La Cruz como símbolo protector

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Escrito por Teresa Díaz Díaz
Publicado: 29 Marzo 2026

¡Tú me mueves, Señor! Muéveme le verte

clavado en una cruz y escarnecido;

muéveme ver tu cuerpo tan herido;

muévenme tus afrentas y tu muerte.

Anónimo, S. XVI. [1]

I.       Introducción

En el mundo católico tenemos tan interiorizado el signo de la cruz, que no nos damos cuenta de la cantidad de veces que la vemos o estamos en contacto con ella. Sabemos que persignarnos es cuando hacemos la señal de la cruz, imaginaria sobre uno mismo, llevando la punta de los dedos de la frente al pecho seguido del hombro izquierdo al derecho y lo hacemos como gesto ritual cuando salimos de casa, cuando comemos, antes de acostarnos, como saludo a imágenes y lugares considerados santos… Mientras que la actitud de bendecir se hace sobre las cosas, el sacerdote en los actos religiosos, al inicio y cierre de las oraciones… utilizándose siempre como una fórmula de invocación de la divinidad.

Simbólicamente la cruz la encontramos en la forma de la planta de la mayoría de las iglesias católicas, en la forma de la empuñadura de la espada, presidiendo monumentos funerarios, como marcas de canteros medievales, en remates de edificios, veletas y un largo etcétera. La imagen de la cruz en occidente fue tomada como símbolo protector por toda la carga histórica que conlleva, al ser el modo en el que murió Jesucristo para redimiendo a todos los pecadores, de ser modo fue tomando fuerza y ofreciendo gran protección, por eso la tenemos en alguna estancia de la casa, nos la colgamos del cuello, del espejo retrovisor del coche… La cruz asume la importancia teológica de los cristianos, es el símbolo más venerado y difundido del cristianismo y por sí mismo nos invita a la reflexión.

II.      Historia de la crucifixión

En el sentido genérico la palabra latina “Crux, Crucis” significa tormento, martirio. Antes del Imperio Romano, el martirio de la crucifixión es ya nombrado en fuentes asirias, babilónicas, egipcias, persas, griegas y cartaginesas, aunque no se conoce con exactitud su origen se piensa que éste y otros métodos similares fueron inventados por el Imperio Persa debido a que allí están registradas las primeras instancias, siendo utilizado sistemáticamente durante el siglo VI AC. Alejandro Magno lo introdujo en los países del Este del Mediterráneo en el siglo IV AC y los fenicios lo llevaron a Roma en el siglo III AC.

La crucifixión era utilizada para esclavos, rebeldes, piratas, enemigos y criminales, es por eso que este sistema era la forma más vergonzosa y desafortunada de morir debido a la lentitud del proceso que servía como espectáculo público a modo aleccionador.

La ley judía tenía prohibida la crucifixión y solamente permitía cuatro métodos de ejecución como era el apedreamiento, morir quemado en la hoguera, el estrangulamiento y la decapitación. En la antigua Roma, los ciudadanos condenados a muerte estaban exentos de morir crucificados, al igual que los nobles estaban exentos de morir colgados porque era más honorable morir por decapitación, excepto si se habían cometido crímenes mayores en contra del estado, tal y como era la alta traición. Según comenta en sus relatos Flavio Josefo [2], esta práctica penal se hacía en los estatus sociales bajos o para demostrar que el estatus elevado había sido quitado.

El historiador del Imperio Romano, Cornelio Tácito [3] en sus manuscritos comenta que la ciudad de Roma tenía un lugar específico para llevar a cabo las ejecuciones de esclavos por crucifixión, situado a las afueras de la ciudad, desde donde se visualizaban centenares de cruces alzadas unas junto a otras.

A través de algunas otras fuentes documentales además de las de Flavio Josefo se sabe que en la crucifixión se utilizaban clavos. Esta idea se constata cuando durante las excavaciones de un antropólogo en el yacimiento arqueológico de situado al noroeste de Jerusalén el año 1968, entre los restos hallados en el osario, se encontró un clavo que atravesaba el talón, el cual ofrecía información suficiente para saber que el hombre había sido crucificado por la posición de la perforación del clavo, indicando que sus pies se clavaron a la cruz por los costados. Este enterramiento data del siglo I, alrededor de la época de Jesús y resulta de sumo interés debido a que es la única inhumación encontrada y la razón por la que se conservó este cuerpo fue gracias a que la familia del crucificado le dio un enterramiento tradicional.

