Coord.: C CREMADES-J PALOS 


La Biblioteca Almudí de Valencia recoge el desafío de Juan Pablo II en la Ex. Ap. "Ecclesia in Europa" y ha estudiado brevemente, pero a fondo como "El anuncio de Jesucristo tiene que llegar también a la cultura europea" (58). Se analizan los presupuestos antropólógicos, filosóficos y éticos de la cultura europea para, a partir de ahí, hacer una propuesta audaz de evangelización. Se abordan las relaciones entre cristianismo e islam en Europa.

 

PROGRAMA

SER CRISTIANO HOY EN EUROPA

Presentación.
Mons. Enrique Benavent

Ser cristiano hoy en Europa. Actuales desafíos
Mons. Antonio Cañizares, Arzobispo de Toledo
Valencia, 10 de febrero de 2005.

Una antropología para Europa. La verdad sobre el hombre
Juan Manuel Burgos, Presidente de la Asociación Española de Personalismo
Albacete, 24 de enero de 2005 y Alicante, 25 de enero de 2005.

La verdad sobre el hombre.
Eduardo Ortiz, Universidad "San Vicente Mártir", Valencia.
Alicante, 25 de enero de 2005.

Propuesta de una Ética para Europa
Gabriel Chalmeta, Universidad de la Santa Cruz, Roma.
Valencia, 10 de mayo de 2005.

Una ética para Europa.
Juan Costa, Instituto Martín Codolar, Barcelona
Valencia, 10 de mayo de 2005.

Raíces filosóficas de los desafíos de la cultura actual.
Mons. Esteban Escudero Torres, Obispo Auxiliar de Valencia
Valencia, 12 de abril de 2005

Europa, Cristianismo y Derecho
Rafael Navarro Valls, Universidad Complutense de Madrid
Murcia, 24 de febrero de 2004.

Cristianismo y medios de comunicación. Entre los prejuicios y las buenas intenciones.
Arturo Merayo, Universidad Católica de Murcia
Murcia, 24 de febrero de 2004.

Islam y Europa.
Monserrat Abumalham, Universidad complutense de Madrid.
Valencia, 11 de marzo de 2005

La presencia musulmana en Europa
José Morales, Universidad de Navarra
Valencia, 11 de marzo de 2005.


Reseñas y conclusiones de las distintas mesas redondas.

Sesión 1 Ha dado comienzo un ciclo de conferencias sobre cómo Ser cristiano hoy en Europa con el objeto de aportar reflexiones clarificadoras en esta hora crucial del continente. Las mesas redondas tienen como finalidad analizar la situación de Europa, que se presenta con grandes esperanzas y -a la vez- con graves incertidumbres en el campo cultural, antropológico, ético y espiritual. El análisis permitirá descubrir las tareas que esperan al europeo en los próximos años 
La primera intervención ha corrido a cargo de Mons. Cañizares, Arzobispo de Toledo.

Los actuales desafíos. Los cristianos y el desafío europeo

Una descripción de la situación europea, llena de realismo, para desembocar en una llamada a la esperanza, ha sido la síntesis de la conferencia de Mons. Cañizares.
El prelado de Toledo ha partido de la masacre del 11-M para referirse a los retos que aguardan al cristiano europeo. Recordando al Papa en su exhortación sobre Europa, se refirió: al oscurecimiento de la esperanza, a la pérdida de la memoria y de la herencia cristianas, al miedo a afrontar el futuro, al decaimiento creciente de la solidaridad, al laicismo y a la secularización. Sus ejemplos fueron abundantes: en el campo de la bioética (aborto, eutanasia y clonación) y en el de la familia (legislación permisiva del divorcio y nuevos pretendidos modelos de familia).
Según Mons. Cañizares nunca hasta hoy se ha contemplado en la historia una cultura secularizada. Esta cultura ha desembocado en un relativismo moral y jurídico en el que se puede perder la verdad sobre el hombre, que es su fundamento inalienable. La batalla contra la secularización se ha de afrontar, en primer lugar, dentro de la propia Iglesia.
Rememorando el último viaje del Papa a España y glosando una carta de los apóstoles, el arzobispo hizo un bello canto a la esperanza: Jesucristo sigue vivo en su Iglesia y es la fuente de esperanza para Europa. El ejemplo de los innumerables mártires del último siglo, la labor pastoral extraordinaria del Papa y la santidad cristiana en la vida ordinaria, entre otras realidades, deben impulsar una nueva evangelización, que será asombrosa.


