CONGREGACIÓN
PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA
CONSAGRADA
Y LAS SOCIEDADES DE VIDA
APOSTÓLICA
"ORIENTACIONES SOBRE LA
FORMACIÓN
EN LOS INSTITUTOS RELIGIOSOS"
La Congregación para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades
de vida apostólica, que publica el presente documento, le atribuye el carácter
de Instrucción según el c. 34 del Código de Derecho Canónico. Se trata de disposiciones
y orientaciones aprobadas por el Santo Padre y propuestas por el Dicasterio con
objeto de explicitar las normas del Derecho y de promover su aplicación. Por
tanto, estas disposiciones y orientaciones suponen las prescripciones jurídicas
ya en vigor en virtud del Derecho, refiriéndose a ellas cuando se da el caso,
sin derogarlas en modo alguno.
INTRODUCCIÓN
Finalidad de la formación de los religiosos
1. La renovación adecuada de los institutos religiosos
depende principalmente de la formación de sus miembros. La vida religiosa reúne
discípulos de Cristo a los que es conveniente ayudar a acoger " este don
divino que la Iglesia ha recibido de su Señor y que con su gracia conserva
siempre ".1Por eso las mejores formas de adaptación
sólo darán su fruto si están animadas por una profunda renovación espiritual.
La formación de los candidatos, que tiene por fin inmediato iniciarles en la
vida religiosa y hacerles tomar conciencia de su especificidad en la Iglesia,
tendrá sobre todo, mediante la armoniosa fusión de sus elementos espiritual,
apostólico, doctrinal y práctico, a ayudar a religiosas y religiosos a realizar
su unidad de vida en Cristo por el Espíritu.2
Una preocupación constante
2. Con notable anterioridad al Concilio Vaticano II, la
Iglesia se había preocupado de la formación de los religiosos.3
El Concilio, a su vez, ha dado principios doctrinales y normas generales en el
capítulo VI de la Constitución dogmática Lumen gentium y en el Decreto Perfectae caritatis. El Papa
Pablo VI, por su parte, ha recordado a los religiosos que, cualquiera que sea
la diversidad de formas de vida y de carismas, todos los elementos de la vida
religiosa deben siempre estar ordenados a la construcción del "hombre
interior".4 Nuestro Santo Padre Juan Pablo
II, desde el comienzo de su pontificado, ha tratado con frecuencia sobre la
formación de los religiosos en los numerosos discursos que ha pronunciado.5 El Código de derecho canónico, en fin, se ha dedicado a
traducir en normas más concretas las exigencias requeridas para una renovación
adaptada de la formación.6
La acción post-conciliar de la
congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida
apostólica
3. La Congregación desde 1969, amplió en la Instrucción Renovationis
Causam ciertas disposiciones canónicas entonces en vigor para " mejor
adaptar el conjunto de las etapas de la formación a la mentalidad de las nuevas
generaciones, a las condiciones de la vida moderna, así como a las exigencias
actuales del apostolado, aunque permaneciendo fiel a la naturaleza y a la
finalidad particular de cada instituto ".7
Otros documentos publicados posteriormente por el Dicasterio, aunque no
traten directamente sobre la formación de los religiosos, tienen no obstante relación
con ella bajo uno u otro aspecto. Estos son Mutuae relationes en 1978, 8 "Religiosos y Promoción humana" y
"Dimensión contemplativa de la vida religiosa" en 1980, 9 "Elementos esenciales del Magisterio de la Iglesia
sobre la vida religiosa" en 1983.10 Será
útil recurrir a estos documentos para que la formación de los religiosos se
realice en plena armonía con las orientaciones pastorales de la Iglesia
universal y de las Iglesias particulares y para favorecer la integración entre
"interioridad y actividad" de las religiosas y religiosos dedicados
al apostolado.11 Así la actividad "por el
Señor" no dejará de conducirlos al Señor "fuente de toda
actividad".12
La razón de ser de este documento y sus destinatarios
4. La Congregación para los Institutos de vida consagrada y
las Sociedades de vida apostólica estima con todo útil y aun necesario el proponer
a los superiores mayores de los institutos religiosos y a sus hermanos y
hermanas encargados de la formación, incluidos monjas y monjes, el presente
documento, tanto más que muchos de ellos lo habían pedido. Lo hace en fuerza de
la misión que tiene de dar a los institutos orientaciones que podrán ayudarles
a elaborar sus propias directivas de formación (ratio), como prescribe
el derecho universal de la Iglesia.13 Por otra
parte, religiosas y religiosos tienen derecho a conocer cuál es la mente de la
Santa Sede acerca de los problemas actuales de la formación y las soluciones
que tal vez sugiera para resolverlos. EL documento se inspira en numerosas
experiencias ya realizadas después del Concilio Vaticano II y se hace eco de cuestiones
muchas veces planteadas por los superiores mayores. Recuerda a todos algunas
exigencias del derecho en función de las circunstancias y necesidades actuales.
En fin, espera hacer un servicio, sobre todo a los institutos recién fundados y
a aquellos que disponen por el momento de escasos medios de formación y de
información.
5. El documento no se dirige más que a los institutos
religiosos. Se centra en lo que es más específico de la vida religiosa y no
dedica más que un capítulo a los requisitos para acceder a los ministerios
diaconal y presbiteral. Estos últimos han sido objeto de instrucciones
exhaustivas por parte del competente Dicasterio, las cuales se aplican también
a los religiosos candidatos a dichos ministerios.14
Pretende dar orientaciones válidas para la vida religiosa en su conjunto;
corresponderá a cada instituto utilizarlas según su carácter propio.
El contenido del documento es igualmente válido para uno y otro sexo, salvo
si se deduce lo contrario del contexto o de la naturaleza de las cosas.15
1. LG 43.
2. Cf PC 18,
tercer aparte.
3. Por orden cronológico: SC de Religiosis, Decreto Quo
efficacius, 24.1.1944: AAS 36 (1944) 213; Litt. circ. Quantum conferat, 10.6.44:
Enchiridion de statibus perfectionis, Romae, 1949, n. 382, pp. 561-564;
Const Apostól. Sedes Sapientiae, 31.5.1956: AAS 48 (1956) 354-365, y
Estatutos generales anexos a la Constitución.
4. ET 32; cf 2Co 4,16; Rm 7,22;
Ef 04, 24; EV 996ss.
5. Juan Pablo II en Porto Alegre, 05 de julio de 1980: IDGP,
III, 02, 128; Juan Pablo II en Bergamo, 26 de abril de 1981: Idem IV, 01, 1035;
Juan Pablo II en Manila, 17 de febrero de 1981: IDGP IV, 01, 329; Juan Pablo II
a los Jesuítas en Roma el 27 de febrero de 1982: IDGP V, 01, 704; Juan Pablo II
a los maestros de novicios de los Capuchinos en Roma el 28 de septiembre de
1984: IDGP VII 02, 689; Juan Pablo II en Lima, 1° de febrero de 1985: IDGP VIII,
1, 339, Juan Pablo II en la UISG en Roma el 7 de mayo de 1985: ibid. 1212; Juan
Pablo II en Bombay el 10 de febrero de 1986: IDGP, IX, l. 420; Juan Pablo II en
la UISG el 22 de mayo de 1986: Idem, 1656; Juan Pablo II a la Conferencia de
Religiosos del Brasil, 11 de julio de 1986: IDGP IX, 02, 237.
6. Cf. CDC, cc.
641-661.
7.
RC, Introducción: AAS 61 (1969) 103ss.
8.
CRIS y Congregación de los Obispos: AAS 70 (1978) 473ss.
9. CRIS, EV 07, 414 ss.
10. CRIS, EV 09, 181.
11. DCVR 4.
12.
Juan Pablo II a la CRIS el 7 de mayo de 1980: IDGP III, 01, 527.
13.
Cf. c. 659, 02 y 3.
14. RI I, 2: AAS 62 (1970) 321ss.
15.
Cf. c. 606.
Capítulo Primero
CONSAGRACIÓN RELIGIOSA Y FORMACIÓN
Identidad Religiosa y Formación
6. El fin primordial de la formación es permitir que los candidatos a la
vida religiosa y los jóvenes profesos descubran en primer lugar, asimilen y
profundicen después, en qué consiste la identidad del religioso. Solamente en
estas condiciones, la persona consagrada a Dios se insertará en el mundo como
un testimonio significativo, eficaz y fiel.1 Es conveniente
pues recordar, desde el comienzo de un documento sobre la formación, lo que
significa para la Iglesia la gracia de la consagración religiosa.
La Vida Religiosa y Consagrada según el Derecho de la Iglesia
7. " En cuanto consagración de toda la persona, la vida religiosa
manifiesta en la Iglesia la admirable unión esponsal establecida por Dios,
signo de la vida futura. Así el religioso cumple su plena donación como un
sacrificio ofrecido a Dios, por el cual toda su existencia se convierte en un culto
permanente ofrecido a Dios en la caridad ".
" La vida consagrada por la profesión de los consejos evangélicos
"_de la cual la vida religiosa es una modalidad_" es una forma
estable de vivir en la cual los fieles, siguiendo más de cerca a Cristo, bajo la
acción del Espíritu Santo, se dedican totalmente a Dios como a su amor supremo,
para que dedicados por un nuevo y peculiar título a la gloria de Dios, a la
edificación de la Iglesia y a la salvación del mundo, consigan la perfección de
la caridad en el servicio del Reino de Dios y, convertidos en signo preclaro en
la Iglesia, preanuncien la gloria celestial "2.
" Abrazan libremente esta forma de vida, en institutos de vida
consagrada canónicamente erigidos por la competente autoridad de la Iglesia,
aquellos fieles mediante los votos u otros vínculos sagrados según las leyes
propias de los institutos, profesan los consejos evangélicos de castidad,
pobreza y obediencia y, por la caridad a la que éstos conducen, se unen de
manera especial a la Iglesia y su misterio ".3
Una Vocación Divina para una Misión de Salvación
8. En la base de toda consagración religiosa, hay un
llamamiento de Dios, sólo se explica por el amor que El tiene a la persona
llamada. Este amor es absolutamente gratuito, personal y único. Abarca toda la
persona hasta tal punto que esta ya no se pertenece, sino que pertenece a
Cristo.4 Reviste también el carácter de una
alianza. La mirada que Jesús dirigió al joven rico expresa este carácter:
" poniendo en él los ojos le amó " (Mc 10, 21). El don del Espíritu lo
significa y lo expresa. Ese don compromete a toda la persona a quien Dios llama
al seguimiento de Cristo por la práctica de los consejos evangélicos de
castidad, de pobreza y de obediencia. Es " un don divino que la Iglesia ha
recibido de su Señor y que, con su gracia, conserva fielmente ".5 Y por esto " la norma última de la vida religiosa
" es "el seguimiento de Cristo tal como se propone en el Evangelio
".6
Una Respuesta Personal
9. La llamada de Cristo, que es la expresión de un amor
redentor, " abarca a toda la persona, espíritu y cuerpo, sea hombre o
mujer, en su único e irrepetible 'yo' personal ".7
" En el corazón del llamado asume la forma concreta de la profesión de los
consejos evangélicos ".8 De esta forma, aquellos
a quienes Dios llama, dan a Cristo Redentor una respuesta de amor; un amor que
se entrega totalmente y sin reserva y que se concreta en ofrenda de todo el ser
" como hostia viva, santa y agradable a Dios " (Rm 12,1).
Únicamente este amor de carácter nupcial y que implica toda la afectividad de
la persona, permitirá motivar y sostener las renuncias y las cruces que
necesariamente encuentra quien quiere "perder su vida" por Cristo y
por el Evangelio (cf. Mc 08, 35).9 Esta respuesta personal es parte integrante de la
consagración religiosa.
La Profesión Religiosa: un Acto de la Iglesia que Consagra e Incorpora
10. Según la doctrina de la Iglesia, " por la profesión religiosa, los
miembros se comprometen con voto público a observar los tres consejos
evangélicos, son consagrados a Dios por el ministerio de la Iglesia y son
incorporados al instituto con los derechos y deberes definidos por el derecho
".10 En el acto de la profesión religiosa,
que es un acto de Iglesia mediante la autoridad de aquel o aquella que recibe
los votos, convergen la acción de Dios y la iniciativa de la persona.11 Este acto incorpora a la persona a un instituto. En
ese instituto, los miembros hacen vida fraterna en común 12
y el instituto les asegura " el apoyo de una mayor estabilidad en su
género de vida, una doctrina experimentada para conseguir la perfección, una
comunión fraterna al servicio de Cristo y una libertad robustecida por la
obediencia, de tal manera que puedan cumplir con seguridad y guardar fielmente
su profesión religiosa, avanzando con alegría espiritual por la senda de la
caridad ".13
La pertenencia de los religiosos y religiosas a un instituto, los lleva a
dar a Cristo y a la Iglesia un testimonio público de apartamiento "del
espíritu del mundo " (1Co 2,12) y de los comportamientos que le
son propios, al mismo tiempo que de su presencia en el mundo según la "
sabiduría de Dios " (1Co 2,7).
La Vida según los Consejos Evangélicos
11. " La profesión religiosa pone en el corazón de cada uno y de cada
una (. . .) el amor del Padre, aquel amor que existe en el Corazón de
Jesucristo, el Redentor del mundo. Es un amor que abarca al mundo y a todo lo
que en él viene del Padre y que al mismo tiempo busca vencer todo lo que en el
mundo, no procede del Padre".14 "Tal
amor debe brotar (...) de la fuente misma de aquella particular consagración
que basada en el sacramento del santo bautismo es el comienzo de (la) vida
nueva (del religioso) en Cristo y en la Iglesia, el comienzo de la nueva
creación ".15
12. La fe, la esperanza y la caridad impulsan a los religiosos y religiosas
a empeñarse por medio de los votos a practicar y profesar los tres consejos
evangélicos y a dar así testimonio de la actualidad y del valor de las
Bienaventuranzas para este mundo.16
Los consejos son como el eje conductor de la vida religiosa, ya que ellos
expresan de manera completa y significativa el radicalismo evangélico que la
caracteriza. En efecto, " por la profesión de los consejos evangélicos
hecha en la Iglesia (el religioso) pretende liberarse de las rémoras que
podrían retenerlo en su búsqueda de una caridad ferviente, de la perfección del
culto divino y es consagrado más íntimamente al servicio de Dios.17
Los consejos evangélicos afectan a la persona humana en las tres dimensiones
esenciales de su existencia y de sus relaciones: el amar, el poseer y el poder.
Este enraizamiento antropológico explica que la tradición espiritual de la
Iglesia los haya relacionado con frecuencia, con las tres concupiscencias evocadas
por San Juan.18 Su práctica bien llevada favorece
el desarrollo de la persona, la libertad espiritual, la purificación del
corazón, el fervor de la caridad y ayuda al religioso a cooperar en la
construcción de la ciudad terrena.19
Los consejos evangélicos vividos tan auténticamente como sea posible tienen
un gran significado para todos los hombres 20 ya
que cada voto da una respuesta específica a las grandes tentaciones de nuestro
tiempo. Mediante ellos la Iglesia continúa mostrando al mundo los caminos de su
transfiguración en el Reino de Dios.
Por ello, es importante que se ponga un cuidado esmerado en iniciar a los
candidatos a la vida religiosa teórica y prácticamente en las exigencias
concretas de los tres votos.
La Castidad
13. " El consejo evangélico de castidad, asumido por el Reino de los
cielos, que es signo del mundo futuro y fuente de una fecundidad más abundante
en un corazón no dividido, lleva consigo la obligación de observar perfecta
continencia en el celibato ".21Su práctica
supone que la persona consagrada por los votos de religión coloca en el centro
de su vida afectiva una relación " más inmediata " (ET 13) con Dios
por Jesucristo en el Espíritu.
" Como la observancia de la continencia perfecta afecta íntimamente
inclinaciones particularmente profundas de la naturaleza humana, los candidatos
a la profesión de la castidad no deben abrazarla ni deben ser admitidos sino
después de una probación verdaderamente suficiente y si tienen la debida
madurez psicológica y afectiva. No habrá que contentarse con prevenirles
solamente de los peligros que acechan a la castidad, sino que han de ser
formados de manera que asuman el celibato consagrado a Dios incluso para bien
de toda la persona. "22
Una tendencia instintiva de la persona humana la lleva a absolutizar el amor
humano. Tendencia caracterizada por el egoísmo afectivo que se afirma por la
dominación de la persona amada, como si de esta posesión pudiera brotar la
felicidad. Por otra parte, al hombre le cuesta mucho comprender y sobre todo
hacer realidad, que el amor puede ser vivido en la donación total de sí mismo,
sin exigir necesariamente la expresión sexual. La educación de la castidad se
orientará pues a ayudar a cada una y cada uno a controlar y dominar sus
impulsos sexuales, aunque prestando atención al mismo tiempo a no caer en un
egoísmo afectivo orgullosamente satisfecho de su fidelidad en la pureza. No es
casual el que los antiguos Padres dieran a la humildad prioridad sobre la
castidad, por la posibilidad que existe, como lo prueba la experiencia, de que
se den juntas la castidad y la dureza de corazón.
La castidad libera de una manera especial el corazón del hombre (1Co 7,32-35) para que arda de amor de Dios y de todos los hombres. Una de las
mayores contribuciones que el religioso puede aportar a los hombres de hoy, es
ciertamente la de manifestarles más por su vida que por sus palabras, la
posibilidad de una verdadera dedicación y apertura a los otros, compartiendo
sus alegrías, y siendo fiel y constante en el amor, sin actitudes de dominio ni
de exclusivismo.
