
Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II
Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva
Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica
(Ecclo 15,16-21) "Delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja"
(1 Cor 2,6-10) "Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que le aman"
(Mt 5,17-37) "No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas"
Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II
Homilía en la parroquia de San Hipólito (12-II-1984)
--- Cumplir la voluntad divina
--- La importancia de los mandamientos
--- El Evangelio, código de la vida moral cristiana
--- Cumplir la voluntad divina
“Maestro, ¿qué obra buena he de realizar para alcanzar la vida eterna?” “Guarda los mandamientos” (Mt 19,16-17).
Esta pregunta y su respuesta se presentan a la memoria cuando escuchamos con atención las lecturas de la liturgia de hoy.
Efectivamente el tema principal de dichas lecturas son los mandamientos de Dios, la ley del Señor.
Sobre ésta canta la Iglesia en el Salmo responsorial:
“Dichoso el que con vida intachable/ camina en la voluntad del Señor./ Tú promulgas tus decretos/ para que se observen exactamente;/ ojalá esté firme mi camino/ para cumplir tus consignas.../ Ábreme los ojos y te contemplaré/ las maravillas de tu voluntad...”.
Y también añade:
“Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes/ y lo seguiré puntualmente;/ enséñame a cumplir tu voluntad/ y guárdala de todo corazón” (Sal 118(119),1-34).
La idea contenida en los versículos de este Salmo es tan transparente que no necesita comentario alguno.
En cambio conviene añadir un comentario breve sobre las palabras del libro del Sirácida de la primera lectura:
--- La importancia de los mandamientos
“Si quieres, guardarás sus mandamientos, porque es prudencia cumplir su voluntad; ante ti están puestos fuego y agua, echa mano a lo que quieras; delante del hombre están muerte y vida; le darán lo que él escoja” (Sir 15,16-17).
El Sirácida pone en evidencia la vinculación íntima existente entre mandamiento y voluntad libre del hombre: “Si quieres...” Y al mismo tiempo manifiesta que de la elección y decisión del hombre depende el bien o el mal, la vida o la muerte, entendidos con significado espiritual.
La observancia de los mandamientos es, el camino del bien, el camino de la vida.
Su trasgresión es el camino del mal, el camino de la muerte.
Pasemos ahora al sermón de la montaña del Evangelio de hoy según San Mateo.
Cristo dice ante todo: “No creáis que he venido a abolir la ley (o los Profetas); no he venido a abolir sino a dar plenitud (Mt 5,17).
“Quien cumpla y enseñe, será grande en el reino de los cielos” (Mt 5,19).
“El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante en el reino de los cielos” (Mt ib.).
Y añade Cristo:
“Si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt 5,20).
De modo que la ley, mandamientos y normas son importantes no solo en sí mismos, sino también en el modo de comprenderlos, enseñarlos y cumplirlos. Esto lo deben tener presente los que explican la ley de Dios e interpretan los principios de la moral cristiana en cada época e igualmente en la época contemporánea.
Y Cristo ofrece tres ejemplos del mandamiento y de su interpretación según el espíritu de la Nueva Alianza.
“No matarás” (Mt 5,21).
“No cometerás adulterio” (Mt 5,27).
“No jurarás en falso” (Mt 5,33).
“No matarás”: quiere decir “no sólo no quitar la vida a otros, sino también no vivir con odio e ira hacia los demás; “No cometerás adulterio”, no solo quiere decir no tomar la mujer de otros, sino también no desearla, no cometer adulterio en el corazón.
“No jurarás en falso...”, “pues yo os digo que no juréis en absoluto” (Mt 5,34). “A vosotros os basta decir sí o no (Mt 5,37).
--- El Evangelio, código de la vida moral cristiana
¿Qué es el Evangelio? ¿Qué es el sermón de la montaña? ¿Acaso es sólo un “código moral”?
Sí, ciertamente. Es un código de la moral cristiana. Indica las exigencias éticas principales. Pero es más: indica también el camino de la perfección. Este camino corresponde a la naturaleza de la libertad humana, a la voluntad libre. En efecto, el hombre, gracias a su voluntad libre, puede elegir no sólo entre el bien y el mal, sino también entre el bien y lo mejor. Y claro está que es preciso querer lo “mejor” y lo “más” en el ámbito de la moral, incluso para no descender hacia lo menos bueno e incluso hacia el mal.
En efecto, como continúa diciendo el libro del Sirácida:
“Es inmensa la sabiduría del Señor, es grande su poder y lo ve todo; los ojos de Dios ven las acciones, él conoce todas las obras del hombre; no mandó al hombre, ni deja impunes a los mentirosos” (Sir 15,18-20).
Y San Pablo va más allá cuando escribe en la primera Carta a los Corintios:
“Hablamos, entre los perfectos, una sabiduría...; enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido” (1 Cor 2,6). “Lo que Dios ha preparado para los que le aman, Dios nos lo ha revelado por el Espíritu, y el Espíritu todo lo penetra, hasta la profundidad de Dios” (1 Cor 2,10).
DP-42 1984
Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva
Jesús no viene a destruir la ley mosaica sino a que se cumpla de corazón y no se quede en la letra, en pura formalidad. "Dichosos los que caminan en la voluntad del Señor... enséñame a guardarla de todo corazón" (S. Resp.). El Maestro nos ofrece varios ejemplos que aluden a vivir con cristiana rectitud.
"Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo que tu hermano tiene quejas contra ti..." La intención de estas palabras no suscriben el manido reproche: ¡menos comulgar y más preocupación por los demás! De hecho, si no pudiéramos asistir a la Sta. Misa mientras alguien tiene algo contra nosotros, no iríamos nunca. Siempre habrá personas a quienes o hemos hecho ningún daño pero no nos pueden ver, bien por nuestras creencias religiosas, nuestras ideas políticas, artísticas..., o cualquier otro motivo. Y siempre habrá también personas a quienes hemos inferido algún daño, les hemos pedido perdón y reparado el daño, pero ellas no quieren perdonar; esto es, tienen todavía algo contra nosotros.
