva luz a través de la pluriformidad y complementariedad
de vocaciones y ministerios existentes en la Iglesia.
Por eso es necesario conocer y dar su justo valor a las funciones que
competen a cada uno de los componentes eclesiales: ministerio jerárquico, vida
consagrada en sus diversas formas, laicado.
De esta forma, el ejercicio de la función propia de cada uno se realiza en
una búsqueda constante de convergencia fraterna y de completamiento mutuo que
es, al mismo tiempo, afirmación de la identidad propia y de la comunión
eclesial.
23. Este criterio general de discernimiento se evidencia
mejor cuanto más presentes se tienen las competencias de los diferentes grupos
eclesiales y se buscan los aspectos complementarios de los mismos:
- es propio de los laicos buscar el Reino de Dios ocupándose de las cosas
temporales y ordenándolas según Dios (70);
- la naturaleza "secular" de algunos Institutos, dentro de las
variadas formas de vida consagrada, permite una presencia más directa y una
implicación más completa en las realidades y en las estructuras seculares. Los
miembros de estos Institutos, llamados "seculares" por eso mismo,
ejercen individualmente, en cualquier sector conveniente, su apostolado
específico, valorizando las estructuras mismas del mundo (71);
- los religiosos, en cambio, a causa de las opciones de vida que les
caracterizan, se mantienen apartados de las estructuras seculares, pero no por
eso quedan ajenos a la acción de los demás miembros de la Iglesia en la
construcción de la ciudad terrestre como lugar capaz de acoger el Reino de Dios
(72).
Ahora que estarán presentes de una manera que les es propia, no
sustituyéndose en tareas y modalidades que competen a otros componentes
eclesiales, sino convirtiéndose en signo aún más radical de un estilo
evangélico de vida y de participación, mediante el testimonio público de su
profesión que se realiza comunitariamente en todas sus expresiones.
Si además, en cuanto sacerdotes, los religiosos participan del sacerdocio
ministerial, son invitados por este nuevo título, a presidir y servir a las comunidades
eclesiales dando un testimonio aún más significativo de comunión (73).
24. Los religiosos son, pues, llamados a ser en la Iglesia
comunidad eclesial y en el mundo "expertos en comunión", testigos y
artífices de aquel "proyecto de comunión" que constituye la cima de
la historia del hombre según Dios (74).
Ante todo, por la profesión de los consejos evangélicos, que libera el
fervor de la caridad de todo impedimento se convierten comunitariamente en
signo profético de la íntima comunión con Dios amado por encima de todo (75).
Además, por la experiencia cotidiana de una comunión de vida, oración y
apostolado, que es componente esencial y distintivo de su forma de vida
consagrada (76), se convierten en "signo de comunión fraterna". En
efecto, en medio de un mundo, con frecuencia profundamente dividido, y ante
todos sus hermanos en la fe, dan testimonio de la posibilidad real de poner en
común los bienes, de amarse fraternamente, de seguir un proyecto de vida y
actividad fundado en la invitación a seguir con mayor libertad y más de cerca a
Cristo Señor, enviado por el Padre para que - como primogénito entre muchos
hermanos - instituyese una nueva comunión fraterna en el don de su Espíritu
(77).
25. Del proyecto comunitario de vida deriva para ellos
aquel estilo de presencia y de participación que debe caracterizarlos en la
misión de la Iglesia y que subrayamos ahora en vista de las opciones que
conciernen la promoción humana.
Como se ha observado al hablar de la variedad de dones y ministerios
indicados anteriormente, a diferencia de los laicos y de los miembros de
Institutos seculares (que pueden asumir a título individual responsabilidades
apostólicas, sociales y políticas correspondientes a los objetivos que el
Espíritu les ha señalado), los religiosos han elegido libre y conscientemente
el "compartir" en todo su misión de testimonio, de presencia y
actividad apostólica, en obediencia al proyecto común y a los Superiores del
Instituto.