En consecuencia, la pedagogía de la castidad consagrada procurará:
- conservar la alegría y la acción de gracias por el amor personal con el
que cada uno ha sido mirado y elegido por Cristo;
- fomentar la frecuente recepción del sacramento de la reconciliación, el
recurso a una dirección espiritual regular y el compartir un verdadero amor
fraterno en comunidad, concretizado en relaciones francas y cordiales;
- hacer conocer el valor del cuerpo su significación, educar para una
elemental higiene corporal (sueño, deporte, esparcimientos, alimentación,
etc.);
- ofrecer las nociones fundamentales sobre la sexualidad masculina y
femenina, con sus connotaciones (físicas, psicológicas y espirituales;
- ayudar a controlarse en el plano sexual y afectivo, y también en lo que se
refiere a otras necesidades instintivas o adquiridas (golosinas, tabaco,
alcohol);
- ayudar a cada uno a asumir sus experiencias pasadas, sean positivas para
agradecerlas, sean negativas para descubrir los puntos débiles, humillarse
serenamente delante de Dios y permanecer vigilante en el futuro;
- destacar la fecundidad de la castidad, la maternidad espiritual (Ga 4,19) que es generadora de vida para la Iglesia;
- crear un clima de confianza entre los religiosos y sus educadores que
deben estar prontos a comprender todo y a escuchar con afecto a fin de poder
clarificar y sostener;
- comportarse con la prudencia necesaria en el uso de los medios de
comunicación social y en las relaciones personales que pudieran impedir una
práctica coherente del consejo de castidad (cf. cc. 277, 02 y 666). Es una
obligación no solamente de los religiosos, sino también de sus superiores, el
ejercitar esta prudencia.
La Pobreza
14. " El consejo evangélico de pobreza a imitación de Cristo que siendo
rico se hizo pobre por nosotros, además de una vida pobre de hecho y de
espíritu, laboriosa y sobria, desprendida de las riquezas terrenas, lleva
consigo la dependencia y la limitación en el uso y disposición de los bienes
conforme a la norma del derecho propio de cada instituto ".23
La sensibilidad hacia la pobreza no es nueva, ni en la Iglesia, ni en la
vida religiosa. Lo que quizás es nuevo es una vida religiosa que se caracteriza
hoy por una particular sensibilidad hacia los pobres y hacia la pobreza en el
mundo. Hoy existen formas de pobreza a grande escala vividas por individuos o
soportadas por sociedades enteras: el hambre, la ignorancia, la enfermedad, el
desempleo, la represión de las libertades fundamentales, la dependencia
económica y política, la corrupción administrativa, sobre todo el hecho de que
la sociedad humana parece organizada de tal forma que produce y reproduce estas
formas de pobreza, etc.
En estas condiciones los religiosos son estimulados a un mayor acercamiento
a los más empobrecidos y necesitas, a quienes el mismo Jesús ha preferido
siempre, a los cuales dijo haber sido enviado, 24
y con quienes se ha identificado.25 Este
acercamiento los lleva a adoptar un estilo de vida personal y comunitaria más
coherente con su compromiso de seguir más de cerca a Jesucristo pobre y
humillado.
Esta " opción preferencial "26 y
evangélica de los religiosos por los pobres implica desprendimiento interior,
una austeridad de vida comunitaria y el compartir a veces su propia vida, sus
luchas, sin olvidar sin embargo que la misión específica de los religiosos es
la de " testimoniar de modo esplendente y eminente que el mundo no puede
ser transformado y ofrecido a Dios sin el espíritu de las Bienaventuranzas
".27
Dios ama a toda la familia humana y quiere reunirla toda sin exclusivismos.28 Para los religiosos y religiosas, es también una
forma de pobreza no dejarse ceñir a un solo ambiente o una clase social.
El estudio de la doctrina social de la Iglesia, y particularmente de la
Encíclica Sollicitudo rei
socialis y de la " Instrucción sobre la libertad cristiana y la
liberación ", 29 ayudará al discernimiento
requerido para una práctica actualizada de la pobreza apostólica.
La educación para la vivencia de la pobreza evangélica se preocupará de los
siguientes aspectos:
- antes de entrar en la vida religiosa, algunos jóvenes han gozado de cierta
autonomía financiera y se han acostumbrado a procurarse todo lo que deseaban.
Otros encuentran en la comunidad religiosa un nivel de vida más alto que el de
su infancia o de sus años de estudio o de trabajo. La pedagogía de la pobreza
tendrá en cuenta la historia de cada uno. Tampoco olvidará que en ciertas
culturas las familias esperan poder aprovecharse de aquello que aparece como
una promoción para sus hijos;
- es propio de la virtud de la pobreza empeñarse en una vida laboriosa, en
actos concretos y humildes de desprendimiento, de despojo, que hacen a la
persona más libre para la misión; admirar y respetar la creación y los objetos
materiales puestos a disposición, compartir el nivel de vida de la comunidad y
desear lealmente que " todo sea común " y " que se de a cada uno
según sus necesidades " (Act 04, 32.35).
Todo esto con el fin de centrar su vida en Jesucristo pobre, contemplado,
amado y seguido. Sin esto, la pobreza religiosa bajo la forma de solidaridad y
de participación, se vuelve fácilmente ideológica y política. Solamente un
corazón de pobre, que sigue a Jesucristo pobre, puede ser la fuente de una
auténtica solidaridad y de un auténtico desprendimiento.
La Obediencia
15. " El consejo evangélico de la obediencia, abrazado con espíritu de
fe y de amor en el seguimiento de Cristo, obediente hasta la muerte, obliga a
someter la propia voluntad a los superiores legítimos, que hacen las veces de
Dios, cuando mandan algo según las constituciones propias ".30
Además todos los religiosos " están sometidos de modo peculiar a la
autoridad suprema de la Iglesia (...) (y) deben obedecer al Soberano Pontífice
como su supremo superior, incluso en virtud del vínculo sagrado de
obediencia".31
" Lejos de menoscabar la dignidad de la persona humana (la obediencia)
lleva a la madurez, haciendo crecer la libertad de los hijos de Dios ".32
La obediencia religiosa es al mismo tiempo imitación de Cristo y
participación en su misión. Ella se preocupa de hacer lo que Jesús hizo y, al
mismo tiempo, lo que él haría en la situación concreta en la que el religioso
se encuentra hoy. En un instituto, se ejerza o no la autoridad, una persona no
puede mandar ni obedecer, sin referirse a la misión. Cuando el religioso
obedece, pone su obediencia en línea de continuidad con la obediencia de Jesús
para la salvación del mundo. Por esto, todo lo que en el ejercicio de la
autoridad o de la obediencia, sabe a compromiso, a solución diplomática o a
presión, o a cualquier tipo de manejo humano, traiciona la inspiración
fundamental de la obediencia religiosa que es la de conformarse con la misión
de Jesús y actualizarla en el tiempo, incluso cuando se trate de un compromiso
difícil.
Un superior que favorece el diálogo, educa para una obediencia responsable y
activa. Con todo, le corresponde a él " usar de (su) autoridad cuando es preciso
decidir y mandar lo que se debe hacer ".33
En la pedagogía de la obediencia se tendrá en cuenta:
- que para darse en obediencia, es preciso ante todo existir. Los candidatos
necesitan salir del anonimato del mundo de la técnica y reconocerse y ser
reconocidos como personas, ser estimados y amados;
- que estos mismos candidatos tienen necesidad de encontrar la verdadera
libertad, con el fin de poder dar personalmente el paso de aquello " que
les gusta " a aquello " que es la voluntad del Padre ". Para
esto las estructuras de la comunidad de formación, aun manteniéndose
suficientemente claras y firmes, dejarán lugar amplio a las iniciativas y a las
decisiones responsables;
- que la voluntad de Dios se expresa frecuente y eminentemente a través de
la mediación de la Iglesia y de su Magisterio, y específicamente para los
religiosos a través de sus propias constituciones;
- que en cuestión de obediencia, el testimonio de los mayores en la
comunidad, tiene más peso para los jóvenes que cualquier otra consideración
teórica.
Sin embargo, el joven que se esfuerza por obedecer como Cristo y en Cristo,
puede superar ejemplos menos edificantes.
La educación para la obediencia religiosa se hará pues con toda la lucidez y
exactitud requerida para no desviarse del " camino " que es Cristo en
misión.34
Los institutos religiosos una diversidad de dones que se debe cultivar
y mantener
16. La variedad de los institutos religiosos es como "
un árbol que se ramifica espléndido y múltiple en el campo del Señor partiendo
de una semilla puesta por Dios ".35 Por
ellos " la Iglesia muestra de hecho mejor cada día ante fieles infieles a
Cristo ya sea entregado a la contemplación en el monte, ya anunciando el Reino
de Dios a las multitudes, o curando a los enfermos y pacientes y convirtiendo a
los pecadores al buen camino, o bendiciendo a los niños y haciendo bien a
todos, siempre, sin embargo, obediente a la voluntad del Padre que lo envió.36
Esta diversidad se explica por la variedad del "carisma de los
fundadores "37 que " se manifiesta
como una experiencia del Espíritu, transmitida a sus discípulos para ser vivida
por ellos, guardada, profundizada, desarrollada continuamente en coherencia con
el Cuerpo de Cristo en perpetuo desarrollo. Es esta la razón por la cual la
Iglesia defiende y sostiene el carácter propio de los diversos institutos
religiosos ".38
No hay pues un modo uniforme de observar los consejos evangélicos, sino que
cada instituto debe definir su propia manera " teniendo en cuenta sus
fines y carácter propios "39 y esto no
solamente en lo que se refiere a la observancia de los consejos evangélicos
sino también en todo lo relacionado con el estilo de vida de sus miembros con
el fin de tender a la perfección de su estado.40
Una vida unificada en el espíritu santo
17. " Los que profesan los consejos evangélicos
busquen y amen ante todo a Dios que nos amó primero (1Jn 04, 10) y en toda ocasión aplíquense
a mantener la vida escondida con Cristo en Dios (cf. Col 03, 3) de donde fluye y se urge
el amor al prójimo para la salvación del mundo y la edificación de la Iglesia
".41 Esta caridad que vivifica y ordena aun
la misma práctica de los consejos evangélicos, está infundida en los corazones
por el Espíritu de Dios, que es Espíritu le unidad, de armonía y de
reconciliación, no sólo entre las personas, sino también en el interior de las
mismas.
He aquí por qué la vida personal de un religioso o de una religiosa, no
debería experimentar división ni entre el fin genérico de su vida religiosa y
el fin específico de su instituto, ni entre la consagración a Dios y el envío
al mundo, ni entre la vida religiosa en cuanto tal, por una parte, y las
actividades apostólicas, por otra. No existe concretamente una vida religiosa
" en sí " a la que se incorpora, como un añadido subsidiario, el fin
específico y el carisma particular de cada instituto. No existe en los
institutos dedicados al apostolado, un camino de santidad ni de profesión de
los consejos evangélicos, ni de vida dedicada a Dios y a su servicio, que no
estén intrinsecamente ligados al servicio de la Iglesia y del mundo.42Más aún, " la acción apostólica y benéfica
pertenecen a la naturaleza de la vida religiosa " hasta el punto que
" toda vida religiosa (...) debe estar imbuída de espíritu apostólico y
toda acción apostólica debe estar informada por el espíritu religioso ".43 El servicio al prójimo no divide ni separa al
religioso de Dios. Si está animado por una caridad auténticamente teologal,
este servicio cobra valor de servicio a Dios.44
Y se puede también afirmar con razón que " el apostolado de todos los
religiosos consiste, en primer lugar, en el testimonio de su vida consagrada
".45
18. Corresponderá a cada persona verificar de qué manera en
su propia vida, la actividad deriva de su unión íntima con Dios y,
simultáneamente, estrecha y fortifica esta unión.46
Desde este punto de vista, la obediencia a la voluntad de Dios, manifestada
aquí y ahora en la misión recibida, es el medio inmediato por el cual puede
realizarse una cierta unidad de vida, pacientemente buscada, pero jamás
suficientemente lograda. Esta obediencia no se explica sino por la voluntad de
seguir a Cristo más de cerca, vivificada y estimulada por un amor personal a
Cristo. Este amor es principio de unidad interior de toda vida consagrada.
La verificación de la unidad de vida se hará oportunamente en función de
cuatro grandes fidelidades: fidelidad a Cristo y al Evangelio, fidelidad a la
Iglesia y a su misión en el mundo, fidelidad a la vida religiosa y al carisma
propio del instituto, fidelidad al hombre y a nuestro tiempo.47
1. Cf. Juan Pablo II en la UISG el 7 de mayo de 1985. Ver
nota 05, Introducción.
2. CC. 605 y 573, 1; cf. también LG 44 y PC 1, 05 y 6.
3. C. 573, 2.
4. Cf. 1Co 6,19.
5. LG 43.
6. PC 2a.
Sobre la vocación divina, cf. también LG 39. 43b. 44a. 47; PC 1c; RC
preámbulo, 2d: OPR I, 57.62.67.85.140.142; II 65. 72; Apéndice; OCV 17. 20; ET
3. 6. 8. 12. 19. 31. 55; MR 8a; cc. 574, 2. 575; EE 2. 5. 6. 7. 12. 14.
23. 44. 53; RD 3c. 6b. 7d. 10c. 16a.
7. RD 3
8. RD 8
9. Sobre la respuesta personal, cf. también LG 44a. 46b. 47; PC 1c; RC
2a, c; 13, 1; OPR I, 7. 80; ET 1. 4. 7. 8. 31; can. 573, 1; EE
4. 5. 30. 44. 49; RD 7a. 8b. 9b.
10. C. 654.
11. Cf. EE 13-17.
12. C.607, 2.
13. LG 43a.
Sobre el rninisterio de la Iglesia en la consagración religiosa, cf. también LG 44a; 45c; PC 1b, c; 5b; 11a, OPR, apéndice,
Misa de la profesión perpétua, I; Ritus promissionis 5; OCV 16; ET 7;
47; MR 8; can. 573, 2. 576. 598.
600-602; EE 7. 8. 11. 13. 40. 42; RD 7a, b. 14c.
14. RD 9: AAS 76 (1984) 513 ss.
15. RD 8: ibid.
16. LG 31.
17. LG 44.
18. Cf. 1Jn 02, 15-17.
19. Cf. LG 46.
20. Cf. LG 39. 42.
43.
21. C. 599.
22. PC 12.
23. C. 600.
24. Cf. Lc 04, 16-21.
25. Cf. Lc 07, 18-23.
26. Documento de Puebla, n. 733-735.
27. Sollicitudo rei socialis 41; cf. también LG 31.
28. Cf. GS 32.
29. Congregación para la Doctrina de la fe, 22-3-1986.
30. C. 601.
31. C. 590, 01 y 2.
32. PC 14.
33. PC 14.
34. Cf. Jn 14, 16.
35. LG 43.
36. LG 46.
37. ET 11; cf. nota 4 introducción.
38. MR 11; cf. nota 8 introducción.
39. C. 598, I.
40. Cf. c. 598, 2.
41. PC 6.
42. Cf. PC 5.
43. PC 8.
44. St. Tomás, Suma Teológica, II-IIae, q. 188, a. 1
y 2.
45. C. 673.
46. Cf. PC 8.
47. Cf. RPH 13 al 21; cf. nota 9 introducción.
Capítulo Segundo
ASPECTOS COMUNES A TODAS LAS
ETAPAS DE LA FORMACIÓN EN LA VIDA RELIGIOSA
A) Agentes y ámbitos de formación
El espíritu de Dios
19. Es Dios mismo quien llama a la vida consagrada en el seno de la Iglesia.
Es El quien, a lo largo de toda la vida del religioso, conserva la iniciativa:
" Fiel es el que os llama: y es El quien lo hará ".1
Del mismo modo que Jesús no se contentó con llamar a sus discípulos, sino que
los educó pacientemente durante la vida pública, así después de su
resurrección, continuó por medio de su Espíritu " conduciéndoles a la
verdad completa ".2 Este Espíritu, cuya
acción es de un orden diferente que los datos de la sicología o la historia
visible, pero que obra también a través de ellos, actúa en lo más secreto del
corazón de cada uno de nosotros para manifestarse después en frutos patentes: El
es el Espíritu de Verdad que " enseña ", " llama ", "
guía ".3 El es " la unción " que
" hace gustar ", apreciar, juzgar, optar.4
El es el abogado consolador que " viene en ayuda de nuestra debilidad
", sostiene y da el espíritu filial.5 Esta
presencia discreta pero decisiva del Espíritu de Dios exige dos actitudes
fundamentales: la humildad que se abandona a la sabiduría de Dios, la ciencia y
la práctica del discernimiento espiritual. Es importante, en efecto, poder
reconocer la presencia del Espíritu en todos los aspectos de la vida y de la
historia y a través de las mediaciones humanas. Entre estas últimas, es
necesario subrayar la apertura a un guía espiritual, suscitada por el deseo de
ver claro en sí mismo y por la disponibilidad a dejarse aconsejar y orientar a
fin de discernir correctamente la voluntad de Dios.
La virgen maría
20. La Virgen María, Madre de Dios y Madre de todos los miembros del Pueblo
de Dios siempre ha estado asociada a la obra del Espíritu. Por El concibió en
su seno al Verbo de Dios y le esperó con los apóstoles, perseverando en la
oración (cf. LG 52 y
59), después de la Ascensión del Señor. Por eso, desde el principio hasta el
fin de un itinerario de formación, las religiosas y los religiosos encuentran
la presencia de la Virgen María.
" Entre todas las personas consagradas sin reserva a Dios, ella es la
primera. Ella, la Virgen de Nazareth, es también la más plenamente consagrada a
Dios, consagrada del modo más perfecto. Su amor esponsal alcanza su ápice en la
maternidad divina por obra del Espíritu Santo. Madre, ella lleva en sus brazos
a Cristo, y al mismo tiempo responde del modo más perfecto a su llamada "
sígueme ". Ella, su madre, lo sigue como a su Maestro en castidad, pobreza
y obediencia (...). Si María es el primer modelo para toda la Iglesia, lo es
con más razón para las personas y comunidades consagradas dentro de la Iglesia ".