Es un llamamiento apremiante a vivir con plenitud la fe cristiana el que atraviesa todas estas enseñanzas del Sermón de la Montaña. Importante es la Sta. Misa, viene a decir Jesús, pero si cuando vas a Ella recuerdas..., la mejor ofrenda que me puedes hacer es llevarte bien con los demás. ¡La mejor ofrenda: el amor hecho de cientos de detalles de servicio, de pasar por alto a quienes te tratan a diario impertinencias y desdenes. Amor que brilla con una luz cegadora, justamente, en la Sta. Misa, donde Cristo ha entregado su vida -Cuerpo y Sangre- por todos nosotros.
De ahí que la S. Escritura nos advierta: "Si alguien dice: ‘Amo a Dios’, y aborrece a su hermano, es un embustero; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve" (1Jn 4,20).
Preguntémonos al hilo de estas enseñanzas: ¿quiero con obras y de verdad a quienes me rodean en el hogar, en el lugar de trabajo, de relación social, de diversión o descanso? ¿Sé pasar por alto su modo de ser, tan opuesto al mío, evitando que esas diferencias -inevitables y queridas por Dios- hagan conflictiva la convivencia? ¿Les ayudo con mi tiempo, mi dinero, mis consejos, en la medida de mis posibilidades? ¿Me esfuerzo por disculparles, atemperando mis juicios con comprensión y tolerancia cristianas, como hago tantas veces conmigo mismo?
Quien se esfuerza por vivir así, contribuye a que el cristianismo deje de ser para muchos "una teoría", que siempre se puede discutir, una máscara que cae cuando termina la farsa, para convertirse en un espejo en el que se contempla la atractiva y vinculante persona de Jesucristo
Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica
«Los mandamientos, expresión de amor y senda de libertad»
I. LA PALABRA DE DIOS
Ecclo 15,16-21: «No mandó pecar al hombre»
Sal 118,1-2.4-5.17-18.33-34: «Dichosos los que caminan en la voluntad del Señor»
1Co 2,6-10: «Dios predestinó la sabiduría de los siglos para nuestra gloria»
Mt 5,17-37: «Se dijo a los antiguos, pero yo os digo»
II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO
Los mandamientos son la manifestación del amor de Dios que señala a sus hijos lo bueno y lo malo, para que nadie elija la muerte sino la vida. Jesucristo los ha cumplido y llevado a plenitud y les ha dado una nueva perfección (Ev.).
El discípulo de Cristo encuentra el equilibrio justo entre ley y libertad en la «sabiduría que no es de este mundo», sino que «es divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria», que Dios nos ha revelado por el Espíritu (2ª Lect.).
El hombre es libre; los ojos de Dios ven las acciones y conoce todas las obras del hombre (1ª Lect.), respeta la libertad del hombre, pero «es prudencia cumplir su voluntad».
III. SITUACIÓN HUMANA
Nuestra cultura, agnóstica y laicista, prescinde de los mandamientos y ha borrado la frontera entre el bien y el mal, haciéndola depender de los que el hombre arbitrariamente decide.
Algunos cristianos ven el Decálogo como retrógrado y represivo. Es que no han entendido la ley cristiana. Porque cuando se la entiende, se la descubre como lo que verdaderamente es: fuente de libertad.
La nueva historia se ha construir sobre la verdad, la que hace al hombre libre con la libertad con la que Cristo nos ha liberado.
IV. LA FE DE LA IGLESIA
La fe
– Los Mandamientos, signos de la Alianza con el pueblo: "El don de los mandamientos de la ley forma parte de la Alianza sellada por Dios con los suyos. Según el libro del Éxodo, la revelación de las «diez palabras» es concedida entre la proposición de la Alianza y su ratificación, después que el pueblo se comprometió a «hacer» todo lo que el Señor había dicho y a «obedecerlo». El Decálogo no es transmitido sino tras el recuerdo de la Alianza ( «el Señor, nuestro Dios, estableció con nosotros una alianza en Horeb»)" (2060).
– El Decálogo, revelación de Dios mismo: "Las «diez palabras» son pronunciadas por Dios dentro de una teofanía ( «el Señor os habló cara a cara en la montaña, en medio del fuego»). Pertenecen a la revelación que Dios hace de sí mismo y de su gloria. El don de los mandamientos es don de Dios y de su santa voluntad. Dando a conocer su voluntad, Dios se revela a su pueblo" (2059; cf 2052-2070).
La respuesta
– Adecuación entre conciencia personal y ley moral: «La conciencia de cada cual en su juicio moral sobre sus actos personales, debe evitar encerrarse en una consideración individual. Con mayor empeño debe abrirse a la consideración del bien de todos según se expresa en la ley moral, natural y revelada, y consiguientemente en la ley de la Iglesia y en la enseñanza autorizada del Magisterio sobre las cuestiones morales. No se ha de oponer la conciencia personal y la razón a la ley moral o al Magisterio de la Iglesia» (2039).
El testimonio cristiano
– «El Señor prescribió el amor a Dios y enseñó la justicia para con el prójimo a fin de que el hombre no fuese ni injusto ni indigno de Dios. Así, por el Decálogo, Dios preparaba al hombre para ser su amigo y tener un solo corazón con su prójimo... Las palabras del Decálogo persisten también entre nosotros (cristianos) (S. Ireneo, haer. 4, 16,3-4)» (2063).
El Decálogo es un don divino que manifiesta el amor de Dios y traza el camino de la libertad, del bien y de la felicidad.
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