La esperanza de los cielos nuevos y la tierra nueva en la literatura judaica inter-testamental

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Escrito por Luis  Díez Merino
Publicado: 05 Abril 2026

En el NT tenemos dos textos que aluden directamente a este tema: a) Ap 21, 1: KIXi &LOO\l OUpIX\lO\l XIXL\lO\l xIXi ¡ij\l XIXL\I~\I. Ó "(~p 7tpw'tOt; OUpIX\lOt; xIXi ~ 7tpwn¡ ¡ij &7tiíA6IX\I, xIXi ~ MAIXC1C1IX OUX Ea'tL\l E'tL; X(XL 1tpwn¡ ¡ij amjA81Xv, X(XL 8'x)..(XQ'Q'(X oux EO"tL\I fo (cf Is 65, 17; Is 66, 22; 2P 3, 13; Ap 20, 21). b) 2P 3, 13: XIXL\lOUt; OE OUpIX\lOUt; xIXi ¡ij\l XIXL\I~\I XIX't~ 'to &7tIl"("(&A¡LIX IXU'tOU 7tp0C100XW¡L&\I, &\1 OLt; OLxIXWcru\lTj XIX'tOLX&L (cf Is 65, 17; Is 66, 22; Rm 8, 21; Ap 21, 1).

En ambos textos se mencionan «unos cielos nuevos y una tierra nueva», ¿qué significa dicha expresión? Si se propician unos cielos nuevos y una tierra nueva, quiere decir que los cielos y la tierra existentes se les considera viejos, por lo tanto o tienen que ser destruidos, o renovados, o transformados; pero si del cosmos físico pasamos  al  mundo de los humanos, entonces nos encontramos con las calificaciones morales de esos dos bloques, los justos (que pervivirán) y los malvados (que serán destruidos); además en el universo judío aparecerán dos mundos diferentes: este mundo (ha-olam ha-zeh) y el mundo venidero (ha-olam ha-ha); además se preve un final individual y otro colectivo con estadio intermedio, un tiempo de purificación  y un tiempo  final, tanto  para  los cielos como para la tierra, para el cosmos y para sus habitantes.

Y si repasamos la literatura inter-testamental tales conceptos se multiplicarán pues existen muchos campos afines:

1)       La tierra: tiene que ser purificada (I Henoc 10, 20. 22), curada (I Henoc 10, 7), renovada Qubileos 1, 29), transformada por Dios Qubileos 45, 5), entonces se gozará (I Henoc 51, 3), los elegidos la heredarán (I Henoc 5, 7), caminarán por ella (I Henoc 51, 5) y los justos habitarán en ella (I Henoc 51, 5).

2)       Será el gran día, que se conoce con múltiples  nombres: será un día de aflicción (I Henoc 48, 8. 10; 50, 2), de consumación (I Henoc 10, 12; 16, 1), de  maldición  y  castigo  (I Henoc  102,  5),  de  oscuridad (I Henoc 94, 9), de muerte para los gigantes (I Henoc 16, 1), de des­ trucción (I Henoc 16, 1; 98, 10), de juicio  (I  Henoc  22,  4.  13; 97,  3; 100,  4); será  un  día grande  (I Henoc  54, 6),  de  juicio  y consumación  (I Henoc  10,  12),  día  del  gran  juicio  (I Henoc  10, 16; 19, 1; 94, 9;  98, 10; 99, 15; 104, 5), de la  gran  vergüenza  (I  Henoc 98, 10),  del  degüello (I Henoc  16, 1; 94, 9),  de continuo  derramamiento  de  sangre  (I   Henoc 99, 6), de sufrimiento  y tribulación  (I Henoc  45, 2; 65, 8), de  tribulación  (I  Henoc  1,  1; 96,  2),  de  pena  (I  Henoch  55,  3),  de  injusticia (I Henoc 97, 1), además  de decisión  (Sb 3, 18)  y  de  venganza  (Si  5, 8).

3)       La consumación: vendrá el día de la consumación (I Henoc 10, 12; 16, l; 19,  1; Doe.  Zadok.  6,  5. 7),  el  día  del  juicio  (11 Baruk  30, 2; 76, 2), el tiempo del reino (Asunción de  Moisés  1, 18; 11 Baruk  27, 15; 29, 8), el día  del final  de  la edad  (11 Baruk  69,  4; 83,  7), el  final de todas las cosas (11 Baruk 83, 22), el día del juicio de Dios (11 Baruk 82, 2) y el final de los tiempos (Testamento de Rubén 6, 8);

4)       El fin de todo: vendrá el fin (Esd  6, 6. 7. 15; Esd 7, 33. 112;  Esd 12, 32-34), la consumación de todas las generaciones (I Henoc  10, 15)  que se describe (Esd 6, 13-20. 23-24) como destrucción del  mundo (I Henoc 10, 2; 65, 6) primero (I Henoc 93, 4); será el final de los hom­ bres (Testamento de Aser 6, 4-7), el final de las épocas (IV Esdras 12, 34) y de los días (Esd  13, 32; Doc.  Zadok.  § 10. IV, 6, 2; 8, 10),  el final de los cielos  y de la tierra (I Henoc  18, 14), el final de los cielos  (I Henoc 39, 3), el final de los justos (I Henoc 102, 10),  el final  del  tiempo (11 Henoc 33, 11); ese final será precedido  por  unos  signos (Orac. Sibilinos 3, 796-808; Esd  4, 51-5, 13- 6, 11-28- Esd 8, 63-9, 12), y dicho final ha de venir  solamente  por  medio  de  Dios (Esd 6,  6); tal final fue previsto por Abraham en visión  (Esd  3, 14). To­ das las cosas conocerán un  final  (I Henoc  19,  3): la tierra  (I  Henoc  1, 5; 18, 5; 23, l; 33, 1-2;  34, 1; 35, 1; 36,  l;  65, 2; 76, 1; 106. 8), los cielos (I Henoc 36, 2; 54, 9; 57, 2; 60, 11. 20; 71,  4; 93,  12)  y las estaciones  (Esd14. 5).

5)       Está prevista una transformación: de la naturaleza (Orac. Sibilinos 3, 777), del mundo: que ha de ser física y moral, aunque gradual Qubileos 1, 29; Testamento de Levi 18), si bien en otras ocasiones no será así (I Henoc 45, 4; 91, 16; 11 Baruk 32, 6; 67, 2; IV Esdras 7, 75); transformación espiritual del mundo (11 Baruk 51, 3), tanto de los jus­ tos en la resurrección (11 Baruk 51, 1-3. 7) como  de los condenados (11 Baruk 51, 4-6).

6)       Estadio intermedio: entre el final  individual  y  el final  cósmico se constata un estadio intermedio, que para los  justos será  un  lugar  de paz y alegría, custodiados en unas  habitaciones  (Esd 7, 88-99; 8,  39; II Baruk 21, 23; 59, 10) y para los malvados será un lugar de tor­ mento en espera del juicio (Esd 7, 81-87; 11 Baruk  30, 5; 36, 11;  52, 1-2).

Todos esos conceptos afines tienen interconexiones con el tema de «los cielos nuevos y la tierra nueva», pero trataremos de soslayarlos por la amplitud que suponen, y nos ceñiremos  a «los cielos  nuevos y  la tierra nueva» en la literatura inter-testamental, atendiendo a los datos que nos proporcionan diversos bloques de literatura judía, como son  los apócrifos, el Tg y la literatura rabínica, partiendo como es lógico,  de los testimonios antico y neo-testamentarios.

Estudios específicos sobre el tema de los «cielos nuevos y la tierra nueva» no hemos encontrado y es sintomático que en una reciente tesis doctoral J. Cervantes. Gabarrón [1] entre más de medio millar de estudios petrinos no se encuentre ni uno solo dedicado a este  tema  que aparece en 2P  3,  13,  aunque  dos de  ellos  se  acerquen  un  poco  a la temática [2].

1.       En el Antiguo Testamento.

A)       Trito-Isaías (Is 65, 17-25).

En la tercera parte del libro de Is (Is 56-66), después de haber hablado de la gloria y felicidad de la nueva Sión (Is 60-62), del juicio divino y la confesión (Is 63-64), pasa a la sección de las promesas y amenazas (Is 65-66): amenazas a los pecadores y promesas a los justos (Is 65). Existe una clara distinción entre  los siervos de  Yahweh  y los  apóstatas (Is 65, 1-12), entre cuyos bandos existirá una separación definitiva  final  (Is 65, 13-25). Una parte del pueblo se ha obstinado y  rechaza las gracias divinas (Is 65, 1-7), pero un núcleo de elegidos es conservado (Is 65, 8-10), mientras que los pecadores y los apóstatas son castigados {Is 65, 11-12); se propone un agudo contraste entre la suerte que corren  los apóstatas y la que se les depara a los fieles (Is 65, 13-16); para éstos se preparan unos cielos nuevos y una tierra nueva {Is 65, 17-25) que culminarán con la felicidad de los israelitas fieles, y con el castigo de los impíos (Is 66).

A este contexto ha precedido una oración pidiendo auxilio a Yahweh (Is 64, 1-11), dentro de cuya respuesta se encuentra una promesa {Is 65, 1-25). Entre otras cosas Yahweh promete unos cielos nuevos y una tierra nueva {Is 65, 17-25), porque va a comenzar un nuevo estado de cosas que estará presidido por la bendición de Yahweh, y esto afectará incluso a la naturaleza que se verá transformada: «voy a crear unos cielos nuevos y una tierra nueva» {Is 65, 17a): será una nueva era a la que pertenecerán unos cielos nuevos y una tierra nueva  en un mundo transformado; la obra salvífica de Dios afecta -según el AT incluso a la misma naturaleza. Tal transformación se expresa con el término  bard, término típico de II Is- (Is 40, 28b: bóre' qe!ot haare; 42, 5a: bóre' ha-'ssamaim we-notehem, 43, la: bara'aka yaaqob, 43, 15b: bore' yisra'el malkehem, 45. 7a: yoser 'ar übóre' hosek, 45, 7b: oseh salom ubóre' ri; 45, 18a: bóre' ha-ssamaim hu' ha-'elobtm) y que se repite hasta tres veces en Is 65, 17-18.