Este compartirlo todo significa fraternidad y apoyo particularmente cuando
el mandato apostólico expone a religiosos y religiosas a responsabilidades
mayores y más exigentes en el ámbito de contextos sociales difíciles.
26. La urgencia del criterio fundamental de comunión se
hace más acuciante a causa de aquella diversidad de situaciones en que se
hallan los cristianos en el mundo, sobre todo en el campo socio-político (78).
De donde la necesidad de tener siempre presentes las indicaciones de Octogesima
adveniens 4 (79), cuando se trata de opciones que, afectando a la relación
evangelización - promoción humana, comprometen forzosamente no solo la propia
comunidad religiosa, sino también la comunidad eclesial.
27. La profunda naturaleza eclesial de la vida religiosa se
convierte, pues, a causa de la característica de comunión que debe impregnar
sus estructuras mismas de convivencia y de actividad, en aspecto preponderante
de su misión en la Iglesia y en la sociedad civil (80).
Desde este punto de vista, aceptar el ministerio de los Obispos, como centro
de unidad de la comunión eclesial orgánica, y promover una aceptación semejante
por parte de los demás miembros del Pueblo de Dios, responde a una exigencia
específica de la misión propia de los religiosos en la comunidad cristiana.
Los religiosos no deben temer obstáculo alguno para la generosidad y
creatividad de sus iniciativas (81) de parte del carácter jerárquico de la
comunión eclesial (82), ya que toda potestad sagrada es conferida en orden a la
promoción armoniosa de carismas y ministerios (83). Antes al contrario, los
religiosos se ven incitados a la "genialidad de proyectos e
iniciativas" (84) pues concuerda con la naturaleza carismática y profética
de la vida religiosa.
Y por eso, a causa de su misión abierta a la Iglesia universal y desempeñada
en el ámbito de las Iglesias locales (85), los religiosos se hallan en las
mejores condiciones para valorar aquellas formas de "coordinación
oportuna" que Mutuae relationes presenta como camino hacia una
comunión eclesial orgánica (86).
4. Fidelidad dinámica a la propia Consagración según el carisma del
Fundador
28. Una renovada presencia de los religiosos en la misión
de la Iglesia en pro de la evangelización y la promoción humana no resultaría
plenamente auténtica si hubieran de renunciar, aunque fuera tan solo en parte,
a las características de la vida religiosa o a la índole propia de cada
Instituto (87).
Esta exigencia, que hemos visto reaflorar constantemente, ha de constituir,
sin duda, un empeño asiduo de las comunidades religiosas.
29. Se trata de una fidelidad dinámica, abierta al impulso
del Espíritu que pasa a través de los acontecimientos eclesiales y los signos
de los tiempos, de la que se hace portavoz la exhortación perseverante del
Magisterio.
Capaces de mayor vigilancia gracias a un conocimiento más profundo del
hombre de hoy, de sus problemas, de sus anhelos y aspiraciones (88), las
comunidades religiosas pueden discernir con mayor facilidad en los
acontecimientos y expectativas, en que toman parte junto con los demás miembros
de la Iglesia, cuáles son las señales auténticas de la presencia y de los
designios de Dios.
El diálogo comunitario (89), guiado por la fe, en recíproca acogida y
valoración de las personas, en obediencia religiosa, llega a convertirse en
sistema preferencial de tal discernimiento.
Y precisamente porque las comunidades religiosas están edificadas sobre la
fe, por su misma naturaleza custodian e irradian esta luz que lleva a todo el
Pueblo de Dios a identificar las intenciones del Señor acerca de la vocación
integral del hombre, para descubrir así las soluciones plenamente humanas de
todos los problemas (90).
