Santa  Filomena (¿siglo II.?)

 

 

11 DE AGOSTO

 

Esta santa, con su bello nombre de ruiseñor, es una de las más improbables del calendario, ha sido objeto de un recelo especial por parte de los hagiógrafos y la Congregación de Ritos suspendió su culto en 1961 (anteriormente se permitía celebrar misa en su honor, pero nunca se la incluyó en el martirologio romano).
 

¡Se sabe tan poco de ella! En 1802 se descubrieron en la catacumba de Priscila los restos de una cristiana del siglo II protegidos por humildes tejas, con los símbolos habituales del ancla y la paloma, y una inscripción: PAX TECUM FILUMENA, que la paz sea contigo, Filomena. Nada mas, absolutamente nada más.


Se creyó por suposición que era una mártir, sus reliquias se cedieron al pueblo de Mugnano, cerca de Nápoles, y allí fueron veneradas, se atribuyeron a la santa numerosos milagros e incluso, en pleno siglo XIX, surgió, al estilo de la antigüedad, una leyenda piadosa que la hacía una virgen muerta en defensa de su pureza.
 

No obstante, la gran popularidad de que gozó Filomena se debió a la predilección que sentía por esta santa el cura de Ars, san Juan Bautista Vianney, quien en la iglesia de Ars hizo construirle una capilla especial y le atribuía todas las gracias extraordinarias que recibía, encomendándole que curase a los enfermos y llevase a cabo otros prodigios.
 

Hoy somos más severos con ella que el santo párroco francés, pero tampoco existe ninguna prueba decisiva de que aquella Filomena romana a quien se deseaba la paz hace dieciocho siglos no fuese según el lenguaje de Pablo una «santa», una cristiana cuya intercesión se manifiesta entre nosotros por la fe ardiente de las almas buenas ajenas al estudio de la arqueología y de la historia.

 

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