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PRIMERA SEMANA DE CUARESMA-C

Domingo (21.II)
Lunes (22.II) Cátedra del Apóstol Pedro
Martes (23.II)
Miércoles (24.II)
Jueves (25.II)
Viernes (26.II)
Sábado (27.II)

DOMINGO PRIMERO DE CUARESMA-C

«En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: -«Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan. Jesús le contestó: -“Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre”. Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: -“Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.” Jesús le contestó: -“Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”. Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: -Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Encargará a los ángeles que cuiden de ti”, y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”. Jesús le contestó: -Está mandado: “No tentarás al Señor, tu Dios”. Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión». (Lucas 4,1-13)

1º. Jesús, te has retirado al desierto para prepararte antes de empezar tu predicación.

Y te preparas con más oración y con más mortificación.

Siguiendo tu ejemplo, también yo he de preparar cualquier acción apostólica rezando y ofreciendo pequeños sacrificios por aquéllos a quienes quiera hablar de Ti.

«Sintió hambre.»

Jesús, eres perfecto Dios y también perfecto hombre.

Por eso tienes hambre y sed, te cansas después de caminar todo un día, o lloras cuando se muere un amigo.

Tú me entiendes porque has experimentado los mismos cansancios, alegrías, sufrimientos, dolores, sentimientos y afectos que yo me encuentro a lo largo de mi vida.

Jesús, hoy experimentas la tentación del demonio.

No quieres dejar de vivir esta situación tan humana y, al permitir que te suceda, me vienes a decir que sufrir la tentación, como una prueba a nuestra virtud, no es algo necesariamente malo.

Puede ser incluso motivo de gran avance espiritual, y por eso la permites.

«El Espíritu Santo nos hace discernir entre la prueba, necesaria para el crecimiento del hombre interior en orden a una «virtud probada», y la tentación que conduce al pecado y a la muerte. También debemos distinguir entre «ser tentado» y «consentir» en la tentación. Por último, el discernimiento desenmascara la mentira de la tentación: aparentemente su objeto es «bueno, seductor a la vista, deseable», mientras que, en realidad, su fruto es la muerte» (CEC- 2847).

 Lo importante es luchar para vencer la tentación, sabiendo que siempre presenta una falsa felicidad, una «pseudo ganancia» hueca.

Jesús, ¡no me dejes caer en la tentación!

 2º. «Jesucristo tentado. La tradición ilustra esta escena considerando que Nuestro Señor; para darnos ejemplo en todo, quiso también sufrir la tentación. Así es, porque Cristo fue perfecto Hombre, igual a nosotros, salvo en el pecado. Después de cuarenta días de ayuno, con el solo alimento -quizá- de yerbas y de raíces y de un poco de agua, Jesús siente hambre: hambre de verdad, como la de cualquier criatura. Y cuando el diablo le propone que convierta en pan las piedras, Nuestro Señor no sólo rechaza el alimento que su cuerpo pedía, sino que aleja de sí una incitación mayor: la de usar del poder divino para remediar; si podemos hablar así, un problema personal

» Habréis notado a lo largo de los Evangelios: Jesús no hace milagros en beneficio propio. Convierte el agua en vino, para los esposos de Caná; multiplica los panes y los peces, para dar de comer a una multitud hambrienta. Pero El se gana el pan, durante largos años, con su propio trabajo. Y más tarde, durante el tiempo de su peregrinar por tierras de Israel, vive con la ayuda de aquellos que le siguen.

»En la segunda tentación, cuando el diablo le propone que se arroje desde lo alto del Templo, rechaza Jesús de nuevo ese querer servirse de su poder divina Cristo no busca la vanagloria, el aparato, la comedia humana que intenta utilizar a Dios como telón de fondo de la propia excelencia» (Es Cristo que pasa, 61).

 Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

Primera Semana de Cuaresma. Lunes

«Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo; porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme. Entonces le responderán los justos: Señor; ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer; o sediento y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos peregrino y te acogimos, o desnudo y te vestimos? o ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a verte? Y el Rey en respuesta les dirá: En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis. Entonces dirá a los que estén a la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al juego eterno preparado para el diablo y sus ángeles; porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; era peregrino y no me acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis. Entonces le replicarán también ellos: Señor; ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, peregrino o desnudo, enfermo o en la cárcel y no te asistimos? Entonces les responderá: En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de éstos más pequeños, también dejasteis de hacerlo conmigo. Y éstos irán al suplicio eterno; los justos, en cambio, a la vida eterna.» (Mateo 25, 34-46)

1º.Jesús, al final de los tiempos vas a juzgamos a todos.