30. La "pregunta apremiante" que Evangelica
testificatio 52 formula al final de la exhortación apostólica sobre
renovación de la vida religiosa, aparece como un grito del corazón con el cual Pablo
VI expresa su apasionada preocupación pastoral, su gran amor por el hombre y el
mundo de hoy, la confianza que pone en los religiosos y las religiosas. Las
opciones concretas de renovación aparecen allí esclarecidas. Su apremio incita
a una fidelidad que devuelva al momento actual de la vida y misión de cada
Instituto el ardor con que los Fundadores se dejaron conquistar por la fuerza
inicial del Espíritu (91).
31. Se trata de una referencia constante a la
"vida" en su dinámica profunda, como confirma la palabra luminosa del
Papa Juan Pablo II (92) :... a la vida, tal como se nos presenta hoy,
cargada con la riqueza de las tradiciones del pasado para ofrecernos la
posibilidad de gozar de ellas hoy.
Debemos interrogarnos con perspicacia - nos exhorta -, acerca de
cómo la vocación religiosa debe ser ayudada hoy a tomar conciencia de sí misma
y a madurar, cómo debe funcionar la vida religiosa en el conjunto de la Iglesia
contemporánea A esta pregunta estamos siempre buscando justamente una
respuesta. La encontramos en las enseñanzas del Vaticano II, en la exhortación
Evangelii nuntiandi, en las numerosas declaraciones de los Pontífices, de los
Sínodos y de las Conferencias Episcopales. Esta respuesta es fundamental y
pluriforme".
El Papa reafirma su esperanza en una vida religiosa fiel a aquellos
principios que hacen de ella un "capital inmenso de generosidad" sin
el cual "la Iglesia no sería plenamente ella misma".
"Dentro de la fidelidad siempre renovada al carisma de los
Fundadores, las Congregaciones han de esforzarse en corresponder a los deseos
de la Iglesia, a los compromisos que la Iglesia, con sus Pastores, considera
hoy como los más urgentes para hacer frente a una misión que necesita tanto de
obreros cualificados" (93).
III
EXIGENCIAS FORMATIVAS
32. Los problemas que la vida religiosa debe afrontar para
renovarse, en la forma que le exige el armonizar evangelización y promoción
humana, se reflejan en el plan formativo.
Dichos problemas pueden llegar a exigir una revisión de los programas y de
los métodos educativos, tanto en el primer período de iniciación como en las
fases sucesivas y en la formación permanente.
Bajo este punto de vista, una relectura de los criterios conciliares de
renovación nos demostrará que no se trata de simples adaptaciones en cierto
modo exteriores. Es una educación en profundidad de mentalidad y de estilo de
vida, que capacite a los interesados para seguir siendo ellos mismos en nuevas
modalidades de presencia. Presencia siempre de "consagrados" que
orienten con el testimonio y las obras, la transformación de las personas y de
la sociedad en la dirección del Evangelio (94).
33. Algunos aspectos de la formación, a este respecto,
parecen dignos de especial atención:
a. Verificar si se tiene conciencia de la naturaleza profunda y de las
características de la vida religiosa, en si misma y en su participación
dinámica en la misión de la comunidad eclesial en la sociedad de hoy;
El redescubrimiento fiel y la inserción creativa de la identidad específica
de los Institutos, en vistas a una renovación en el plano de las actividades y
de las obras, constituye uno de los aspectos preeminentes tanto de la formación
inicial como de la formación permanente.
b. La profesión de los consejos evangélicos, en la confrontación 'vida
religiosa - Iglesia - mundo contemporáneo', puede exigir actitudes nuevas,
atentas al valor de signo profético, como fuerza de conversión y transformación
del mundo, de sus concepciones y de sus relaciones (95).
c. La vida común; vista especialmente como experiencia y testimonio de
comunión, desarrolla la capacidad de adaptación (96) que permite responder a
las diversas formas de actividad. Esa diversidad de formas no debilita, antes
al contrario, puede reforzar los lazos fraternales y el compartimiento
solidario del servicio específico del Instituto en la Iglesia.