Is augura una nueva era a la que pertenecen  los nuevos cielos y  la nueva tierra en mundo transmutado: esta idea de metamorfosis cós­ mica es un pensamiento reiterado en la literatura profética (Cf Is 51,  16; Is 46, 22; Is 11, 6-9; Is 29, 17; Is 30, 23s; Is 32, 15. 35, etc.).

El cambio cósmico augurado: en ese nuevo estado de transformación celeste y renovación terráquea ya no se recordará lo antiguo (Is 65, 17b), e. d. las calamidades pasadas. Esta nueva situación está reflejada en las diversas tradiciones:

1)       Tradición bíblica: el profeta Isaías lo repite: «He aquí que las cosas antiguas han llegado, y anuncio otras nuevas; antes de que germinen las voy a hacer oír» (Is 42, 9), «no os acordéis de las cosas anteriores ni prestéis atención a las cosas antiguas, pues he aquí que voy a hacer una obra nueva, que ya está germinando: ¿no la conocéis?» (Is 43, 18-19).

2)       Tradición inter-testamentaria judía: existen numerosos textos que más adelante constataremos.

3)       Tradición neo-testamentaria: una situación similar auspicia Pablo en el nuevo orden de la Iglesia: «De manera que el que está en Cristo es una criatura nueva; desapareció lo antiguo, mirad ya es nuevo» (I Cor 5, 17); 4) los teólogos cristianos -a propósito de 1Co  5,  17- distinguen dos clases de escatología: a) escatología final: correspondiente al hombre resucitado; b) escatología intermedia: supervivencia del hombre después de la muerte antes de la resurrección final de los muertos (a ésta se referiría 1Co 5, 17) [3].

Is supone que los tiempos de angustia física y moral ya habrán pasado. y desbordará la alegría de Jerusalén (Is 65, 18), y el mismo Yahweh -pensando en este bienestar de Jerusalén- se  gozará  (Is 65, 19). Esta renovación tendrá múltiples repercusiones:

a)       Prolongación biológica: en los ciudadanos, los cuales recobrarán una longevidad similar a la de los patriarcas: «no habrá niño de pocos días» (Is 65, 20a), e. d. que los niños no morirán de muerte prematura, los jóvenes llegarán a los cien años, y los ancianos superarán los cien años (Is 65, 206). El que no llegue a los cien años se considerará como castigado por Dios.

b)       Prosperidad material: a la longevidad, se sumarán los bienes materiales: cada uno disfrutará de los bienes por él adquiridos, y no su­ cederá que uno allega los bienes, y éstos son disfrutados no por el titu­ lar, sino por sus herederos (Is 65, 22): si han construído casas (Dt 28,

30)     ellos las habitarán (Is 65, 21), si han plantado viñas ellos comerán de su fruto (Is 65, 21), su vida se prolongará tanto como la de los árboles (Is 65, 226; Sal 92, 12),

c)       Salud física: al conocer los jóvenes una edad mínima de cien años (Is 65, 20) es evidente que no habrá guerras donde siempre se ha diezmado a la juventud, ni la enfermedad hará estragos en muertes pre­ maturas (Cf Jer 15, 8; Sal 78, 33).

d)       Éxito en todo cuanto emprendan: su trabajo no conocerá la decepción ni la ruina (Is 65, 23).

e)       Paz general: si el pecado trajo el desconcierto en la creación (Gen 3) ahora se restaura el equilibrio, no habrá agresividad entre los animales, los carnívoros (león) se transformarán en herbívoros (buey), se restablecerá la tranquilidad en el orden universal.

f)        Protección divina: todos serán bendecidos por Yahweh (Is 65, 23), incluso antes de orar al Señor ya serán socorridos los hombres en sus necesidades (Is 65, 24), Yahweh habitará en el mundo como en su montaña santa (Is 65, 25).

Todo será bendición y concordia, desapareciendo la exigencia vital de alimentarse unos seres de otros, incluso parece que hombres y animales regresarán a una dieta vegetariana (Cf Gen 1, 29-30); pero permanecerá la maldición de la serpiente que continúa vigente, pues seguirá comiendo polvo (Gn 3, 14; Is 65, 23).

A)       Déutero-lsaías (11-Is): Primeras cosas-últimas cosas, Creación­ Escatología.

En el libro de la consolación de 11-Is se repiten con frecuencia las ideas de antiguo-nuevo, primero-último; por una parte son antiguas y familiares a la teología precedente a 11-ls, pero por otra 11-Is introduce nuevo énfasis y renovadas aplicaciones a los conceptos ya conocidos [4]. Para C. Stuhlmueller [5] 11-Is une los conceptos último-primero, antiguo-nuevo, al concepto de redención creativa en una serie de poemas (Is 40, 12-31;  Is 41, 1-5;  Is 41, 21-29;  Is 42, 8-9;  Is 43, 8-13;  Is 43, 16-21; Is 44, 6-8; Is 45, 18-22;  Is 46, 9-13; Is  48, 1-11;  Is 48, 12-19; Is 52, 3-6).  En este  contexto  «primero» significa las profecías que ya se han cumplido, «último» se refiere a las profecías cuyo cumplimiento está todavía pendiente.

El 11-Is introduce  un vocabulario creacionístico para explicar  lo «nuevo» o «último», e. d. el cumplimiento de las profecías últimamente en las victorias de Ciro sobre las naciones extranjeras, especialmente sobre Babilonia, por lo mismo en la liberación de Israel de la cautividad. De ahí que las cualidades especiales de las victorias de Ciro se pueden extrapolar a lo que el profeta entiende por la nueva creación. La nueva creación será inmediata, repentina, superior a todo otro acto creador precedente, y todo ello envuelto en el ropaje de una revelación personal: «yo soy Yahweh, el primero... y el último». Aunque la redención de Israel está incluida entre las cosas «nuevas» o «últimas» y es considerada como una «nueva creación», no obstante no entra dentro del  ámbito  de lo «escatológico», entendiendo  este  concepto  en el sentido de posicionamiento o permanencia en la nueva era. Cuando Is habla de la primera creación (Is 40, 21b. 26a; Is 45, 18; Is 48, 13) se refiere al dominio de Yahweh sobre el universo  y sobre la  historia en favor  de Israel; pero el concepto de «creación» no se puede aplicar en el mismo sentido a las cosas primeras como a las últimas, pues en II-Is no existe una escatología muy  desarrollada [6].  No obstante en II-Is existe un movimiento desde el estadio de la creación universal a la redención universal, cuando se considera que el mundo y Ciro serán como Israel, «hijos de Yahweh»; la idea de la primera creación cósmica se desarrolla en la presentación de la redención cósmico-creativa de Israel realizada por Yahweh [7].

2.       En el Nuevo Testamento.

Los datos en torno a los nuevos cielos y a la tierra nueva se recaban de los siguientes textos bíblicos interrelacionados en ambos testamentos: a) Is 65, 17: «Pues he aquí que Yo crearé cielos nuevos y tierra nueva; y no se recordarán ya las cosas antiguas ni vendrán a la imaginación». b) Is 66, 22: «Pues así como los cielos y la tierra nueva que  yo voy a hacer permanecerán ante Mí -oráculo de Yahweh-, así permanecerán vuestra simiente y vuestro nombre». c) 2P 3, 13: «Pero aguardamos, conforme a su promesa, «nuevos cielos y nueva tierra» en los que habitará la justicia». d) Ap 20, 11-12: «Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de cuya  presencia  huyó la tierra, y el cielo, y no se encontró sitio para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante el trono; y se abrieron los libros. Y se abrió  otro libro, que es el de la vida, y los muertos fueron  juzgados según  sus obras, por lo que estaba  escrito en los libros».  e) Ap 21, 1: «Y  vi un cielos nuevos y una tierra nueva, pues el cielo primero y la tierra primera habían desaparecido, y no existía ya el mar». En los tres momentos claves de la historia de la salvación aparecen el hombre y la creación íntimamente ligados: 1) la Biblia asocia la creación y el destino del hombre desde el comienzo (Gen 3, 8): universo de la naturaleza; 2) en la Encarnación: Jesús hecho carne en el seno de una virgen terrena (Lc 1, 26-38): universo de la gracia;  3) en la Parusía: la creaci6n  y  el hombre unidos en la gloria y la transfiguración.

El texto clave es Ap 21, 1 que se nos ofrece en un amplio contexto (Ap 21, 1-6; Ap 22, 3-5) donde se trata de los cielos nuevos, de la tierra nueva, de la nueva Jerusalén y de sus  afortunados  habitantes. Una vez que el mal haya sido destruido para siempre, y que sus agentes hayan sido arrojados en el lago de fuego, y cuando  ya los cielos y la tierra que precedieron se hayan desvanecido, el juicio final llegará a una conclusión, y la tierra y el hades serán destruidos; entonces Dios creará unos cielos nuevos  y una tierra  nueva, que se completará  con  la nueva Jerusalén que comenzará a existir. En esta nueva ciudad ya no se conocerán las lágrimas, ni la angustia, ni los gritos, ni pena o maldición alguna, Dios habitará entonces con los hombres,  y su  trono -que es también el del Cordero- estará en ella; los siervos de Dios, cuya característica principal es que son posesi6n propia de Dios, desde entonces le servirán y verán su rostro. Y Dios hará que la luz de su rostro brille sobre ellos con una bendición perpetua, y ellos reinarán para siempre. Este es el clímax natural que conviene a todas las secciones que han precedido, y la naturaleza de la bendici6n de los cielos nuevos y de la tierra nueva y de la ciudad nueva se ha de relacionar con todas las anteriores visiones del Vidente que en previas ocasiones permanecían un tanto ensombrecidas  [8].