Cada religioso está invitado " a reavivar (su) consagración religiosa
según el modelo de la consagración de la misma Madre de Dios ".6
El religioso encuentra a María no sólo a título de modelo sino también a
título materno. " Ella es la Madre de los religiosos puesto que ella es la
Madre de aquel que fue consagrado y enviado. La vida religiosa encuentra en su
Fiat y en su Magnificat la totalidad de su abandono a la acción consagratoria
de Dios y el estremecimiento de gozo que de ella nace ".7
La iglesia y el " sentido de iglesia "
21. Existen entre María y la Iglesia lazos de unión múltiples y estrechos.
Ella es su miembro más eminente y su Madre. Es su modelo en la fe, la caridad y
la perfecta unión con Cristo. Es para la Iglesia un signo de esperanza cierta y
de consuelo hasta que llegue el día del Señor (cf. LG 53, 63.68).
La vida religiosa también mantiene con el misterio de la Iglesia un vínculo
particular. Pertenece a su vida y a su santidad.8
Es " una manera particular de participar de la naturaleza
"sacramental" del pueblo de Dios ".9
Su don total a Dios " une (al religioso) a la Iglesia y a su misterio de manera
especial, llevándolo a obrar con una entrega total para el bien de todo el
cuerpo "10 y la Iglesia por el ministerio de
sus pastores, " no sólo eleva mediante su sanción la profesión religiosa a
la dignidad de estado canónico de vida, sino que, además, con su acción
litúrgica, la presenta como un estado consagrado a Dios ".11
22. Las religiosas y los religiosos reciben en la Iglesia el alimento con
que nutrir su vida bautismal y su consagración religiosa. También en ella,
reciben el pan de vida en la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo.
Efectivamente, durante una celebración litúrgica San Antonio, considerado
justamente como el padre de la vida religiosa, escuchó la palabra viva y eficaz
que le impulsó a dejar todo para ponerse a seguir a Cristo.12
Es en la Iglesia donde la lectura de la Palabra de Dios, acompañada de la
oración, establece el diálogo entre Dios y el religioso 13
y suscita los ímpetus generosos y las renuncias indispensables. Es la Iglesia
quien asocia la ofrenda que las religiosas y los religiosos hacen de su propia
vida al sacrificio eucarístico de Cristo.14 Por
el sacramento de la reconciliación celebrado frecuentemente, en fin, ellos
reciben de la misericordia de Dios el perdón de sus pecados y son reconciliados
con la Iglesia y con su propia comunidad a quien han herido con su pecado.15 La liturgia de la Iglesia llega a ser así para ellos
el vértice por excelencia al cual tiende toda una comunidad y la fuente de
donde mana su vigor evangélico (cf. SC 2, 10).
23. Por esta razón la tarea formativa se desarrollará necesariamente en
comunión con la Iglesia de la que los religiosos son hijos y en la obediencia
filial a sus Pastores. La Iglesia " llena de la Trinidad ", 16 como dijera Orígenes, es, a imagen y en dependencia de
su fuente, una comunión universal en la caridad. De ella recibimos el Evangelio
que ella misma nos ayuda a descifrar, gracias a su Tradición y a la
interpretación auténtica del Magisterio.17 Porque
la Iglesia es una Comunión orgánica.18 Ella se
mantiene gracias a los apóstoles y a sus sucesores, bajo la autoridad de Pedro,
" principio y. fundamento visible y. perpetuo de la unidad de fe y de
comunión ".19
24. Será pues necesario desarrollar en las religiosas y religiosos una
manera de " sentir " no sólo " con " sino, como dijo San
Ignacio de Loyola, " en " la Iglesia.20
Este sentido de la Iglesia consiste en tener conciencia de que se pertenece a
un pueblo en marcha. Un pueblo que tiene origen en la comunión trinitaria, que
se enraiza en una historia, que se apoya sobre el fundamento de los apóstoles y
sobre el ministerio pastoral de sus sucesores que reconoce en el Sucesor de
Pedro al Vicario de Cristo y jefe visible de toda la Iglesia. Un pueblo que
encuentra en la Escritura, la Tradición y el Magisterio, el triple y único
canal por el que le llega la Palabra de Dios; que aspira a la unidad visible
con las otras comunidades cristianas no católicas. Un pueblo que no ignora los
cambios ocurridos a través de los siglos, ni las diversidades legítimas
actuales en la Iglesia porque se aplica más bien a descubrir la continuidad y
la unidad, que son más reales aún. Un pueblo que se identifica como Cuerpo de
Cristo y que no separa el amor a Cristo del que debe tener a su Iglesia,
consciente de que él representa un misterio, el misterio mismo de Dios en
Jesucristo por su Espíritu, infundido y comunicado a la humanidad de hoy y de
siempre. Un pueblo, por consiguiente, que no acepta ser percibido ni analizado
sólo desde el punto de vista sociológico o político, porque la parte más
auténtica de su vida escapa a la atención de los sabios de este mundo. En fin,
un pueblo misionero que no se contenta con ver a la Iglesia como un " pequeño
rebaño ", sino que no cesa hasta que el Evangelio sea anunciado a toda
persona humana y el mundo sepa que " no hay bajo el cielo otro nombre dado
a los hombres por el cual podamos ser salvos " (Act 04, 12), sino el de
Jesucristo (cf. LG 9).
25. El sentido de Iglesia implica también el sentido de la comunión
eclesial. En virtud de la afinidad que existe entre la vida religiosa y el
misterio de una Iglesia de la cual el Espíritu Santo " asegura la unidad
(...) en la comunión y el servicio ", 21
" los religiosos, comunidad eclesial, están (...) llamados a ser en la
Iglesia y en el mundo los expertos en comunión, testigos y artífices de este
proyecto de comunión que se encuentra en el vértice de la historia del hombre
según Dios "22 y esto por la profesión de
los consejos evangélicos, que libera de todo obstáculo el fervor de la caridad
y los convierte en signo profético de la comunión íntima con Dios amado
soberanamente y por la experiencia cotidiana de una comunidad de vida, de
oración y de apostolado, componentes esenciales y distintivos de su forma de
vida consagrada, que los hace signo de comunión fraterna.23
Por eso, sobre todo en el transcurso de la formación inicial, " la vida
común vista particularmente como experiencia y testimonio de comunión "24 será considerada como un ambiente indispensable y un
medio privilegiado de formación.
La comunidad
26. En el seno de la Iglesia y en comunión con la Virgen María, la comunidad
de vida juega un papel privilegiado en la formación en cualquier etapa. Y la
formación depende en gran parte de la calidad de esta comunidad. Esta calidad
es el resultado de su clima general y del estilo de vida de sus miembros, en
conformidad con el carácter propio y el espíritu del instituto. Es decir que
una comunidad será lo que los miembros hagan de ella, tiene sus exigencias
propias y antes de que uno se sirva de ella como medio de formación, merece ser
amada y servida por lo que ella es en la vida religiosa tal como la Iglesia la
concibe. La inspiración fundamental sigue siendo, evidentemente, la primera
comunidad cristiana fruto de la Pascua del Señor.25
Pero al tender hacia este ideal, es necesario ser consciente de sus exigencias.
Un humilde realismo y la fe deben animar los esfuerzos de formación para la
vida fraterna. La comunidad se constituye y permanece no porque sus miembros se
encuentran bien juntos por afinidad de ideal, de carácter o de opciones, sino
porque el Señor los ha reunido y los mantiene unidos por una común consagración
y por una misión común en la Iglesia. Todos se adhieren en una obediencia de fe
a la mediación particular ejercida por el superior.26
Por otra parte, no debería olvidarse que la paz y el gozo pascuales de una
comunidad son siempre el fruto de la muerte a sí mismo y de la acogida del don
del Espíritu.27
27. Una comunidad es formadora en la medida en que permite a cada uno de sus
miembros crecer en la fidelidad al Señor según el carisma del instituto. Por
eso, los miembros deben poder clarificar juntos la razón de ser y los objetivos
fundamentales de esta comunidad; sus relaciones interpersonales estarán
impregnadas de sencillez y confianza, basadas principalmente en la fe y en la
caridad. Para ello la comunidad se construye cada día bajo la acción del
Espíritu Santo dejándose juzgar y convertir por la palabra de Dios, purificar
por la penitencia, construir por la Eucaristía, vivificar por la celebración
del año litúrgico. La comunidad acrecienta su comunión por la ayuda generosa y
por el intercambio continuo de bienes materiales y espirituales, en espíritu de
pobreza y gracias a la amistad y al diálogo. Vive profundamente el espíritu del
fundador y la regla el instituto. Los Superiores considerarán como misión
propia suya el tratar de edificar esta comunidad fraterna en Cristo (cf. c.
619). Así, consciente de su responsabilidad en el seno de la comunidad, cada
uno se siente estimulado a crecer no sólo para sí mismo, sino para el bien de
todos.28
Las religiosas y los religiosos en formación deben encontrar en el seno de
su comunidad una atmósfera espiritual, una austeridad de vida y un estímulo
apostólico capaces de incitarlos a seguir a Cristo según la radicalidad de su
consagración. Conviene recordar aquí los términos del mensaje del Papa Juan
Pablo II a los religiosos del Brasil: " será, pues, bueno que los jóvenes,
durante el período de formación, residan en comunidades en las que no debe
faltar ninguna de las condiciones exigidas para una formación completa:
espiritual, intelectual, cultural, litúrgica, comunitaria y pastoral; condiciones
que raramente se encuentran todas unidas en las pequeñas comunidades. En
consecuencia, es siempre indispensable tomar de la experiencia pedagógica de la
Iglesia todo lo que puede hacer efectiva y enriquecer la formación, en una
comunidad adaptada a las personas y a su vocación religiosa, o si es el caso, a
su vocación sacerdotal " (IDGP IX, 02, 2, pp. 243-244).
28. Es preciso recordar aquí el problema planteado por la inserción de una
comunidad religiosa de formación en un ambiente pobre. Las pequeñas comunidades
religiosas insertas en un ambiente popular, en la periferia de las grandes
ciudades o en las zonas más apartadas y más pobres del campo, pueden ser una
expresión significativa de " la opción preferenciaI por los pobres ",
porque no es suficiente trabajar para ellos, sino que es preciso vivir con
ellos y, en cuanto sea posible, como ellos. Esta exigencia, sin embargo, se
debe adaptar según la situación en la cual se encuentran las mismas religiosas
y religiosos. Es preciso decir primeramente que, por regla general, las
exigencias de la formación deben prevalecer sobre ciertas ventajas apostólicas
de la inserción en un ambiente pobre. La soledad y el silencio, por ejemplo,
indispensables durante toda la formación inicial, han de poder realizarse y
mantenerse. Por otra parte, el tiempo de formación comprende períodos de
actividad apostólica en la que podrá expresarse esta dimensión de la vida
religiosa a condición de que estas pequeñas comunidades insertas respondan a
ciertos criterios que aseguren su autenticidad religiosa; a saber: que ofrezcan
la posibilidad de vivir una auténtica vida religiosa de acuerdo con las
finalidades del instituto; que, en estas comunidades, puedan mantenerse la vida
de oración comunitaria y personal, y por consiguiente, los tiempos y los
lugares de silencio; que las motivaciones de la presencia de estas religiosas y
religiosos sean ante todo evangélicas; que estas comunidades estén siempre
disponibles para responder a las exigencias de los superiores del instituto; que
su actividad apostólica no responda ante todo a una elección personal, sino a
una opción del instituto, en armonía con la pastoral diocesana de la cual el
Obispo es el primer responsable.
En fin, es preciso tener presente que, en las culturas y países donde la
hospitalidad constituye un valor particularmente apreciado, la comunidad
religiosa como tal ha de poder disponer de toda su autonomía e independencia
con relación a los huéspedes, desde el punto de vista de tiempo y lugares. Sin
duda eso es más difícil de realizar en habitaciones religiosas de dimensión
modesta, pero debe ser tenido en cuenta cuando la comunidad establece su
proyecto de vida comunitaria.
El religioso mismo: responsable de su formación
29. Pero es el religioso mismo quien tiene la responsabilidad primera de
decir " sí " a la llamada que ha recibido y de asumir todas las
consecuencias de esta respuesta, que no es ante todo de orden intelectual sino
más bien de orden vital. La llamada y la acción de Dios, como su amor, son
siempre nuevos; las situaciones históricas no se repiten jamás. El llamado está
pues continuamente invitado a dar una respuesta atenta, nueva y responsable. Su
camino recordará el del Pueblo de Dios en Exodo, y también la lenta evolución
de los discípulos " tardos para creer ", 29
pero que acaban por arder de fervor cuando el Señor resucitado se les revela.30
Esto nos dice hasta qué punto la formación del religioso deberá ser
personalizada. Se tratará pues de apelar vigorosamente a su conciencia y a su
responsabilidad personal para que interiorice los valores de la vida religiosa
y al mismo tiempo la regla de vida propuesta por sus maestros y maestras de formación.
Así encontrará en sí mismo la justificación de sus opciones prácticas y su
dinamismo fundamental en el Espíritu creador. Es preciso pues encontrar un
justo equilibrio entre la formación del grupo y la de cada persona, entre el
respeto a los tiempos previstos para cada fase de la formación y su adaptación
al ritmo de cada uno.
Los educadores o formadores: superiores y responsables de formación
30. El espíritu de Jesús resucitado se hace presente y actúa a través de un
conjunto de mediaciones eclesiales. Toda la tradición religiosa de la Iglesia
atestigua el carácter decisivo del papel de los educadores para el éxito de la
labor de la formación. Su papel es el de discernir la autenticidad de la
llamada a la vida religiosa en la fase inicial de la formación y ayudar a los
religiosos a orientar su diálogo personal con Dios al mismo tiempo que a
descubrir los caminos por los cuales parece que Dios quiere hacerlos avanzar.
Les corresponde también acompañar al religioso en las rutas del Señor 31 por medio de un diálogo directo y regular, respetando
lo que es competencia del confesor y del director espiritual estrictamente
dicho. Una de las tareas principales de los responsables de la formación es por
lo demás la de cuidar que novicios y jóvenes profesas y profesos sean
efectivamente seguidos por un director espiritual.
Deben ofrecer también a los religiosos un sólido alimento doctrinal y
práctico acuerdo con las etapas formativas en que se encuentren. En fin, es su
deber verificar y evaluar progresivamente el camino recorrido por aquellos que
se les ha confiado, a la luz de los frutos del Espíritu, y juzgar también si la
persona llamada tiene las capacidades exigidas en tal momento por la Iglesia y
por el instituto.
31. Además de un conocimiento suficiente de la doctrina católica sobre la fe
y costumbres, se revela evidente la exigencia de cualidades apropiadas para
aquellos que asumen responsabilidades formativas:
- capacidad humana de intuición y de acogida;
- experiencia madurada de Dios y de la oración.
- sabiduría que deriva de la escucha atenta y prolongada de la Palabra de
Dios;
- amor a la liturgia y comprensión de su papel en la educación espiritual y
eclesial;
- necesaria competencia cultural;
- disponibilidad de tiempo y de buena voluntad para consagrarse al cuidado
personal de cada candidato y no solamente del grupo.32
Esta tarea requiere por tanto serenidad interior, disponibilidad, paciencia,
comprensión y un verdadero afecto hacia aquellos que han sido confiados a la
responsabilidad pastoral del educador.
32. Si existe un equipo formador, bajo la responsabilidad personal del
responsable de formación, los miembros deben obrar de común acuerdo, vivamente
conscientes de su responsabilidad común. " Bajo la dirección del Superior,
estén en estrecha comunión de espíritu y de acción y formen entre sí y con
aquellos que han de formar, una familia unida ".33
No menos necesarias son la cohesión y la colaboración continua entre los responsables
de las diversas etapas de la formación.
Toda la obra formativa es fruto de la colaboración entre los responsables de
la formación y sus discípulos. Si es verdad que el discípulo asume una gran
parte de responsabilidad, ésta no puede ejercerse más que en el interior de una
tradición específica, la del Instituto, cuyos testigos y agentes inmediatos son
los responsables de la formación.
B) La dimensión humana y cristiana de la formación
33. El Concilio Vaticano II, en su declaración sobre la educación cristiana,
enunció los objetivos y los medios de toda verdadera educación al servicio de
la familia humana. Es importante tenerlos presentes en la acogida y la
formación de los candidatos a la vida religiosa, siendo la primera exigencia de
esta formación la de poder encontrar en la persona una base humana y cristiana.
Muchos fracasos en la vida religiosa pueden atribuirse en efecto a fallos no
percibidos o no superados en este campo. La existencia de esta base humana y
cristiana no solo debe ser verificada a la entrada en la vida religiosa, sino
que hay que asegurar las evaluaciones a lo largo de todo el ciclo formativo, en
función de la evolución de las personas y de los acontecimientos.
34. La formación integral de la persona comprende una dimensión física,
moral, intelectual y espiritual. Sus finalidades y exigencias son conocidas. El
Concilio Vaticano II las recuerda en la Constitución pastoral Gaudium et
spes 34
y en la Declaración sobre la Educación Cristiana Gravissimum educationis.35
El Decreto sobre la Formación de los sacerdotes Optatam totius propone
criterios que permiten juzgar el nivel de madurez humana que se requiere en los
candidatos para ministerio presbiteral.36 Estos criterios
pueden aplicarse fácilmente a los candidatos para la vida religiosa, teniendo
en cuenta su naturaleza y la misión que el religioso está llamado a cumplir en
la Iglesia. El Decreto Perfectae
caritatis sobre la renovación adaptada de la vida religiosa recuerda en
fin las raíces bautismales de la consagración religiosa 37
y de esta manera, implícitamente, lleva a no admitir en el noviciado sino a los
candidatos que viven ya de una manera adaptada a su edad, todos los compromisos
de su bautismo. Igualmente una buena formación a la vida religiosa deberá
confirmar la profesión de fe y los compromisos del bautismo en todas las etapas
de la vida y especialmente en los períodos más difíciles en los que uno se
siente llamado a optar de nuevo libremente por aquello que había elegido ya una
vez para siempre.