Es el juicio final, que es algo distinto al juicio particular.

El juicio particular es el que tendré nada más morir; el final es la confirmación pública y solemne del juicio anterior, al final de los tiempos.

«El Juicio final revelará hasta sus últimas consecuencias lo que cada uno haya hecho de bien o haya dejado de hacer durante su vida terrena» (CEC- 1039).

El resultado de este juicio es claro e irreversible: los pecadores «irán al suplicio eterno; los justos, en cambio, a la vida eterna.»

Jesús, me doy cuenta de que ésta es la gran asignatura que debo aprobar, el gran examen que he de pasar al final de mi vida.

Además, no hay examen de recuperación.

Vale la pena, por tanto, que me prepare muy bien para ese momento.

En realidad, es lo único que vale la pena; pues si al final no me salvo, ¿qué ganancia en la tierra me puede compensar la eternidad?

Pero, Jesús, ¿qué entra en este examen?; ¿qué me vas a preguntar cuando te tenga que rendir cuentas de mi vida?

El temario es claro: «Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo» (Mateo 22, 37-39).

Y más en concreto, por temas: «tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed...»

Porque todo lo que haga a otra persona, es como si te lo hiciera a Ti.

2º.«¿Quieres un secreto para ser feliz?: date y sirve a los demás, sin esperar que te lo agradezcan» (Forja.- 368).

Jesús, servir a los demás no es sólo prepararse para ganar el cielo; es ganar el cielo ya aquí, en la tierra: servir es sinónimo de ser feliz, y también su consecuencia más inmediata.

El triste sólo hace que encerrarse en sí mismo y entristecerse más.

Pero el que está feliz, se vuelca en detalles hacia los demás y aún es más feliz.

Jesús, ayúdame a imitarte en este punto.

Ayúdame a servir sin esperar a que me lo agradezcan.

Pero el servicio también tiene un orden.

No puedo pretender servir en un país lejano y, a la vez, descuidar a los que me rodean.

Por eso, en un principio, lo primero será tener detalles de servicio en casa: que puedan contar conmigo para hacer un recado, para poner la mesa, para vigilar a un hermano pequeño, para arreglar una silla, etc.

Si soy trabajador o estudiante, después de mi familia vendrá mi trabajo: servir significará ser competente, hacer bien ese trabajo, estudiar con profesionalidad; y aprovechar las mil circunstancias diarias para servir a los amigos y compañeros.

A la vez, el trabajo bien hecho es una de las mejores maneras de servir a la sociedad.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

22-Febrero. La Cátedra del Apóstol Pedro

«Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos respondieron: Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro dijo. Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: Bienaventurado eres, Simón hijo de Juan, porque no te ha revelado eso ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; y todo lo que atares sobre la tierra quedara atado en los Cielos, y todo lo que desatares sobre la tierra, quedará desatado en los Cielos. Entonces ordenó a los discípulos que no dijeran a nadie que él era el Cristo.» (Mateo 16, 13-19)

1º. Jesús, después de preguntar qué piensan los demás de Ti, te diriges de nuevo a los discípulos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Te importa mi respuesta personal: ¿quién eres Tú para mí?

¿Me doy cuenta de que eres«el Cristo, el Hijo de Dios vivo?»

¿Te pido ayuda, sabiendo que la fe no me la ha revelado «ni la carne ni la sangre,» no es producto de la razón ni del sentimiento, sino que proviene de Dios?

Para vivir cristianamente necesito tener fe.

Por eso es bueno que te la pida cada día: Jesús, aumenta mi fe; que te vea siempre como quien eres: el Hijo de Dios.

No eres Elías, ni Juan el Bautista, ni «alguno de los profetas.»

No eres un gran filósofo, que dejó unas enseñanzas maravillosas de amor a los demás.

El Evangelio no es una guía de comportamiento humanitario, que me ayuda a ser mejor y que interpreto según me parezca o según me sienta más o menos identificado.

El Evangelio es la Palabra de Dios.

Por eso reprendes duramente a Pedro cuando no quiere aceptar la Cruz: «¡Apártate de mí, Satanás! Pues no sientes las cosas de Dios sino las de los hombres.»