Nuevos contextos de inserción, como los descritos a lo largo del análisis de
los problemas examinados, crean situaciones posiblemente imprevistas. Por eso,
han de ser introducidos en la vida religiosa con una preparación espiritual y
humana que ayude a realizar una presencia madura de consagrados, capaz de
renovar las relaciones, tanto en el seno de la propia comunidad como fuera de
la misma.
d. La participación en la vida de la Iglesia y en su misión, con actitudes
de corresponsabilidad y complementariedad, presupone un conocimiento
actualizado de sus iniciativas y de los objetivos que se propone avanzar (97).
De la doctrina del Vaticano II y de la insistencia con que los Sínodos de
los Obispos volvieron sobre el tema, se desprende que no es posible separar la
formación para el compromiso inderogable del Evangelio, de la promoción del
hombre según los designios de Dios.
Por eso, en los Institutos religiosos no resultaría adecuado ni completo un
programa de formación y renovación sin una precisa toma de conciencia del
pensamiento de la Iglesia en esta materia (98).
Todo ello parece más necesario aún, si se quiere que los religiosos se
encuentren en condiciones como es su deber apostólico de "despertar las
conciencias" (99), de formar otros cristianos, especialmente los laicos,
para que puedan asumir con competencia y equilibrio su parte en esta misión
común de evangelización y de promoción humana (100).
Y ya que las dimensiones "misioneras" de la Iglesia están confiadas
de manera particular a la generosa disponibilidad de los religiosos (101), la
formación de cuantos son llamados a esta forma excelente de evangelización y de
promoción humana, requerirá una adaptación apropiada que responda a las
culturas, a las sensibilidades y a los problemas específicos del lugar (102).
34. La incumbencia de los Capítulos y de las Curias
generales reviste una importancia considerable al tratar de la programación y
la animación de este camino de actualización y renovación, dentro de la
fidelidad al Espíritu Santo y a la historia:
- discernir las opciones que respondan mejor hoy a los objetivos originarios
de los Institutos;
- orientar a religiosos y comunidades por medio de iniciativas apropiadas de
información y formación;
- promover a través de un diálogo ciudadoso y concreto, la revisión de las
obras, para estimular posiciones eventualmente poco adecuadas a la hora
presente y para alentar y dirigir la búsqueda de nuevas y oportunas
expresiones.
Y todo ello, para favorecer también un redescubrimiento, más luminoso y
atrayente, de los valores de consagración y de misión, que son fundamento de
una consciente y jubilosa pertenencia al propio Instituto.
35. Las Conferencias de Religiosos, gracias a un
conocimiento más inmediato de los contextos eclesiales y sociales, están en
condiciones de identificar mejor los problemas que se plantean en los diversos
países y continentes. Mediante el intercambio de experiencias y los encuentros
de reflexión, podrán, en colaboración con las Conferencias Episcopales, y
respetando siempre los diversos carismas, individualizar soluciones y caminos
más en consonancia con las esperanzas de una promoción integral del hombre, que
se inspiren en el Evangelio y en las orientaciones constantes del Magisterio de
la Iglesia.
Eduardo Card. PIRONIO,
Pref.
+ Agustín MAYER, O.S.B.,
Secr.
NOTAS
1. EN 18-19.
2. GS 4 . "No es,
pues, por oportunismo ni por afán de novedad que la Iglesia, 'experta en humanidad,
es defensora de los derechos humanos. Es por un auténtico compromiso
evangélico, el cual, como sucedió con Cristo, es sobre todo compromiso con los
más necesitados" (Juan Pablo 11, Discurso inaugural de Puebla, III,
3).
3. LG 46.
4. ib. 44; MR 08, 10.
5. ET 52-53.
6. GS 10.
7. EN 69.
8. PP 12.
9. ET 17; GS 63; ET 52.
10. Lc 4,18.
11. EN 10.
12. ib. 33-34. En el discurso inaugural en Puebla III, 04 Juan Pablo II
recordaba: "Cristo no permaneció indiferente frente a este vasto y
exigente imperativo de la moral social. Tampoco podría hacerlo la Iglesia, y en
el espíritu de la Iglesia, que es el espíritu de Cristo, apoyados en su
doctrina amplia y sólida, volvamos al trabajo en este campo".