35. A pesar de la insistencia que pone el presente documento en la dimensión
cultural e intelectual de la formación, la dimensión espiritual sigue siendo
prioritaria. " La formación religiosa, en sus diferentes fases, inicial y
permanente, tiene como objetivo principal el sumergir a los religiosos en la
experiencia de Dios y ayudarles a perfeccionarla progresivamente en su propia
vida ".38
C) La ascesis
36. " Caminar en pos de Cristo lleva a compartir cada vez más
consciente y concretamente el misterio de su pasión, de su muerte y de su
resurrección el misterio pascual debe ser como el núcleo de los programas de
formación fuente de vida y de madurez. Sobre este fundamento se forma el hombre
nuevo, el religioso y el apóstol.39 Esto nos
lleva a recordar la necesidad indispensable de la ascesis en la formación y en
la vida de los religiosos. En un mundo de erotismo, de consumo y de toda suerte
de abuso de poder, se necesitan testigos del misterio pascual de Cristo, cuya
primera etapa pasa obligatoriamente por la cruz. Este paso lleva a incluir en
el programa de una formación integral, una ascesis personal cotidiana que lleve
a los candidatos, novicios y profesos, al ejercicio de las virtudes de fe,
esperanza, caridad, prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Este programa
no tiene edad y no puede pasar de moda. Es siempre actual y siempre necesario.
Sin adoptarlo, no se puede vivir el propio bautismo y menos aún ser fiel a la
propia vocación religiosa. Se le seguirá mejor si, lo mismo que todo el
conjunto de la vida cristiana, está motivado por el amor de nuestro Señor
Jesucristo y por el gozo de servirle.
Además, el pueblo cristiano tiene necesidad de expertos que le ayuden a
recorrer " el camino real de la Santa Cruz ". Tiene necesidad de
testigos que renuncien a lo que San Juan llama " el mundo " y "
sus codicias " y también a " este mundo " creado y conservado
por el amor del Creador y a algunos de sus valores. El Reino de Dios, cuya
" elevación sobre todo lo terreno " manifiesta la vida religiosa, 40 no es de este mundo. Se necesitan testigos que lo digan.
Naturalmente, eso supone a lo largo de la formación una reflexión sobre el
sentido cristiano de la ascesis y unas convicciones bien fundadas acerca de Dio
s y sus relaciones con el mundo salido de sus manos, porque se trata de
guardarse tanto de un optimismo ingenuo y naturalista, como de un pesimismo que
se olvida del misterio de Cristo creador y redentor del mundo.
37. Por lo demás, la ascesis, que comporta una negativa a seguir nuestros
impulsos e instintos espontáneos y primarios, es una exigencia antropológica
antes de ser específicamente cristiana. Los psicólogos hacen notar que los
jóvenes sobre todo, tienen necesidad para estructurar su personalidad de
encontrar resistencias (los educadores, un reglamento, etc...). Pero esto no
vale sólo para los jóvenes, ya que la estructuración de una persona no está
nunca acabada. La pedagogía bien aplicada en la formación de las religiosas y
los religiosos deberá ayudarles a entusiasmarse por una empresa que reclama
esfuerzo. Es así como Dios mismo conduce a la persona humana que él ha creado.
38. La ascesis inherente a la vida religiosa pide, entre otros elementos,
una iniciación al silencio y a la soledad, también en los institutos dedicados
al apostolado. " Guárdese fielmente en estos institutos la ley fundamental
de toda vida espiritual, que consiste en establecer, en el curso de la vida, la
conveniente alternancia entre el tiempo consagrado al silencio con Dios y el
dedicado a las diversas actividades y a las relaciones humanas que traen
consigo ".41 La soledad, si es libremente
asumida, conduce al silencio interior y éste reclama el silencio material. El
reglamento de toda comunidad religiosa, y no solamente de las casas de
formación, debe prever absolutamente tiempos y lugares de soledad y de
silencio, para favorecer la escucha y la asimilación de la palabra de Dios al
mismo tiempo que la madurez espiritual de la persona y una verdadera comunión
fraterna en Cristo.
D) sexualidad y formación
39. Las generaciones de hoy han crecido con frecuencia en una completa
mezcla, sin que a los jóvenes y a las muchachas se les haya ayudado siempre a
conocer sus riquezas y límites respectivos. Los contactos apostólicos de todo
género, la mayor colaboración que se ha instaurado entre las religiosas y los
religiosos, así como las corrientes culturales actuales, hacen particularmente
útil una formación en este campo. La promiscuidad prematura y la colaboración
estrecha y frecuente no son necesariamente, en efecto, una garantía de madurez
en las relaciones entre unos y otras. Convendrá por tanto poner los medios para
promover esta madurez y afianzarla, con el fin de educar en la práctica de la
perfecta castidad.
Además, hombres y mujeres tienen que tomar conciencia de su situación
específica en el plan de Dios, de la contribución original que ellos aportan
respectivamente a la obra de la salvación. Así se ofrecerá a los futuros
religiosos la posibilidad de una reflexión sobre el lugar de la sexualidad en
el plan divino de la creación y de la salvación.
En este contexto, se expondrán y comprenderán las razones que justifican que
se excluyan de la vida religiosa a aquellas y aquellos que no lograrán dominar
tendencias homosexuales o que pretendieran poder adoptar una tercera vía "
vivida como un estado ambiguo entre el celibato y el matrimonio ".42
40. Dios no hizo un mundo indiferenciado. Creando al hombre a su imagen
semejanza (Gn 1,26-27), en tanto que creatura racional y libre, capaz
de conocerlo y de amarlo, no lo quiso solitario, sino en relación con otra
persona humana, la mujer (Gn 2,18). Entre los dos se establece una
" relación recíproca, del hombre con respecto a la mujer y de la mujer en
relación con el hombre ".43 " La mujer
es otro yo en la común humanidad ".44 Por
eso " el hombre y la mujer son llamados desde el comienzo no sólo a
existir el uno al lado del otro, o bien juntos, sino también a existir
recíprocamente el uno para el otro ".45 Se
comprenderá fácilmente el interés de estos principios antropológicos cuando se
trata de formar a aquellos y aquellas que, por una gracia especial, han hecho
libremente profesión de castidad perfecta por el Reino de los cielos.
41. " Un estudio profundo de los fundamentos antropológicos de la
condición masculina y femenina " llevará a " precisar la identidad
personal propia de la mujer en su relación de diversidad y de complementariedad
recíproca con el hombre; y eso no solamente en lo que se refiere a los roles a
jugar y las funciones a asumir, sino también y más profundamente en lo que mira
a la estructura de la persona y su significado.46
La historia de la vida religiosa testimonia que muchas mujeres, en el claustro
o en el mundo, han encontrado en ella un lugar ideal de servicio a Dios y a los
hombres, las condiciones favorables para la realización de su propia feminidad
y, en consecuencia, una comprensión más profunda de su identidad. Esta
profundización debe continuar aún gracias a la reflexión teológica y a la
aportación ofrecidas por las diferentes ciencias humanas y las diversas
culturas ".47
En fin, no debe olvidarse, para una mejor percepción de la especificidad de la
vida religiosa femenina, que " la figura de María de Nazareth proyecta luz
sobre la mujer en cuanto tal por el mismo hecho de que Dios en el sublime
acontecimiento de la encarnación del Hijo, ha recurrido al servicio libre y
activo de una mujer. Por tanto, se puede afirmar que la mujer, al mirar a
María, encuentra en ella el secreto para vivir dignamente su feminidad y para
llevar a cabo su verdadera promoción. A la luz de María, la Iglesia lee en el
rostro de la mujer los reflejos de una belleza, que es espejo de los más altos
sentimientos de que es capaz el corazón humano: la plenitud del don de sí
suscitado por el amor, la fuerza que sabe resistir a los más grandes dolores,
la fidelidad sin límites, la laboriosidad infatigable y la capacidad de conjugar
la intuición penetrante con la palabra de apoyo y de estímulo ".48
1. 1Ts 05, 23-24; cf. 2Ts 03, 3.
2. Jn 16, 13.
3. Cf. Jn 14, 26; Jn 16, 12.
4. Cf. 1Jn 02, 20-27.
5. Cf. Rm 8,15-26.
6. RD 17: AAS 76 (1984) 513ss.
7. EE 11, 53; cf nota 10 introducción; LG 53 y c. 663, 4.
8. Cf. LG 44.
9. MR 10; cf. nota 8 introducción.
10. MR 10; cf. nota 8 introducción; cf. LG 44 y c. 678.
11. LG 45;
cf. MR 8; cf. nota 8 introducción.
12. Cf. San Atanasio, Vida de San Antonio: PG 26,
841-845.
13. Cf. DV 25.
14. Cf. LG 45.
15. Cf. LG 11.
16. PG 12, 1265.
17. Cf. DV 10.
18. Cf. MR 5; cf. nota 8 introducción.
19. LG 18.
20. Ejercicios Espirituales, n. 351 y 352.
21. LG 4.
22. RPH 24; cf. nota 9 introducción.
23. Ibid., cf. también Documento de Puebla, n.
211 al 219.
24. RPH 33c; cf. nota 9 introducción; cf. también c. 602.
25. Cf. Act. 02, 42 y PC 15 y c.602; EE 18-22.
26. Cf. cc. 601. 618 y 619; PC 14.
27.
Cf. Jn 12, 24 y Ga 5,22.
28. ET 32-34; cf. nota 4 introducción; cf. también EE 18-22.
29. Lc 24, 25.
30. Cf. Lc 24, 32.
31. CfTb 5,10.17.22
32. DCVR 20; cf. nota 9 introducción.
33. OT 5b.
34. Cf. GS 12-22
y 61.
35. Cf. GE 1
y 2.
36. Cf. OT 11.
37. Cf. PC 5.
38. DCVR 17; cf. nota 9 introducción.
39. Juan Pablo II a los religiosos del Brasil, 11.7.986, n.
5; cf. nota 5 introducción.
40. LG 44.
41. RC 5; cf. nota 7 introducción.
42. Documento final del sínodo particular de los Obispos de
los Países Bajos: L'Osservatore Romano, 02 de febrero 1980, proposición
32.
43. MD 7.
44. MD 6.
45. MD 7.
46. ChL 50.
47. ChL 50.
48. RM 46.
Capítulo tercero
ETAPAS DE LA FORMACIÓN DE LOS
RELIGIOSOS
A) Etapa previa a la entrada en el noviciado
Su razón de ser
42. En las circunstancias actuales y de modo bastante general, se puede
decir que el diagnóstico de la Renovationis causam 1conserva
toda su actualidad: " La mayor parte de las dificultades encontradas en
nuestros días en la formación de los novicios provienen del hecho de que éstos
no poseen, en el momento de su admisión al noviciado, el minimum de madurez
necesaria ". Ciertamente no se le pide a un candidato a la vida religiosa
ser capaz de asumir inmediatamente todas las obligaciones de los religiosos,
pero se le debe juzgar capaz de conseguirlo progresivamente. Poder juzgar de
esta capacidad justifica que se dé el tiempo y los medios para ello. Tal es la
finalidad de la etapa preparatoria al noviciado, cualquiera que sea su nombre:
postulantado, prenoviciado, etc. Corresponde únicamente al derecho propio de
los institutos el precisar las modalidades de su realización pero, sea como
sea, " nadie puede ser admitido sin una adecuada preparación "2.
Su contenido
43. Teniendo en cuenta lo que se dirá (n. 86ss) sobre la situación de los jóvenes
en el mundo moderno, esta etapa preparatoria, que no hay que temer prolongar,
deberá dedicarse a verificar y clarificar algunos puntos que permitirán a los
superiores pronunciarse sobre la oportunidad y el momento de la admisión al
noviciado. Se tendrá cuidado de no precipitar esta admisión, ni diferirla
indebidamente, una vez que se llegue a un juicio cierto sobre las garantías
ofrecidas por la persona de los candidatos.
La admisión comporta condiciones que establece el derecho general y el
derecho propio puede agregar otras.3 Los puntos
indicados por el derecho son los siguientes:
- el grado de madurez humana y cristiana 4
requerida para que el noviciado pueda comenzarse sin tener que retroceder al nivel
de un curso de formación general de base o de un simple catecumenado. A las
veces en efecto ocurre que los candidatos que se presentan no han terminado
todos su iniciación cristiana (sacramental, doctrinal y moral) y les faltan
algunos elementos de una vida cristiana ordinaria;
- la cultura general básica, que debe corresponder a la que se espera
generalmente de un joven que ha terminado una escolaridad normal en el país. Es
necesario especialmente que los futuros novicios practiquen con facilidad la lengua
en uso durante el noviciado.
Tratándose de la cultura básica, será conveniente tener en cuenta la
situación de ciertos países o ambientes sociales, en los que el porcentaje de
escolarización es todavía relativamente bajo y donde, sin embargo, el Señor
llama candidatos a la vida religiosa. Será preciso en tal caso, al mismo
tiempo, estar atento a promover la cultura sin asimilarla a una cultura
extranjera. Dentro de su propia cultura las candidatas y candidatos han de
reconocer la llamada del Señor y han de responder a ella de modo original;
- el equilibrio de la afectividad, especialmente el equilibrio sexual, que
supone la aceptación del otro, hombre o mujer, en el respeto de su diferencia.
Se podrá eventualmente recurrir a los servicios de un examen psicológico,
teniendo en cuenta el derecho de toda persona a preservar su intimidad;5
- la capacidad de vivir en comunidad bajo la autoridad de los superiores en
un determinado instituto. Esta capacidad se comprobará mejor ciertamente en el
curso del noviciado; pero la cuestión se debe plantear antes. Los candidatos
deben saber expresamente que existen otras vías, diferentes de la entrada en un
instituto religioso, para quien quiere dar toda su vida al Señor.
Formas de realización
44. Estas pueden ser diversas: acogida en una comunidad del instituto, sin
compartir sin embargo toda la vida, excepto en la comunidad del noviciado que
es desaconsejable a no ser que se trate de las monjas de clausura; períodos de
contactos con el instituto o alguno de sus representantes; vida común en una
casa de acogida para candidatos, etc. Pero ninguna de estas formas debe hacer
creer que los interesados ya se convirtieron en miembros del instituto. Y, de
todas maneras, el acompañamiento personal de las candidatas y candidatos es más
importante que las estructuras de acogida.
Los superiores designarán a uno a varios religiosos provistos de la
cualificación necesaria para el acompañamiento de los candidatos y el
discernimiento de su vocación, quienes colaborarán activamente con los maestros
y maestras de novicios.
B) El noviciado y la primera profesión
Finalidad
45. " El noviciado, con el que comienza la vida en un instituto, tiene
como finalidad que los novicios conozcan mejor la vocación divina tal como
existe en el propio instituto, que experimenten el modo de vida de éste, que
conformen la mente y el corazón con su espíritu y que puedan ser comprobadas su
intención y su idoneidad ".6
En otros términos, teniendo en cuenta la diversidad de carismas e
institutos, se podría definir el fin del noviciado como un tiempo de iniciación
integral al género de vida que el Hijo de Dios asumió y que El nos propone en
el Evangelio, 7 en uno u otro aspecto de su servicio
o de sus misterios.8
Contenido
46. " Estimúlese a los novicios para que cultiven las virtudes humanas
y cristianas; se les debe introducir en un camino de mayor perfección mediante
la oración y la abnegación de sí mismos; instrúyaseles en la contemplación del
misterio de la salvación y en la lectura y meditación de las Sagradas
Escrituras; prepáreseles para celebrar el culto de Dios en la sagrada liturgia;
aprenderán a llevar una vida consagrada a Dios y a los hombres en Cristo por
medio de los consejos evangélicos; serán instruidos sobre el carácter,
espíritu, finalidad, disciplina, historia y vida del instituto; y se procurará
imbuirles de amor a la Iglesia y sus sagrados pastores ".9
Como se deduce de esta ley general, la iniciación integral que caracteriza
el noviciado va mucho más allá de una simple enseñanza. Ella es:
- iniciación en el conocimiento profundo y vivo de Cristo y de su Padre.
Esto supone un estudio meditado de la Escritura, la celebración de la liturgia
según el espíritu y el carácter del instituto, una iniciación en la oración
personal y en su práctica así como en la costumbre y gusto de acercarse a los
grandes autores de la tradición espiritual de la Iglesia, sin limitarse a lecturas
espirituales de moda;
- iniciación en la vivencia del misterio pascual de Cristo por el
desprendimiento de sí, especialmente en la práctica de los consejos evangélicos
según el espíritu del instituto, una ascesis evangélica gozosamente asumida y
una aceptación animosa del misterio de la cruz;
- iniciación en la vida fraterna evangélica. Efectivamente, la fe se
profundiza en la comunidad y se vuelve comunión y la caridad encuentra sus
múltiples manifestaciones en lo concreto de la vida cotidiana;
- iniciación en la historia, en la misión propia y en la espiritualidad del
instituto. Aquí interviene, entre otros elementos y para los institutos
dedicados al apostolado, el hecho que " para completar la formación de los
novicios, las constituciones pueden prescribir, además del tiempo establecido
en el párrafo 1 (es decir, los doce meses pasados en la misma comunidad del
noviciado), uno o más períodos de ejercicio del apostolado fuera de la
comunidad del noviciado "10
Estos períodos tienen por objetivo enseñar a los novicios, " a realizar
progresivamente en su vida aquella coherente y armoniosa unidad que debe
existir entre la contemplación y la acción apostólica, unidad que es uno de los
valores fundamentales de estos institutos ".11
La organización de estos períodos debe tener en cuenta los doce meses que se
han de hacer en la misma comunidad del noviciado, durante los cuales " los
novicios no se ocuparán de estudios ni de trabajos que no contribuyan directamente
a (su) formación ".12
El programa de formación del noviciado debe ser definido por el derecho
propio.13 Es desaconsejable que el noviciado se
desarrolle en un ambiente extraño a la cultura y a la lengua de origen de los
novicios. En efecto son preferibles los pequeños noviciados, a condición de que
estén enraizados en esta cultura. La razón esencial es la de no multiplicar los
problemas durante una etapa de formación en la que deben hallar su propio puesto
los equilibrios fundamentales de la persona, en la que las relaciones entre los
novicios y el maestro de novicios deben ser fáciles, dándoles la posibilidad de
explicarse mutuamente con todos los matices requeridos para un camino
espiritual inicial e intensivo. Además, la transferencia a otra cultura en este
momento comporta el riesgo de acoger falsas vocaciones y de no percibir
eventuales falsas motivaciones.