Sesión 2.

Conclusiones de la ponencia del Prof. Burgos.

La Iglesia requiere una antropología para expresar de modo conceptual las verdades sobre el hombre ?dejamos aquí de lado los aspectos más dogmáticos? que Cristo le ha revelado. Los cristianos cultos necesitan una antropología no sólo para expresar su modo personal y cristiano de comprender el destino y sentido de la sociedad que les rodea, sino para comprenderse a sí mismos. Y se requiere también una antropología profunda y sistemática para responder a las concepciones filosóficas del hombre, opuestas o diversas de la antropología cristiana, que la modernidad ha prodigado con tanta generosidad.
La tesis que vengo manteniendo desde hace años es que esa filosofía existe y se llama personalismo. No puedo extenderme ahora en muchos detalles, pues el espacio es limitado; por eso me centraré en lo esencial. El personalismo es una filosofía realista, original, moderna y compatible con el cristianismo. Y ésas son precisamente las características que requiere una antropología que quiera y pueda conectar con el nuevo corazón de Europa. El personalismo fue forjado en el siglo XX por un numeroso grupo de pensadores de filiación cristiana y judía para responder a la pinza ideológica que formaban conjuntamente el liberalismo individualista y las mentalidades de tipo colectivista como el marxismo y el nazismo. Pero, desde esa posición inicial de defensa, evolucionó hacia una estructura propositiva y sistemática: la del Mounier de los últimos años, unido a un impresionante plantel de pensadores: Maritain, Marcel y Nédoncelle; Buber, Ebner, Rosenzweig y Lévinas; Scheler, von Hildebrand y Stein; Karol Wojtyla, Carlini, Pareyson y Stefanini; Romano Guardini, Seifert, Crosby, López Quintás, Laín Entralgo, Zubiri, Polo y muchos otros.


Sesión 3.

Concluye el prof . Eduardo Ortiz
Todo ser humano vive con una interpretación de sí mismo, con una imagen de sí mismo. Ella incluye tanto lo que el ser humano (aspecto descriptivo) es como lo que ha de ser (aspecto normativo). El estudio del primer aspecto corresponde a la antropología filosófica; el segundo es cometido de la ética. De ahí que estas dos disciplinas suelen ir juntas: el vínculo que las une va más allá de motivos académicos
La interpretación que la antropología adecuada ofrece al hombre contemporáneo respecto a lo que es y lo que ha de ser, es ciertamente exigente. Pues lo hace desde la hermenéutica del don. Pero es que el hombre no está hecho para menos que para la donación de sí mismo y para la cogida del don que los demás hacen de sí mismos a él.
La fuente más profunda que inspira y refuerza sin cesar semejante interpretación es la donación o entrega que los cristianos han hecho y hacen de sus vidas, a semejanza de lo que Jesucristo ??el más amigo y el más sabio?? hiciera con la suya, pues ?nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos? (Juan 15, 13). Por eso, los cristianos tienen una misión antropológica fundamental: la de custodiar el corazón de la verdadera interpretación sobre lo que el ser humano es y ha de llegar a ser. ?Ecce homo!? (Juan 19, 5).


Sesión 4.

Concluye el prof. Navarro Valls: 
– ¿Qué es lo que distingue a Europa en el seno de la gran familia humana? La Europa libre está formada por democracias parlamentarias. Ahora bien, la democracia debe su existencia al cristianismo. La democracia griega negaba la igualdad de todos los hombres; se aplicaba a una elite de nacimiento. La democracia moderna reconoce la igualdad de los derechos de todas las personas humanas , sin distinción ni excepción. El cristianismo fue el primero que enseñó la igualdad de naturaleza de todos los hombres. La democracia no se improvisa; Europa ha tardado más de un milenio de cristianismo en darle forma, pero la democracia es de esencia evangélica?.