13. EN 69; LG 31; MR 14, a.
14. EN 39.
15. MR 59-60 ss.
16. AAS 1971 p. 928-932.
17. EN 39.
18. "El Papa quiere ser vuestra voz, la voz de aquellos que no pueden
hablar o de los que han sido obligados a callar, para ser conciencia de las
conciencias, invitación a la acción, para recuperar el tiempo perdido que, a
menudo, es tiempo de sufrimientos prolongados y de esperanzas
defraudadas". (Juan Pablo II a los "campesinos de América
Latina" 29 enero de 1979).
19. Sínodo 1971, ib. p. 933.
20. EN 69.
21. LG 46.
22. PC 1; LG 46.
23. ET 52.
24. MR 19; 23 f; 41.
25. EN 69. Doc. de Puebla, n.733-734: "La apertura pastoral de las obras
y la opción preferencial por los pobres es la tendencia más notable de la vida
religiosa latinoamericana. De hecho, cada vez más, los religiosos se encuentran
en zonas marginadas y difíciles... Esta opción no supone exclusión de nadie,
pero sí una preferencia y un acercamiento al pobre. Esto ha llevado a la
revisión de obras tradicionales para responder mejor a las exigencias de la
evangelización".
26. LG 9-12, 34-36; CD 33-35; EN 13, 58; AA 2, 6-10.
27. Cf. Documento de la S.Congregación para la Educación Católica sobre la
Escuela Católica (19 marzo 1977), n. 60-61: Participación de la comunidad
cristiana en el proyecto educativo de la Escuela Católica.
28. CD 36; MR 22-23.
29. PC 13; ET 20; cfr. GS 67-72 acerca de los componentes
humanos y cristianos del trabajo.
30. PO 8; OA 48. El
Documento del Sínodo de los Obispos que trata del sacerdocio ministerial (cfr.
AAS 1971, p.912-913), refiriéndose a PO 8, precisa que el ministerio
sacerdotal debe ser considerado como actividad ya de por si plenamente válida, e
incluso, a la luz de la fe, más excelente que las demás.
Por eso, ordinariamente el sacerdote le dedica todo su tiempo. Si, en
circunstancias particulares fuese necesario compaginar otra actividad con este
ministerio, el criterio de conveniencia debe buscarse en el servicio que puede
derivarse para la misión pastoral de la Iglesia. Y de ello es juez, sobre todo,
el Obispo con su Presbiterio y, en determinadas ocasiones, la Conferencia
Episcopal.
31. MR 10; LG 44.
32. Cfr. ET 20: "Vuestras actividades no pueden derogar la vocación de
vuestros Institutos, ni comportar habitualmente trabajos de tal índole que se
sustituyan a sus tareas específicas".
Cf. también Documento de la Sda. Congregación para la Educación Católica
sobre la Escuela Católica, n.74-76.
33. ET 20.
34. LG 44; PC 1; ET 3.
35. PC 15; ET 21,
39.
36. OA 48.
37. OA 4 y 50.
38. Cf. Documento Puebla, n.1162-1163 y 1244
(Discurso de Juan Pablo a los obreros).
39. LG 31-33; AA 7. 13; GS 67. 68.
72.
40. GS 42.
76; Sínodo 1971, AAS, p. 932; Documento Puebla n.558-559.
41. Cf. Discurso de Juan Pablo II a la reunión de
Superiores Generales del 24 noviembre de 1978, en el cual exhortaba a
"interpretar a la justa luz evangélica la opción por los más pobres y por
todas las víctimas del egoísmo humano, sin caer en radicalizaciones
socio-políticas... a aproximarse a la gente e insertarse en el Pueblo de Dios
sin poner en peligro su propia identidad religiosa ni ofuscar la originalidad
específica de su propia vocación"'. Cfr. también Documento de Puebla, n.
