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La presión internacional parece haber sido esta vez más fuerte que la de los partidos políticos y movimientos islamistas, algunos especialmente radicales
Al fin, en la amplia remodelación del gobierno de Islamabad, se mantiene el Ministerio Federal para las minorías religiosas. Dentro de la reducción de 50 departamentos a 22, se pensaba que se integraría como sección del de Asuntos Religiosos, que se ocupa de las cuestiones de la comunidad musulmana.
Probablemente, el primer ministro Yusuf Raza Gilani ha sido consciente de que crecían en el mundo las exigencias de un mayor compromiso con la libertad religiosa y, en concreto, con la protección de las comunidades cristianas, sujeto pasivo de execrables violencias. Ese ministerio, dirigido por un católico, Shahbaz Bhatti, era y seguirá siendo motivo de esperanza. De hecho, llevaba la voz de los cristianos paquistaníes a las instituciones federales. Aunque no faltan quienes lo consideran una mezcla de coartada y trampa, que apenas contribuye en la práctica a reducir la discriminación.
La presión internacional parece haber sido esta vez más fuerte que la de los partidos políticos y movimientos islamistas, algunos especialmente radicales. A juicio de Bhatti, «se trata de una clara señal de atención del gobierno hacia las minorías religiosas. Hubiera sido, de hecho, muy fácil, cancelar el ministerio con motivo del recorte de los departamentos. Muchos ministros importantes no han sido confirmados, por varias razones, también por razones relacionadas con cuestiones de corrupción. Mi confirmación en el cargo premia también la integridad moral y la transparencia que siempre han caracterizado nuestro trabajo».
No será fácil su tarea, también por la persistencia de las amenazas contra su vida, especialmente a raíz de su postura ante la ley contra la blasfemia. En la mente de todos está el asesinato del gobernador Salman Taseer, cometido por uno de sus guardaespaldas, por ser partidario de la reforma de esa ley. Pero —como afirma Bhatti «mi único objetivo es defender los derechos fundamentales, la libertad religiosa y la vida de los cristianos y de las demás minorías religiosas. Estoy dispuesto a cualquier sacrificio por esta misión».
Los cristianos esperan que esta y otras decisiones gubernamentales les ayuden a dejar de ser ciudadanos de segunda división. De momento, puede ser un mensaje a los extremistas, como la red islámica Tehrik-i-Tahaffuz Namoos-i-Risalat (Alianza para defender el honor del Profeta): fue la organizadora de las manifestaciones de protesta contra Benedicto XVl, que, además de los insultos, incluyó la quema de imágenes y muñecos del Papa y del Ministro Federal de las Minorías. Esa red se formó a raíz de la aparición de un vasto movimiento de la sociedad civil de Pakistán, que pide el indulto de Asia Bibi, el respeto de los derechos humanos y la libertad de las conciencias y, en fin, la abolición o reforma de la ley sobre la blasfemia.
El caso de Asia Bibi dista de estar resuelto. Y continúa la violencia anticristiana. La última víctima fue Imran Masih, un joven cristiano de Punjab, de 24 años, torturado y asesinado por su empleador, un terrateniente musulmán. La All Pakistan Minorities Alliance reitera: «Estos episodios se suceden en un contexto de discriminación social y religiosa, en el que los musulmanes ricos piensan que pueden disponer a su gusto de las vidas de los cristianos, que son los últimos en la escala social, tratados como objetos y víctimas indefensas de la violencia».
Como en otros países de mayoría musulmana, persiste una arcaica e intolerante mezcla de religión y política, compatible con la posesión de armas nucleares y el mantenimiento de buenas relaciones diplomáticas con EEUU. Pero, a pesar de las graves dificultades, la actitud de los cristianos no puede ser más pacífica y comprensiva. Por su parte, el arzobispo de Lahore y presidente de la conferencia episcopal, Mons. Lawrence Saldanha, ha promovido actos de oración en común con musulmanes, sin ceder en su empeño por la libertad y por la derogación de la opresiva ley contra la blasfemia.
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