Ap 21, 1-4; Ap 22, 3-5 constituye la visi6n  de los cielos nuevos y  de la nueva tierra, y el descenso de la nueva Jerusalén adornada como una esposa para su  marido. Dios ha de habitar con los hombres, y ya  no habrá más ni lamentos, ni penas,  ni lágrimas,  ni  muerte,  y todos los fieles reinarán para siempre. Lo «nuevo» por lo que se pronuncia Ap 21, 1 en torno a «los cielos nuevos y la tierra  nueva»  se  debe  ver reflejado en Ap 21, 5: oou xoct\la 1tmw 1t<X\I'tOt. La idea de lo nuevo se ha reflejado en otros pasajes bíblicos que precedieron a Ap, como son Is 65, 17; Is 66, 22; Sal 102, 25-26. Pero esta idea era bastante  común en la apocalíptica precedente, especialmente en los libros de Enoch, Baruk y Jubileos: «Los primeros cielos han de pasar y desvanecerse, y aparecerán los cielos nuevos» [9]. «Hasta que se verifique la nueva creación que durará por toda la eternidad» [10]. «Y yo transformaré los cielos y los haré un eterna bendición y luz, y yo transformaré la tierra y la haré una bendición» [11]. «Desde el día de la creación y hasta que los cielos y la tierra sean renovados» [12]. «y creo en el juicio venidero que entonces se ha de realizar, y espero en el mundo que se ha de renovar y entonces reconstruir, y en la promesa de la vida que se ha de implantar después» [13.] «y el nuevo mundo que no ha de volver a la corrupción para aquellos que van a su bienandanza» [14]. «Cuando el Todopoderoso renueve su creación» [15]. «Hasta aquellos tiempos que han de venir en que Tú renueves tu creación» [16].

En el NT encontramos algunas expresiones similares: 1) Dice Jesús: «Os digo de verdad: vosotros, los que me seguisteis, cuando en la regeneración se siente el Hijo del Hombre en su trono esplendoroso, os sentaréis también vosotros en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel>, (Mt 19, 28): esta «regeneración» o nueva creación se refiere a la resurrección al final del mundo (Mt 22, 28); el «trono de esple"1dor» se recuerda con frecuencia en el NT (Mt 20, 21; Mc 10, 37; Ap 3, 21; Lc 22, 30) Y es reminiscencia de Dn 7, 9-10. 2) En el discurso dé Pedro: «a quien el cielo tiene que recibir hasta el tiempo de la restauración universal, del que habló Dios por boca de sus santos profetas de antaño» (Hch 3, 21; también Hch 1, 6: «Señor, ¿es este tiempo [cuando] piensas restaurarle a Israel el reino?»). 3) En 2P 3, 13: «Pero aguardamos, conforme a su promesa, nuevos cielos y nueva tierra en los que habitará la justicia» (cf Is 60, 21; 1Co 6. 9-10; Ap 21, 27; 2 5).

3. En la literatura inter-testamental

3.1. Literatura apócrifa

En Ap 21, 1 leemos: «Vi unos cielos nuevos y una tierra nueva, pues el cielo primero y la tierra primera habían desaparecido, y no existía ya el mar». Aquí se ponen en conexión dos hechos: el fin del mundo y la renovación del mundo.

En la literatura apócrifa vemos dos tendencias que tratan de explicar el fin del mundo: A) hay fuentes que no defienden una  destrucción del mundo en el sentido literal, aunque después los matices son diversos:

1)       No existe propiamente una destrucción  del  mundo  en el sentido más estricto: la  destrucción  del  mundo  vendría  por  la  destrucción de la vida sobre la tierra como consecuencia del  pecado  de  los  hombres, por el cual toda la creación se ha visto perturbada. En el Apocalipsis de Baruk, hijo de Neriah, traducido del griego al siriaco, se nos describe el anuncio a Baruk de la próxima destrucción de Jerusalén: «¿Qué sucederá después de estas cosas? Porque si Tú destruyes tu ciudad, y entregas tu tierra a los que nos odian, ¿cómo será recordado de nuevo el nombre de Israel? O ¿cómo uno  podrá  hablar  de  tus alabanzas? O ¿a quién  se explicará  lo que  está  en  tu  Ley?  O  ¿ha  de  volver el mundo a su naturaleza primitiva, y el cosmos ha de retornar a su primitivo silencio? ¿Y la multitud de las almas ha de desaparecer, y la naturaleza del hombre no será nombrada jamás? Y ¿dónde está todo aquello que tú dijiste a Moisés respecto a nosotros? Y el Señor me dijo: Esta ciudad será devastada por un  tiempo,  y  el  pueblo  será  castigado por un tiempo, y el  mundo  no  será  dado  al  olvido» [17].  Se  interroga sobre la fábrica del mundo si tiene que volver a su naturaleza original caótica, y si el mundo ha de caer  de nuevo en el silencio  en el que esta­ba al principio, y si ha de desaparecer  la gran  cantidad  de seres  vivos  que existen, y ya no se hablará de la naturaleza humana; a todo ello responde el Señor a Baruk: el mundo no pasa; e. d. que si Baruk preguntaba por  la suerte  de  todas  las cosas,  como  si estuviesen  ligadas  a la suerte de Jerusalén, el Señor  responde  que  no:  el  nombre  de  Israel no desaparecerá, ni faltarán los estudiantes de la Ley, ni los hombres volverán al caos inicial; Jerusalén de nuevo  será  restaurada,  el  castigo del pueblo sucederá pronto, pero el caos no volverá a reinar sobre el mundo.

2)       Existiría una aniquilación de la vida sobre la tierra, como consecuencia del pecado del hombre que ha trastornado la entera creación: a) significaría un despertar del mundo viejo a una vida nueva, un cambio transfigurado  del antiguo mundo que comporta la purificación de  la tierra de todos los pecados. Leemos en el Libro de los Jubileos: «La tierra perecerá a causa de todas sus acciones; no habrá simiente, vino, ni aceite, pues todo será negado a causa de sus obras, y todos perecerán juntos: animales, bestias, aves y todos los peces del mar a causa de la malicia de los hijos de los hombres» [18]. Habrá continuos enfrentamientos (viejo contra ioven, pobre contra rico, humilde contra poderoso, vasallo contra señor) por causa de la Ley y la alianza [19], y aunque oren para librarse de los pecadores gentiles, no habrá salvador [20]. Llegará la humanidad al aniquilamiento: «Las cabezas de los niños se blanquearán de canas, el niño de tres semanas parecerá un anciano de cien años y se arruinará su constitución con tribulación y dolor» [21] pero llegado el tiempo de la regeneración, cuando se opere la conversión - no se habla de destrucción, si  bien se supone  un aniquilamiento total, y un nacimiento de las cenizas- «Irán multiplicándose y creciendo las vidas de esos hombres, generación tras generación y día tras día, hasta que se acerquen sus vidas a los mil años y a muchos años de días. No habrá anciano ni quien se canse de vivir, pues todos serán niños e infantes; pasarán todos sus días en salud y gozo, y vivirán sin que haya ningún demonio ni ningún mal destructor, pues todos sus días serán bendición y salud» [22]. Por una parte se alzarán de la tumba  y vivirán con gran paz e indefinidamente: «Entonces curará el Señor a sus siervos, que se alzarán y verán gran paz. Se dispersarán sus enemigos,  y los justos verán y darán gracias, regocijándose por los siglos de los si­ glos viendo en el enemigo todo su castigo y maldición» [23] , pero por  otra sus huesos todavía reposarán en la tumba: «Sus huesos descansarán en la tierra, su espíritu se alegrará sobremanera, y sabrán que existe un Señor que cumple sentencia y otorga clemencia a los centenares y mi­ ríadas que lo aman» [24]. Jubileos, pues, admite solamente una inmortalidad del alma y no del cuerpo. b) Habrá un desastre  y una destrucción de las cosas como si no hubiesen existido: «He aquí que vienen días,  en que todo lo que existe sucumbirá a la destrucción, y será como si no hubiese existido. Si vosotros preparáis vuestros corazones en los  que habéis sembrado vosotros los frutos de la Ley, en aquel tiempo os sentiréis protegidos, cuando el Todopoderoso haga temblar a toda la creación... entonces habrá una gran lucha, cuando el Omnipotente renueve su creación, e. d. la llame a una nueva vida» [25]. c) Puede haber una catástrofe general: en el apócrifo de Henoc se habla de una destrucción universal, si bien parece solamente  referida al diluvio: «Dile en mi nombre «de Dios»: «Ocúltate». Y revélale el final que va a llegar, pues va a perecer toda la tierra, y el agua del diluvio ha de venir sobre toda ella, y perecerá cuanto en ella  haya. Instrúyele,  pues, que escape y quede su semilla para toda la tierra» [26]. En esa ocasión el cataclismo destruirá todo, excepto al justo hijo de Lamek: «Vete a  Noé y dile... que un cataclismo va a venir sobre toda la tierra para destruir lo que  hay sobre ella. Instruye al justo, al hijo de Lamek sobre lo que ha de hacer. Así conservará su alma para la vida y escapará para siempre. De él nacerá un retoño que se mantendrá firme por todas las generaciones» [27]. Una vez purificada la tierra, los justos conocerán una dilatada vida: «todos los justos vivirán hasta engendrar a mil hijos y cumplirán en paz todos los días de su mocedad y vejez. En esos días toda la tierra será labrada con justicia; toda ella quedará cuajada de árboles y será llena de bendición» [28].