528.
42. MR 49-50.
43. MR 49-50.
44. EN 69; Documento de Puebla, n. 527 - 529.
45. Cfr. Sínodo 1971; AAS, p. 912-913. El criterio
dado para los sacerdotes, como ha sido ya expuesto a propósito de otras formas
de inserción en las estructuras seculares (n. 8), vale también para los
religiosos a causa de la conexión expresa de la vida religiosa con el
apostolado jerárquico (CD 34) y
de los lazos especiales que la vinculan a la responsabilidad pastoral de la
Iglesia (LG 45-46). En
Mutuae relationes (n. 5. 10. 36) se exponen más detalladamente las razones
teológicas y se indican las consecuencias practicas de obediencia eclesial y de
organización.
Cfr. también Documento de Puebla n. 769, donde se citan las palabras
del Papa: "Sois sacerdotes y religiosos; no sois dirigentes sociales,
líderes políticos o funcionarios de un poder temporal. Por eso os repito: no
nos hagamos la ilusión de servir al Evangelio si tratamos de diluir nuestro
carisma a través de un interés exagerado hacia el amplio campo de los problemas
temporales" (AAS, LXXI, p. 193).
46. Cf. PC 2.
47. GS 9.
48. Cfr. particularmente el Sínodo de 1971 y 1974; y la
exhortación apostólica Evangelii nuntiandi que tiene su complemento, en
su aspecto más directamente social y político, en la Octogesima adveniens.
49. Cfr. RH 14: "La Iglesia no puede abandonar al
hombre... El hombre en la plena verdad de su existencia, de su ser personal y
también de su ser comunitario y social. Este hombre es el primer camino que la
Iglesia debe recorrer para el cumplimiento de su misión".
50. GS 22; RH 8.
51. GS 63.
52. PC 2, d; MR
25-32.
53. Is 42, 1-7;
Is 61, 14; Lc 04, 17-19; Cfr. Documento
Puebla, n.1130: "La evangelización de los pobres fue para Jesús uno de
los signos mesiánicos, y será también para nosotros signo de autenticidad
evangélica".
54. Mc 01, 15.
55. Mt 05, 3-12;
Mt 5,20.43, 48.
56. LG. 44; PC l.
57. ib. 02, a.
58. LG 44.
59. MR 15. 26-28.
60. Juan Pablo II, Puebla, Discurso inaugural, III, 6; EN
9, 30-39, cfr. también en el mismo discurso inaugural I, 2-5, la referencia a
una sólida cristología y al único Evangelio, sin relecturas reductoras y
deformantes, como fundamento de nuestra capacidad de "servir al hombre, a
nuestros pueblos, de penetrar con el Evangelio su cultura, transformar los
corazones, humanizar sistemas y estructuras". Cfr. RH 4.
61. LG 31.
62. ib. 44
63. ib. 31.
64. MR 4.
65. Act. 20-28; MR 05, 9.
66. LG 44.
67. MR 4.
68. CD 34;
los principios teológicos y los criterios de aplicación son descritos
ampliamente en el documento Mutuae relationes.
69. CD 33,
34.
70. LG 31.
71. Motu Proprio Primo feliciter, AAS48, p. 285; PC 11.
72. LG 46.
73. LG 28; GS 43; MR 36.
74. GS 19,
32; cfr. Documento Puebla n. 211-219. 721: "La vida consagrada es
en si misma evangelizadora en orden a la comunión y participación".
75. LG 44.
76. PC 15;
cfr. Documento Puebla, n. 730-732.