Desde entonces Pedro, el primer Papa, aprenderá a no interpretar las cosas según las sienten los hombres, sino según la voluntad de Dios.

Además, el Papa recibe una gracia especial para no dejarse llevar por las modas, los gustos o las flaquezas de las distintas culturas.

2º.«Fe, poca. El mismo Jesucristo lo dice. Han visto resucitar muertos, curar toda clase de enfermedades, multiplicar el pan y los peces, calmar tempestades, echar demonios. San Pedro, escogido como cabeza, es el único que sabe responder prontamente.- «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Pero es una fe que él interpreta a su manera, por eso se permite encararse con Jesucristo para que no se entregue en redención por los hombres» (Es Cristo que pasa.- 2).

Jesús, a mi alrededor veo cristianos que tienen fe en Ti, pero es una fe que cada uno interpreta a su manera: no van a Misa, no se confiesan, no hacen oración, no saben encontrar el sentido al sacrificio.

¿Qué les puedo decir?

Hoy me das la respuesta:«Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.»

El Romano Pontífice, Cabeza del Colegio episcopal, goza de infalibilidad en virtud de su ministerio cuando, como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos, proclama por un acto definitivo la doctrina en cuestiones de fe y moral.

La infalibilidad prometida a la Iglesia reside también en el Cuerpo episcopal cuando ejerce el magisterio supremo con el sucesor de Pedro, sobre todo en un concilio ecuménico.

Jesús, has escogido a San Pedro y a sus sucesores como representantes tuyos en la tierra: «todo lo que atares sobre la tierra quedará atado en los Cielos.»

No es suficiente con tener buena intención; es necesario seguir las indicaciones del Papa y de los obispos.

Sólo así podré «sentir las cosas de Dios,» y no me veré arrastrado por una visión humana de las cosas.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

Primera Semana de Cuaresma. Martes

«Y al orar no empleéis muchas palabras como los gentiles, que se figuran que por su locuacidad van a ser escuchados. No seáis, pues, como ellos; porque bien sabe vuestro Padre de qué tenéis necesidad antes de que se lo pidáis. Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudo- res; y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal. Pues si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre Celestial Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestros pecados.» (Mateo 6, 7-15)

1º.Jesús, hoy me enseñas el Padrenuestro, la oración más repetida por los cristianos de todos los tiempos.

Tú quieres que aprendamos de Ti a hacer oración, a dirigirnos a Dios, y a tratarle como el que es: mi Padre.

Un Padre Todopoderoso y de sabiduría infinita.

Por eso me dices: «bien sabe vuestro Padre de qué tenéis necesidad antes de que se lo pidáis».

Dios mío, Tú me conoces perfectamente, sabes lo que necesito en cada momento, pero quieres que te lo pida en la oración.

«Padre nuestro que estás en tos Cielos,»sé que también estas en mi alma en gracia y en el sagrario.

Estás cerca de mí: estás dentro de mí.

¿Trato de tenerte presente a lo largo del día, ofreciéndote todo lo que hago?

«Santificado sea tu nombre.»¿Qué puedo hacer yo para que tu nombre sea más conocido y más amado?

¿Qué ejemplo doy entre mis amigos, yo que llevo el nombre de tu Hijo, el nombre de cristiano?

«Venga tu reino:»

-el reino de la paz entre los pueblos y entre las personas;

-el reino del amor y del servicio;

-el reino de la justicia, de la misericordia y de la solidaridad.

¿Cómo empiezo yo creando ese reino a mí alrededor?

«Hágase tu voluntad, así en lo tierra como en el cielo.»

¿Qué quieres que haga?

¿Estoy buscando hacer mi voluntad o la tuya?

¿Son mis objetivos acordes con lo que Tú esperas de mí?

2º.De acuerdo!, lo admito: esa persona se ha portado mal; su conducta es reprobable e indigna; no demuestra categoría ninguna.

-¡Merece humanamente todo el desprecio!, has añadido.

-Insisto, te comprendo, pero no comparto tu última afirmación; esa vida mezquina es sagrada: ¡Cristo ha muerto para redimirla! Si Él no la despreció, ¿cómo puedes atreverte tú? (Surco.- 760).

«El pan nuestro de cada día dánosle hoy.»