El Emperador Constantino abolió la crucifixión en el Imperio Romano al final de su reinado, en el año 337 DC, sin embargo, no se ha dejado de utilizar en varios lugares del mundo hasta nuestros días.

III.    La crucifixión de Cristo

Hace poco más de dos mil años nacía Jesús en Belén, lugar del próximo Oriente perteneciente a la provincia romana de Judea, donde reinaba Herodes el Grande, comenzando el camino de lo que sería una de las religiones monoteístas de mayor peso de la historia del hombre, aunque el mayor arraigo surgirá en el mundo grecorromano del Mediterráneo, conformando con su doctrina el modo de vida de la sociedad cristiana.

Jesús de Nazaret, judío por su nacimiento, cuenta en su genealogía, según los textos evangélicos con catorce generaciones desde Abraham a David, catorce desde David hasta la deportación de los judío a Babilonia y catorce hasta la llegada del Mesías, nombre que se daba al esperado por el pueblo, el prometido, en griego Christos, cuyo epónimo dio nombre a los nuevos fieles.

La doctrina de Jesús era continuación del judaísmo, con nuevos contenidos morales y religiosos, doctrina que los apóstoles o enviados expandieron por la tierra. La primera referencia al cristianismo se ha de buscar en le libro de Los Hechos de los Apóstoles [4], doce al igual que las doce tribus de Israel. El compendio doctrinal se recoge en el Nuevo Testamento, en el cual figuran los cuatro Evangelios, los de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, se tradujo en el año 420 por San Jerónimo, conociéndose como Vulgata. Esta traducción fue encargada por el papa Dámaso I y toma el nombre de Vulgata porque se escribió en un latín corriente, en contraposición del latín clásico de Cicerón, para que resultase más fácil de entender y fuese más exacta que sus predecesoras.

Hacia el año 30, Jesús, aquel joven que discutió la Ley del Templo, en el reinado de Tiberio bajo la prefectura de Poncio Pilatos que en ese momento ejercía el cargo de Gobernador Romano de la provincia de Judea, fue crucificado, al parecer por una incomprensión con los propios dirigentes religiosos judíos [5], debido a que aseguraban ser el Mesías y el cargo fue declararse ¡Rey de los judíos!, es decir cometió traición a Roma y sedición [6]. Por todo ello el Consejo de Judíos de Jerusalén le condenó a muerte en la cruz [7], hecho reservado a aquellos que habían cometido algún tipo de latrocinio [8], para que los buitres y aves por arriba y los perros por abajo se encargasen del cuerpo, según la creencia de que el entierro del cuerpo de un criminal profanaría el suelo.

IV.     La Cruz como símbolo protector

La meditación del ser humano ante lo que inevitablemente es su destino final, la muerte, le llevó a sintetizarlo con el símbolo de la cruz, la cual nos conduce a este tema tan universal que a lo largo de los tiempos ha preocupado a todos los ámbitos de la sociedad, quedando reflejado en la pintura, escultura o grabado entre otros. La representación de la Cruz como símbolo de algo divino, gesto mágico o sobrenatural la encontramos ya en la prehistoria, momento en el que aquellos habitantes se habían percatado de que un palo colocado horizontalmente sobre otro vertical daba lugar a su dios. También en la antigüedad aparece la cruz en áreas de Centro América, zona tan alejada y desconectada del cristianismo por lo menos hasta el siglo XV con la llegada del descubrimiento del Nuevo Mundo y de los evangelizadores. Los antropólogos que han estudiado estos pueblos ancestrales se han encontrado con que hay pruebas de religión en todas las razas de cuantas se han hecho estudios etnográficos completos, hallándose datos con coincidencias muy amplias [9].