Concluye el prof. Merayo: 
Ante semejante panorama es posible que ustedes se estén preguntando ¿Hay soluciones y, en ese caso, cuáles son? Permítanme que, tan sólo a modo de breves reflexiones, apunte lo que a mi juicio son tres modos de dignificar la profesión periodista, a los que añadiré algunas actitudes que estimo especialmente necesarias en estos momentos. La mayor parte de ellos podrían hacerse extensibles a cualquier profesional y cualquier medio, pero me parece más importante aplicarlos a los periodistas y medios católicos pues sobre ellos recae una responsabilidad mayor.

  1. Coherencia cristiana. Un periodista católico debería ser persona, católico y periodista. No hay prelación, pues no existe tampoco -o no debería existir- contradicción alguna en las tres facetas. Al contrario, las tres deben encarnarse en un mismo sujeto con armonía y conjunción. Dicho de otro modo: no es posible ser buen profesional si no se es buena persona; no se puede ser un buen católico si se es un mal profesional; no se puede ser un buen periodista católico siendo mal periodista.

  1. Sólida formación profesional. Los periodistas -y por extensión todos aquellos que trabajan en los medios de comunicación, incluidos sus propietarios- deberían ser formados con mayor solidez. Las Facultades de Comunicación tienen en ese sentido una responsabilidad indiscutible y conviene que sean capaces de hacer autocrítica si quieren capacitar a verdaderos profesionales y no simplemente engrosar el número de sus licenciados. Porque no basta con transmitir conocimientos. Los periodistas, además de una amplia cultura general y específica, han de ser formados para que desarrollen rasgos de personalidad definidos: adaptabilidad a las nuevas circunstancias, capacidad de iniciativa, autoestima, sociabilidad, disciplina y fortaleza, dinamismo, resistencia a la frustración, madurez intelectual y emocional, capacidad para trabajar en equipo, son sólo algunos de ellos. Al mismo tiempo, han de ser adiestrados en aptitudes y habilidades tales como la fluidez y la flexibilidad verbal, la creatividad, la capacidad de observar y escuchar, la comprensión verbal, la empatía, la capacidad de motivación y de persuasión. Temo que a la mayor parte de la Universidades se les escapa la mayoría de estos aspectos, limitándose casi siempre a la simple transmisión de conocimientos.

  1. Sólida formación moral. A la formación descrita en el párrafo anterior hay que añadir la que afecta a la dimensión moral del periodista y que constituye un tercer aspecto tan relevante como inexcusable: amor a la verdad, reconocimiento y defensa de la dignidad humana, tolerancia, honradez, discernimiento y compromiso con la justicia, defensa de los indefensos... Sin una adecuada formación ética y deontológica de los profesionales de la comunicación, la calidad y el servicio se tornan un mero deseo que sólo puede llegar a alcanzarse en función del azar.

  1. Insertas en los tres apartados anteriores están incluidas algunas actitudes que creo conveniente subrayar, pues se tornan singularmente decisivas en estos momentos. En primer lugar, los profesionales de la información -todos y con mayor motivo los católicos- deben mostrarse comprensivos con las personas, tolerantes y permanentemente abiertos al perdón y a la reconciliación. En segundo lugar, esta actitud es perfectamente compatible con la crítica rotunda e inflexible hacia los errores, sin echar agua al vino, llamando a las cosas por su nombre pero sin perder la caridad cristiana. En tercer lugar, deben estar especialmente atentos para no incurrir en injustos maniqueísmos o fabricar -capillitas de periodistas católicos-, medios, grupos o asociaciones destinados a combatir o a excluir a quienes no comparten el mismo credo. Finalmente, el periodista debe mantener la ilusión por mejorar la sociedad a la que sirve sin perder la esperanza de quien sabe que, con talento, esfuerzo y capacitación, es posible hacer de los medios de comunicación instrumentos eficaces de promoción social y desarrollo personal.