«Orad como si todo dependiese de Dios y trabajad como si todo dependiese de vosotros». Una vez hecho nuestro trabajo, el alimento viene a ser un don del Padre; es bueno pedírselo y darle gracias por éL Este es el sentido de la bendición de la mesa en una familia cristiana»

«Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores».

Jesús, a veces no es fácil perdonar, olvidar el daño que otro me ha hecho.

No me refiero a simples fallos, errores o malos entendidos.

Me refiero a los que positivamente han ido a hacerme daño o a dejarme mal; a los que han ido a fastidiar a sabiendas, o que -pudiendo- no han hecho nada por evitarme un disgusto.

« ¡De acuerdo!, lo admito: esa persona se ha portado mal.»

 Pero Tú me has enseñado con tu vida y con tu muerte a perdonar.

Muchas veces el odio procede de la ignorancia:

«Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lucas 23, 34).

 Esa otra persona puede haber tenido una educación muy distinta a la mía; y sobretodo, Tú has muerto por ella.

Si Él no la despreció, ¿cómo puedes atreverte tú?

«Pues si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre Celestial»

Jesús, ayúdame a imitarte a la hora de saber perdonar a los demás.

Sólo entonces podré pedirte perdón por tantos pecados y faltas de amor a Ti que he cometido y cometo.

Y no me dejes caer en la tentación cualquiera que sea.

Yo, por mi parte, intentaré no ponerme nunca en ocasión de pecar.

Padre, puesto que soy tu hijo, líbrame de todo mal. Amén.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

Primera Semana de Cuaresma. Miércoles

«Habiéndose reunido una gran muchedumbre, comenzó a decir: Esta generación es una generación perversa; busca una señal y no se le dará otra sino la señal de Jonás. Porque así como Jonás fue señal para los habitantes de Nínive, del mismo modo lo será también el Hijo del Hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y los condenará; porque ella vino de los extremos de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, pero mirad que aquí hay algo más que Salomón. Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio contra esta generación y la condenarán, porque ellos hicieron penitencia ante la predicación de Jonás; pero mirad que aquí hay algo más que Jonás.» (Lucas 11, 29-32)

1º. Jesús, Jonás llama al arrepentimiento en Nínive, y los habitantes de esa ciudad creen en él y hacen penitencia.

Pero Tú eres «más que Jonás».

Tú eres el Hijo de Dios, eres Dios.

Y en este tiempo de Cuaresma me pides más penitencia, para purificar mis pecados y los pecados de todos los hombres.

¿Qué he hecho en esta primera semana?

¿Me he concretado alguna mortificación especial para ofrecértela cada día?

¿Me he propuesto rezar un poco más?

¿He procurado servir más a los que me rodean?

¿Cómo aprovecho mi trabajo para tenerte presente y presentarte a los demás?

Hay gente que gasta su vida buscando la sabiduría y la verdad con gran esfuerzo.

«Pero mirad que aquí hay algo más que Salomón».

Tú eres la misma Sabiduría, porque eres Dios.

A pesar de todo, cómo me cuesta obedecer tus mandamientos, cómo me cuesta seguir los consejos de los ministros de tu Iglesia.

Prefiero seguir mis ideas pequeñitas porque las entiendo más fácilmente, o porque me exigen menos esfuerzo.

Ayúdame Jesús a no pedirte tanta señal y, en cambio, que me decida a obedecerte más.

Que me deje exigir en la dirección espiritual; que ponga empeño en cumplir esos propósitos que hago en la oración o esos consejos que me dice el director espiritual.

2º.«Señales inequívocas de la verdadera Cruz de Cristo: la serenidad, un hondo sentimiento de paz, un amor dispuesto a cualquier sacrificio, una eficacia grande que dimana del mismo Costado de Jesús, y siempre -de modo evidente- la alegría: una alegría que procede de saber que, quien se entrega de veras, está junto a la Cruz y, por consiguiente, junto a Nuestro Señor» (Forja 772).

«Así como Jonás fue señal para los habitantes de Nínive, del mismo modo lo será también el Hijo del Hombre para esta generación».

Jesús, Tú eres señal para el mundo; Tú me has dado una señal clara: la señal de la Cruz, que es la señal del cristiano.

«Para llegar a Dios, Cristo es el Camino; pero Cristo está en la Cruz» (Vía Crucis.- X estación).