El trabajo profesional durante el noviciado
48. Conviene mencionar aquí la cuestión del trabajo profesional durante el
noviciado. En muchos países industrializados, por motivos que justifican a
veces una intención apostólica y que pueden depender también de la legislación
social de estos países, los candidatos titulares de un empleo remunerado solicitan
de su patrono, al momento de la entrada al noviciado, solamente un permiso de
un año " por conveniencia personal ". Esto les permite no perder su
empleo si vuelven al mundo y no correr el riesgo de la desocupación. Esto lleva
también algunas veces a reanudar el trabajo profesional en el segundo año de
noviciado en calidad de actividad apostólica.
Parece oportuno enunciar a este propósito el principio siguiente: en los
institutos que tienen dos años de noviciado, los novicios no podrán ejercer el
trabajo profesional a tiempo completo sino con las siguientes condiciones:
- que este trabajo corresponda efectivamente a la finalidad apostólica del
instituto;
- que sea asumido en el segundo año de noviciado;
- que corresponda a las exigencias del c. 648 § 02, es decir que contribuya a
completar la formación de los novicios en orden a la vida en el instituto y que
constituya verdaderamente una actividad apostólica.
Algunas condiciones para su realización
49. Respecto a la admisión, serán rigurosamente observadas
las condiciones canónicas de licitud y de validez exigidas tanto a los
candidatos cuanto a la autoridad competente. Conformarse a ellas es ya evitar
en el futuro abundantes sinsabores.14 En cuanto a
los candidatos a los ministerios diaconal y presbiteral, se asegurará en
particular desde este momento que ninguna irregularidad pueda afectar más tarde
a la recepción de las Ordenes sagradas, teniendo en cuenta que los superiores
mayores de institutos clericales de derecho pontificio pueden dispensar de las
irregularidades no reservadas a la Santa Sede.15
Se tendrá presente también que antes de admitir al noviciado un clérigo
secular, los Superiores deben consultar a su Ordinario propio y solicitar de su
parte un informe (cc. 644 y 645, 2).
50. Las circunstancias de tiempos y de lugares necesarios
para el desarrollo del noviciado son enunciadas por el derecho. Se debe
mantener la flexibilidad, recordando sin embargo que la prudencia puede
aconsejar cosas que el derecho no impone.16 Los
superiores mayores y los responsables de la formación saben que las
circunstancias presentes reclaman para los novicios, sin duda más que en otro
tiempo, condiciones suficientes de estabilidad que permitan el desarrollo
espiritual de un modo profundo y tranquilo. Tanto más cuando muchos candidatos
han experimentado ya la vida en el mundo. En efecto, los novicios tienen
necesidad de ejercitarse en la práctica de la oración prolongada, de la soledad
y del silencio. Para todo esto, el factor tiempo juega un papel determinante.
Ellos pueden sentir más la necesidad de " salir " del mundo que la de
" ir " al mundo, y esta necesidad no es solo subjetiva. Por eso el
tiempo y el lugar del noviciado se organizarán de suerte que los novicios
puedan encontrar en él un clima propicio para un arraigo en profundidad en la
vida con Cristo. Lo cual solamente se obtiene a partir de un desprendimiento de
sí, de todo lo que en el mundo resiste a Dios y aún de aquellos valores del
mundo " que indiscutiblemente merecen ser estimados ".17 En consecuencia es del todo desaconsejable pasar el
tiempo del noviciado en comunidades insertas. Como ya se ha dicho (n. 28), las
exigencias de la formación deben prevalecer sobre ciertas ventajas apostólicas
de la inserción en ambientes pobres.
Pedagogía: los maestros y maestras de novicios y sus colaboradores
51. Los novicios no entran todos al noviciado con el mismo
nivel de cultura humana y cristiana. Será necesario prestar una atención muy
particular a cada persona para caminar a su paso y adaptarle el contenido y la
pedagogía de formación que se le propone.
52. El gobierno de los novicios está reservado
exclusivamente al maestro de novicios bajo la autoridad de los superiores
mayores. Deberá estar liberado de toda otra obligación que le impida cumplir
plenamente su función de educador. Si tiene colaboradores, éstos dependen de él
en lo que se refiere al programa de formación y conducción del noviciado.
Tienen con él una parte importante en el discernimiento y la decisión.18
En los noviciados donde intervienen, bien sea para la enseñanza bien para el
sacramento de la reconciliación, sacerdotes seculares u otros religiosos
exteriores y aún laicos, trabajarán, con gran discreción por ambas partes, en
estrecha colaboración con el maestro de novicios.
El maestro de novicios es el acompañante espiritual designado a este efecto
para todos y cada uno de los novicios. El noviciado es el lugar de su
ministerio y, por consiguiente, de una permanente disponibilidad para con
aquellos que le son confiados. No podrá ejercitar fácilmente su tarea si los
novicios no le dan prueba de una apertura libre y total. Sin embargo, ni él ni
su asistente en los institutos clericales pueden oír las confesiones
sacramentales de los novicios, a no ser que ellos lo pidan espontáneamente en
casos particulares.19
Los maestros y maestras de novicios recordarán en fin que los medios
psicopedagógicos por sí solos no podrán sustituir un auténtico acompañamiento
espiritual.
53. " Los novicios conscientes de su propia
responsabilidad, han de colaborar activamente con su maestro, para responder
fielmente a la gracia de la vocación recibida de Dios "20
y " los miembros del instituto colaborarán por su parte seriamente en la
formación de los novicios con el ejemplo de su vida y con la oración".21
La profesión religiosa
54. Durante una celebración litúrgica, la Iglesia recibe,
por medio de los superiores designados, los votos de quienes emiten su
profesión y asocia su ofrenda al sacrificio eucarístico.22
El Ordo professionis 23da el esquema de la
celebración, respetando las tradiciones legítimas de los institutos. Esta
acción litúrgica manifiesta las raíces eclesiales de la profesión. A partir del
misterio así celebrado, podrá desarrollarse una comprensión más vital y más
profunda de la consagración.
55. Durante el noviciado, se hará resaltar a la vez la
excelencia y la posibilidad de un compromiso perpetuo al servicio del Señor.
" La calidad de una persona se puede medir por la naturaleza de sus vínculos.
Por eso cabe decir gozosamente que vuestra libertad se ha vinculado libremente
a Dios para un servicio voluntario, en amorosa servidumbre. Y, al hacerlo,
vuestra humanidad ha alcanzado madurez. "Humanidad madura" - escribí
en la encíclica Redemptor
hominis - significa pleno uso del don de la libertad, que hemos
obtenido del Creador en el momento en el que El ha llamado a la existencia al
hombre hecho a su imagen y semejanza. Este don encuentra su plena realización
en la donación sin reservas de toda la persona humana, en espíritu de amor
nupcial a Cristo, y con Cristo, a todos aquellos a los que El envía, hombres o
mujeres que se han consagrado totalmente a El según los consejos evangélicos ".24 No se entrega la vida a Cristo " a prueba ".
Además es el quien toma la iniciativa de pedírnosla. Los religiosos dan
testimonio de que esto es posible, gracias ante todo a la fidelidad de Dios, y
de que hace libre y feliz a la persona, si el don se renueva cada día.
56. La profesión perpetua supone una preparación prolongada
y un aprendizaje perseverante. Ello justifica el que la Iglesia la haga
preceder de un período de profesión temporal. " Aunque tengan el carácter
de una prueba por el hecho de ser temporales, la emisión de los primeros votos
hace ya al que los emite realmente partícipe de la consagración propia del
estado religioso".25 Este tiempo de
profesión temporal tiene pues por objeto consolidar la fidelidad de los
jóvenes, profesas y profesos, independientemente de las satisfacciones con las
cuales la vida cotidiana " en seguimiento de Cristo " pueda o no
gratificarles. La celebración litúrgica distinguirá con cuidado la profesión perpetua
de la profesión temporal que debe celebrarse " sin ninguna solemnidad
particular "26. Mientras que la profesión
perpetua se realizará "con la solemnidad que se desee y con la presencia
de los religiosos y del pueblo "27 porque
" ella es el signo de la unión indisoluble de Cristo con la Iglesia su
esposa " (cf. LG 44)
".28
57. Se observarán cuidadosamente todas las disposiciones del
derecho referentes a las condiciones de validez y a los vencimiento s de la
profesión temporal y perpetua.29
C) La formación de los profesos temporales
Lo que prescribe la iglesia
58. Tratándose de la formación de los profesos temporales,
la Iglesia prescribe que " después de la primera profesión, la formación
de todos los miembros debe continuar en cada instituto, para que vivan con
mayor plenitud la vida propia de éste y cumplan mejor su misión. Por tanto, el
derecho propio debe determinar el plan de esta formación y su duración,
atendiendo a las necesidades de la Iglesia y a las circunstancias de los
hombres y de los tiempos, tal como exigen el fin y carácter del instituto
".30
" La formación ha de ser sistemática, acomodada a la capacidad de los
miembros, espiritual y apostólica, doctrinal y a la vez práctica, incluyendo
también, si es oportuno, la obtención de los títulos pertinentes, tanto
eclesiásticos como civiles. Durante el tiempo dedicado a esta formación no se
confíen a los miembros funciones y trabajos que la impidan ".31
Significado y exigencias de esta etapa
59. La primera profesión inaugura una nueva fase de la formación
que se beneficia del dinamismo y de la estabilidad que nacen de la profesión.
Se trata para el religioso, de recoger los frutos de las etapas precedentes y
de continuar su propio crecimiento humano y espiritual por la práctica animosa
de aquello a lo que se ha comprometido.
Mantener el impulso espiritual dado por la etapa precedente es tanto más
necesario cuanto que, en los institutos dedicados al apostolado, el paso a un
estilo de vida más abierto y a actividades muy absorbentes comporta a menudo
riesgos de desorientación y de aridez. En los institutos dedicados a la
contemplación serían más bien de rutina, de decaecimiento y de pereza
espiritual. Jesús educó a sus discípulos a través de las crisis que sufrieron.
Por anuncios sucesivos de la Pasión, los preparó a convertirse en discípulos
más auténticos.32 La pedagogía de esta etapa
apunta pues a permitir al joven religioso caminar verdaderamente a través de
toda su experiencia, según una unidad de perspectiva y de vida, la de su propia
vocación en este momento de su existencia, en la perspectiva de la profesión
perpetua.
El contenido y los medios de la formación
60. El instituto tiene la grave responsabilidad de prever
la organización y la duración de esta fase de la formación y de proveer al
joven religioso de las condiciones favorables para un crecimiento real en la
donación al Señor. Le ofrecerá ante todo una vigorosa comunidad formadora y la
presencia de educadores competentes. Efectivamente en este nivel de la formación
y contrariamente a lo que se dijo a propósito del noviciado (cf. n. 47, f) es
preferible una comunidad más numerosa, bien provista de medios de formación y
bien acompañada, que una comunidad pequeña que corre el riesgo de verse
desprovista de verdaderos formadores. Como a lo largo de toda la vida
religiosa, el religioso debe esforzarse en comprender mejor prácticamente la
importancia de la vida comunitaria según la vocación propia del instituto, en
aceptar el realismo de esta vida y en asumir sus condiciones de progreso, en
respetar a los otros en su diferencia y en sentirse responsable en el seno de
dicha comunidad. Los superiores designarán especialmente un responsable de la
formación de los profesos temporales, que prolongue en este nivel y de modo específico
la misión del maestro de novicios. Esta formación durará por lo menos 3 años.
61. Las proposiciones de programas que van a continuación
tienen valor indicativo y decididamente apuntan alto, dada la necesidad de
formar religiosas y religiosos a la altura de las expectativas y de las
necesidades del mundo contemporáneo. Corresponde a los institutos y a los
formadores y formadoras proceder a las adaptaciones que imponen las personas,
los tiempos y los lugares.
En el programa de estudios, debe figurar en puesto importante la teología
bíblica, dogmática, espiritual y pastoral y, en particular, la profundización
doctrinal de la vida consagrada y del carisma del instituto. El establecimiento
de este programa y su ejecución deberá respetar la unidad interna de la
enseñanza y la armonización de las diversas disciplinas. Los religiosos deben
tener conciencia de que aprenden un! sola ciencia: la ciencia de la fe y del
Evangelio. A este respecto, se evitará la diversidad y acumulación de
disciplinas y cursos. Además, por respeto a las personas, no se introducirá
prematuramente a los religiosos en una problemática exageradamente crítica, si
ellos no han recorrido todavía el camino necesario para abordarla serenamente.
Se tendrá cuidado de dar, de manera adaptada, una formación filosófica de
base que permita adquirir un conocimiento de Dios y una visión cristiana del
mundo en estrecha conexión con las cuestiones debatidas en nuestro tiempo, que
haga resaltar la armonía que existe entre el saber de la razón y el de la fe
para la búsqueda de la única verdad. En estas condiciones, los religiosos se
defenderán de las tentaciones siempre al acecho de un racionalismo crítico por
un lado, del pietismo y del fundamentalismo por otro.
El programa de los estudios teológicos debe estar planificado con equilibrio
y las diferentes partes estarán bien articuladas para que resalte la "
jerarquía " de las verdades de la doctrina católica en razón de su
diferente relación con los fundamentos de la fe cristiana.33
El planteamiento de este programa podrá inspirarse, adaptándolas, en las
indicaciones dadas por la Congregación para la Educación Católica para la
formación de los candidatos al ministerio presbiteral, 34
aunque teniendo cuidado de no omitir nada que pueda ayudar a una buena
comprensión eclesial de la fe y de la vida cristiana, historia, liturgia,
derecho canónico, etc.
62. En fin, la madurez del religioso requiere, en esta
etapa, un compromiso apostólico y una participación progresiva en experiencias
eclesiales y sociales, en la línea del carisma de su instituto y teniendo en
cuenta sus aptitudes y aspiraciones personales. Tratándose de estas
experiencias, las religiosas y los religiosos recordarán que ellos no son
prioritariamente agentes pastorales ni en el período de formación inicial ni
después, y que su compromiso en un servicio eclesial y sobre todo social, se
tiene que someter necesariamente a criterios de discernimiento (cf. n. 18).
63. Aunque los superiores sean designados justamente como
" maestros espirituales, según el proyecto evangélico de su instituto
", 35 los religiosos deben tener a su
disposición para el fuero interno, incluso no sacramental, lo que se ha
convenido en llamar un director o consejero espiritual. " Siguiendo la
tradición de los primeros padres del desierto y de todos los grandes
fundadores, los institutos religiosos tienen miembros particularmente
cualificados y designados para ayudar a sus hermanos en este campo. Su papel
varía según la etapa alcanzada por el religioso, pero su responsabilidad
esencial consiste en el discernimiento de la acción de Dios, la conducción del
religioso en las vías divinas y la alimentación de la vida con una doctrina
sólida y con la práctica de la oración. Especialmente en las primeras etapas,
será necesario evaluar el camino ya recorrido ".36
Esta dirección espiritual, que " no podrá ser reemplazada por medios
psicopedagógicos ", 37 y para la cual el
Concilio reclama una " justa libertad ", 38
deberá pues ser " favorecida por la disponibilidad de personas competentes
y cualificadas ".39
Estas disposiciones, indicadas especialmente para esta etapa de la formación
de los religiosos, sirven para todo el resto de su vida. En las comunidades
religiosas, sobre todo aquellas que reúnen un gran número de miembros y
especialmente allí donde hay profesos temporales, es necesario que al menos un
religioso sea designado oficialmente para el acompañamiento o consejo
espiritual de sus hermanos.
64. Varios institutos prevén, antes de la profesión
perpetua, un período de preparación más intensa retirándose de las ocupaciones
habituales. Esta costumbre merece ser fomentada y extendida.
65. Si, como está previsto en el derecho, jóvenes profesos
son enviados a estudios por su superior, 40
" estos estudios serán emprendidos no para una realización mal entendida
que lleve al logro de fines individuales, sino para la satisfacción de las
exigencias apostólicas de la familia religiosa, en armonía con las necesidades
de la Iglesia ".41 El desarrollo de estos
estudios y la preparación de los diplomas han de estar, a juicio de los
superiores mayores y de los responsables de formación, convenientemente
armonizados con el resto del programa previsto para esta etapa formativa.
D) La formación continua de los profesos perpetuos
66. "Los religiosos continuarán diligentemente su
formación espiritual, doctrinal y práctica durante toda la vida: los superiores
han de proporcionarles medios y tiempo necesario para ello ".42 " Cada instituto religioso tiene pues la tarea de
proyectar y de realizar un programa de formación permanente adecuado para todos
sus miembros. Un programa que tiende no solamente a la formación de la
inteligencia, sino también de toda la persona, principalmente en su dimensión
espiritual, para que todo religioso pueda vivir en toda su plenitud su propia
consagración a Dios, en la misión específica que la Iglesia le ha confiado
".43
¿ Porqué la formación continuada ?
67. La formación continuada está motivada primero por la iniciativa
de Dios que llama a cada uno de los suyos en todos los momentos y en
circunstancias nuevas. El carisma de la vida religiosa en un instituto
determinado es una gracia viva que pide ser recibida y vivida en condiciones de
existencia a menudo inéditas. " El carisma mismo de los fundadores (ET 11)
se revela como una experiencia del espíritu transmitida a sus discípulos, para
ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y desarrollada constantemente en
sintonía con el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne (...). El carácter
carismático propio de todo instituto requiere, tanto por parte del fundador
cuanto por parte de los discípulos, el verificar continuamente la propia
fidelidad al Señor, la docilidad a su Espíritu, la atención inteligente a las circunstancias
y a los signos de los tiempos, la voluntad de inserción en la Iglesia, la
predisposición a la subordinación a la jerarquía , la audacia en las
iniciativas, la constancia en la entrega, la humildad en sobrellevar los
contratiempos (...). Nuestro tiempo exige de los religiosos de manera especial
esta autenticidad carismática, viva e ingeniosa en sus invenciones que destaca
claramente en los fundadores... ".44 La
formación permanente exige prestar una atención particular a los signos del
Espíritu en nuestro tiempo y dejarse sensibilizar por ellos para poder darles
una respuesta apropiada.