3)       La renovación del mundo consiste en un despertar del viejo mundo a una nueva vida, un brillante cambio del antiguo cosmos, que lleva consigo la purificación de la tierra de todo pecado; es como una remodelación de los cielos y la tierra. Este concepto se encuentra repetidamente en la literatura apócrifa: a) «Y el ángel de la faz, que marchaba ante los tabernáculos de Israel, tomó las tablas de la distribución de los años desde la creación, las de la ley y la revelación por septenarios  y jubileos, según cada año, en todo el cómputo anual de los jubileos, desde el día de la creación hasta  que se  renueven  los cielos y la tierra y toda su estructura, de acuerdo con las potencias celestiales, hasta que se cree el templo del Señor en Jerusalén, en el monte Sión, y todas las luminarias se renueven para remedio, salvación y bendición de todos los elegidos de Israel, y sea así desde ese día por siempre en la tierra» [29]. b) «Pues cuatro sitios en la tierra son del Señor: el Jardín del Edén, el monte oriental, este monte en que estás hoy, el monte Sinaí, y el monte Sión, que será santificado en la nueva creación para santidad de la tierra. A causa de éste será santificada la tierra de toda iniquidad e impureza para siempre» [30]. c) Baruk exhorta al pueblo a que se prepare para unos acontecimientos malos: «No nos debemos descorazonar por el mal que ahora ha venido sobre nosotros y que todavía tiene que sobrevenir. Porque habrá una mayor prueba que aquellas dos tribulaciones cuando el Omnipotente renovará su creación» [31]: el mal que ha sobrevenido es la caída de Jerusalén, y las dos tribulaciones serían las que han de acompañar a la destrucción de Jerusalén y a la renovación de la creación.

4)       Se conoce la expresión «nueva creación» [32] como una renovación o transfiguración de la creación y «nuevo mundo» [33] como un mundo renovado o glorificado, aunque algunas veces se entienda bajo el «nuevo mundo» el nuevo Eón, o el mundo venidero: «Y el mundo nuevo (que viene), el que no hace volver a la corrupción a aquellos que se van a la bienandanza, y no tiene misericordia para aquellos que se marchan al tormento, y no conduce a la perdición a aquellos que viven en él.. y a ellos se les dará el mundo venidero (ha-oldm ha-ba)» [34]

5)       El mundo puede verse abocado a la destrucción real, puede retornar a su silencio primero, al caos primitivo, sea por un tiempo bre­ ve o bien por un tiempo prolongado: a) Leemos en el IV Esd: «Porque mi hijo, el Mesías, se revelará juntamente  con aquellos que están con él, y hará alegrarse a los supervivientes por 400 años. Y sucederá después de estos años que mi  hijo, el Mesías,  morirá,  y todo aquello en  lo que se encuentra aliento vital. Entonces el mundo volverá al silencio primitivo durante siete días, como en los primeros comienzos; de este modo ningún hombre permanecerá. Y sucederá después de siete días que la época que no se haya todavía levantado, y lo que es corruptible, perecerá. Y la tierra se devolverá a los que duermen en ella, y el polvo  a todos aquellos que descansan en él [35]. b) Orac. Sibilinos: «Innumerables lamentos dejará escapar la misma raza humana al final, cuando el sol se ponga para no volver a salir y se quede en el océano, para sumergirse en sus aguas, pues de muchos mortales contempló las maldades impías. La luna desaparecerá del gran cielo y densas tinieblas ocultarán los repliegues del mundo por segunda vez; mas luego la luz de Dios será el guía de los hombres buenos, de cuantos elevaron a Dios  sus himnos» [36] c) I Henoc: «Vi en una visión que el cielo se precipitaba, desaparecía y caía sobre la tierra. Y, cuando caía sobre la tierra, vi que ésta era tragada por el gran abismo, que se amontonaba monte sobre monte, se hundía collado sobre collado, altos árboles eran arrancados de raíz, tirados y tratados por el abismo. Me vino entonces la palabra a mis labios y comencé a gritar: ¡Ha perecido la tierra!...  los secretos de todo el pecado  de la tierra  y cómo  ha de ser  tragada  por el abismo y desaparecer con gran ruina... Hijo mío, del cielo vendrá todo esto a la tierra y sobre ella habrá gran ruina [37].

6)       La «nueva creación» será verdaderamente nueva: «Me mostró Uriel, su guía, el santo ángel, que estaba conmigo; y toda su descripción como él me enseñó, según cada año del mundo, hasta la eternidad, hasta que se haga nueva creación que dure hasta siempre» [38].

3)       El «nuevo cielo» será verdaderamente nuevo: «Y el primer cie­ lo desaparecerá y pasará, y un cielo nuevo aparecerá, y todas las potencias de los cielos brillarán eternamente siete veces más» [39].

3.2.    En la literatura targúmica

No existe una opinión común para interpretar «los cielos nuevos y la tierra nueva» en el Tg, por eso enunciamos las diversas exégesis, que no se diferencian mucho de la polimórfica interpretación que se constata tanto en la literatura pseudo-epigráfica, como en la midrásica y  la talmúdica. Los pareceres expuestos en los diversos Targumim se pueden resumir en las siguientes proposiciones:

1)       Los cielos se disolverán  y  la  tierra  se  consumirá:  Leemos  en el N a Dt  32,  1:  «Cuando  llegó  el  fin  del  profeta  Moisés,  el  tiempo de ser reunido en paz de en medio del mundo, Moisés pensó en su corazón y dijo: «¡Ay de mí  ahora! pues  voy  a  ser  reunido  de  en  medio del mundo y no he testificado contra los hijos del Señor. Si yo testifico contra ellos delante de hombres  que  han  de  morir  y  gustar  la copa  de la muerte, el pueblo morirá y sus decretos serán nulos; yo voy  a testificar, pues, contra ellos ante los cielos y  la  tierra  que  nunca  morirán  y que no gustarán la copa  de la  muerte,  pero  cuyo  fin  es  consumirse  en el mundo venidero, y así el  profeta  Isaías  explicó  y  dijo: «Levantad  a los cielos vuestros ojos y mirad a la tierra [Is 1, 2] debajo, porque  los cielos se disolverán como humo y la tierra se consumirá como un  vestido» [Is 51, 6] pero Yahweh «creará cielos  nuevos  y  tierra  nueva» [Is 65, 17]. También el TgFrag y el de la Geniza dicen: «Yo tomo como testigo contra ellos a los  cielos  y  a  la  tierra  que  no  gustan  la  muerte en este mundo, pero cuyo fin será ser consumidos en el  mundo  venidero. Así explica y dice [París 110: + la Escritura]: Levantad  los ojos  hacia el cielo y mirad abajo hacia la tierra. Porque los cielos se disiparán como el humo [Vat. 440: la nube] y la tierra será usada como un vestido». El TJI a Dt 32, 1 afirma: «Yo  no quiero  tomar  como  testigo  contra el pueblo testigos que gustan la muerte  en este  mundo.  He aquí  que yo tomo como testigo contra ellos testigos que no gustan la muerte  en este mundo [40], pero cuyo fin será ser renovados en el mundo venidero».

2)       Habrá una renovación en el mundo: a) En el TM Dt 32, 12 se dice: «Yahweh solo le guía,  no  hay  con Él un El [dios] extraño», lo que  es  interpretado  por  el  TO:  «El  Señor va a  ponerles  a ellos en la desolación  en el  mundo  que  está destinado a ser renovado, donde la idolatría no existirá  ante  El»;  donde  el  TM dice: «Yahweh  solo  le guía», el TO  transforma este verbo en el futuro y entonces amplia la frase para referirla al restablecimiento dentro del mundo venidero. Esta interpretación haggádica se ve reflejada  en el Sifré [41]: «El Señor los condujo» (Dt  32, 12): Les dijo  el Santo,  bendito sea: Así como vosotros estáis viviendo aislados en el mundo y no os beneficiáis en ningún modo de las otras naciones, «así yo os voy a colocar en aislamiento en el futuro [mundo]» y ninguna de las otras naciones se beneficiará de vosotros en ningún modo». b) En Jr 23, 23 leemos [TM]: «¿Acaso soy yo un Dios de cerca -oráculo de Yahweh-, y no un Dios de lejos?», lo que el Tg interpreta: «Yo, Dios [Elohim], creé el mundo desde el principio, dice Yahweh, yo, Dios [Elohim] voy a renovar el mundo para los justos». c) Ha 3, 2 [TM] dice: «¡Oh Yahweh!, he oído tu fama, [y] he temido, Yahweh, tu obra. Hazla revivir en el curso de los años, en  el  curso de los años dala a conocer; en la ira acuérdate de tener compasión»; en cambio el Tg relee dicho texto: «¡Dios,  yo  he oído la  relación de tu fuerza y me he asustado! ¡Oh  Dios,  tus obras son  grandes,  porque tú concedes  una  prolongación  del tiempo  a los  malvados  para  ver si ellos se convierten a tu ley!; pero ellos no se han convertido y ellos provocan delante de Ti en medio de los años en los cuales Tú  les  has  dado vida. Por lo cual Tú desplegarás tu poder en medio de los años, porque tú has prometido renovar el  mundo  para tomar  venganza  sobre los malvados que han despreciado tu Memoria; pero en medio  de  tu cólera Tú recordarás en misericordia a los justos que obran bien». d)    Mi 7, 14 [TM] afirma: «Apacienta a tu pueblo con tu cayado, el rebaño de tu herencia, que habita solitario en el bosque en medio del Carmelo paciendo en el Basán y Galaad cual en los días de antaño»; es interpretado por el Tg: «Sostén a tu pueblo por  tu  Memoria;  la tribu de tu heredad habitará en el mundo que va a ser renovado; aquellos que estaban desolados en el bosque se asentarán en el Carmelo, ellos serán sustentados en la tierra de Basán y Galaad como en los días de antaño».

