El Papa está con nosotros

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Escrito por Juan Luis Selma
Publicado: 08 Junio 2026

La visita de León XIV reaviva la esperanza de los creyentes, que buscan en el sucesor de Pedro una voz firme frente a la incertidumbre del mundo

Hay que remontarse a 2011 para recordar la última vez que un Papa estuvo con nosotros: fue Benedicto XVI en la JMJ. Una gracia enorme. Ya antes había estado en Valencia con motivo del Encuentro Mundial de las Familias en julio de 2006. San Juan Pablo II nos visitó nada menos que en cinco ocasiones. La verdad es que hay ganas de Papa.

He conocido a varios a lo largo de mi vida: más cercanamente a san Pablo VI, al beato Juan Pablo I, a san Juan Pablo II, a Benedicto XVI y a Francisco. Ahora me toca conocer al Papa León. Al hacer memoria de estos encuentros, veo que siempre me he emocionado; y no solo yo, también todos los que me rodeaban. Recuerdo de un modo entrañable el encuentro en el Bernabéu con los jóvenes: impresionante.

¿Por qué pasa esto? ¿Por qué es un fenómeno tan común? No encuentro otra explicación que la sobrenatural. Se dice en los Hechos de los Apóstoles: «Sacaban a los enfermos a las plazas y los ponían en camillas y camastros, para que, al pasar Pedro, al menos su sombra cayera sobre alguno de ellos».

La fe del pueblo era tan grande que la gente dejaba sus mantos en el suelo para que los rozara la sombra del apóstol y así les llegara la gracia de la curación. Era confianza pura: sabían que Dios actuaba a través de lo pequeño, de lo humilde, incluso de la sombra de Pedro, que es su vicario en la tierra.

Queremos escuchar palabras firmes, verdaderas, que nos abran a la esperanza. Palabras que sean un antídoto frente a tanta falacia y tanto teatro. "Tú eres Pedro, piedra, roca —le dijo Jesús—, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia". En este mundo que fluye de lo líquido a lo gaseoso, que abandona la solidez de la roca por vaporosos espejismos, donde tantos nos perdemos… ¿qué diría ahora Campoamor en su famosa poesía?: "Y es que, en el mundo traidor, nada hay verdad ni mentira: todo es según el color del cristal con que se mira".

Necesitamos roca donde agarrarnos, grietas profundas y seguras donde guarecernos. Norte que dirija nuestros pasos. Seguridades y no opiniones. Historias y no relatos. Verdad, bondad y belleza. Bien. Y esto no nos lo dará el hombre Prévost, sino Pedro, a quien Jesús —después de su triple confesión de amor— encargó cuidar de sus ovejas.

Más de 1700 voces de Madrid, Barcelona y las Islas Canarias forman parte del Gran Coro de Voces creado para esta ocasión. Participan en la interpretación de Alza la mirada, el himno de la visita apostólica de León XIV a España, que tendrá lugar del 6 al 12 de junio. Cantarán:

Alzo la mirada, / mis ojos en Jesús. / Alzo la mirada / clavada en la cruz. / Cuando miro al cielo / todo es nuevo con su luz. / Alzo la mirada, alzo la mirada, alzo la mirada.

No estoy hecho / para mirar al suelo. / Al mirarte / sé por qué nací. / Me creaste / para mirar al cielo… / estoy inquieto hasta que no descanse en ti.

Nos invitará el Santo Padre a mirar al cielo, hacia arriba. A dejar el barro, el fango y el polvo del camino. Nos animará a acoger el don de Dios, su paz y su alegría. Nos dirá que edifiquemos nuestras vidas en Cristo, que no tengamos miedo, que abramos las puertas de nuestros hogares, hospitales, centros educativos, gimnasios, estadios y lugares de esparcimiento a Aquel que no quita nada y lo da todo. Así nuestras vidas serán luminosas; seremos instrumentos de paz. Cambiaremos las estructuras al cambiar nosotros.

La figura del Papa no es baladí, no es un invento eclesial ni social. No responde a la necesidad de tener un jefe o alguien que ponga orden. El papado es de institución divina, querido por Jesús: tres veces le dice que pastoree a sus ovejas. Por eso la Iglesia sigue firme a lo largo de los siglos. Es la institución más señera, más fiable, a pesar de los pesares y de los pecados de sus hijos.

Recemos por los frutos de estos días en los que León XIV conocerá todas nuestras realidades. Nos hablará en nombre de Dios, nos moverá a la conversión. No es una fiesta: es una ocasión de cambio y de mejora, de sacar lo mejor de lo nuestro para dárselo a los demás. Felices para hacer felices.

Juan Luis Selma en eldiadecordoba.es