Además, la formación continua es un dato sociológico que, en nuestros días,
afecta a todos los campos de actividad profesional. Muy a menudo condiciona la
permanencia en una profesión o el paso obligado de una profesión a otra.
Mientras la formación inicial estaba ordenada a la adquisición por la persona
de una suficiente autonomía para vivir en la fidelidad a sus compromisos
religiosos, la formación continua ayuda al religioso a integrar la creatividad
en la fidelidad. Pues la vocación cristiana y religiosa reclama un crecimiento
dinámico y una fidelidad en las circunstancias concretas de la existencia, lo
cual exige una formación espiritual interiormente unificante, pero flexible y
atenta a los acontecimientos cotidianos de la vida personal y de la vida del
mundo.
" Seguir a Cristo " significa ponerse siempre en marcha, evitar la
esclerotización y el anquilosamiento, para ser capaz de dar un testimonio vivo
y verdadero del Reino de Dios en este mundo.
En otras palabras, se podrían establecer tres razones fundamentales que
motivan la formación permanente:
_ la primera se deduce de la misma función de la vida religiosa en el seno
de la Iglesia. Juega en ella un papel carismático y escatológico muy
significativo que supone en las religiosas y religiosos una atención especial a
la vida del Espíritu, tanto en la historia personal de cada una y de cada uno
como en la esperanza y la angustia de los pueblos;
- la segunda proviene de los desafíos que representa el futuro de la fe
cristiana en un mundo que cambia a una velocidad acelerada;45
- la tercera toca la vida misma de los institutos religiosos y sobre todo su
futuro, que depende en parte de la formación permanente de sus miembros.
Su contenido
68. La formación continua es un proceso global de
renovación que abarca todos los aspectos de la persona del religioso y el
conjunto del instituto mismo. Se debe realizar teniendo en cuenta el hecho de
que sus diversos aspectos son inseparables y se influencian mutuamente en la
vida de cada religioso y de cada comunidad. Son dignos de considerar los
siguientes aspectos:
- la vida según el Espíritu o espiritualidad: ésta debe tener la primacía
porque incluye la profundización en la fe y en el sentido de la profesión
religiosa. Se deben privilegiar los ejercicios espirituales anuales y los
tiempos de reanimación espiritual bajo diversas formas;
- la participación en la vida de la Iglesia según el carisma del instituto y
especialmente la actualización de los métodos y de los contenidos de las
actividades pastorales, en colaboración con los otros agentes de la pastoral
local;
- el " reciclaje " doctrinal y profesional que incluye la
profundización bíblica y teológica, el estudio de los documentos del magisterio
universal y particular, un mejor conocimiento de las culturas de los lugares
dónde se vive y trabaja, la actualización profesional y técnica, si hace falta;
- la fidelidad al carisma propio, por un conocimiento siempre mejor del
fundador, de la historia del instituto, de su espíritu, de su misión, y un
esfuerzo correlativo por vivirlo personal y comunitariamente.
69. Acontece que una buena parte de la formación permanente
de los religiosos se desarrolla en un contexto de servicios de formación
intercongregacional. En estos casos, debe recordarse que un instituto no puede
delegar a organismos externos toda la tarea de la formación continua de sus
miembros, demasiado vinculada, en muchos aspectos, a los valores propios de su
carisma. Cada uno de ellos, según las necesidades y posibilidades, debe pues
suscitar y organizar diversas iniciativas y estructuras.
Tiempos fuertes de la formación continua
70. Estas etapas se deben entender de modo muy flexible.
Conviene combinarlas concretamente con aquellas que puede suscitar la
iniciativa imprevisible del Espíritu Santo. Señalamos en particular como etapas
significativas:
- el paso de la formación inicial a la primera experiencia de vida más
autónoma, en la que el religioso debe descubrir una nueva manera de ser fiel a
Dios;
- hacia los diez años de profesión perpetua, cuando se presenta el riesgo de
una vida " rutinaria " y de la pérdida de todo entusiasmo. Parece que
se impone en este momento un período prolongado en que se tome distancia con
relación a la vida ordinaria, para " releerla " a la luz del
Evangelio y del pensamiento del fundador. Es este tiempo de profundización el
que algunos institutos ofrecen a sus miembros en el " tercer año ",
llamado también a veces " segundo noviciado " o " segunda
probación ", etc. Es de desear que ese tiempo se pase en una comunidad del
instituto;
- la plena madurez conlleva muchas veces el peligro de un desarrollo del
individualismo, sobre todo en los temperamentos vigorosos y eficaces;
- el momento de fuertes crisis, que pueden sobrevenir a cualquier edad bajo
la influencia de factores externos (cambios de puesto o de trabajo, fracaso,
incomprensión, sentimiento de marginación, etc.), o de factores más
directamente personales (enfermedad física o psíquica, arideces espirituales,
fuertes tentaciones, crisis de fe o afectivas, o las dos a la vez, etc.). En
estas circunstancias, se debe ayudar al religioso a superar positivamente la crisis,
en la fe;
- el momento del retiro progresivo de la acción; las religiosas y los
religiosos sienten más profundamente en su ser la experiencia que Pablo
describe en un contexto de marcha hacia la resurrección: " No perdemos el
ánimo, no desfallecemos, aún cuando nuestro hombre exterior se va desmoronando,
el hombre interior se va renovando de día en día "46.
El mismo Pedro, después de haber recibido la tarea inmensa de apacentar el
rebaño del Señor, oyó decir: " Cuando llegues a viejo, extenderás tus
manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras ".47 El religioso puede vivir estos momentos como una
oportunidad única de dejarse penetrar por la experiencia pascual del Señor
Jesús hasta desear morir para " estar con Cristo ", en coherencia con
su opción inicial: " conocer a Cristo, el poder de su resurrección y la
comunión en sus padecimientos, hacerme semejante a El en su muerte tratando de
llegar a la resurrección entre los muertos ".48
No es otro el camino que sigue la vida religiosa.
71. Los superiores designarán una persona responsable de la
formación permanente en el instituto. Pero se velará también para que las
religiosas y los religiosos, a lo largo de su vida, puedan disponer de
acompañantes o consejeros espirituales, según las pedagogías ya puestas en
práctica durante la formación inicial y según las modalidades adaptadas a la
madurez adquirida y a las circunstancias que atraviesan.
1. Cf. RC 4; nota 7 introducción.
2. Cf. c. 597, 2.
3. Cf. cc. 641 al 645.
4. Véase más arriba, n. 26 a 30.
5. Cf. C. 620.
6. C. 646.
7. LG 44.
8. LG 46.
9. C. 652, 2.
10. C. 648, 2.
11. RC 5; cf. nota 7 introducción.
12. C. 652, 5.
13. C. 650, 1.
14. Cf . c. 597, 01 Y 2; CC. 641-645.
15. Cf. c. 134, 01, y 1047, 4.
16. Cf. cc. 647-649 y 653, 2.
17. LG 46b.
18. Cf. cc 650-652, 1.
19. Cf c. 985.
20. C. 652, 3.
21. C. 652, 4.
22. Cf. LG 45.
23. Del 2 de febrero de 1970, reedición enmendada en 1975,
EV 03, 1237ss.
24. Juan Pablo II en Madrid, el 2 de noviembre de 1982: AAs
75 (1983) 271.
25. RC 7; nota 7 introducción.
26. OPR 5; cf. nota 24.
27. Ibid. 6.
28. Ibid.
29. Cf. cc. 655 a 658.
30. C. 659, 01 y 2.
31. C. 660, 01 y 2.
32. Cf. Mc 08, 31-37;
Mc 9,31-32;Mc 10,32-34.
33. UR 11.
34. RI n. 70 a 81 y nota 148; 90-93; EV 03, 1103.
35. MR 13a; cf. nota 8 introducción.
36. EE 11, 47; cf. nota 10 introducción.
37. DCVR II, 11; cf. nota 9 introducción.
38. PC 14;
cf. también c. 630.
39. DCVR II, 11; cf. nota 9 introducción.
40. Cf. c. 660, 1.
41. MR 26; cf. nota 8 introducción.
42. C. 661.
43. Juan Pablo II a los religiosos del Brasil, 11 de julio
de 1986, n. 6; cf. nota 5 introducción.
44. MR 11b.12b.23f; cf. nota 8 introducción.
45. Cf. PC 2d.
46. 2Co 4,16; cf. también 2Co 5,1-10.
47.7uuu 21, 15-19.
48.Flp 3,10; cf.Flp 1,20-26; cf. también LG 48.
Capítulo cuarto
LA FORMACIÓN EN LOS INSTITUTOS
RELIGIOSOS ÍNTEGRAMENTE ORDENADOS A LA CONTEMPLACIÓN ESPECIALMENTE LAS MONJAS (PC
7)
72. Lo que se ha dicho en los capítulos precedentes se
aplica a los institutos a que nos referimos aquí, respetando su carisma y su
tradición y legislación propia.
Lugar que ocupan estos institutos en la iglesia
73. " Los institutos que se ordenan íntegramente a la
contemplación, de suerte que sus miembros vacan sólo a las cosas Dios en la
soledad y el silencio en asidua oración y gozosa penitencia, mantienen siempre
por mucho que urja la necesidad del apostolado activo, un puesto de elección en
el Cuerpo místico de Cristo cuyos "miembros no desempeñan todos la misma
función" Rm 12,4). Ofrecen, en efecto, a Dios un eximio
sacrificio de alabanza. Ilustran al pueblo de Dios con frutos abundantes de
santidad. Lo arrastran con su ejemplo y procuran su crecimiento con una
misteriosa fecundidad apostólica. Ellos son así el honor de la Iglesia y una
fuente de gracias celestes ".1
En el seno de una Iglesia particular, " su vida contemplativa es su
primero y fundamental apostolado, porque según un designio especial de Dios, es
su modo típico y característico de ser Iglesia, de vivir en la Iglesia, de
realizar la comunión con la Iglesia, de cumplir una misión en la Iglesia
".2
Desde el punto de vista de la formación de sus miembros, y por la razones
que acaban de darse, estos institutos piden una atención muy particular, tanto
en la formación inicial como en la formación permanente.
La importancia que en ellos reviste la formación
74. No podrían considerarse como secundarios el estudio de
la Palabra de Dios, de la Tradición de los Padres, de los documentos del
Magisterio de la Iglesia y una reflexión teológica sistemática allí donde las
personas han optado por ordenar todo el conjunto de su vida a la búsqueda
prioritaria, si no exclusiva, de Dios. Estas religiosas y religiosos
íntegramente ordenados a la contemplación aprenden en la Escritura cómo Dios no
se cansa de buscar a su criatura para hacer alianza con ella y cómo, a su vez,
toda la vida del hombre no puede ser sino una búsqueda incesante de Dios. Y
ellos mismos se empeñan pacientemente en esta búsqueda. La creatura tambalea
bajo el peso de sus limitaciones, pero, al mismo tiempo, Dios la hace capaz de
apasionarse por esta búsqueda. Es preciso pues ayudar a estos religiosos a
acercarse al misterio de Dios, sin desatender las exigencias críticas de la
razón humana. Es necesario también destacar las certezas que ofrece la
Revelación sobre el misterio de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo,
permaneciendo modestos sin embargo acerca del resultado de una búsqueda que no
acabará sino en el cara a cara, cuando veremos a Dios tal cual es. La primera
preocupación de estos contemplativos no es ni puede ser la de adquirir amplios
conocimientos ni conquistar grados académicos. Es y debe ser la de afianzar la
fe " garantía de los bienes que se esperan y prueba de las realidades que
no se ven ".3 En la fe se encuentran el
fundamento y las primicias de una contemplación auténtica. Ella introduce
ciertamente por rutas desconocidas: " Abraham salió sin saber a donde iba
";4 pero la fe permite mantenerse firme en la
prueba como si se viera lo invisible.5 Ella sana,
profundiza y ensancha el esfuerzo de la inteligencia que busca y que contempla
lo que no alcanza ahora sino como " en un espejo y en enigma "6.
Algunos puntos en que es preciso insistir
75. Teniendo en cuenta la especificidad de estos institutos
y los medios indicados para mantenerla fielmente, su programa de formación
insistirá especialmente en algunos puntos que han de ser tratados gradualmente
en las sucesivas etapas de la formación. Es preciso señalar desde el principio
que el itinerario de formación será en ellos menos intenso y más informal, dada
la estabilidad de los miembros y la ausencia de actividades fuera del
monasterio. Hay que añadir, en fin, que, en el contexto del mundo actual, se
debe esperar de los miembros de estos institutos un nivel de cultura humana y
religiosa que corresponda a las exigencias de nuestro tiempo.
La lectio divina
76. Más que sus hermanos y hermanas dedicados al
apostolado, los miembros de los institutos íntegramente ordenados a la
contemplación ocupan una buena parte de su tiempo cotidiano en el estudio de la
Palabra de Dios y en la lectio divina, bajo suscuatro aspectos de
lectura, meditación, oración y contemplación. Cualesquiera que sean las
palabras empleadas según las diversas tradiciones espirituales y el sentido
preciso que se les dé, cada una de estas etapas conserva su necesidad y su
originalidad. La lectio divina se alimenta de la Palabra de Dios,
encuentra en ella su punto de partida y a ella vuelve. Un estudio bíblico serio
garantiza por su parte la riqueza de la lectio. Que esta última tenga
por objeto el texto mismo de la Biblia o un texto litúrgico o una importante
página espiritual de la tradición católica, se trata siempre de un eco fiel de la
palabra de Dios que es preciso escuchar, quizá hasta susurrar, a la manera de
los antiguos. Esta iniciación requiere un ejercicio intenso durante el tiempo
de formación y sobre ella se apoyan todas las etapas ulteriores.
La liturgia
77. La Liturgia, sobre todo la celebración de la Eucaristía
y la Liturgia de las Horas, ocupa un puesto especial en estos institutos. Si
los antiguos comparaban la vida monástica con la vida angélica, era, entre
otros motivos, porque los ángeles son los " liturgos "7 de Dios. La liturgia, donde se unen la tierra y el cielo
y que por este hecho da como una anticipación de la liturgia celeste, es la
cima a la cual tiende toda la Iglesia y la fuente de donde dimana toda su
fuerza. Ella no representa toda la actividad de la Iglesia, pero es para
aquellos que vacan únicamente a las cosas de Dios el lazo de unión y el medio
privilegiado de celebrar en nombre de la Iglesia en el gozo y la acción de
gracias la obra de salvación cumplida por Cristo, cuyo desarrollo y memorial se
nos ofrece periódicamente en el ano litúrgico.8
Ella será por tanto, no solamente celebrada con cuidado según las tradiciones y
los ritos propios de los diferentes institutos, sino también estudiada
históricamente la variedad de sus formas y su significado teológico.
78. En la tradición de algunos de estos institutos, algunos
religiosos reciben el ministerio presbiteral y celebran la Eucaristía diaria
aunque no estén destinados a ejercer un apostolado. Esta práctica encuentra su
justificación tanto en lo referente al ministerio presbiteral, cuanto en lo que
toca al sacramento de la Eucaristía. Efectivamente, por una parte existe una
armonía interna entre la consagración religiosa y la consagración al ministerio
y es legítimo que estos religiosos sean ordenados sacerdotes, aunque no tengan
un ministerio que ejercer ni al interior ni al exterior del monasterio. "
La unión en una misma persona de la consagración religiosa, que la hace una
ofrenda a Dios, y del carácter sacerdotal, la configura de modo especial con
Cristo que es al mismo tiempo Sacerdote y Víctima ".9
Por otra parte, la Eucaristía " aunque los fieles no puedan estar
presentes en ella es un acto de Cristo y de la Iglesia "10
y merece por ello ser celebrada en cuanto tal porque " las razones que
puede haber para ofrecer el sacrificio no se deben tomar únicamente de parte de
los fieles a los que hay que administrar los sacramentos, sino principalmente
de parte de Dios, a quien se ofrece un sacrificio en la consagración de este
sacramento ".11 En fin, es necesario señalar
la afinidad que existe entre la vocación contemplativa y el misterio de la
Eucaristía. En efecto, " entre las obras de la vida contemplativa, las
principales consisten en la celebración de los misterios divinos "12.
El trabajo
79. El trabajo es una ley común a la que las religiosas y
los religiosos saben que están obligados y convendrá, en período de formación,
hacer resaltar su significado ya que, en el caso que nos ocupa, éste se realiza
dentro del monasterio. El trabajo para vivir no es un obstáculo a la
Providencia de Dios que se preocupa de los menores detalles de nuestras vidas,
sino que entra en sus planes. Puede considerarse como un servicio a la
comunidad, un medio de ejercer en ella una cierta responsabilidad y de
colaborar con otros. Permite desarrollar cierta disciplina personal y
equilibrar los aspectos más interiores que conlleva el horario cotidiano. En
los sistemas de previsión social que entran progresivamente en vigor en
diferentes países, el trabajo permite también a los religiosos participar en la
solidaridad nacional a la cual ningún ciudadano tiene el derecho de sustraerse.
Más generalmente, es un elemento de solidaridad con todos los trabajadores del
mundo. El trabajo responde así, no sólo a una necesidad económica y social,
sino a una exigencia evangélica. Nadie en comunidad puede identificarse con un
trabajo preciso del que correría el riesgo de hacerse propietario, sino que
todos deben estar disponibles para todos los trabajos que se les puedan pedir.
Durante el tiempo de formación inicial, especialmente durante el noviciado,
el tiempo reservado al trabajo no podrá sustraerse del que está normalmente
reservado a los estudios u otras actividades en relación directa con la
formación.
