Un tiempo en el que conocerse a fondo: Así debe vivirse el noviazgo

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Escrito por José María Contreras Luzón
Publicado: 14 Enero 2026

Opinión es aquello que yo sostengo y creencia es lo que me sostiene a mí

Pregunta: Tengo tres hijas y la mayor ha empezado a salir de forma regular con un chico, ella dice que es muy buena persona, la veo muy ilusionada. Tiene ya 22 años y piensa que puede ir en serio. Me dice que le cuente cosas en las que tiene que conocer a su novio, y yo le digo lo que solemos decir las madres, pero ella me pide más. ¿Podría usted ayudarme para orientar a mi hija?

Esto del noviazgo es muy importante. Muchos matrimonios se vienen abajo por haber llevado uno malo.

El noviazgo sirve para conocer a la otra persona. Como comprenderá es una de las decisiones más importantes que vamos a tomar en nuestra vida. De buenos noviazgos suelen salir matrimonios estables, y de malos noviazgos, mucha infelicidad.

Un asunto que me gustaría dejar claro, desde el principio, es que un noviazgo está para conocerse, y si las cosas no marchan, para romperse. Muchas veces cuesta más romper un noviazgo que el matrimonio que esa relación genera.

En un noviazgo hay que ver cómo es la persona en el momento, no pensar que cuando nos casemos las cosas van a ser distintas. Ese es un error que muchas personas cometen, y que en ocasiones, pagan durante toda la vida.

En uno de los puntos en los que habrá que conocerse es en el carácter. Con ese modo de ser va a estar uno viviendo toda la vida. Sabiendo de antemano que todos los caracteres son distintos, habrá que profundizar y ver hasta dónde llega la diferencia, la confianza que deposita en mí, lo celosa que es la persona, su amor al trabajo, etc. Tendré que ver con agrado que esa persona va a ser el padre o la madre de mis hijos.

Actualmente, no se le da mucha importancia al carácter y es vital. Saber si tiene algo de enfermizo caracterológicamente es importante. Si en este asunto no nos quedamos muy conformes, es mejor romper. Así de claro. Uno vive con un carácter.

Otra cosa imprescindible es saber las creencias de una persona. Las creencias no son lo que opina, sino en lo que cree de verdad. En un matrimonio siempre hay situaciones difíciles y ahí aparecen las creencias. Teniendo en cuenta que cuando las cosas van bien se suelen confundir creencias con opiniones, pero es muy distinto: opinión es aquello que yo sostengo y creencia es lo que me sostiene a mí.

Es decir, cuando las cosas vengan mal dadas en la vida –que habrá momentos en que ocurra– en qué se va a apoyar el otro cuando se pierde el trabajo, ante una enfermedad grave de un ser querido, ante la situación de tener que cortar con una amistad...

Generalmente, en los noviazgos no se suele profundizar lo suficiente en estos asuntos y luego pasa lo que pasa.

Una vez visto el carácter y las creencias es muy bueno el saber qué valor, de verdad, le da a la familia. Cómo piensa educar a sus hijos, en qué valores, a qué estaría dispuesto a renunciar para que su familia vaya bien, etc. Sería bueno saber, si en un momento dado, su familia y su profesión fueran incompatibles, a qué le daría prioridad.

Hay muchas personas, desafortunadamente demasiadas, que por ascender una posición en la empresa son capaces de dejar a la familia en un segundo o tercer plano. Esto no es teoría, se ve con frecuencia.

Es muy bueno saber la capacidad de compromiso que tiene. Cuánta gente está hoy en día desencantada porque creían que su pareja era de otra forma. Muchos se creen que van a un matrimonio feliz, sin saber que no conocen al otro.

Muchas veces culpamos al matrimonio. La culpa no es del matrimonio, es de las personas que nos casamos que en la mayoría de los casos no hacemos lo suficiente para conocer a la persona con la que vamos a comprometer nuestra felicidad.

También hay que estar seguro de que esa persona me quiere. Querer no es estar enamorado, ni pasárselo bien juntos. Es mucho más: se trata de la capacidad de sufrir que tiene uno por otra persona, dejando al lado situaciones que pueden parecer más placenteras.

Cuando alguien dice haría cualquier cosa por un hijo, lo que quiere decir, es que estaría dispuesto a sufrir lo que fuese por él. Esa persona con la que nos vamos a casar qué estaría dispuesto, llegado el caso, a hacer por mí. Saberlo es fundamental.

Ahí está la medida del cariño que me tiene. Me parece vital tener una respuesta– lo más exacta posible– a esta pregunta.

Como ve no he hablado de sexo, ni falta que hace. En el noviazgo no saber esperar el momento, a la larga, desune. Muchos matrimonios que se han separado no lo hubieran hecho, si hubieran esperado a casarse. Al menos eso es lo que me han manifestado.

Cuando un noviazgo se centra en el sexo se incapacita, en parte, para conocerse. El sexo en esas situaciones tiene mucho de obsesivo y aparece como lo primero, como lo único. Luego se da uno cuenta de que no era así.

José María Contreras Luzón en eldebate.com