Será hacia el siglo IV o V cuando aparece la cruz como símbolo cristiano: hasta entonces se habían utilizado otro tipo de representaciones como el crismón, el cordeo místico, etc., símbolos conocidos como monogramas [10] que pintaban o grababan en los muros de las catacumbas o en las lápidas al no poder profesar abiertamente su creencia y con estas representaciones evocan una idea o realidad espiritual, expresaban su fe. Estos monogramas representan la etapa de desarrollo que los llevará a sintetizarse en la cruz. En principio La tau fue el símbolo utilizado por el santo egipcio San Antón quien primero la usó como distintivo cristiano y empleada actualmente por la orden franciscana. La cruz puede presentarse en otras formas, la conocida como cruz latina que está formada por dos segmentos de diversa medida que se intersectan en un ángulo recto donde el segmento menor está a una proporción de tres cuartos con respecto al más largo. La cruz de gajos, tenemos como ejemplo el Cristo de estilo románico-gótico de la ermita de San Esteban en la localidad de Muelas de Pan en Zamora o en el Cristo de la Iglesia de Santa María de Valverde de Valladolid. En tercer lugar tenemos la cruz en forma de ípsilon [11], llamada así porque los vástagos laterales nacen aproximadamente sobre la mitad del central que se prolonga superiormente hasta la altura de aquellos, un ejemplo de esta cruz la vemos en el crucifijo de Puente la Reina en Navarra, datado entre los años 1380-1390.

La primera cruz simbólica utilizada con finalidad mágica [12] que encontramos es la Cruz Griega, realizada con cuatro brazos perpendiculares entre sí y del mismo tamaño. Mientras, uno de los amuletos más característicos del antiguo Egipto, que aparece en numerosos grabados, es la cruz griega con la variante de que le cierran la parte superior formando una argolla o asa que portan en la mano la mayoría de los dioses, en su calidad de inmortales, a la que consideran la llave o símbolo de la vida.

En el siglo II hay algunos crucifijos sin la representación de Cristo, como el que parece en una gema del Museo de Berlín. A principios del siglo V aparece por primera vez la Cruz Latina con carácter simbólico en un mosaico en Roma, sobre Cristo entronizado y rodeado por los Apóstoles.

Será a mediados del siglo V cuando aparecerá en público la imagen cristiana del crucifijo que representa a Jesucristo clavado en la cruz, como vemos en un relieve de la magnífica Puerta de la Basílica de Santa Sabina en Roma [13], produciendo indignación y escándalo entre los propios fieles cristianos, al considerarlo un tema que responde a la herejía cristológica del monofisismo, que niega la humanidad de Cristo considerando que es solo hombre en apariencia y la crucifixión es la respuesta iconográfica.

Los primeros crucifijos mostraban a Jesús vivo, vestido y coronado de forma victoriosa sobre la cruz, como podemos observar en el Crucifijo de don Fernando y doña Sancha realizado en el taller de León en marfil, datado en la primera mitad del tercer cuarto del siglo XI. Será a partir del siglo XII cuando aparece casi siempre muerto y cubierto con un paño de pureza atado a la cintura. A principios del siglo XIV proliferó la temática pasional con el Crucificado, el Calvario y la Crucifixión, y se inicia la representación del Cristo con corona de espinas [14], humillado y sufriente. Este crucifijo gótico doloroso, en España se difunde por las provincias de Valladolid, Peñafiel, Castronuño, Mayorga de Campos, Palencia, Paredes de Nava, Carrión de los Condes, Zamora, Benavente, Salamanca, Alba de Tormes, Barco de Ávila, Cáceres y Trujillo, mientras que en Andalucía se difunde un tipo de crucifijo doloroso que, aunque extremadamente contorsionado conserva formas corpóreas naturalistas.

