Encuentra la cura en Don Quijote
El teórico social Zygmunt Bauman, conocido por inventar la idea de la «modernidad líquida», abandonó Polonia como disidente en 1968 y tres años después se convirtió en profesor de sociología en la Universidad de Leeds, convirtiéndose en uno de los pensadores más influyentes de los últimos cincuenta años. Esto se desprende de su discurso al recibir el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2010, publicado en «Esto no es un diario».
Cervantes fue el primero en lograr lo que todos los que trabajamos en humanidades intentamos, con éxito desigual y dentro de nuestras limitadas capacidades. Como lo expresó otro novelista, Milan Kundera: Cervantes envió a Don Quijote a rasgar las cortinas remendadas de mitos, máscaras, estereotipos, prejuicios y pre-interpretaciones, cortinas que ocultan con fuerza el mundo que habitamos y que luchamos por comprender, pero que estamos destinados a luchar en vano mientras no se levante ni se rasgue el telón.
Don Quijote no fue un conquistador, fue conquistado. Pero en su derrota, como nos mostró Cervantes, demostró que «todo lo que podemos hacer ante esa derrota ineluctable que llamamos vida es intentar comprenderla». Este fue el gran descubrimiento trascendental de Miguel de Cervantes; una vez realizado, no se puede olvidar jamás.
Rasgar las cortinas, intentar comprender la vida... ¿Qué significa esto?
Nosotros, los humanos, preferiríamos habitar un mundo ordenado, limpio y transparente donde el bien y el mal, la belleza y la fealdad, la verdad y la mentira, estén nítidamente separados y nunca se mezclen, para poder estar seguros de cómo son las cosas, adónde ir y cómo proceder; soñamos con un mundo donde se puedan tomar decisiones y juicios sin la ardua labor de comprender. De este sueño nuestro nacen las ideologías: esas densas cortinas que dejan de mirar sin ver.
Es a esta inclinación nuestra incapacitante a la que Etienne de la Boetie dio el nombre de "servidumbre voluntaria".
Y fue el camino que nos abrió Cervantes para escapar de esa servidumbre, presentándonos el mundo en toda su realidad desnuda, incómoda pero liberadora: la realidad de la multitud de significados y la irreparable escasez de verdades absolutas. Es en un mundo así, en un mundo donde la única certeza es la certeza de la incertidumbre, que estamos obligados a intentar, una y otra vez, sin éxito, comprendernos a nosotros mismos y a los demás, comunicarnos y, así, vivir unos con otros y para los demás.
David Mills en pulledquotes.substack.com
Traducción del texto original en inglés.