Es obvio, después de todo lo expuesto hasta aquí, que la tarea no es en absoluto sencilla. Pero tampoco resulta imposible. De hecho, existen profesionales que todos los días hacen buen periodismo y algunos de ellos son, además, católicos. Hacen gala de las tres cualidades que debe tener todo aquel que se dedique a la comunicación: criterio, creatividad y honradez. Sirven de ejemplo para todos. Son, ellos también, testigos de esperanza.


Sesión 5:

Europa e Islam, ¿obligados a entenderse?

La masiva inmigración a Europa de hombre y mujeres del ámbito musulmán nos ofrece la enriquecedora experiencia de conocernos. Puede ser ésta una de las ideas claras que se desprende del diálogo mantenido entre la profesora M. Abumalham y el teólogo J. Morales que, bajo el tema Europa e Islam, promueve la Asociación Almudí de Valencia.
Tras constatar que la visión europea del Islam aparece cargada de prejuicios y de cierto aire de superioridad, no sin fundamento, ambos ponentes han preferido fijarse en la positiva aportación que este nuevo encuentro de culturas nos ofrece.
El terrorismo islámico -en claro retroceso, según la visión de Morales- no está sustentado en ninguna base religiosa. Para Abumalham, "el Islam parte de una profundísima experiencia espiritual de una persona: el Profeta Mahoma", pero "han llovido 1.500 años sobre el Corán", y no se puede culpar al Islam de lo que es, más bien, su utilización por parte de quienes gobiernan en esos países, y que lo hacen -casi sin excepción- de modo totalitario. "El genio árabe no aparece como un genio de unidad, sino de disgregación" -ha afirmado el teólogo de la Universidad de Navarra-, lo que explicaría el éxito del recurso a una creencia religiosa como elemento aglutinante de esas sociedades, que registran en su seno el 90% de los conflictos mundiales de los últimos 20 años.
Entre la apertura e interés ante el Islam, que se da en el ámbito oficial de los Estados, y la visión llena de recelo, a nivel popular, Morales constató que la Iglesia Católica se presenta como maestra en el arte del diálogo sincero y respetuoso, aunque no reconoce, sin embargo, la profecía de Mahoma, ni la inspiración divina del Corán.


Sesión 6.

Concluye Mons. Escudero
No es que todos los desafíos que hoy tiene la Iglesia se deban sólo al terreno de la filosofía -no pensemos que todo se explica por la filosofía-, pero es cierto que ésta ha ejercido una gran influencia, porque la filosofía ha condicionado luego la secularización del derecho, de la política, la secularización -no de la ciencia, que ya lo estaba-, pero sí de la filosofía de la ciencia como negación de toda metafísica. Desechar de la filosofía toda visión global es uno de los graves problemas del mundo actual. Se abandona la visión sintética de la realidad para centrarse en aspectos muy parciales. Situación que el Papa Juan Pablo II denuncia con una clarividencia neta en la Encíclica Fides et Ratio: pérdida de esa visión global del hombre, de la historia y del cosmos por parte de la filosofía para ocuparse de temas mucho más concretos como el lenguaje, la comunicación...


Sesión 7.