En el mundo cristiano medieval la muerte significa el fin de la existencia y el acceso a la verdadera vida. Esta importancia otorgada al más allá en detrimento de la vida terrenal, trajo consigo una concepción pesimista de la vida y el tiempo. Esta actitud melancólica ante lo inevitable del destino del hombre queda reflejado en el símbolo de la cruz como signo de fracaso, de negación, sin saber que posteriormente va a convertirse en signo de redención, de triunfo, en definitiva, en el símbolo por excelencia del cristianismo. Cabe destacar la importancia de la recuperación de las representaciones de la Pasión Viviente que desde hace unas cuantas décadas se vienen celebrando a lo largo de nuestra geografía. Representaciones donde se escenifica el momento crítico que vivió Jesús desde que es condenado hasta su crucifixión. Una de las más famosas en Castro Urdiales en Cantabria, Oliva de la Frontera en Badajoz, Balmaseda en Bilbao, de Chinchón y Morata de Tajuña en Madrid, y en cuanto a la provincia de Guadalajara [15] encontramos ejemplos en Fuentelencina y Marchamalo localidades donde se celebra el Jueves Santo, en Albalate de Zorita el Viernes Santo y el Sábado Santo en Chiloeches y en Hiendelaencina, donde llevan más de treinta años interpretando el Vía Crucis de la Crucifixión.

En todas estas demostraciones religiosas, advertimos que la cruz es el monograma más difundido, su iconografía es muy rica y variada y la podemos encontrar en multitud de espacios como puede ser en banderas, joyas, esculturas, cuadros, relieves… a menudo va en solitario porque su sola presencia es el símbolo del espíritu divino para los cristianos.

Al igual que el símbolo de la cruz, existen otros objetos considerados sagrados y con capacidad protectora. Uno de los primeros ejemplos lo encontramos en tiempos del Imperio Romano, los clavos que se utilizaban en las ejecuciones estaban realizados en acero, con puntas de entre 13 y 18 centímetros de largo aproximadamente, rematado con una cabeza cuadrada de un centímetro, en este momento el acero era bastante caro, por ese motivo se removían los clavos de los muertos para reutilizarlos en otras ejecuciones [16], a su vez eran retirados por las personas para ser utilizados como amuletos protectores pensando que podían sanar enfermedades.

Los amuletos son objetos, generalmente portátiles de los que se sirve el hombre para precaverse de males, prevenir enfermedades y tener buena suerte. Estos objetos son virtuosos, albergan en sí el poder de ahuyentar el mal por sus propias cualidades. Esta creencia, que aún permanece viva en nuestra cultura, forma parte de la historia de la humanidad, ya que todos los pueblos y culturas han pensado y piensan que pueden defenderse de los malos hados por medio de los amuletos.

La etnología y etnografía han dedicado especial atención al estudio de la magia y los amuletos [17], al ser portadores de esa energía o potencia intangible, penetrante, inherente, que fluye de todas las cosas, pero se concentra solo en determinados objetos, y de su utilización a modo de medicina preventiva de todas esas enfermedades y muertes que asolaban vidas, sin sentido y sin explicación. Los amuletos servían para prevenir las enfermedades y el “mal de ojo” [18] consideradas causas directas en la gran mortalidad infantil que se produce de forma cotidiana y se buscan remedios sobrenaturales para cambiar estos males. Los recién nacidos son frágiles y están desprotegidos, por esto en sus primeras salidas a la calle lo hacen con uno o varios amuletos colgando de sus ropas, a modo de escudo envolvente, para hacerles invulnerables ante el mal.

Los clavos de las crucifixiones junto con los colgantes mágicos, higas [19], collares, medallas, rosarios [20] y otros muchos más, conforman un amplio abanico de amuletos de los cuales posiblemente el más representado y venerado sea la cruz.

V.       LA Cruz de Caravaca

Se encuentra en la Basílica de la Santísima y Vera Cruz, en la localidad de Caravaca perteneciente a la provincia de Murcia. La Basílica se comenzó a construir en el año 1617 en el interior del castillo, el cual se encontraba situado en lo alto de una colina, sobre un pequeño santuario [21] del siglo XIII que albergaba un fragmento de la verdadera cruz de Jesucristo [22], conocido como “lignum crucis” [23], que se conserva en un relicario con forma de cruz de doble brazo (símbolo de salvación), los horizontales de 7 y 10 centímetros y 17 de alto, con forma y tamaño de pectoral grande.