3) Aniquilación de los malos y disolución del  mundo: En el poema de las Cuatro Noches (N Ex 12, 42) [42] encontramos  los siguientes datos: «Cuarta noche: Cuando el mundo  llegue  a su fin  para ser disuelto; los yugos de hierro serán rotos y las generaciones perversas serán aniquiladas y Moisés subirá de en medio del desierto y el rey Mesías vendrá de lo alto [o: «de Roma»] El uno marchará a la cabeza de  su rebaño  y  el  otro  marchará  a  la  cabeza  de  su  rebaño,  y  su  Verbo [o: «su Palabra»] marchará entre los dos y yo y ellos  marcharemos  juntos.  En TJI Ex 12, 12 [43]

El término clave es lmtprq, que puede tener el significado de «disolver» o de «liberar» [44] El verbo prq es empleado en N Ex 14, 25 para indicar «hacer saltar» las ruedas de los carros, y es un término que ordinariamente se emplea para «desmontar» la tienda en el  desierto (TJI Ex 26, 28; TJI Lv 9, 1; TO-N Nm 1, 51; TO-N Nm 4, 5; TO­N Nm 10, 17). Sin embargo en  algunas  ocasiones  tiene  el significado de «ser liberado», p. e. N-TJI Gn 40, 23: «el tiempo fijado para ser liberado»; éste parece el significado en TJI Ex  12,  42 [45]  en  dicho  poema sobre la Cuarta Noche: «Cuando él se manifieste para  liberar  al pueblo de la casa de Israel de entre las naciones». De  hecho  tanto  N como TJI explican el significado de dicha noche, como: «una noche de vigilia por la liberación de delante de Yahweh» (TJI), «noche  reservada y fijada para la liberación de Israel a lo largo de todas las generaciones»(N). La existencia  de la alusión  al Mesías  que viene  «de lo alto» [46], o «de Roma» [47] o «de Roma» [48], y que el Mesías  marche  a  la cabeza  de  su rebaño y que viene en una nube [49],  parece  sugerir  que se  refiere  al final de todos los tiempos,  pero  sin  embargo  la  idea  de  «ser  disuelto» [50] evoca una destrucción del mundo, o una nueva creación,  más  que una purificación o una renovación.

3.3.    En la literatura rabínica

En los escritos rabínicos la expresión «los cielos nuevos y la tierra nueva» tiene diversas interpretaciones:

A)       No hay destrucción total del mundo: algunos maestros rechazan que se trate de un aniquilamiento del mundo; ellos entienden por renovación del mundo una nueva realización, una reconstrucción del mundo, de tal modo que el mundo vuelva a su primitiva formación, cuando se encontraba libre del pecado y de mal.

Comentando Qo 1, 4: «Una generación se va y otra generación viene,  pero la tierra siempre  permanece» (Qo 1, 4), dice R.  Yehosua ben Qarha (ca. 150): «¿No tendría que haber dicho más  bien la Escritura: una tierra se va y otra tierra  viene,  pero  la  humanidad  permanece para siempre? Porque ¿quién fue hecho en función  de quién? ¿Fue  hecha la tierra en función de la humanidad o fue hecha la humanidad en función de la tierra? Evidentemente que  la tierra  fue  hecha  en  función de la humanidad» [51]. Por lo cual la humanidad  se  ha de considerar  como el fin principal y por lo mismo lo más importante tiene que permanecer y la tierra, como medio  para el fin,  ha de desvanecerse  ya  que es lo menos importante. Pero por cuanto la humanidad no permaneció dentro de los preceptos de Dios, por lo mismo se  desvanece,  y  por  cuanto la tierra permaneció en las sendas de Dios permanece, y no se disipa.

En Sifré a Dt [52], a propósito de Dt 11, 21: «como los días de los cielos sobre la tierra [en el mundo venidero]» se explica: «Otra interpretación de «como los días de los cielos sobre la tierra». Que vivirán  y perdurarán  para siempre  y por los siglos de los siglos.  Y así se dice: «Así como los cielos nuevos, etc.» (Is 66, 22). Es una deducción qal wahomer. Si los cielos y la tierra, que no fueron creados sino para la gloria de los israelitas, viven y perduran para siempre y por los siglos de los siglos, con cuanta más razón los justos, por cuya causa fue creado el mundo. R. Simón ben Yohay dice: He aquí  que  se  dice:  «porque  los días de mi pueblo serán  como los días  del árbol»  (Is  65,  22).  «Árbol»  no es otra cosa que  la  Torah,  porque  se dice: «Árbol de  vida es para  los que se aferran a ella» (Pr 3, 18). Es una deducción  qal wa-homer. Si la Torah, que no fue creada  sino  para  gloria  de  Israel,  permanece para siempre y por los siglos de los siglos, con cuanto más motivo los justos, por cuya causa  se creó el  mundo. R. Yehosua ben Qorha dice: He  aquí  que se  dice: «Una  generación (dwr) va  y  otra  viene»  (Qo 1, 4).  No  leas  aquí  sino  una  tierra  va  y  otra  viene,  pero  la  generación (dwr) permanece para siempre,  y  por  cuanto  cambiaron  sus  acciones, el Lugar (= Dios) cambió para ellos el orden del mundo». Se entiende que la generación que permanece es la generación humana (en  sentido  más estricto la judía) porque  la tierra fue creada  para ellos; así interpreta  la  tradición  judía  a  Qo   1, 4 [53].   Otra  idea  que  subyace  en  esta interpretación es que la existencia física del mundo depende de  la conducta moral del pueblo judío [54].

En otra fuente midrásica [55] se afirma: «Cuando  Yahweh Elohim hizo el cielo y la tierra» (Gn 2, 4) se parece a una legión,  que  por primera vez aclamó a un rey. El rey habló: Por cuanto esta legión por primera vez me ha aclamado, les voy a  conceder  una  condecoración, que nunca se ha de apartar de ellos. Así también Dios ha dicho: Porque esta tierra primeramente ha hecho mi voluntad, voy yo a concederles una condecoración, que no se ha de apartar de ellos en toda la eternidad, como está dicho: «Cimentas la tierra afirmada sobre sus bases: no vacilará nunca jamás» (Sal 104).

Si se rechaza la destrucción del mundo, se debe de entender que la renovación del mundo naturalmente solo ha de significar un rehacer o una renovación del mundo. Esto es lo que se debe de entender por «renovar» el mundo según la tradición midrásica, conforme decía R. Abbahu (ca. 300): «Desde la mañana  piden  los israelitas  a Dios que él con regularidad cada día renueve [mhds] la creación» [56].

Esta renovación de la creación es explicada por el Talmud a nombre  de  R. Yehudah,  quien  dijo,  a  propósito  de los dos firmamentos: «He aquí que a Yahweh,  tu  Dios,  pertenecen  los cielos  de los cielos  [e. d. los cielos más altos o sublimes], la  tierra  y  cuanto  hay  en  ella» (Dt 10, 14). El presidente de Lakis (Res Lakis) dijo: [Hay] siete [firmamentos], e. d. Wilon («cortina», del latÍn «velum»), Raqia («firmamento»), Sehaqim («nube», cf Is 40, 15), Zebul («elevación, altura»), Maon («habitación»), Maqon («fundación,  residencia»),  Arabot («tarde») (cf Sal 68, 5). «Wilon» no  tiene  otra  finalidad  que  hace  entrar  en  la  mañana y va hasta la tarde, y renueva  cada  día  la obra  de la creación,  porque está dicho: «el que ha extendido el cielo como un velo y lo despliega  como una tienda para morar» (Is 40, 22). Según Rasi «Wilon» (cortina) sale cada mañana y así  produce  la luz del  día para que se  haga  visible;  y en la tarde sale y oculta la luz del día. En este proceso consiste la renovación  de la obra de la creación.  Pero los Tosafistas  explicaron   que «Wilon» hace salir la luz del día, y cuando se  retira,  entonces  prevalecen  las  tinieblas [57]. Cuando sale  «Wilon»  (e.  d.  la  cortina)  que  es  el cielo inferior en los siete cielos, viene la mañana, porque dicha cortina cubre las estrellas, y a la tarde, cuando se corre la cortina, entonces se vuelven a ver las estrellas, y así en cada día se renueva la obra de la creac1on.

Esta renovación se conmemora en otras muchas fuentes rabínicas: a) en el Midras de Salmos a propósito del Sal 104, 30: «Cuando envías tu espíritu son creados. y renuevas la faz de la tierra»: ¿cuándo sucede esto? «Tu espíritu» (o: «el aliento vital») es el que hace que los muertos resuciten, y así la faz del Señor renueva la tierra [58] b) en el Qaddis de-Rabbanan se ora: «Que sea glorificado y santificado su gran Nombre, que ha de renovar el mundo y ha de resucitar a los muertos».  c)  En la Pesiqta Hadata se constata: «Yo soy el que habló y el  mundo  fue, y el que  dirige  el orden  de la creación,  y yo la  perfeccionaré  y la renovaré» [59].

