Tener bases educativas estables

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Escrito por José Manuel Mañú Noain
Publicado: 26 Noviembre 2025

El Papa León XIV ha publicado una carta Apostólica breve, en la señala lo que pudieran ser pilares educativos

Se dirige en varias ocasiones a los católicos, pero muchas personas, creyentes o no, pueden compartir ideas de este documento titulado: Diseñar nuevos mapas de esperanza.

Algunas ideas comentadas por León XIV

La educación es algo esencial en la sociedad y si se descuida, esas personas lo padecerán. Por su importancia, sus bases debieran estar fuera del debate político, con una estabilidad que permita trabajar con serenidad. Por esa razón es necesario tender puentes, en lugar de barreras, para desarrollo de esa labor. Señala León XIV en un documento reciente que vivimos en un entorno educativo complejo, fragmentado y digitalizado. […] A escala mundial hay muchos millones de niños en el mundo que aún no tienen acceso a la educación primaria. Las causas varían: las guerras, la miseria en la que viven familias algunas familias en donde la supervivencia es una prioridad que, a veces, es previa a la escolarización; con más motivo si la causa es las migraciones que provocan cambios de residencia que dificultan la continuidad educativa.

Si occidente tiene un patrimonio cultural, no sería lógico perderlo. Pero falta consenso en algo esencial y previo: ver a cada persona como sujeto de dignidad inalienable, con derechos básicos como el alimento y la atención sanitaria elemental... Dice León XIV en el documento señalado: Es necesario salir de los bajíos recuperando una visión empática y abierta para comprender cada vez mejor cómo se entiende el ser humano hoy en día, a fin de desarrollar y profundizar su enseñanza. Recuerda que en la tradición cristiana la familia ha sido considerada la primera y básica escuela. Un hogar herido no facilita la seguridad que deben tener los niños, especialmente en su infancia.

La familia, primer lugar educativo

Nacer en una familia aporta, o debiera hacerlo, la estabilidad que da seguridad a quién ahí nace. Puede ocurrir que por circunstancias diversas no se den esos rasgos, pero sería grave omitir las ayudas precisas para tenerlos; una sociedad enferma dificulta, de hecho o de derecho, un entorno seguro. Recuerda el Papa que la familia sigue siendo el primer lugar educativo. La sociedad debe facilitar que sus miembros desarrollen sus capacidades. Los centros de educación básica, en conexión con las familias, deben ser lugares de encuentro, de respeto mutuo, de colaboración, para que sus compañeros no sean vistos como contrincantes, sino a colaboradores en esa meta común de crecer juntos, respetando la legítima libertad de cada uno. Si la familia debiera ser un lugar estable y seguro, la escuela debe participar de esos rasgos y ofrecer espacios de crecimiento y socialización que fomenten ese respeto y ayuda mutua. Sitios en donde los insultos y los malos tratos, físicos o verbales, estén fuera de lugar.

Vivir en una sociedad enferma

En una sociedad enferma el contagio es no solo posible sino de riesgo. Hay familias rotas en el entorno; en otros casos, no son rupturas pero sí conflictos serios. A veces la falta de trabajo es un detonante por la tensión que supone. En su libro La sociedad del cansancio, su autor Byun Chul Han, comenta cómo en el pasado los virus provocaba epidemias con millones de muertos, ─basta recordar la mal llamada gripe española provocó más muertos que las batallas de la Primera Guerra Mundial─; la peste, siglos antes diezmó la población de países… Hemos encontrando medios para evitarlo, pero sin olvidar los países que todavía sufren esas situaciones. Ahora en Occidente, la dificultad no es tanto bacteriológica sino neurológica; es la mente enferma en un alto porcentaje de europeos. Se manifiesta de formas variadas: ansiedad, depresión, soledad buscada o padecida. Quizá una de las más graves, es la pérdida del sentido de la vida. Cuando las cosas se complican, es fácil hacerse esa pregunta. Viktor Frankl dedicó miles de horas a escuchar en Auschwitz a quienes habían perdido el deseo de vivir y la esperanza de salir vivos de allí. Frankl perdió a su esposa y a sus padres y sufrió tratos similares a las de otros presos del campo de concentración. Al terminar la guerra escribió un libro que tiene merecida difusión: El hombre en busca de sentido. Destaca la necesidad del sentido trascendente, comentando que no siempre se manifestará en la práctica religiosa; a veces sí, pero siempre será salir del YO para interesarse por los demás. Pone varios ejemplos y al relato le sigue un apartado titulado: La logoterapia. El valor de la escucha es un punto central del conocido como creador de la tercera escuela de psiquiatría de Viena.

A los enfermos hay que sumar personas que sufren el abandono del cónyuge, una enfermedad grave inesperada, situaciones dolorosas de personas queridas… Sin dualismos de buenos-malos, no debemos olvidar a quienes sufren los efectos de carencias de otras personas, cerca lo lejos.

La esperanza, pieza clave en la vida

Basta pensar unos minutos para ver la pérdida de esperanza en tantas personas. Vale la pena leer en el texto citado del Papa al referirse a la necesidad de diseñar nuevos mapas de esperanza. El ser humano necesita algo más que lo efímero para dotar a su existencia de sentido. Descubrir que acudir a los sucedáneos asequibles, el alcohol, las drogas o la pornografía supone ignorar la caducidad del placer y el carácter adictivo de los citados. Los jóvenes descubren los placeres efímeros no dan sentido a una vida; a veces la destrozan llegando a deterioros físicos y psíquicos. Una antropología fundada en la realidad lleva a valorar la dignidad que tiene cada ser humano por el hecho de serlo; una dignidad que no admite experimentos que la pongan en riesgo. La frase Conócete a ti mismo, atribuida a Sócrates, es una meta necesaria personal y colectivamente.

No cambiar lo esencial

Si se busca preservar la dignidad personal, las herramientas no suplantarán a las personas en las tareas esenciales. Es preciso que la ética se sitúe en el lugar que le corresponde; no es un freno a la ciencia sino la garantía de que la ciencia y la técnica no se usen en contra del ser humano. No es una valla que dificulta acceder a esas herramientas, sino una protección para evitar que nos atropellen por un uso indebido. Abiertos al progreso sí, pero sin olvidar que el mayor progreso es ayudar a que más personas puedan vivir de modo acorde a la dignidad que tienen.

José Manuel Mañú Noain