Jesús, en este tiempo de Cuaresma quiero verte en la Cruz y preguntarte muchas veces: ¿Por qué estás ahí? ¿Cómo puede ser que me quieras tanto y yo, en cambio, me olvide de Ti?

Jesús, viéndote clavado en la Cruz, que es señal de lo que me quieres, me pregunto: ¿es mi amor un amor dispuesto a cualquier sacrificio?

A veces no.

A veces veo que me pides más esfuerzo en el trabajo, más sacrificio y generosidad a la hora de encontrar tiempo para ir a Misa o para hacer cada día la oración, más mortificación en los sentidos.

Ayúdame desde la Cruz a ser generoso, a no dejarme llevar por la comodidad o por la pereza.

Jesús, cuando me cueste obedecerte, he de volver mi mirada a la Cruz.

Allí encontraré la fuerza que necesito para seguir adelante. «Díjome una vez (el Señor), que no era obedecer si no estaba determinada a padecer; que pusiese los ojos en lo que Él había padecido y todo se me haría fácil» (Santa Teresa).

Jesús, los frutos de seguir tuseñal, de vivir pegado a tu Cruz, son inequívocos: «la serenidad, un hondo sentimiento de paz, un amor dispuesto a cualquier sacrificio, una eficacia grande, una alegría profunda, porque procede de saber que, quien se entrega de veras, está junto a la Cruz y por consiguiente, junto a Ti.» (Forja.-772).

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

Primera Semana de Cuaresma. Jueves

«Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y todo el que busca, encuentra; y al que llama se le abrirá. O ¿quién hay entre vosotros, al que si su hijo pide un pan le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una culebra? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los Cielos dará cosas buenas a quienes le pidan?». (Mateo 7, 7-12)

1º. Jesús, hoy me recuerdas lo bueno que es Dios, y que además es mi Padre.

Entonces, ¿cómo no pedirle todo lo que necesito?

Si los padres de la tierra procuran cuidar bien a sus hijos, ¿qué no me va a dar mi Padre Dios, que es todo el Amor y todo el Poder?

Jesús, Tú nos manifiestas mejor que nadie el amor de nuestro Padre Dios, porque Tú eres el Hijo de Dios.

Con qué fuerza me dices que no sea tonto, que Dios está esperando que le pida con confianza para darme todo lo que necesite.

Sí, pero a veces pido y no recibo...

Cuántas veces ocurre también que el niño pequeño pide a su padre algo y su padre no se lo da, aunque sea un padre bueno.

Por ejemplo, el niño que quiere coger un cuchillo porque es una cosa que brilla y parece muy útil para jugar; pero cuando se lo pide a su padre, éste no se lo da.

¿Es que ya no le quiere?

¿Por qué no le da lo que pide?

Lo que a mi me parece necesario, no es siempre lo que más me conviene.

«Si algo acontece en contra de lo que hemos pedido, tolerémoslo con paciencia y demos gracias a Dios por todo, sin dudar en lo más mínimo de que lo más conveniente para nosotros es lo que acaece según la voluntad de Dios y no según la nuestra» (San Agustín).

Jesús, quieres que pida todo aquello que creo que necesito, pero sabiendo que Tú sabes más, que Tú ves más; por eso, hasta lo que me parece una dificultad, un fracaso o una desgracia, puede ser un regalo especialísimo de Dios para mi vida.

Este es el abandono de los hijos de Dios: Señor, sé que todo lo que me ocurre, es para mi bien; que siempre y en todo se haga tu voluntad y no la mía.

2º.«Habla Jesús: “Así os digo yo: pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”.

Haz oración. ¿En qué negocio humano te pueden dar más seguridades de éxito? » (Camino.- 96).

Jesús, haciendo oración obtengo siempre lo mejor, acierto siempre, consiga o no las cosas concretas que pido.

Hay temas en los que tengo la seguridad de recibir lo que deseo: cuando pido por el bien de las almas y por la Iglesia.

Con esas oraciones te arranco gracias específicas para mi vida interior, para la de los demás y para toda la Iglesia.

Que no me canse, Jesús, de pedir la ayuda espiritual para superar esos defectos que tengo; o para que mis amigos y familiares te quieran más cada día; o por el Papa y los Obispos, etc.

Que me convenza de que es útil pedirte esas gracias espirituales, que hacen tanta falta.

Jesús, también quieres que te pida por la salud, por un tema que me preocupa, por los exámenes o el trabajo.