La devoción de la Cruz de Caravaca traspasa los límites de la Península Ibérica extendiéndose por todo el orbe cristiano. En el siglo XII ya se veneraba esta cruz y tuvieron lugar las primeras peregrinaciones. Desde el año 2003 y repitiéndose cada siete años Caravaca de la Cruz tiene el privilegio de celebrar perpetuamente un Año Jubilar, concedido por el Papa Juan Pablo II en enero de 1998. Este jubileo perpetuo sólo se da en otros cuatro lugares del mundo como es Jerusalén, Roma, Santiago de Compostela y Tanto Toribio de Liébana.

El motivo del peregrinaje comienza con una historia que data del año 1232, cuando la península se encontraba bajo la dominación musulmana, y que cuenta que dos ángeles bajaron del cielo con una cruz que necesitaba el cura que estaba celebrando misa para continuar la ceremonia. Ante este hecho los musulmanes se convirtieron al cristianismo. Desde entonces la tradición de regalar una Cruz de Caravaca se hizo costumbre generalizada y se convirtió en un amuleto popular por la creencia de hacer milagros y de proteger a la persona que la porta, contra los peligros, adversidades, enfermedades o malas energías y también se regala como señal de declaración sentimental.

El material más utilizado para reproducir la cruz es el oro y la plata, aunque las más corrientes son de latón y bronce, algunas de ellas formadas por dos láminas para introducir en ellas las reliquias.

La Cruz de Caravaca se encuentra clasificada como uno de los objetos detentador de un poder mágico, junto con el coral, el azabache [24], los collares de ámbar y la rosa de Jericó [25], para favorecer el parto. Esta costumbre la encontramos generalizada por toda España, por ejemplo, en Andalucía «…durante el alumbramiento se recurre a cuantas reliquias se pueden facilitar y a las cruces de Caravaca» [26]. En Segovia la costumbre de las gestantes es llevar nueve meses, colgado al cuello el escapulario de la Virgen del Carmen y tener en la casa una Cruz de Caravaca como símbolo protector durante el embarazo y el parto; costumbre que también se practica en el Alto Aragón, en los pueblos pirenaicos oscenses, con el fin de que la parturienta al agarrar la cruz al revés, introduciendo los dedos por la parte inferior donde se hallan las figuras de los dos ángeles que sostienen dicha cruz con lo cual se la clavaban en la mano y ese dolor la distraía y amortiguaba de los dolores propios del parto [27]. Con respecto a este tema, en la provincia de Guadalajara encontramos referencias a esta costumbre a través del estudio que hizo el Ateneo de Madrid [28] y donde encontramos que las localidades de Cogolludo, Sigüenza y Marchamalo colocan crucifijos sobre la parturienta o en la habitación y en Campisábalos y Condemios lleva la propia Cruz de Caravaca. Otro ejemplo devocional lo encontramos en el Museo Provincial de Guadalajara donde se halla expuesta una Cruz de Caravaca perteneciente a la villa de Mazuecos.

Todas estas propiedades de la Cruz vistas hasta ahora eran para mujeres y niños [29], pero en el caso de los hombres, se sabe que la Cruz de Caravaca era utilizada como método contra la rabia. Y en cuanto a los fenómenos atmosféricos, se consideraba preventiva del rayo por eso se llevaba en el bolsillo o colgada al cuello cuando había tormentas. Además, se colocaba en las puertas de las casas debido a que éstas también necesitaban de protección ante situaciones adversas como podía ser el arruinarse la familia, o que le cayera un rayo y se quemara, etc., a tal efecto en el dintel de la puerta se colocaba una cruz [30], labrada en la piedra, con el fin de no caer en la desgracia.

El Conocimiento de la Cruz de Caravaca y sus propiedades se extiende dese Norte América a Tierra de Fuego, llegó hasta Filipinas en 1668 cuando los misioneros españoles llevaron reproducciones a petición de los cristianos allí existentes. En Europa fueron los jesuitas los que extendieron su conocimiento. Roma pide duplicados desde 1606… y como dice la última estrofa de la Loa a la Santa Cruz de Caravaca:

“…de muertes repentinas, incendios, robos,

y otros muchos peligros

nos libre a todos la Cruz Sagrada que en los brazos de Cristo

fue desposada”.