Siguiendo este sentido de renovación un tanto difuminada se suele explicar Is 66, 22: «Pues  así como  los cielos y la tierra  nueva  que yo voy a hacer permanecerán ante Mi -oráculo de Yahweh-, así permanecerán vuestra simiente y vuestro nombre»: a) R. Tahlifa de Cesarea (ca. 270) dijo: «Sobre toda ofrenda de holocausto está escrito: «Debéis ofrecer», y aquí se dice: «ofreceréis como holocausto» (Nm 29, 2). ¿Cómo se debe de entender? Dios habló a Israel: Hijos míos, yo os ordeno hoy que así como hoy me habéis hecho un holocausto, es como si hoy (en la fiesta del Año Nuevo) os hubiese hecho una nueva creatura. Esto es lo que está escrito: «Pues así como los cielos y la tierra nueva que yo voy a hacer permanecerán ante Mí, etc.» (Is 66, 22); como Israel se convierte en una nueva creatura, por cuanto en la fiesta del Año Nuevo ha sido perdonado, así el nuevo cielo y la nueva tierra  se asemejan a un mundo recreado, porque ellos están como sin mancha ni arruga» [60]. b) La misma conclusión se deriva en Deuteronomio Rabbah [61]

B)       La tierra se convertirá en un erial: Otros  maestros  dentro de la literatura rabínica piensan que existirá una verdadera destrucción del mundo, y opinan que la tierra se convertirá en un yermo, huérfana de toda vida, y que volverá a su caos inicial: 1) R. Qattina (ca. 270) dijo: «Durante 6000 años el mundo permanecerá y 1000 años durará su destrucción, pues está dicho: «sólo  Yahweh  será  ensalzado  aquel  día»  (Is 2, 11); R. Qattina entiende aquí que un  día  es como  1000  años,  según Sal 90, 4: «Porque mil años ante tus ojos son como el  día de ayer  que  pasó y cual una vigilia de la noche». 2) Abaye ( + 338-339) decía: «[La tierra] será destruida durante 2000 años [62], pues está dicho: en  un  par  de días nos dará la vida y al día tercero nos resucitará y viviremos en su presencia»- (Os 6, 2);  los  dos  días  serían  2000  años [63].  3) R.  Hanan ben Tahlifa transmitió en nombre de  R. Yosef  (+ 333): «Me encontré  con un hombre que  llevaba  en  su  mano  un  rollo,  que  estaba  escrito  en escritura cuadrática (asiria) y escrita en la lengua santa. Le dije: ¿De dónde  tienes  tú  eso? Me dijo: Yo he servido  en  el  ejército  romano y lo encontré en un archivo romano. En él  estaba  escrito: Después de 4291 años desde la creación del mundo (e. d. en el año 531 d. C.) el mundo se desvanecerá; una parte de él (e. d. la parte final del  año  4291) lo ocupará la guerra los monstruos marinos (del imperio mundial), otra parte  la ocupará las guerras de Gog y Magog, y el  resto lo  compondrán los días del Mesías. Entonces Dios renovará su mundo después de 7000 años» [64]. 4) En el Seder Eliyahu Rabbah se dice: «y todas tus acciones estaban registradas en tu libro; los días estaban trazados cuando aún ninguno de ellos existiera» (Sal 139, 16). Con esto se indica el día séptimo, e. d. el séptimo milenio del  mundo.  Pues  este  mundo  consta  de 6000 años: en 2000 de ellos domina la devastación («tohu», e. d. tiempo sin la Torah), en 2000  domina  la Torah,  y en 2000 domina  el  Mesías. Y como nosotros contamos un año bisiesto, así el Dios del  mundo  también preparará un año bisiesto, que dure un día, e. d. que se  prolongue por 1000 años (cf Sal 90, 4). Más adelante se dice: «Será un día único,  conocido  de Yahweh;  ni será  día  ni será  noche»  (Za 14, 7),  e.d. que será tinieblas como en los orígenes. Este es el día séptimo del mundo, e. d. el gran sábado de los  mundos,  «y  ocurrirá  que  al  tiempo de la tarde habrá luz» (Za 14, 7), esto significa el  mundo  futuro,  el Olam ha-ba, que comienza durante el transcurso del séptimo milenio, según  está  dicho: Tan  pronto  como  el sábado  venga,  en  aquel  sábado ( =en el Olam ha-ba) «y sucederá que de mes en mes y de sábado en sábado vendrá toda criatura a postrarse  ante Mí»  (Is 66, 23); este  pasaje se referiría no a los días del Mesías sino al Olam ha-ba. Y más adelante se dice en Sal 92, 1: «Canción para el día del sábado» (= Olam ha-ba), e. d. para el Eón, que es el gran sábado». También  en  el  Midras de Salmos leemos: «¿Desde dónde ha formado Dios su mundo? Desde Sión, según se dice: «Desde Sión, dechado de hermosura, Elohim ha brillado» (Sal 50, 2), e. d. la  hermosura  del  mundo.  Lo que dice: ¿qué  es brillar? (Sal 50, 2). El deja que la luz brille, e. d. desde Sión en la creación del mundo... Y cuando él destruye el mundo, hace él el comienzo con Sión, según Jr 9, 10: «Y reduciré a Jerusalén  a un  montón  de ruinas», y además: «Asolada quedará la tierra» Qer 4, 27), y asimismo: «ay el país será reducido a desolación» (Mi 7, 13). Cuando, pues, Dios  renueve  su  mundo,  lo  ha  de  renovar  desde  Sión,  según  se dice: «Ocurrirá, pues, que en los días postrimeros la montaña de la casa de Yahweh se hallará firmemente establecida  en la cumbre  de los montes» (Is 2, 2) [65]. 6) También en  el Génesis  Rabbah [66]  se  constata:  «La  tierra se encontraba yerma y vacía» (Gn 1, 2): R. Berakya (ca. 340) comenzó  su  discurso  con: «Incluso  por  sus actos  muestra  el  niño» (Pr 20, 11). R. Berakya dijo: Cuando  la  zarza  todavía  está  tierna,  ya  hace  brotar las  espinas.  ¿Qué  habría  de decir  al fin  el  profeta  de  ella [tierra]? «Yo he visto la tierra y estaba vacía» (Is 4, 23); e. d. que al final  vuelven las cosas como al comienzo, al caos. 7) En el Midras a Salmos [67] leemos: «Por eso no tememos, si se altera la tierra» (Sal 46, 3). Los hijos de Qorah, autores del Sal 46, dijeron: No temáis el  día en el que Dios  haga conmoverse el mundo,  pues está  dicho: «para  que coja los  bordes de la tierra, y de sí sacuda a los malvados» Qo 38, 13). Además dice: «He aquí que yo hago unos cielos nuevos  y  una  tierra  nueva» (Is 65,  17). Y ¿dónde estarán los justos en aquella hora, cuando Dios  haga temblar la tierra  para  rehacerla  de  nuevo?  Ellos estarán  en el trono de  la majestad bajo las alas de la Sekinah, según se dice: «vosotros que os habéis adherido a Yahweh, vuestro Dios, estaréis en aquellos días todos vivos» (Dt 4, 4 según el Midras). Aún aquí no se trata de una nueva creación completa de los cielos y  de  la tierra,  sino de  una  renovación  del viejo mundo, que se realizará con la desaparición de todos los malvados.

Esta idea de la renovación, sin destrucción total, se puede vislumbrar en 1Co 15, 51-55: «Mirad, os digo un misterio: no moriremos  todos,  pero todos seremos transformados; en un instante, en  un abrir y cerrar de ojos, al toque de la última trompeta, pues sonará la trompeta, y los muertos resucitarán transformados; pues este [cuerpo] corruptible tiene que revestirse de incorrupción, y este [cuerpo] mortal tiene que revestirse de inmortalidad; y cuando este [cuerpo] corruptible se revista de incorrupción y este [cuerpo] mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá este texto de la Escritura» (y aduce un texto de Is 25, 8 según la versión de Teodoción, y otro de Os 13, 14). Opinión que encuentra su paralelo en el Talmud [68].

C)       Nueva creación: la renovación del mundo significa sacar fuera al mundo del estado de destrucción a una situación de nueva purificación y limpieza; otros incluso aceptan una verdadera desaparición del mundo y ven en los nuevos cielos y en la nueva tierra la obra de una nueva creación de Dios: 1) Así en el Sifre a Dt [69]: Entonces dirá la asamblea de Israel: Señor del mundo, mira, mis testigos están todavía vivos, como está dicho: «Pongo hoy por testigos contra vosotros el cielo y la tierra» (Dt 30, 19). Entonces él les responderá: Yo hoy os dejo pasar (e. d. para poseerla), como está dicho: «Pues he aquí que Yo crearé cielos  nuevos  y tierra  nueva»  (Is 65, 17). 2) En  Exodo  Rabbah [70]: ¿Qué significa: «a los que [a los patriarcas] juraste por ti mismo» (Ex 32, 13). Hizkiyya ben Hiyya (ca. 240) dijo: Moisés habló (a Dios): Cuando Tú, su padre en el cielo y en la tierra has jurado, entonces tú quisiste rectamente comportarte, cuando Tu quisiste destruir a sus hijos; entonces del mismo modo que acaban el cielo y la tierra, así quisiste cumplir con ellos el juramento hecho. Pero Señor del  mundo, eso  no has  jurado a sus padres,  porque  tú  no quisiste  destruir a sus hijos. ¿No dijiste a Abraham: «Por mí mismo juro»? (Gn 22, 16). ¿Qué significa «por Mí mismo juro»? Dios habló a Abraham: Como Yo vivo  y permanezco por todas las eternidades, así ¡tiene que permanecer también mi juramento  por  todas  las eternidades [71] 3)  En  Génesis Rab­bah [72] R. Samuel ben Nahman (ca. 260), cuando alguien se opuso a su interpretación exegética de que wa-yehi en la Escritura significaba «necesidad», mientras que we-hayyah expresaba «alegría», tomando como prueba Gn 1, 5: «Y hubo tarde y hubo  mañana,  día primero», dijo: Tampoco eso fue una alegría consumada; pues todo  lo que  fue  creado en el primer día, una vez que fueron  empleados,  se  desvanecieron, según está  dicho: Los cielos  serán  como  humo  que  se  disipa  y  la  tierra como   un  vestido  que  se  pulveriza [73]. 4)  Según  Genesis  Rabbah [74]  a propósito de: «En tanto se sucedan los días de la  tierra: sementera  y siega, etc.» R. Yehudah (ca. 350) decía en nombre de R. Samuel ben Nahman (ca. 260): ¿Cómo piensan, pues, los hijos de Noé (= los no israelitas) que la alianza, que con: ellos se ha concluido (Gn 8, 22), ha de permanecer siempre? En  tanto  que el cielo  y  la  tierra  permanezcan en la existencia, la alianza con ellos ha de tener vigencia. Pero cuando llegue aquel día del que está escrito: «los cielos serán  como  humo  que  se disipa, etc.» (Is 51, 6), aquel mismo día se romperá (e. d. se disolverá) [75].

