Santa Julia,  Virgen y Mártir

 

 

22 de Mayo

 

Julia viene del Latín julia, que significa "del linaje romano julius".

 

Santa Julia nació de padres nobles en Sudáfrica. Cuando ella era todavía bastante joven, su ciudad fue conquistada por los bárbaros. Julia fue capturada y vendida como esclava a un  comerciante pagano, pero ella no se quejó ni se sintió triste. Lo aceptó todo, y desempeñó las tareas más humildes con una alegría maravillosa. Julia amó Dios con todo su corazón. En sus ratos libres, leía libros santos y rezaba fervientemente. 

 

Un día, su dueño decidió llevarla con él a Francia. En el camino, él paró en una isla para ir a un festival pagano. Julia se negó a acudir. Ni siquiera quiso acercarse al lugar donde se celebraba. No quiso tener nada que ver con esas ceremonias supersticiosas.

 

El gobernador de esa región quedó muy enojado con ella porque no se unió al festejo pagano.

 

- ¿"Como osa esa mujer insultar a nuestros dioses?"

 

gritó. El amo de Julia contestó que ella era una Cristiana. Y siguió diciendo que él no había sido capaz de hacerla  abandonar su religión, era una sirviente tan fiel y buena, que no sabría qué hacer sin ella. 

 

- Yo le daré a usted cuatro de mis mejores esclavas por ella.

 

 ofreció el gobernador, pero su dueño rehusó. El contestó:

 

- No, no la vendería por todo lo que  usted posee. Daría de buena gana la cosa más valiosa en el mundo por no perderla.

 

Cuando el comerciante estaba dormido, sin embargo, el malvado gobernador trató de hacer que Julia sacrificara a los ídolos. Le prometió darle la libertad si consentía en abandonar el cristianismo, pero Julia se negó absolutamente. Ella afirmó que la única libertad que deseaba era la servir Jesús.

 

Entonces, muy enfadado y según las costumbre paganas, le golpearon salvajemente en la cara y le cortaron su pelo. Después, le clavaron en una cruz para que colgase allí hasta morir.

 

Santa Julia, tanto libre como esclava, en la prosperidad o en la adversidad, fue igualmente ferviente y devota. Ella aceptó todos los designios de la Providencia; y lejos de quejarse, nunca cesó de loar y agradecer Dios por lo bueno y por lo malo, buscando en ello los medios de su virtud y santificación.

 

Los monjes de la isla de Gorgon se llevaron sus reliquias allí, pero en el año 763 el rey de Lombardía los trasladó a Brescia, donde su fiesta se celebra con gran devoción, el 22 Mayo.

 

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