Una nueva primavera para Europa

"Estoy convencido que en este siglo se va a dar una nueva primavera en Europa, como se ha dado en otras épocas históricas, y que la Iglesia tendrá un papel preponderante en ella". Esta ha sido una de las afirmaciones principales del profesor Chalmeta en la sesión de los Diálogos de Teología de hoy que han versado sobre una nueva ética para Europa.
Para ello hace falta volver a la verdad plena sobre el hombre oscurecida en muchos momentos de la historia de la humanidad. El profesor Costa se detuvo a analizar detenidamente la crisis cultural, psicológica y económica del continente para detenerse en la causa última y principal del declive moral que observamos: el eclipse de Dios y del hombre, que lleva al individualismo, utilitarismo, hedonismo y a un hipercontrol por parte del Estado que interfiere en esferas que pertenecen a cada ciudadano singular y a su familia. Parafraseando la enseñanza conciliar, tantas veces repetida por Juan Pablo II: es imprescindible recuperar la visión del hombre y de las actividades humanas que tiene la Iglesia, pues sólo Jesucristo tiene la verdad plena sobre el hombre.
La constitución europea es un esqueleto que puede llenarse de muy distintas maneras, afirmó Chalmeta. Para llenarla con los auténticos valores hay que armarse de paciencia en un constructivo, pues las amargas experiencias pasadas han convencido a los europeos de que todo proyecto político de futuro se debe hacer de común acuerdo, razonando a partir de premisas compartidas. Diálogo siempre posible, a pesar de las apariencias, pues el entendimiento humano está esencialmente abierto a la verdad.
Como parte esencial de esa verdad, hay que recuperar el genuino sentido de la libertad humana "fundamento de su dignidad", la única capaz de establecer relaciones auténticas de solidaridad con los demás: "mi libertad tiene como sentido promover la tuya". Hay que reconocer el engaño que se esconde bajo ese sucedáneo de la verdadera solidaridad que es el Estado del bienestar, que sacrifica la libertad individual el altar de la falsa solidaridad. Así los ciudadanos se conforman con las políticas distributivas de un Estado que será siempre una realidad abstracta y fría, en lugar de ejercitar personalmente la solidaridad.
Los ponentes manifestaron su convicción de que el Estado, como lo conocemos hoy, debe desaparecer en gran medida, para dar paso a un nuevo modo de organización social, no política, donde la iniciativa privada tendrá un papel mucho más preponderante. Prueba de esta necesidad es la creciente aparición de objeciones de conciencia ante decisiones estatales, que muestran que el estado entra en temas que no le corresponderían. Finalmente mostraron cómo en la Europa actual se empiezan a encontrar tantos ejemplos en los que la iniciativa y la libre creatividad de los ciudadanos van encontrado cauces eficaces de producción de bienes políticos y de creación de solidaridad mucho más respetuosos de la dignidad personal.


PRESENTACIÓN

Mons. Enrique Benavent, Obispo Auxiliar de Valencia

Europa es un continente que está experimentando cambios profundos en todos los niveles. El ideal de una Europa cristiana en la que todos compartían una misma visión del hombre, unos valores morales, una misma cultura y una misma concepción de la sociedad y del estado, que constituían el fondo común desde el que todos se podían entender, no responde a la situación actual de Europa, que es un continente que se está repensando a sí mismo y que está a la búsqueda de su propia identidad. Los cristianos no podemos dejar de participar en este proceso de reflexión sobre la identidad europea. Tenemos la urgencia de profundizar sobre las cuestiones que afectan a la situación del cristianismo en Europa en estos momentos. He aquí los tres temas sobre los que me parece que es urgente reflexionar:

1. El europeo tiene un gran sentido de su dignidad personal, de su libertad individual, de los derechos humanos que todos, y de un modo especial, los poderes públicos, están obligados a respetar. En Europa se ha producido, antes que en ninguna otra cultura, una desacralización del estado y del poder que ha favorecido la consolidación de la democracia y la consideración del poder político como algo que debe estar al servicio de los ciudadanos y al que se le puede pedir cuentas. Se trata de valores que todos los habitantes del viejo continente, sean o no cristianos, aprecian y quieren defender y que, además, se presentan como algo que debe ser imitado por otras culturas.
Un primer tema para la reflexión es la relación de todos estos valores con el cristianismo. Los cristianos creemos que si estos valores se han descubierto precisamente en Europa es porque el cristianismo ha sido el elemento inspirador de la cultura europea. Ahora bien, hay que reconocer que a lo largo de la historia de Europa muchas de estas conquistas se han alcanzado en pugna con la Iglesia. Es un tema apasionante: la relación teórica e histórico-fáctica del cristianismo con estos valores configuradores de la identidad europea actual.