Pero debo pedir dándome cuenta de que Tú eres el que mejor sabes lo que me conviene a mí y a los que me rodean; con ese abandono del hijo que confía en su padre, y que sabe que todo lo que recibe de él es para su bien.

«Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¿cuánto más vuestro Padre que está en tos Cielos dará cosas buenas a quienes te pidan?»

« ¿En qué negocio humano te pueden dar más seguridades de éxito?»

Jesús, que me acostumbre a pedirte todo, a ser pedigüeño, a ponerlo todo en tus manos.

Y entonces aprenderé a descubrir en los acontecimientos de cada día tu mano amorosa: tu mano de Padre que me quiere, que me cuida, que me forma y, tal vez, que me poda, como a los árboles, para que dé más fruto.

Actuando así, nada en este mundo me podrá quitar la paz y la alegría que son propias de los hijos de Dios.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

Primera Semana de Cuaresma. Viernes

«Os digo, pues, que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: Todo el que se llene de ira contra su hermano será reo de juicio; y el que llame a su hermano necio será reo ante el Sanedrín; el que le llame renegado, será reo del juego del infierno. Por tanto, si al llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrendo ante el altar; ve primero a reconciliarte con tu hermano y vuelve después para presentar tu ofrenda.» (Mateo 5, 20-26)

1º.Jesús, no has venido a modificar la ley antigua, sino a darle un sentido más profundo, más pleno.

No se trata únicamente de no matar, sino de amar al prójimo como a uno mismo, y aún más: «que os améis unos a otros como Yo os he amado»(Juan 13, 34).

Jesús, si tengo que imitarte en todo, especialmente debo imitarte en tu amor a los demás.

«Todo el que se llene de ira contra su hermano será reo de juicio.»

¿Cómo va mi relación con los que me rodean: hermanos, padres, hijos, compañeros de trabajo?

A veces me enfado por tonterías: por querer tener la razón; por pensar que me merecía más atención; porque no me han devuelto algo que es mío; porque siempre me toca a mí hacer lo que más cuesta, etc...

¿Cómo reaccionarías Tú en esas situaciones?

«Ve primero a reconciliarte con tu hermano.»

Jesús, cómo cuesta pedir perdón; porque cuando me enfado, siempre creo que es el otro el que debe pedirme perdón a mí.

Incluso llego a la estupidez de no hablar con una persona durante un tiempo, porque me ha hecho esto y lo otro; y hasta que no me pida perdón...

Sin embargo, Tú has perdonado incluso a los que te crucificaban.

Por eso, «nada nos asemeja más a Dios que el estar siempre dispuesto a perdonar». (San Juan Crisóstomo).

Que aprenda de Ti a perdonar, a adelantarme, a pedir perdón de la parte de culpa que tenga.

2º.«Afirmas que vas comprendiendo poco a poco lo que quiere decir «alma sacerdotal»... No te enfades si te respondo que los hechos demuestran que lo entiendes, sólo en teoría. -Cada jornada te pasa lo mismo: al anochecer; en el examen, todo son deseos y propósitos; por la mañana y por la tarde, en el trabajo, todo son pegas y excusas.

¿Así vives el «sacerdocio santo, para ofrecer víctimas espirituales, agradables a Dios por Jesucristo»?» (Surco.-499).

Jesús, por estar bautizado, tengo alma sacerdotal, es decir, puedo ofrecerte cosas que sean agradables a Ti, que sirvan para pedirte perdón por mis pecados y por los de todos los hombres, y para pedirte toda clase de bienes espirituales y materiales.

El lugar por excelencia donde puedo ofrecerte esos sacrificios y buenas obras es la Santa Misa.

Allí, mientras el sacerdote te ofrece el pan y el vino, yo puedo ofrecerte cada día mis pensamientos, palabras y obras; mi trabajo, mi cansancio, mis alegrías y mis penas.

«Si al llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra a, deja allí tu ofrenda ante el altar; ve primero a reconciliarte con tu hermano y vuelve después para presentar tu ofrenda.»

Jesús, cuando voy a Misa me encuentro a veces que tengo poco que ofrecerte, e incluso que te he ofendido.

Un propósito claro: ir primero a reconciliarme contigo en el Sacramento de la Reconciliación, en la Confesión.

Después, ya puedo presentarte mis obras: al menos te podré presentar mi petición de perdón.