La idea de que la destrucción del mundo ha de ser mediante  el  fuego se encuentra en 2P 3, 7: «A su vez los cielos y la tierra de  ahora, por la misma palabra que ahora están guardados para [el] fuego, reservados para [el] día del juicio y perdición de los hombres  impíos»; pero tal opinión no se encuentra expresada en la literatura rabínica.

D)      Los cielos nuevos y la tierra nueva: 1) En el Tamhuma [76] se nos narra que una matrona preguntó a R. Yose (ca. 150) y dijo: Está escrito: «para que vuestros días y los días de vuestros hijos sobre la  tierra que Yahweh juró a vuestros padres  darles sean  tan  numerosos  cual los días del cielo sobre la tierra» (Dt 11, 21). Vosotros, pues, permaneceréis solamente en tanto que el cielo y la tierra permanezcan, y el cielo y la tierra por lo mismo han de pasar (cf Is 40, 26; Is 51, 6). Él la respondió: Del  mismo  profeta,  de  donde  tú  me  has  aportado  la  prueba, te daré la  respuesta.  Se dice en  Is 66,  22: «Pues  así  como  los cielos  y la  tierra  nueva  que  voy  a  hacer  permanecerán  ante  Mí  -oráculo   de Yahweh-;   así  permanecerán  vuestra  simiente  y  vuestro nombre».  2) En el Génesis Rabbah [77]. Huna (ca. 380) dijo en nombre de R. Eliezer ben Yose ha-Gelili  (ca. 150): También  aquellos,  de quienes está escrito: «He aquí que Yo hago un nuevo cielo y  una  nueva  tierra» (Is 65, 17) han sido creados desde los seis días de la creación; esto es a los que se refiere Is 66, 22: «Pues así como los cielos nuevos y la tierra nueva que voy a hacer, etc.»: Como se la llama aquí es «una nueva tierra», no «la tierra nueva»; el artículo determinado se refiere a una tie­ rra que ya existe [78]. 3) En Sifre Dt 11, 21: «como los días del cielo y sobre la tierra»: [esto significa] que vivirán y perdurarán para siempre. Y así se dice: «Así como los cielos nuevos, etc.» (Is 66, 22). Es una deducción qal wa-homer. Si los cielos y la tierra que no fueron creados sino para la gloria  de los israelitas,  viven  y  perduran  para siempre  y por los siglos de los siglos, con cuanta más razón los justos, por cuya  causa fue creado el mundo [79]. 4)  En  el  Seder  Eliyahu  Rabbah [80]  leemos: «Cuando ellos [los  hombres]  se  hayan  convertido  en  polvo,  no  se  volverán  (e.  d.  resucitarán),  sino  solamente  Israel.  A  consecuencia del amor con  el  que él (Israel)  ha  amado  a Dios,  y a  consecuencia  de la alegría, con la cual Él (Dios) se goza sobre él (Israel), Él les hará volver del polvo y los pondrá sobre sus pies y ellos estarán entre sus  rodillas y  lo abrazarán,  y se estrecharán  a  Él  y le  besarán  y  los trasladará  a la vida  del  mundo  futuro, según  está  dicho: «Pues  así como los cielos nuevos y la tierra nueva, que yo voy a hacer,  permanecerán  ante  Mí,  etc.» (Is 66, 22) [81]. 5) La Pesiqta [82] hace una enumeración  de  las cosas  que se han de renovar, y a  nombre  de R. Levi (ca. 300) dice:  «Seis cosas renovará Dios en el futuro, y éstas son: el  cielo,  la  tierra, el  corazón,  el  espíritu,  el  nombre  del  Mesías  y  el  nombre  de  Jerusalén». El cielo y la tierra, ¿de dónde [se deduce]? «Pues he aquí  que  yo crearé cielos nuevos, y tierra nueva» (Is 65, 17)».

E)       El «mundo nuevo»: esta expresión se encuentra en la literatura apocalíptica [83], pero también  en  la  literatura  rabínica  se  conoce  un olam hadas, en el contexto de «ver un mundo nuevo», con el significado de «entrar en nuevas relaciones, experimentar unas circunstancias cambiadas de la vida» [84]. En una sola ocasión se emplea dicha expresión en  el sentido  escatológico,  y es en  la  Mekilta [85]: Dijo  R. Eleazar  de Modiim (+ 135) en relación a los «seis días» de Ex 16, 25:

Cuando vosotros seáis tan felices, al observar el sábado,  Dios os dará seis buenos regalos: la tierra de Israel, el mundo futuro (olam haba), el mundo nuevo (olam hadas), el reinado de la casa de David, el sacerdocio y el levitismo [86]. En este contexto olam hadas significa que les da el mundo  celeste  de  las  almas, e. d.  el Jardín de  Edén, al  que se entrará después de los días del Mesías; así, pues, «mundo nuevo», «mundo celeste de las mismas»  y «Jardín  de Edén»  vienen  a significar  el mundo escatológico futuro [87].

Conclusiones

1)       Existe una secuencia en la preocupación teológica de las diversas fuentes (AT, NT, literatura inter-testamental) en torno al tema de «los cielos nuevos y la tierra nueva», pero que no logra unidad de conceptos.

2)       En Qumrán no encontramos  alusiones  a  «los  cielos  nuevos  y la tierra, nueva», a pesar de que haya documentos escatológicos que presentan un panorama cercano  a los contextos  de 2P 3, 13 y Ap 21, 1 (Cf Himnos 3, 29-32).

3)       Flavio Josefo (Antiq. 1, 2, 3 § 70) pone en boca de Adán una profecía sobre el fin de  todo  el  universo  debido  en  parte  al  fuego  y  en parte al agua; era una leyenda que corría  en  su  tiempo,  como  se puede corroborar por los Oráculos Sibilinos (III, 71-74. 81-87; IV, 160s. 172; 182; IV, 156-159).

4)       La interpretación no  es  unánime, y habría que decir que no se reduce a una corriente de pensamiento, sino que en  las diversas fuentes se acogen múltiples explicaciones alternativas, que no llegan a sobresalir, sino que una misma fuente  o  en  el  mismo  bloque  de literatu­ ra, ofrece diversos pareceres no excluyentes.

5)       Estas distintas corrientes de pensamiento en torno a «los cielos nuevos y a la tierra nueva» se pueden sintetizar en las siguientes:

A)       No habrá  una destrucción  del  mundo  en el sentido  literal  de  la palabra, pero sí una renovación,  lo cual se podrá  verificar  de diversos modos:

a)       La destrucción de la vida sobre la tierra, puesto que es una consecuencia del pecado humano, y que ha trastornado a toda la creación.

b)       La renovación del mundo comporta un despertar del viejo  mundo a una nueva vida, una  gloriosa  transformación  del  viejo  mun­ do, que presupone la purificación de la tierra de todo pecado.

c)       La «nueva creación» indica una creación  purificada,  y el «nuevo mundo» es un mundo acrisolado; sin embargo a veces bajo «nuevo mundo» se sobreentiende el nuevo Eón, o el mundo venidero.

B)       Habrá una destrucción del mundo en el sentido literal del término:

a)       Sería un retorno del mundo a su primitivo silencio o al  caos previo a la creación, ya sea por un breve tiempo o por un espacio prolongado.

b)       Esta destrucción puede ser por  un  poderoso  fuego que  vuelva en cenizas el mundo actual.

c)       La renovación del  mundo  podría  ser  mediante  un  cambio  de la masa caótica del viejo mundo en un mundo nuevo.

d)       También se propone una creación  completamente  nueva,  e. d. un nuevo cielo y una nueva tierra en el sentido literal de los términos.

1)       La existencia  de  diversas  corrientes  de  pensamiento  en  torno a «los cielos nuevos y la tierra nueva» indican que esta enseñanza no recibió una  recensión  unitaria, y como  toda corriente  haggádica,  quedó a meréed de los diversos grupos ideológicos judíos, sin que ninguno lle­ gase a prevalecer, si bien una renovación de la tierra es admitida  por  todos los grupos, aunque no se llegue a perfilar con claridad el modo concreto, pero sí «al final de los tiempos».