2. La cultura dominante en estos momentos en el Viejo Continente considera el cristianismo y, en general, la religión como un elemento secundario y accidental para el hombre, desconfía de cualquier antropología o ética que tenga un fundamento religioso, rechaza cualquier visión del hombre o de la sociedad que quieran presentarse con pretensiones de verdad válida para todos. Al europeo medio, crecido en esta nueva manera de ver las realidades humanas, le resulta difícil aceptar la idea de una moral válida para todos. Tanto las creencias como la moral se han individualizado y han perdido su relevancia social.
Este relativismo en lo que se refiere a las ideas y a la moral ha afectado al cristianismo. Si en determinados momentos de la historia de Europa la fe cristiana era el elemento configurador de la cultura y de la vida de los europeos, hay que admitir que hoy no todos están dispuestos a aceptar que el cristianismo sea el elemento en el que necesariamente debamos inspirarnos a la hora de organizar la vida social y cultural.
Esto nos abre a un segundo tema de reflexión: Ante esta situación el cristianismo debe resituarse de nuevo dentro de Europa sin renunciar a proponer aquello que dignifica a las personas, a las familias y a las sociedades y a intentar que la cultura y la vida social se configure desde su propuesta y, al mismo tiempo, presentarse de tal modo que su mensaje no sea percibido como una imposición.

3. El fenómeno de la inmigración se ha agudizado en Europa durante las últimas décadas. Este hecho, unido a la globalización que estamos viviendo, ha favorecido en encuentro de las religiones y de las culturas. Esto plantea una situación nueva sobre la que es necesario reflexionar. El encuentro entre las religiones lleva necesariamente a un encuentro entre culturas distintas, porque cada religión tiene su propia manera de ver las realidades humanas. Esto es un reto para Europa en este momento: ¿Hasta qué punto los europeos deben asumir o consentir ciertos elementos característicos de otras culturas o religiones? ¿Con qué fundamento se podrán rechazar estos elementos si por otra parte se ha instalado un relativismo en la cultura europea?
Hay otro factor que a los cristianos nos tiene que hacer pensar: Si la cultura europea se vacía de cristianismo, ¿Cómo se llenará ese vacío? ¿Podrá esta cultura relativista llenar el vacío dejado por el cristianismo o se llenará con otra religiosidad y otra cultura que supondría un retroceso para Europa? La religiosidad es un elemento constitutivo del ser humano. Cuando se produce un vacío, a la larga, debe llenarse.

En el fondo, todos estos problemas nos llevan a una cuestión que fue tratada por el recordado papa Juan Pablo II en su exhortación Ecclesia in Europa y que también preocupa al papa Benedicto XVI  y a otros hombres de Iglesiay pensadores cristianosen estos momentos: ¿Cómo ser cristiano hoy en Europa? ¿Cómo presentar a los europeos de hoy la propuesta cristiana? ¿Por dónde comenzar la nueva evangelización de Europa?
El presente volumen, que recoge las intervenciones de los participantes en la séptima edición de "Diálogos de teología", organizada por la Biblioteca Sacerdotal Almudí, nos ayuda a reflexionar sobre estos problemas, sobre las cuestiones antropológicas, éticas, filosóficas y religiosas que están en la base de la actual situación europea. Participaron en esta edición dos obispos y varios profesores de distintas universidades españolas y romanas que, con sus reflexiones nos pueden ayudar a captar la complejidad de la situación y de los problemas.
Creo que todos debemos agradecer a los organizadores de estos encuentros de teología el esfuerzo por ofrecernos las ponencias de los participantes en ellos, porque son de gran ayuda para que acertemos en la manera de presentar el Evangelio a los hombres de nuestro mundo. La acción pastoral es seria cuando se fundamenta en una profunda reflexión teológica.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo auxiliar de Valencia


J. Ratzinger, Svolta per l'Europa, Milano, 1992; Europa. I suoi fondamenti oggi e domani, Milano 2004; L'Europa di Benedetto nella crisi delle cultura, Roma ? Siena 2005.

C. M. Martini, Sueño una Europa del espíritu, Madrid 2000; W. Kasper, Il dramma spirituale dell'Europa, en "Non ho perduto nessuno. Comunione, dialogo ecumenico, evangelizzazione", Bologna 2005, pp. 177-201.

J.H.H. Weiler, Una Europa cristiana. Ensayo exploratorio, Madrid 2003.