77. GS 32.
78. OA 3.
79. "Frente a situaciones tan diversas - leemos en Octogesima
adveniens 4 - es difícil pronunciar una palabra única y proponer una
solución de valor universal. Compete a las comunidades cristianas analizar
objetivamente la situación de su país respectivo, aclararla a la luz de las
palabras inmutables del Evangelio, confrontarla con los principios de
reflexión, criterios de juicio y directrices de acción de la doctrina social de
la Iglesia. Corresponde a las comunidades cristianas investigar con la ayuda
del Espíritu Santo, en comunión con los Obispos responsables y en diálogo con
los demás hermanos cristianos y con todos los hombres de buena voluntad, las
opciones y los compromisos que convenga adoptar para realizar las
transformaciones sociales, políticas y económicas que se revelan urgentes y
necesarias en múltiples casos.
En esta búsqueda de los cambios que es necesario promover, los cristianos deberán,
ante todo, renovar su confianza en la fuerza y la originalidad de las
exigencias evangélicas". Ver Documento Puebla, n. 473.
80. ".. que los religiosos no solo acepten, sino que
busquen lealmente una indisoluble unidad de miras y de acción con los Obispos.
A estos... no les puede, no les debe faltar la colaboración, a la vez
responsable y activa, pero también dócil y confiada de los religiosos, cuyo
carisma hace de ellos agentes tanto más disponibles al servicio del
Evangelio" (Juan Pablo II, Discurso inaugural Puebla, II).
81. MR 19, 41.
82. ib. 5.
83. LG 10-12, 27;
PO 9; AA 2.
84. EN 69.
85. LG 45-46;
CD 33-35; cfr. discurso de Juan
Pablo a los Superiores Generales, 24 noviembre 1978).
86. MR 23, 7).
87. LG c.VI; PC 2; MR.
11-12.
88. GS 1-10; ET 52.
89. PC 14, ET 25.
90. GS 11.
91. MR 23, f).
92. Discurso a los Superiores Generales, 24 nov.
1978.
93. Discurso a la UISG, 16 noviembre 1978.
94. PC 18.
95. ET 13-29; cfr. Documento de Puebla, n.
476: "Nuestra conducta social es parte integrante de nuestro seguimiento
de Cristo".
96. PC 3,
15.
97. ib. 02, c).
98. "Con respecto a esta enseñanza, la Iglesia tiene
una misión que cumplir: debe predicar, educar a las personas y a las
colectividades, formar la opinión pública, orientar a los responsables de los
pueblos... Bebed, pues, en estas fuentes auténticas.. Hablad el lenguaje... de
la experiencia, del dolor, de la esperanza de la humanidad contemporánea".
(Juan Pablo II, Puebla, Discurso inaugural, III, 4).
99. ET 18.
100. El documento sobre la justicia en el mundo (Sínodo 1971,
AAS, pp. 935-937), junto con una síntesis de las principales
intervenciones doctrinales de la Iglesia, ofrece también indicaciones sobre el
empeño de una "educación para la justicia.
Dice aún Juan Pablo II (Documento Puebla disc. inaugural III, 7):
"Permitidme, pues, que recomiende... la urgencia de sensibilizar a
vuestros fieles acerca de esta doctrina social de la Iglesia. Hay que poner
particular cuidado en la formación de una conciencia social a todos los niveles
y en todos los sectores. Cuando las injusticias arrecian y crece dolorosamente
la distancia entre pobres y ricos, la doctrina social, en forma creativa y
abierta a los amplios campos de la presencia de la Iglesia, debe ser un preciso
instrumento de formación y de acción."
101. EN 69.
102. AG 18,
25-27.
ABREVIATURAS
AA Apostolicam actuositatem
AG Ad gentes
CD Christus dominus
DV Dei verbum
EN Evangelii nuntiandi
ES Ecclesiae sanctae
ET Evangelica testificatio
GS Gaudium et spes
LG Lumen gentium
MR Mutuae relationes
OA Octogesima adveniens
OT Optatam totius
PC Perfectae caritatis
PO Presbyterorum ordinis
PP Populorum progressio
RH Redemptor hominis
SC Sacrosanctum concilium
VS Venite seorsum