China y sus aliados

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Escrito por Carmen Gómez-Cotta
Publicado: 07 Febrero 2026

Aparecer flanqueado por Rusia y Corea del Norte fue un claro mensaje de Xi Jinping a Occidente

En plena reconfiguración del orden internacional, China se erige como uno de los nuevos polos de poder. Ante las normas establecidas por Occidente tras la Segunda Guerra Mundial, su líder, Xi Jinping, aprovecha la inestabilidad global para buscar nuevos socios con los que posicionarse frente al equilibrio imperante hasta la fecha. Y lo hace bajo sus propias condiciones, desarrollando relaciones que convierten a esos nuevos socios en vasallos dependientes del yugo chino.

En plena plaza de Tiananmén, con el retrato de Mao Zedong presidiendo, China desplegó todo su poderío. Misiles hipersónicos, drones submarinos de combate furtivo, armas láser; tanques, helicópteros, aviones. Y miles de soldados en perfecta formación, marchando bajo una impecable sincronización. Un cortejo militar que simbolizó todo un alarde de fuerza y mostró la modernización del Ejército Popular de Liberación en solo una década.

Sucedió durante el 80 aniversario de la victoria china contra Japón en la Segunda Guerra Mundial. Junto a Xi Jinping, avanzaban a su derecha Vladímir Putin y a su izquierda Kim Jong-un, encabezando un elenco de autoridades que incluía también a los líderes de países como Bielorrusia, Mongolia, Pakistán, Irán, Cuba, Vietnam o Zimbabue.

Aparecer flanqueado por Rusia y Corea del Norte era, para muchos analistas internacionales, un claro mensaje a Occidente: mostrar su fortaleza en el nuevo orden internacional y su intención de consolidarse como un polo de poder. «Lo sorpresivo aquí no es Putin, que es el líder extranjero con el que más veces se ha reunido Xi Jinping, sino Kim Jong-un, con el que no se reunía desde 2019. No solo lo invita, sino que lo exhibe», explica Mario Esteban, investigador principal del Real Instituto Elcano y catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, donde dirige el Centro de Estudios de Asia Oriental.

Desde su punto de vista, «la principal explicación es el desarrollo de la relación Moscú-Pyonyang». Especialmente en los dos últimos años, las relaciones entre los dos países se han intensificado y Corea del Norte ha enviado armamento y soldados a territorio ruso en su guerra contra Ucrania, «algo que preocupa a Xi Jinping, quien ve que la única forma de evitar que estos dos países desarrollen una relación al margen de China es incluirse en la ecuación», apunta Esteban.

Con la Unión Europea, China mantiene una relación que varía entre ser socios, competidores o rivales

Cuando hablamos de aliados, conviene aclarar a qué nos referimos exactamente, porque en el ámbito de las relaciones internacionales «hay una acepción más específica que se refiere a aliados en el ámbito militar; es decir, a esos actores con los que tienen acuerdos de defensa mutua», matiza Esteban. Y en este sentido, China tiene un par de aliados clave. El primero es Corea del Norte, basado en un acuerdo que firmaron en 1961, que se renueva cada veinte años y que tiene que ver, «entre otras cosas, con el hecho de que China no quiere en su línea terrestre un régimen alineado con Estados Unidos». Recordemos que el objetivo de China cuando apoyó a Corea del Norte en su invasión al Sur en la guerra de Corea de 1950 fue salvaguardar la seguridad nacional y garantizar un régimen comunista. El segundo aliado es Pakistán, «con quien tiene una colaboración muy estrecha en materia de defensa por cuestiones territoriales», sobre todo para contrarrestar la influencia de la India y de Estados Unidos en la región. «En los dos casos son relaciones asimétricas, donde China es la más poderosa», añade el investigador del Instituto Elcano.

Y ahora el gran aliado es Rusia, país con el que también hace frontera y al que ha apoyado tecnológicamente en su guerra contra Ucrania. Ya en 2014, después de la anexión de Crimea, Rusia aumentó su dependencia de China. Una de las consecuencias de esa colaboración fue el gasoducto Power of Siberia, que transporta gas desde el este a lo largo de 3.000 kilómetros. Recientemente, han anunciado la construcción de una segunda fase, Power of Siberia 2, un proyecto que tiene entre sus principales objetivos redefinir el mercado energético global. Pero más importante para China que lo material, apunta Esteban, «es que la única gran potencia del mundo que mira con aprecio al régimen comunista chino es Rusia. El resto de las grandes potencias lo hace con recelo».