La ascesis
80. Ocupa un puesto particular en los institutos
exclusivamente dedicados a la contemplación; por eso, religiosas y religiosos
deberán sobre todo comprender cómo, a pesar de las exigencias de retiro del
mundo que les son propias, su consagración religiosa les hace presentes a los
hombres y al mundo "`de una manera más profunda en el corazón de Cristo
".13 " Es monje aquel que está separado
de todos y unido a todos ".14 Unido a todos
porque está unido a Cristo. Unido a todos porque lleva en su corazón la
adoración, la acción de gracias, la alabanza, las angustias y el sufrimiento de
los hombres de este tiempo. Unido a todos porque Dios le llama a un lugar donde
El revela al hombre sus secretos. No solamente presentes en el mundo, sino
también en el corazón de la Iglesia, así están los religiosos íntegramente
dedicados a la contemplación. La liturgia que celebran realiza una función
esencial de la comunidad eclesial. La caridad que los anima y que se esfuerzan
en perfeccionar, vivifica al mismo tiempo todo el cuerpo místico de Cristo. En
este amor ellos tocan la fuente primera de todo lo que existe _ " amor
fontalis " y, por este hecho, se encuentran en el corazón del mundo y de
la Iglesia. " En el corazón de la Iglesia, mi madre, yo seré el amor
".15 Tal es su vocación y su misión.
La puesta en práctica
81. La norma general es que todo el ciclo de la formación
inicial y permanente se desarrolle en el interior del monasterio. Para estos
religiosos, es el lugar más conveniente para poder realizar el camino de
conversión, de purificación y de ascesis en orden a conformar su vida con
Cristo. Esta exigencia tiene igualmente la ventaja de favorecer la armonía de
la comunidad. Pues en efecto, toda la comunidad, y no solamente algunas
personas o grupos más iniciados, debe beneficiarse de las ventajas de una
formación bien ordenada.
82. Cuando un monasterio no puede bastarse a sí mismo por
falta de docentes o de un número suficiente de candidatos, seria útil organizar
en uno de los monasterios, servicios de enseñanza (cursos, sesiones, etc.)
comunes a varios monasterios de la misma Federación, de la misma Orden o de
vocación fundamental común, con una periodicidad conforme a la naturaleza
contemplativa de los monasterios interesados.
Para todos los casos en los que las exigencias de la formación tuvieran una
incidencia sobre la disciplina de la clausura, es preciso atenerse a la
legislación en vigor.16 Para la formación se
puede recurrir también a personas ajenas al monasterio y aún a la Orden, a
condición de que lo hagan desde la perspectiva especifica de los religiosos a
los que han de instruir.
83. La asociación de monasterios de Monjas a institutos
masculinos, según el c. 614, puede igualmente servir ventajosamente para la
formación de las Monjas. Ella garantiza la fidelidad al carisma, al espíritu y
a las tradiciones de una misma familia espiritual.
84. Cada monasterio cuidará de crear las condiciones
favorables para el estudio personal y la lectura, con la ayuda de una buena
biblioteca constantemente actualizada y, eventualmente, de cursos por correspondencia.
85. Se pide a las Ordenes y Congregaciones monásticas
masculinas, a las Federaciones de Monjas y a los monasterios no federados o no
asociados, que elaboren un programa de formación (ratio) que formará
parte de su derecho propio y que contendrá normas concretas de aplicación,
conforme a los cc. 650, 01 y 659 a 661.
1. PC 7.
2. DCVR 26 y 27; cf. nota 9 introducción.
3.Hb 11,1.
4. Ibid. 11, 8.
5. Cf. Hb 11,27.
6. 1Co 13,12.
7. Orígenes, Peri Archon 01, 08, 1.
8. Cf. LG 49.50; SC 5. 8.
9. 10.
9. Pablo VI a los superiores mayores de Italia: AAS 58 (1966)
1180; ver también carta a los Cartujos de 18 de abril de 1971: AAS 63 (1971)
448-449.
10. PO 13;
cf. Pablo VI, encíclica Mysterium fidei: AAS 57 (1965) 761-762.
11. Santo Tomás, Suma teológica, III, q. 82, a. 10.
12. Idem, II-IIae, q. 189, a. 08, ad
2um.
13. LG 46.
14. VS III, introducción y nota 27; EV 03, 865.
15. Sta. Teresa del Niño Jesús, Manuscrits
autobiographiques, 1957, p. 229.
16. Cf. c. 667.
Capítulo quinto
CUESTIONES ACTUALES
REFERENTES A LA FORMACIÓN DE LOS
RELIGIOSOS
Se agrupan aquí algunas cuestiones o posiciones actuales que, en algún caso,
son fruto de un análisis sucinto y que, por consiguiente, necesitan
probablemente discusión, precisiones y complementos. En otros casos, se
enumeran orientaciones y principios cuya aplicación concreta no puede hacerse
sino a nivel de las Iglesias particulares.
A) Los jóvenes candidatos a la vida religiosa y la pastoral
vocacional
86. Los jóvenes son " la esperanza de la Iglesia
";1 ella tiene " tantas cosas que decir
a los jóvenes y los jóvenes tienen tantas cosas que decir a la Iglesia".2Si bien existen adultos candidatos a la vida religiosa,
los de 18-25 años representan hoy la mayoría. En la medida en que están
afectados por lo que se ha convenido en llamar " la modernidad " se
pueden destacar con bastante exactitud, según parece, algunos rasgos comunes.
El retrato corresponde más bien al modelo nordoccidental, pero este modelo
tiende a universalizarse, tanto en sus valores como en sus debilidades y cada
cultura aportará los retoques que exija su propia originalidad.
87. " La sensibilidad de los jóvenes percibe
profundamente los valores de la justicia, de la no-violencia y de la paz. Su
corazón está abierto a la fraternidad, a la amistad y a la solidaridad. Se
movilizan al máximo en favor de las causas que miran a la calidad de la vida y
la conservación de la naturaleza ".3 Igualmente
tienen sed de libertad y de autenticidad. Aspiran generalmente, y a veces
ardientemente, a un mundo mejor y no faltan quienes se han comprometido en
asociaciones políticas, sociales, culturales y caritativas para contribuir a
mejorar la situación de la humanidad. Son en su mayoría, a no ser que se hayan
desviado por ideologías totalitarias de cualquier tipo que sean, ardientes
partidarios de la liberación del hombre ante el racismo, el subdesarrollo,
guerras, injusticias. Esta actitud no siempre está dirigida - y a veces está
lejos de serlo - por motivos de orden religioso, filosófico y político, pero no
se puede negar su sinceridad y gran generosidad. Entre ellos se encuentran
quienes están marcados por un profundo sentimiento religioso, pero este mismo
sentimiento tiene necesidad de ser evangelizado. Algunos, en fin, y no siempre
son una minoría, han llevado una vida cristiana bastante ejemplar y se han
comprometido valerosamente en el apostolado, experimentando ya lo que puede
significar " seguir a Jesucristo más de cerca ".
88. Supuesto lo dicho, sus referencias doctrinales y éticas
tienden a relativizarse, hasta el punto que ellos no saben siempre muy bien si
existen puntos de referencia sólidos para conocer la verdad del hombre, del
mundo y de las cosas. La poca atención a la enseñanza de la filosofía en los
programas escolares, a veces, ha influido en ello. Se encuentran dudosos cuando
se trata de afirmar lo que son y lo que están llamados a ser. Cuando tienen
algunas convicciones sobre la existencia del bien y del mal, el sentido de
estos términos parece haberse desplazado de lo que significaba para las
generaciones precedentes. Muchas veces hay una desproporción entre el nivel de
sus conocimientos profanos, quizá muy especializados, su crecimiento
psicológico y su vida cristiana. No todos han tenido en familia una experiencia
feliz, dadas las crisis que atraviesa la institución familiar, tanto donde la
cultura no ha estado profundamente impregnada de cristianismo, como en culturas
de tipo postcristiano donde se impone la urgencia de una nueva evangelización,
como incluso en culturas ya evangelizadas desde antiguo. Aprenden mucho por la
imagen, y la actual pedagogía escolar favorece a veces este medio, pero leen
menos. Ocurre a veces que su cultura se caracteriza por una ausencia casi total
de dimensión histórica, como si el mundo comenzara hoy. Tampoco están exentos
de la influencia de la sociedad de consumo, con las decepciones que engendra.
Logrando, a veces con dificultad, encontrar su puesto en el mundo, algunos se
dejan seducir por la violencia, la droga y el erotismo. Es cada vez menos raro
encontrar entre los candidatos a la vida religiosa, jóvenes que han tenido
experiencias infelices en este último aspecto.
89. Vienen después los problemas que plantean la riqueza y
complejidad de este tejido humano a la pastoral de las vocaciones y, al mismo
tiempo, a la formación. Aquí tiene su papel el discernimiento de las
vocaciones. Quizá en ciertos países sobre todo, las candidatas y candidatos a
la vida religiosa se presentarán en búsqueda, más o menos conscientemente, de
una promoción social y una seguridad para el futuro; para otros, la vida
religiosa se presentará como el lugar ideal para un compromiso ideológico por
la justicia. Otros en fin, de espíritu más conservador, buscarán en la vida
religiosa un lugar para salvaguardar su fe en un mundo considerado hostil y
corrompido. Estas motivaciones representan el reverso de un cierto número de
valores, pero tienen que ser purificadas y rectificadas.
En los países llamados desarrollados, será sobre todo el equilibrio humano y
espiritual, que tal vez sea necesario promover a base de renuncia, de fidelidad
duradera, de generosidad apacible y sostenida, de gozo auténtico y de amor.
He aquí un programa exigente pero necesario para las religiosas y los
religiosos encargados de la pastoral vocacional y de la formación.
B) La formación de los religiosos y la cultura
90. El término general de cultura parece poder resumir,
como propone la Constitución pastoral Gaudium et spes, " el
conjunto de datos personales y sociales que marcan al hombre permitiéndole
asumir y dominar su condición y su destino " (Gaudium et spes, 53a 62).4
Por eso se puede decir que la cultura es: " aquello por lo cual el hombre
llega a ser más hombre " y " se sitúa siempre en relación esencial y
necesaria con lo que es el hombre ".5 Por
otra parte, " la profesión de los consejos evangélicos, aunque implica la
renuncia de bienes que indudablemente han de ser muy estimados, no se opone sin
embargo al verdadero desarrollo de la persona humana, antes por su propia
naturaleza lo favorece en gran medida "6.
Existe pues una afinidad entre la vida religiosa y la cultura.
91. Concretamente, esta afinidad atrae nuestra atención
sobre algunos puntos. Jesucristo y su Evangelio transcienden toda cultura,
aunque la presencia de Cristo resucitado y de su Espíritu las penetran todas
desde dentro.7 Por otra parte, toda cultura debe
ser evangelizada, es decir, purificada y sanada de las heridas del pecado. Al
mismo tiempo, la sabiduría que lleva consigo es superada, enriquecida y
completada por la sabiduría de la Cruz.8 Será
conveniente por tanto en todas las latitudes:
- velar por el nivel de cultura general de los candidatos, sin olvidar que
la cultura no se limita a la dimensión intelectual de la persona;
- verificar cómo las religiosas y los religiosos llegan a inculturar su
propia fe en su cultura de origen y ayudarles a que lo consigan. Esto no debe
llevar a transformar las casas de formación a la vida religiosa en una especie
de laboratorios de inculturación. Pero los responsables de la formación no
pueden dejar de atender este aspecto en el acompañamiento personal de sus
discípulos. Tratándose de la educación personal de su fe y de su enraizamiento
en la vida de toda la persona, no pueden olvidar que el Evangelio libera en una
cultura la verdad última de los valores que ella contiene y que, por otra
parte, la cultura expresa el Evangelio de manera original y manifiesta nuevos
aspectos del mismo;9
- iniciar a las religiosas y los religiosos, que viven y trabajan en una
cultura extraña a su cultura de origen, en el conocimiento y en la estima de
esta cultura, según las recomendaciones del decreto conciliar Ad gentes,
n. 22.
- promover en las jóvenes Iglesias, en comunión con el conjunto de la
Iglesia local y bajo la guía de su Pastor, una vida religiosa inculturada,
conforme al decreto Ad gentes, n. 18.
C) Vida religiosa y movimientos eclesiales
92. " En la Iglesia-Comunión, los estados de vida
están tan unidos entre sí que están ordenados el uno para el otro. Su sentido
profundo es el mismo y único para todos: ser una manera de vivir la común
dignidad cristiana y la vocación universal a la santidad en la perfección del
amor. Las modalidades son a la vez diversas y complementarias, de manera que
cada una de ellas tiene su fisonomía original, que no se ha de confundir, y, al
mismo tiempo, cada una está relacionada con las otras y a su servicio "10. Lo que confirman numerosas experiencias actuales de
compartir no sólo el trabajo, sino a veces también la oración y la mesa entre
religiosos, religiosas y laicos. Nuestro propósito no es el de hacer aquí un
estudio de conjunto sobre esta situación nueva sino el de considerar únicamente
las relaciones religiosos-laicos bajo el aspecto de los movimientos eclesiales,
debidos en su mayor parte a la iniciativa de los laicos.
Desde siempre, se han manifestado en el seno del pueblo de Dios movimientos
eclesiales, inspirados por un deseo de vivir más intensamente el Evangelio y de
anunciarlo a los hombres. Algunos de ellos estaban muy estrechamente ligados a
institutos religiosos, cuya espiritualidad específica compartían. En nuestros
días, y especialmente desde hace algunos decenios, han aparecido nuevos
movimientos más independientes que los primeros de estructuras y estilo de vida
religiosa, y cuya influencia benéfica para la Iglesia ha sido frecuentemente
evocada en el sínodo de los Obispos sobre la vocación y la misión de los laicos
(1987), a condición de que en ellos se den ciertos criterios de eclesialidad.11
93. Para mantener una feliz comunión entre estos
movimientos y los institutos religiosos, tanto más si se considera que
numerosas vocaciones religiosas nacen de estos movimientos, conviene
reflexionar sobre las exigencias siguientes y sobre las consecuencias concretas
que implican para los miembros de estos institutos.
- Un instituto, tal como lo ha querido su Fundador y la Iglesia lo ha
aprobado, tiene una coherencia interna que recibe de su naturaleza, de su fin,
de su espíritu, de su carácter y de sus tradiciones. Todo este patrimonio
constituye el eje alrededor del cual se mantienen a la vez la identidad y la
unidad del mismo instituto 12 y la unidad de vida
de cada uno de sus miembros. Es un don del Espíritu a la Iglesia que no puede
soportar interferencias ni mezclas. El diálogo y el compartir en el seno de la
Iglesia suponen que cada uno tiene plena conciencia de su identidad.
- Un candidato a la vida religiosa proveniente de uno u otro de estos
movimientos eclesiales se pone libremente, cuando entra en el noviciado, bajo
la autoridad de los superiores y de los formadores legítimamente designados
para formarlo. No puede por tanto depender al mismo tiempo de un responsable
ajeno al instituto al que él ya pertenece, aunque antes de entrar perteneciera
a dicho movimiento. Están aquí en juego la unidad del instituto y la unidad de
vida de los novicios.
- Estas exigencias continúan más allá de la profesión religiosa, a fin de
descartar todo fenómeno de pluripertenencia, en el plano de la vida espiritual
personal del religioso y en el de su misión. Si no se respetan, la necesaria
comunión entre religiosos y laicos correría el riesgo de degenerar en confusión
entre los dos planos anteriormente mencionados.
D) El ministerio episcopal y la vida religiosa
94. Esta cuestión se ha hecho más actual desde la
publicación de Mutuae relationes y desde que el Papa Juan Pablo II ha
subrayado en muchas ocasiones la incidencia del oficio pastoral de los Obispos
sobre la vida religiosa.
El ministerio del Obispo y el de un superior religioso no están en
concurrencia. Ciertamente existe un orden interno de los institutos que tiene
su propio campo de competencia, en vista del mantenimiento y crecimiento de la
vida religiosa. Este orden interno goza de una verdadera autonomía, pero ésta
deberá ejercitarse necesariamente dentro del cuadro de la comunión eclesial
orgánica.13
95. En efecto, se " reconoce a cada instituto una justa
autonomía de vida, sobre todo en el gobierno, por la cual posee su propia
disciplina dentro de la Iglesia y puede conservar intacto (su) patrimonio (...)
corresponde a los Ordinarios del lugar el salvaguardar y proteger esta
autonomía ".14
En el marco de esta autonomía, " el derecho propio (de los institutos)
debe determinar el plan de (la) formación y su duración, teniendo en cuenta las
necesidades de la Iglesia y la condición de los hombres y las circunstancias de
los tiempos, tal como exigen el fin y el carácter del instituto ".15
" En cuanto al ministerio de la enseñanza, los superiores religiosos
tienen la competencia y autoridad de "maestros espirituales", según
el proyecto evangélico de su instituto; en este ámbito, ellos deben dar una
verdadera dirección espiritual a su congregación y a cada una de las
comunidades, de acuerdo con el magisterio auténtico de la Jerarquía "16.
96. Por otra parte los Obispos, en cuanto " doctores
auténticos " y " testigos de la verdad divina y católica "17 tienen una " responsabilidad en lo que toca a la
enseñanza de la doctrina de la fe, tanto en los centros que cultivan su estudio
como en la utilización de los medios para transmitirla "18.
" Incumbe a los Obispos, como maestros auténticos y guías de perfección
para todos los miembros de su diócesis (ChD 12.15.25, 3; LG 25.45), ser también los guardianes
de la fidelidad a la vocación religiosa en el espíritu de cada instituto
", 19 según las normas del derecho (cf. cc.
386.387.591.593.678).