VI.     Conclusión

La cruz es un gráfico aparentemente simple, aunque cargado de una complejidad sumamente intensa. Su significado fluctúa entre lo místico, filosófico y sociológico. Identificándose entre dos conceptos como son lo humano y lo divino, el espacio y el tiempo, el yin y el yang, es decir el centro donde converge todo.

Como hemos podido comprobar no hay persona, animal o cosa que no fuera preservado de los posibles males que siempre han acechado a lo que resulta valioso para el hombre. La mayoría de los amuletos no sirven para una sola cosa, sino que en muchos casos tienen multitud de aplicaciones; además aunque existen amuletos específicos para niños, mujeres y animales, algunos pueden servir para diferentes sexos, edades, o bien para pernas y animales al mismo tiempo, y este confusionismo de usos se ha ido acentuando con el paso del tiempo. De hecho si hiciéramos hoy un trabajo de campo por muchos de los pueblos en los que se sabe se han de utilizado amuletos hasta hace poco, las gentes no sabrían decirnos para qué han servido tales piedras, cuernos o higas [31].

No obstante, el oscurecimiento se ha ido produciendo con respecto a esta clase de saberes populares, todavía hoy podemos constatar el uso de objetos con fines profilácticos: en los coches, por ejemplo, se cuelgan rosarios, medallas de San Cristóbal, medallas de Vírgenes y Cruces de Caravaca. En algunos pueblos de la provincia de Burgos las monjas aún venden cédulas para colocar en las cuadras contra todo tipo de enfermedades y males. Incluso en las farmacias venden pulseras y brazaletes llamados «reguladores bio-magnéticos» fabricados con una «aleación noble polimetálica electrolítica» y se dice que sirven contra el reuma, nervios y circulación. Lo que nos viene a confirmar que aún en el siglo XXI se siguen comprando símbolos protectores y creyendo en su poder.

Teresa Díaz Díaz en dialnet.unirioja.es

Notas:

1      Soneto a Cristo Crucificado, en Floresta de Rimas Antiguas Castellanas. Ordenadas por Juan Nicholas Böl de Faber, Hamburgo 1821.

2      Flavio Josefo fue un historiador judío fariseo nacido alrededor del año 37 DC que ya desde pequeño se caracterizó por su buena memoria.

3      Fue considerado un gran historiador de la antigua Roma (55-120 DC). Su obra maestra titulada Anales consta de una serie de manuscritos llamados Historiae.

4      Los Hechos de los Apóstoles, Barcelona 1979.

5      Según el Nuevo Testamento, el motivo fue por presiones de parte de los líderes judíos, los cuales estaban escandalizados.

6      Insurrección en contra del orden constitucional establecido.

7      Marcos 15, 15; Juan 19, 17.

8      Latrocinar: dedicarse al robo, hurto o fraude de los intereses de los demás.

9      FINEGAN, J., Esplendor de las antiguas religiones, Barcelona 1963, p. 20.

10      El propio nombre de Jesucristo es un monograma “JHS”. Desde el siglo III la iconografía cristiana se ha nutrido con estas representaciones del nombre de Jesús. También se puede encontrar “IH” para denominar a Jesús y “XP” para Cristo, posteriormente pasaron de ser abreviaturas a símbolos.

11      Ípsilon es la vigésima letra del alfabeto griego.

12      Los objetos juegan un papel importante en los procedimientos mágicos porque son considerados como portadores de potencias invisibles y manipulados como agentes para el cumplimiento de fines que no son asequibles para las técnicas del sentido común.

13      La puerta de madera de la basílica se considera original del siglo V. Dieciocho de sus paneles sobreviven, de los veintiocho que fueron, todos menos uno representa escenas bíblicas, una de las más famosas es la de la crucifixión de Jesucristo. La de talla de puerta es de gran calidad equiparable con la de los marfiles.

14      La corona real se sustituye por la de espinas, atributo gótico por excelencia.

15      Un amplio estudio sobre las representaciones de pasiones vivientes, lo encontramos en el libro de José Ramón López de los Mozos titulado Guadalajara, fiesta y tradición, Guadalajara 2005.

16      Esto se sabe porque un clavo encontrado en una tumba del siglo I se hallaba doblado en la zona de la punta para que no pudiera ser reutilizado.