Pero, además, quiero ofrecerte más cosas:

-un día de trabajo intenso y bien hecho por amor a Ti;

-unas normas de piedad en las que he intentado tratarte de cerca;

-pequeños detalles de servicio que sólo Tú has notado; etc....

Son cosas sin valor, como ese pan y ese vino que se ofrecen en el altar; pero si los pongo ahí, en la Misa, se convertirán en tu Cuerpo y Sangre; tendrán valor infinito, valor redentor.

De esta forma, ejerceré realmente -y no sólo en teoría- esa alma sacerdotal, sacerdocio santo, que he recibido con el Bautismo.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

Primera Semana de Cuaresma. Sábado

«Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los Cielos, que hace salir su sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos y pecadores. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? ¿Acaso no hacen eso también los publicanos? Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿Acaso no hacen eso también los paganos? Sed, pues, perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto.» (Mateo 5, 43-48)

1º.«Amad a vuestros enemigos, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los Cielos.»

Jesús, quieres que aprenda de Ti a amara todos como Tú los amas.

Tú eres el Hijo de Dios, pero hoy me dices que también yo puedo ser hijo de Dios: pertenecer a la familia de Dios, vivir con Dios, ser heredero de su Reino.

¿Cómo puedo, Jesús, imitarte tanto que venga a ser hijo de Dios?

Por el amor.

«De todos los movimientos del alma, de sus sentimientos y de sus afectos, el amor es el único que permite a la criatura responder a su Creador; si no de igual a igual, al menos de semejante a semejante». (San Bernardo)

No hay otro camino.

Dios siempre está dispuesto a brindarme su gracia, que es la que me da esa vida sobrenatural y divina de hijo suyo.

Pero si yo no sé amar, si me encierro en mis intereses y egoísmos, si mi corazón sólo busca compensaciones y placeres, la gracia de Dios no penetra, no es fecunda, no produce su fruto.

«Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?»

Jesús, no dices que sea malo ni egoísta amar a los que me aman.

Puede haber un amor sincero, real, entregado, aunque esté acompañado por la compensación de recibir amor, de sentirse comprendido y querido.

Esta compensación es buena también, pero impide distinguir si lo que busco es dar o recibir.

Por eso, el mérito se mide examinando cómo amo a los que no me aman, incluso a los que me tienen por enemigo.

2º. «Que hermanos somos todos en Jesús, hijos de Dios, hermanos de Cristo: su Madre es nuestra Madre.

No hay más que una raza en la tierra: la raza de los hijos de Dios. Todos hemos de hablar la misma lengua, la que nos enseña nuestro Padre que está en los cielos: la lengua del diálogo de Jesús con su Padre, la lengua que se habla con el corazón y con la cabeza, la que empleáis ahora vosotros en vuestra oración. La lengua de las almas contemplativas, la de los hombres que son espirituales, porque se han dado cuenta de su filiación divina. Una lengua que se manifiesta en mil mociones de la voluntad, en luces claras del entendimiento, en afectos del corazón, en decisiones de vida recta, de bien, de contento, de paz»(Es Cristo que pasa.- 13).

Dios mío, si Tú eres mi Padre, todos son mis hermanos.

¿Por qué tantos odios, tantas guerras, tanta lucha?

Jesús, a veces veo con malos ojos a uno porque es de otra raza, de otra cultura, de otro país, de otra lengua o, simplemente, de otro equipo de fútbol o de otro partido político.

Que aprenda a amar a todos, «que hermanos somos todos en Jesús, hijos de Dios, hermanos de Cristo».

«Su Madre es nuestra Madre».

María, que te aprenda a tratarcomo madre mía que eres: pidiéndote lo que necesito y lo que necesiten los demás, que también son hijos tuyos.

Me doy cuenta de que lo que más quieres es que todos tus hijos amen a Dios.

Quiero ayudarte en esa tarea; quiero ser buen hijo tuyo, porque así seré también buen hijo de Dios.

«No hay más que una raza en la tierra: la raza de los hijos de Dios.»

¿Cómo voy a ser buen hijo si no quiero a todos?

Y ¿cómo voy a decir que quiero a todos si no empiezo con los que me rodean?

Por eso lo primero que debo hacer es vivir cristianamente en mi familia y en mi trabajo, buscando ahí la perfección, la santidad: «Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto.»

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.