97. A ello no se opone en modo alguno la autonomía de vida,
y particularmente de gobierno, reconocida a los institutos religiosos. Si, en
el ejercicio de su jurisdicción, el Obispo está limitado por el respeto a esta
autonomía, no está por ello dispensado de velar por la marcha de los religiosos
hacia la santidad. Incumbe en efecto a un sucesor de los Apóstoles, en cuanto
ministro de la Palabra de Dios, llamar a los cristianos en general a seguir a
Cristo, y, por excelencia, a aquellos que reciben la gracia de seguirlo "
más de cerca " (c. 573, 1). El instituto al cual estos últimos pertenecen
representa ya en sí mismo y para ellos una escuela de perfección y un camino
hacia la santidad, pero la vida religiosa es un bien de la Iglesia y, como tal,
depende de la responsabilidad del Obispo. La relación del Obispo con las religiosas
y religiosos, generalmente percibida a nivel de apostolado, tiene su raíz más
profunda en su cargo de ministro del evangelio, al servicio de la santidad de
la Iglesia y de la integridad de su fe.
En este espíritu y sobre la base de estos principios, es conveniente que los
Obispos de las Iglesias particulares sean al menos informados por los
Superiores Mayores de los programas (ratio) de formación vigentes en los
centros o servicios de formación de los religiosos, situados en el territorio
del que ellos son Pastores. Toda dificultad que afecte a la responsabilidad
episcopal y que se refiera al funcionamiento de estos servicios o centros, será
examinada entre los Obispos y superiores mayores, conforme al derecho y a las
orientaciones dadas por Mutuae relationes, n. 24 a 35, y eventualmente
con la ayuda de los órganos de coordinación indicados por el mismo documento en
los n. 52 a 67 (cf. cc. 386.387.591.593.678).
E) La colaboración intercongregacional a nivel de la formación
98. La primera responsabilidad de la formación de los
religiosos corresponde por derecho a cada instituto y son los superiores
mayores de los institutos, con la ayuda de sus responsables cualificados,
quienes tienen la importante misión de velar por ella. Cada instituto, debe
además, según el derecho, establecer propio programa de formación (ratio).20
Sin embargo, la necesidad ha llevado a ciertos institutos, en todos los
continentes, a poner en común sus medios de formación (personal e
instituciones) con el fin de colaborar en esta obra tan importante, que no
podían continuar realizando solos.
99. Esta colaboración se efectúa por medio de centros
permanentes o de servicios periódicos. Se llama centro intercongregacional a un
centro de estudio para religiosos, puesto bajo la responsabilidad colectiva de
los superiores mayores de los institutos cuyos miembros participan en este
centro. Su fin es el de asegurar la formación doctrinal y práctica requerida
por la misión especifica de los institutos y conforme a su naturaleza. Es
distinto de la comunidad formativa propia de cada instituto y en el seno de la
cual el novicio y el religioso se inician en la vida comunitaria, espiritual y
pastoral del instituto. Cuando un instituto participa en un centro
intercongregacional debe haber una complementariedad entre la comunidad
formativa y el centro, en orden a una formación armónica integral.
Los centros de formación de una federación obedecen a normas que constan en
los estatutos de la federación y aquí no se tienen en cuenta. Lo mismo se dice
de los centros o servicios de estudios bajo la responsabilidad de un solo
instituto, pero que acogen como huéspedes a religiosas o religiosos de otros
institutos.
100. La colaboración intercongregacional para la formación
de las jóvenes profesas y profesos, la formación permanente y la formación de
los formadores, puede efectuarse en el ámbito de un centro. La de los novicios,
al contrario, no se puede dar sino bajo la forma de servicios periódicos,
porque la comunidad del noviciado propiamente dicha tiene que ser una comunidad
homogénea propia de cada instituto. Nuestro Dicasterio se propone publicar
próximamente un documento, detallado y normativo referente a la puesta en
práctica de la colaboración intercongregacional en el campo de la formación.
1. GE 2.
2. ChL 46; cf. también Prop. 51 y 52 del 7° Sínodo de los
Obispos, 1987.
3. ChL 46.
4. CIT 8-10-1985, n. 4-1; EV 09, 1622.
5. Juan Pablo II en la IJNESCO, 1980, n. 6 y 7; IDGP 1980, I,
1636.
6. LG 46.
7. CIT, Fe e inculturación, n. 8 y 22; Civiltà Cattolica,
enero 1989.
8. Ibid.; cf. también ChL 44.
9. CIT, n. 4-2; cf. nota 4 de este capítulo.
10. ChL 55.
11. ChL 30.
12. Cf. c.578.
13. ChD 35, 03 y 4; MR 13c.
14. C. 586.
15. C. 659, 2; cf. igualmente c. 650, 01 para lo que se
refiere especialmente al noviciado.
16. MR 13a; cf. nota 8 introducción.
17. LG 25.
18. MR 33, cf. nota 8 introducción; cf. también cc. 753 y
212, 1.
19. MR 28, cf. nota 8 introducción. Para el Obispo "
perfector ", cf. Suma teológica, II, q. 184.
20. Cc. 650, 01 y 659, 2. Ver también Juan Pablo II a los
religiosos del Brasil, 02 de julio de 1986, n. 5; cf. nota 5 introducción.
Capítulo sexto
LOS RELIGIOSOS CANDIDATOS A LOS
MINISTERIOS PRESBITERAL Y DIACONAL
101. Las cuestiones planteadas por este tipo de religiosos merecen
ser expuestas aparte dado su carácter particular. Son de tres órdenes. Unas
miran a la formación a los ministerios como tales; otras a la especificidad
religiosa de los religiosos sacerdotes y diáconos; otras en fin a la inserción
del religioso sacerdote en el presbiterio diocesano.
La formación
102. En ciertos institutos, definidos por su derecho propio
como clericales, se ha propuesto a veces dar la misma formación a los hermanos
laicos y a los candidatos a la ordenación. A nivel del noviciado parece incluso
exigida una formación común a unos y otros por el carisma específico del
Instituto. Se siguen consecuencias benéficas en cuanto a la cualidad y a la
integridad de la formación doctrinal de los hermanos laicos y en cuanto a su
integración en la comunidad. Pero, en todos los casos, las normas sobre la
duración y el contenido de los estudios preparatorios al ministerio presbiteral
deberán ser rigurosamente observadas y seguidas.
103. " La formación de los miembros que se preparan a
recibir las Ordenes sagradas se rige por el derecho universal y el plan de
estudios propio del instituto ".1 Además los
religiosos candidatos al ministerio presbiteral se conformarán a las normas de
la Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis 2
y los candidatos al diaconado permanente a las disposiciones previstas a
este efecto por el derecho propio de los institutos. No se recapitulará aquí la
integridad de esta " ratio " cuyas líneas maestras figuran en el
derecho canónico.3 Será suficiente recordar, para
que sean observadas por los superiores mayores, algunas etapas del "
cursus " de formación.
104. Los estudios de filosofía y de teología llevados a
cabo sucesiva o conjuntamente, comprenderán por lo menos 6 años completos, de
modo que 2 años enteros estén consagrados a las disciplinas filosóficas y 4
años completos a los estudios teológicos. Los superiores mayores velarán por la
observancia de estas disposiciones especialmente cuando confíen sus religiosos
jóvenes a centros intercongregacionales o a universidades.
105. Si bien toda la formación de los candidatos al
ministerio presbiteral tiende a un fin pastoral, habrá una formación pastoral
propiamente dicha adaptada al fin del instituto. El programa de esta formación
se inspirará en el decreto Optatam
totius y, para los religiosos llamados a trabajar en culturas distintas
de cultura de origen, en el decreto Ad gentes.4
106. Los religiosos sacerdotes dedicados a la
contemplación, monjes u otros, llamados por sus superiores a ponerse a
disposición de los huéspedes para ministerio de la reconciliación o del consejo
espiritual, estarán provistos de una formación pastoral apropiada a este
ministerio. Se conformarán igualmente las orientaciones pastorales de la
Iglesia particular en la cual se encuentran.
107. Serán observadas todas las condiciones canónicas
requeridas para los ordenandos y que se refieran a ellos, teniendo en cuenta la
naturaleza y las obligaciones propias del estado religioso.5
La especificidad religiosa de los religiosos sacerdotes y diáconos
48. " Un sacerdote religioso inserto en la pastoral al lado de
sacerdotes diocesanos, debería mostrar claramente en sus actitudes que es
religioso".6 Para que aparezca siempre en el
religioso, sacerdote o diácono, " lo que caracteriza la vida religiosa y a
los religiosos, y les dé una visibilidad ", 7
deben cumplirse varias condiciones sobre las que es útil que los religiosos,
candidatos a los ministerios presbiteral y diaconal, se interroguen durante el
tiempo de su formación inicial y de su formación permanente:
- que tengan una percepción clara y convicciones firmes sobre la naturaleza
respectiva del ministerio presbiteral y diaconal que pertenece a la estructura
de la Iglesia, y de la vida religiosa que pertenece a su santidad y a su vida, 8 manteniendo siempre el principio de que su ministerio
pastoral forma parte de la naturaleza de su vida religiosa;9
- que beban, para su vida espiritual, en las fuentes del instituto del cual
son miembros y acojan en sí mismos el don que representa este instituto para la
Iglesia;
- que den testimonio de una experiencia espiritual personal inspirada en el
testimonio y la enseñanza del fundador;
- que vivan conforme a la regla de vida que se comprometieron a observar;
- que vivan en comunidad según el derecho;
- que estén disponibles y movibles para el servicio de la Iglesia universal,
si los superiores del instituto les llaman a ello.
Si se respetan estas condiciones el religioso sacerdote o diácono logrará armonizar
felizmente estas dos dimensiones de su única vocación.
El lugar del religioso sacerdote dentro del presbiterio diocesano
109. La formación del religioso sacerdote debe tener en
cuenta su futura inserción en el presbiterio de una Iglesia particular, sobre
todo si debe ejercitar en ella un ministerio, " teniendo presente sin
embargo el carácter propio de cada instituto "10.
En efecto, " la Iglesia particular constituye el espacio histórico en el
cual una vocación se expresa en la realidad y realiza su compromiso apostólico
".11 Los religiosos sacerdotes pueden con
todo derecho considerarla como " la patria de (su propia) vocación "12. Los principios fundamentales que rigen esta inserción
fueron dados por el decreto conciliar Creasteis Dominus (n. 34-35). Los
religiosos sacerdotes son " colaboradores del orden episcopal ";
" a decir verdad, en cierto modo, ellos pertenecen al clero de la diócesis
en cuanto participan en el cuidado de las almas y en las obras de apostolado
bajo la autoridad de los Obispos ".13 A
propósito de esta inserción, Mutuae relationes (n. 15 a 23) hace
resaltar la influencia recíproca entre los valores universales y particulares.
Si se pide a los religiosos " aún perteneciendo a un instituto de derecho
pontificio, sentirse verdaderamente participantes de la familia diocesana
", 14 el derecho canónico les reconoce la
autonomía conveniente 15 para que se mantenga su
carácter universal y misionero.16
De manera habitual, la situación de un religioso sacerdote o de un instituto
al que el obispo ha confiado una misión o una obra pastoral en su Iglesia
particular, debe regirse por un convenio escrito 17
entre el obispo diocesano y el superior competente del instituto o del
religioso interesado. Lo mismo habría que decir de un religioso diácono puesto
en idéntica situación.
l. C. 659, 3.
2. 1a edición 6 de enero de 1970; 2a edición 19 de marzo de
1985; cf. Cap. IV, nota 35.
3. Cf. cc. 242 a 256.
4. Ver OT 4 y
19-21; AG 25-26.
5. Cf. cc. 1010 a 1054.
6. Juan Pablo II a los religiosos del Brasil, 03 de julio de
1980; cf. nota 5 introducción.
7. Ibid.
8. Cf. LG 44
9. Cf. PC 8.
10. ChD 35, 2.
11. MR 23, d.
12. MR 37.
13. ChD 34. " Ut Episcopis
auxiliatores adsint et subsint ", dice ChD 35.
14. MR 18, b.
15. MR 22.
16. MR 23, c.
17. MR 57-58; cf. c. 520, 2.
CONCLUSIONES
110. Este documento ha querido tener en cuenta las
experiencias ya intentadas después del Concilio y hacerse eco igualmente de las
cuestiones planteadas por los superiores mayores. Recuerda a todos algunas
exigencias del derecho en función de las circunstancias y de las necesidades
presentes. Espera en fin ser útil a los institutos religiosos para que todos
progresen en la comunión eclesial bajo la guía del Papa y de los Obispos a
quienes " compete el ministerio de discernir y de armonizar; y esto lleva
consigo la abundancia de dones especiales del Espíritu, así como el carisma
particular de la distribución de las diversas funciones en íntima docilidad
espiritual al único Espíritu Vivificante ".1
En primer lugar se ha indicado que la formación de los religiosos tiene como
fin primordial el de ayudarles a tomar conciencia de su identidad de
consagrados por la profesión de los consejos evangélicos de castidad, de
pobreza y de obediencia, en un instituto religioso. Entre los agentes de la
formación se da la primacía al Espíritu Santo, porque la formación de los
religiosos es una obra esencialmente teologal, en su fuente y en sus objetivos.
Se insiste sobre la necesidad de formar formadores cualificados, sin esperar
que aquellos que están actualmente en ese cargo hayan terminado su mandato. La
función de primer orden que juegan el mismo religioso y su comunidad, hacen de
esta tarea un lugar de ejercicio privilegiado de la responsabilidad personal y
comunitaria. Se han planteado varias cuestiones actuales; no todas reciben una
respuesta decisiva, pero por lo menos provocan la reflexión. Un lugar aparte se
ha dado a los institutos íntegramente ordenados a la contemplación, dada su
situación en el corazón de la Iglesia y la especificidad de su vocación.
Nos queda pedir para todos, superiores, educadores y formadores religiosos,
la gracia de la fidelidad a su vocación, a ejemplo y bajo la protección de la
Virgen María. En su marcha a lo largo de los tiempos, la Iglesia "
progresa siguiendo el itinerario realizado por la Virgen María que avanzó en su
peregrinación, manteniendo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz.2
El tiempo de formación ayuda al religioso a recorrer este itinerario a la luz
del misterio de Cristo que " esclarece plenamente "3 el
misterio de María, al mismo tiempo que el misterio de María " es para la
Iglesia como un sello que autentica el misterio de la Encarnación ", 4
como apareció al Concilio de Efeso. María está presente en el nacimiento y en
la educación de cada vocación religiosa. Ella está asociada íntimamente a todo
su crecimiento en el Espíritu Santo. La misión que ella ha cumplido con
relación a Jesús, la lleva a término en beneficio de su Cuerpo que es la
Iglesia y de cada uno de los cristianos, especialmente aquellos que se
consagran a seguir a Jesucristo " más de cerca ".5 Por
eso, un ambiente mariano sostenido por una teología auténtica, asegurará a la
formación de los religiosos autenticidad, solidez y gozo, sin los cuales su
misión en el mundo no podría cumplirse plenamente.
En Audiencia concedida el 10 de noviembre de 1989 al suscrito Cardenal
Perfecto, el Santo Padre ha aprobado el presente documento de la Congregación
de los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica y ha
autorizado su publicación bajo el título de " Orientaciones sobre la
formación en los Institutos religiosos ".
Roma, 02 de febrero de 1990.
Fr. JÉROME CARD. HAMER
Praefectus
+ VINCENTIUS FAGIOLO
Arch. em. Theatin.-Vasten.
Secretarius
1. MR 6; cf. nota 8 introducción.
2. RM 2: AAS 79 (1987) 361 ss.
3. RM 4: ibid.
4. Ibid.
5. LG 42.
SIGLAS
DOCUMENTOS DEL CONCILIO
VATICANO II
AG Decreto Ad gentes, 1965
ChD Decreto Christus dominus, 1965
DV Constitución dogmática Dei
verbum, 1965
GE Declaración Gravissimum
educationis, 1965
GS Constitución pastoral Gaudium
et spes, 1965
LG Constitución dogmática Lumen
gentium, 1964
OT Decreto Optatam
totius, 1965
PC Decreto Perfectae
caritatis, 1965
PO Decreto Presbyterorum
ordinis, 1965
UR Decreto Unitatis
redintegratio, 1964
SC Constitución Sacrosanctum
concilium, 1963
DOCUMENTOS DE LOS PAPAS
ChL Exhortación apostólica Christifideles
laici, Juan Pablo II, 1989
ET Exhortación apostólica Evangelica testificatio, Pablo VI, 1971
MD Carta apostólica Mulieris
dignitatem, Juan Pablo II, 1988
RD Exhortación apostólica Redemptionis donum, Juan Pablo II, 1984
RM Encíclica Redemptoris
Mater, Juan Pablo II, 1987
OTROS DOCUMENTOS DE LA SANTA
SEDE
CDC Código de derecho
canónico, 1983
c.o cc. Cánones del Código de derecho canónico
DCVR Dimensión contemplativa de la vida religiosa, Congregación para los
Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica (CIVCSVA),
19801
EE Elementos esenciales de la vida religiosa aplicados a los institutos
dedicados al apostolado, CIVCSVA, 1983
FS Carta circular sobre algunos aspectos más urgentes en la preparación
espiritual de los Seminarios, Congregación para la Educación Católica, 19802
1 No habiendo sido publicado oficialmente en latín este documento,
utilizamos para la sigla la traducción española publicada por la CIVCSVA en
1980.
2 La sigla del documento está tomada de la traducción italiana aparecida en
OR del 12 abril de 1980.
MR Docurnento Mutuae relationes, Congregación para los Obispos y
CIVCSVA, 1978
OCV Ordo consecrationis virginum, Congregación para el Culto Divino,
1970
OPR Ordo professionis religiosae, idem, 1970
RC Instrucción Renovationis causam, CIVCSVA, 1969
RI Ratio institutionis (...), Congregación para la Educación
Católica, 1970, 1985
RPH Religiosos y promoción humana, CIVCSVA, 19803
VS Instrucción Venite seorsum, CIVCSVA, 1969
OTRAS SIGLAS
AAS Acta Apostolicae Sedis
CTI Comisión teológica internacional
EV Enchiridion Vaticanum, Edizioni dehoniane, Bologna.
IDGP Insegnamenti di Giovanni Paolo II, Libreria editrice vaticana.
OR L'Osservatore Romano
PG Patrología griega
UISG Unión internacional de las superioras generales
3 Cf. nota 1.