17      Durante la década de los años cuarenta, Carmen Baroja hizo una relación publicada en el Catálogo de Amuletos del Museo del Pueblo Español, mostrando una amplia colección de piezas españolas.

18      «En la representación del mal no existe otra caracterización que la del enemigo que procede ofensivamente; y en el amuleto no se define otra cosa que un mundo defensivo, con la atribución propia de esta clase de medios, que es la de resistir o la de repeler». Rafael Salillas en su libro La fascinación en España, p. 73.

19      La higa de azabache ahuyenta el mal de ojo, la envidia y los celos.

20      El rosario cristiano formado por un collar cerrado con cinco grupos de diez cuentas, separados por otra generalmente diferente, con un remate del que pende un crucifijo y su devoción tuvo tan honda raigambre en España y su uso fue tal que, de ser un elemento de ornato personal de las manos, pasó al cuello, convirtiéndose en un collar. En 1679 cuando la Duquesa D’Aulnoy narra su viaje por España, hace especial mención de este hecho diciendo «es de ver el uso constante que aquí se hace al rosario. Todas las damas lo llevan uno sujeto a la cintura tan largo que poco falta para que lo arrastren por el suelo. Rezan al ir por la calle, y cuando juegan el tresillo, cuando hablan y cuando enamoran, murmuran o mienten o rezan y recorren con sus dedos las cuentas del rosario. Figuraos cómo será en tales circunstancias la devoción; pero aquí es la costumbre más poderosa que todo razonamiento».

21      Santuario que se convirtió en Basílica Menor el 2 de febrero de 2008, según decreto del papa Benedicto XVI de fecha 3 de diciembre de 2007.

22      Según la tradición perteneció al Patriarca Roberto de Jerusalén, primer obispo de la Ciudad Santa una vez conquistada a los musulmanes por la primera cruzada en el año 1099. En 1229, es decir ciento treinta años más tarde, en la sexta cruzada, durante la estancia en Jerusalén del Emperador Federico II, un obispo, sucesor de Roberto en el patriarcado, se encontraba en posesión de la reliquia, que dos años más tarde apareció milagrosamente en Caravaca.

23      La cruz guardada en estuche se convierte en un relicario, donde se guarda un fragmento de la verdadera cruz en la que murió Jesucristo y se les conoce como lignum crucis, de los cuales se conservan muchos de los siglos XVII y XVIII. Por otra parte, no es infrecuente que ambos tipos de recuerdos sagrados convivan en una misma joya.

24      Antiguamente el coral y el azabache eran sustancias utilizadas en farmacia como medicinas. MORALES, G. de, De las virtudes y propiedades maravillosas de las piedras preciosas, p. 304; GÓMEZ TABANERA, J.M., «Azabache. Amuleto de la vieja Europa y ámbar negro de Asturias», en Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, nº 90-91, p. 15.

25      VILA SALO, A., Arxiu de tradicions populars, p. 373.

26      LIMÓN DELGADO, A., Costumbres populares andaluzas, p. 45.

27      GONZÁLEZ HONTORIA, G., El Arte Popular en el ciclo de la vida humana: Nacimiento, Matrimonio y Muerte, pp.. 42-99.

28      Estudio recogido por Teresa Díaz Díaz, en Cuadernos de Etnología de Guadalajara nº 36, «Respuestas de la provincia de Guadalajara, al cuestionario de la información promovido por la sección de Ciencias Morales y Políticas en el curso 1901-1902 del Ateneo de Madrid», p. 333.

29      Los primeros amuletos que se ponían al niño eran los que le regalaba la madrina y que se colocaban en su faja desde el primer día, o bien para el bautizo en el traje de cristianar.

30      Fotografía de un portal de Ansó, realizada por José Ortiz Echagüe en el año 1927. Colección del Museo Nacional de Antropología. Como podemos apreciar en la zona central del dintel en medio de la cruz aparece la fecha en la que se hizo la casa, 1733.

31      Al igual que ya nos comentaba en los años cuarenta HILDBURG, W. L., «Caravaca crosses and their uses as amulets in Spain» en Folklore, LI (1940) 241-258.