Aparecer flanqueado por Rusia y Corea del Norte fue un claro mensaje de Xi Jinping a Occidente

Desde la óptica europea, la relación es más compleja, como bien apunta el documento sobre la perspectiva estratégica UE-China de 2019. «La estrategia de la Unión Europea hacia China admite tres planos que pueden coexistir», explica José Ignacio Torreblanca, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations. Pueden ser socios —como en el desarrollo de energías verdes—, competidores —en recursos e inversiones en América Latina o África— y rivales —como con la desnuclearización de Corea del Norte, la cuestión de Taiwán o la guerra en Ucrania—. «Es una visión muy pragmática que hace que Europa no tilde a China ni de aliado ni de enemigo, sino que vaya campo por campo de forma práctica».

Tampoco podemos olvidarnos del Sur Global, coinciden ambos expertos. Aunque todavía no son aliados de China en sentido estricto, comparten la visión sobre que el orden internacional está occidentalizado —y liderado por Estados Unidos— y regido por unas normas que no les tienen en cuenta. Por eso, el poderío de China les sirve para demostrar que puede existir otro polo de poder y otras organizaciones internacionales donde estos actores tengan más protagonismo y capacidad de decisión.

América Latina, nueva aliada

La rivalidad entre Estados Unidos y China para consolidarse como una superpotencia empujó al gigante asiático a finales del siglo XX a buscar en el tablero internacional actores que pudieran convertirse en nuevos aliados. Y los encontró en América Latina, que hoy se alza «como uno de sus principales socios comerciales, debido a factores estructurales, estratégicos y económicos», señala Pamela Aróstica, directora de la Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (REDCAEM).

Por un lado, «la expansión económica [de China] ha generado una demanda constante de materias primas, alimentos y energía, sectores en los que Latinoamérica posee ventajas comparativas». El problema, apunta Aróstica, es que el gigante asiático «importa recursos naturales y, a cambio, exporta bienes manufacturados, maquinaria y tecnología, reforzando una relación asimétrica». Es la llamada reprimarización, proceso por el cual la economía de un país se reorienta hacia actividades del sector primario en detrimento del sector manufacturero. Además, «la estrategia china de diversificación y aseguramiento de recursos está articulada a través de inversiones directas, financiación de infraestructura y acuerdos bilaterales con los países de la región». Por último, está el hecho de que China suponga para América Latina «una alternativa para diversificar mercados, no solo como comprador fiable, sino también como un proveedor alternativo de inversión y financiamiento».

China busca regiones que supongan un espacio estratégico que le permita avanzar como superpotencia y consolidarse como un nuevo polo de poder

De esta manera, China ha financiado proyectos estratégicos como el puerto de Chancay, en Perú, la entrada comercial más grande del Cono Sur, inaugurado en noviembre de 2024 —y cuyo 60% pertenece a una empresa de capitales chinos—, o la Estación del Espacio Lejano, en Argentina, una instalación espacial de investigación científica y cooperación tecnológica —y la primera de estas características fuera de las fronteras chinas—. Ese es precisamente el objetivo de la China de Xi Jinping: desarrollar una red terrestre, marítima y digital de comercio e infraestructura que conecte a China con Asia, Europa, África y América Latina. Una estrategia bautizada como la nueva Ruta de la Seda —o Iniciativa de la Franja y la Ruta—.

Bajo este prisma, China busca regiones que supongan un espacio estratégico que le permita avanzar como superpotencia y consolidarse como un nuevo polo de poder. A cambio, ofrece la oportunidad de atraer capital, tecnología y cooperación garantizados en un contexto global cada vez más incierto. Pero, como en el caso de la vinculación sino-latinoamericana, el enfoque chino se desarrolla siempre en un marco estructuralmente desigual. Es precisamente en esa asimetría donde China está basando todas sus relaciones de dependencia. Porque, «más que en aliados, piensa en vasallos», sostiene Torreblanca.

Ahora, en una nueva reconfiguración geopolítica, el pasado 3 de enero, Estados Unidos dio un brusco viraje a sus relaciones exteriores en América Latina, bombardeando Caracas y secuestrando al dictador Nicolás Maduro y su mujer, Cilia Flores. Con esta acción militar, que se venía gestando desde el verano al intensificar su presencia en el Caribe, Donald Trump lanza un mensaje a otros países latinoamericanos, como Cuba, Colombia y México.

Carmen Gómez-Cotta en ethic.es