2)       El concepto de «cielos nuevos y tierra nueva» sigue una co­ rriente que a grandes rasgos se inicia en el AT (TM: Is 65, 17; Is 66, 22),  está reflejada en el NT  (2P  3, 13;  Ap  21, 1), se  prolonga  en  el Tg (TO Dt 32, 12; Tugjer 23, 23; Mi 7, 14) y se afianza en la literatura pseudo-epigráfica (I Henoc 45, 4a; I Henoc 72, 1; I Henoc 91, 16; II Baruk 32, 1-5; II Baruk 44, 12; II Baruk 57, 3; IV Esdras 7, 75) y en la literatura rabínica.

Luis  Díez Merino en unav.edu/

Notas:

l.    J. CERVANTES GABARRÓN, La Pasión de Jesucristo en la Primera Carta de Pedro, Estella (Verbo Divino) 1991, pp. 395-416.

2.   A. CAVIGLIA, Le ragioni della speranza cristiana (1P 3, 15): ma piuttosto l'«intera» teología fondamentale, Torino-Leumann, 1981; E. COTHENET, «Le réalisme de !'esperance chrétienne selon I Pierre», NTS 27 (1980) 564-572.

3.   Cf H. DENZINGER-H. SCHÓNMETZER, Enchiridion Symbolorum Definitionum et Declarationum de rebus fidei et morum, ed. 34, Barcelona (Herder) 1967, n. 1000.

4.   A. BENTZEN, «On the Ideas of 'the Old'  and  'the  New'  in Deutero-lsaiah», Stu­ dia Theologica I (1948) 183-187; F. FELDMANN, «Das Frühere und das Neue», Festschrift E. Sachau, Berlín 1915, 162-189; C. R. N0RTH,  «The  'Former  Things'  and  the 'New Things' in Deutero-lsaiah», Studies in Old Testament Prophecy, Festschrift T. H. Robinson, ed. H. H. Rowley, Edinburgh 1950, 111-126; A. SCH00RS, «Les choses antérieures et les choses  nouvelles  dans les oracles Deutéro-lsaiens», EThL 40 (1964) 19-47.

5.   C. STUHLMUELLER, Creative Redemption in Deutero-lsaiah, Roma (PIB) 1970, pp. 135-168.

6.   C. STUHLMUELLER, Creative Redemption, p. 168.

7.   C. STUHLMUELLER, Creative Redemption, p. 208.

8.   R. H. CHARLES, The Revelation of St. John, A Critica! and Exegetical Commentary, Edinburgh (T & T Clark) 1968, 11, 200.

9.   I Henoc 91, 16: ca. 170 a. C.

10.    I Henoc 72, 1: antes del 110 a. C.

11.    I Henoc 45, 4: 94-64 a. C.

12.    Jubileos I, 29: antes del 107 d. C.

13.    II Baruk 57, 2: antes del año 70 a. C.

14     II Baruk 44, 12: después del año 70 d. C.

15.    II Baruk 32, 6.

16.    IV Esdras 7, 75.

17.    Ap Bar. 3, 4-7, 1: R. H. CHARLES, The Apocrypha and Pseudepigrapha o/ the Old Testament, vol. II, Oxford (Clarendon Press) 1979, p. 482.

18.    A. DíEZ MACHO, Apócrifos del Antiguo Testamento, 11, Madrid (Cristiandad) 1983, p. 136: jubi,leos 23, 18.

19.    Jubileos. 23, 19.

20.    Jubileos .23, 25.

21.    Jubileos .23, 25.

22.    Jubileos .23, 27-29.

23.    Jubileos .23, 30.

24.    Jubileos .23, 31.

25.   Apoc.  de  Baruk.  31,  5-32,  l.  6.

26.    A DíEZ MACHO, Apócrifos del Antiguo Testamento, IV,  Madrid  (Cristiandad) 1982, p. 46: I Henoc 10, 2-3: versión etiópica.

27.    I Henoc 10. 2-3: versión griega.

28.    I Henoc 10, 17-18.

29.    Jubileos 1, 29.

30.    Jubileos  4, 26.

31.    Apoc de Baruk 32, 5-6.

32.    Jubileos 1, 29; 4, 26c.

33.    Apocalipsis de Baruk 44, 12d.

34.    Apoc de Baruk 44, 12-15.

35.    IV Esdras 7, 28-32.

36.    A. DÍEZ MACHO, Apócrifos del Antiguo Testamento III, Madrid (Cristiandad) 1982, p. 336: Orac. Siblinos 5, 476ss.

37.    A. DíEZ MACHO, Apócrifos del Antiguo Testamento IV, Madrid (Cristiandad) 1984, p. 109s: I Henoc 83, 3-9.

38.    A. DíEZ MACHO, Apócrifos del Antiguo Testamento IV, p. 96: 1 Henoc 72, l.

39.    A. RIBERA, El libro de Henoch, Barcelona (Biblioteca Esotérica) 1981, p. 144: I Henoc 91, 16.

40.    M. G!NSBURGER y D. RIEDER toman esta frase como una ditografía.

41.    Sifre a Dt 32, 12 § 315.

42.    Ha sido comentado por R. LE DÉAUT, La Nuit  Pasea/e,  Roma (PIB) 1903, es­  pec. pp. 248-251.

43.    En el TgFragm. Ms. París 110 este poema de las Cuatro  Noches  se encuentra  en Ex 15, 18.

44.    R. LE DÉAUT, La Nuit Pasea/e, p. 266.

45.    El  TJI  transmite  una  redacción  abreviada  del  poema  de las Cuatro Noches.

46.    R. LE DÉAUT, Targum du Pentateuque, París (Edit. du Cerf) 1979, II, p. 98.

47.    R. LE DÉAUT, La Nuit Pasea/e, p. 359-363.

48.    L. LUZARRAGA, Las tradiciones de la nube en la Biblia y en el judaísmo primitivo,  Roma  (PIB)  1973,  204;  existía  una  creencia  judía  de  que  el  Mesías   habría  de  venir de Roma (TB Sanehdrin 98a).

49.    Mc 14, 28: N. WIEDER, The Judaean Scrolls and Karaism, Londres 1962, pp. 30-51.

50.    A. DíEZ MACHO, Neopbyti 1, t. II Éxodo, Madrid-Barcelona (CSIC) 1970, p. traduce «ser redimido», pero B. Walton, R. Bloch y  R.  Le  Déaut  prefieren  «ser  disuelto».

51.    Midras Qohelet 1, 4 (6a).

52.    E. CORTÉS-T. MARTÍNEZ, Sifre Deuteronomio. Comentario tannaítico  al  libro del Deuteronomio, vol. 1: Pisqa 1-160, Barcelona (Facult. de Teologia-Herder) 1989, p. 155-157: Sifre Dt 11, 21 § 47 (836).

53.    L. G!NZBERG, The Legends of the Jews, V, p. 67, n. 8.

54.    Abot de-Rabbi Natan, 31 (a).

55.    Génesis Rabbah 12 (9c).

56.    Midras Salmos § I (211a); lo mismo se significa en la oración Yoser Or.

57.    l. EPSTEIN, The Babylonian Talmud, Seder Moed, IV, Londres (Soncino) 1938, p. 69, nota a propósico de Hag. 126.

58.    Midras a Salmos, Salmo 104 § 24 {224a).

59.    Pesiqta Hadata, Beth ha-Midrasch, 6, 42, 21.

60.    Levítico Rabbah 29 {127e).

61.    Deuteronomio Rabbah 11 (207c).

62.    Los dichos de R. Qattina y R. Abaye en el TB, Rosh ha-Shanah, 3la.

63.    TB, Sanedrín 976.

64.    Seder Eliyahu Rabbah 2 (6, 31).

65.    Midras Salmos 50 § 1 (140a); cf también el Midras a Isaias 2, 2.

66.    Génesis Rabbah 2, Comienzo (3b).

67.    Midras Salmos 46 § 2 (136b).

68.    TB, Sanedrín 92a.

69.    Sifre Dt 32, 1 § 306 (130b).

70.    Éxodo Rabbah 44 (IOOb).

71.    De un modo semejante se expresa R. Eliezer (ca. 270) en el TB, Berakot 32a.

72.    Génesis Rabbah 42 (26a).

73.    Esta misma idea se encuentra en otros lugares de la literatura rabínica: Levítico Rabbah 11 (1136);  Números Rabbah  13 (1696), Midras Ester I, 1 (826); Midras Rut 1, 2 (1246) [en todos estos casos en lugar de R. Samuel, aparece R. Yismael); Tanhuma, Semini 1516 (aquí no aparece el autor que lo transmite, pero se añade un dicho de R. Yohanan,  + 279); sin embargo  en la Pesiqta  Rabbah  5 (196)  no aparece esta opini6n.

74.    Génesis Rabbah 34 (216).

75.    En este mismo sentido se expresa el Midras Qohelet I, 2 (46).

76.    Tanhuma, Beresit § 20 (8a).

77.    Génesis Rabbah I (3a).

78.    Lo mismo se encuentra en Tanhuma Beresit § 9 (36), pero con otra tonalidad.

79.    Sifre Dt 11, 21 § 47 (83a).

80.    Seder Eliyahu Rabbah 17 (86).

81.    Semejantes interpretaciones se encuentran en Midras Salmos 46 § 2; Sifre Deute- ronomio 32, 1 § 306.

82.    Pesiqta 148a.

83.    Apoc. Baruk 44, 12.

84.    Génesis Rabbah 30 (186, 47, 50-55); Midras Esther 2, 5 (93a, 35-956, 1); Tanhu­ ma Semot 63a; Tanhuma B Semot § 11 (4a); Yalqut Simoni a Job comienzo.

85.    Mekilta 16, 25 (68b).

86.    Lo mismo, aunque con distinto orden, se encuentra en Melklita Ex 18, 9 (66b) y Mekilta S9a.

87.    Cf también Mekilta 58b; W. BACHER, Die Haggada der Tannaiten I, 2, 195, 2.