
Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II
Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva
Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica
(Sab 6,12-16) "La sabiduría es radiante e inmarcesible"
(1 Tes 4,13-17) "Los muertos en Cristo resucitarán"
(Mt 25,1-13) "Velad, porque no sabéis el día ni la hora"
Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II
Homilía en el Instituto eslavo de los Santos Cirilo y Metodio (8-XI-1981)
--- Apóstoles eslavos
--- Comprender al hombre desde Dios
--- Europa: ateísmo y necesidad de Cristo
--- Apóstoles eslavos
La lectura del Antiguo Testamento que hemos escuchado hace poco recuerda la Sabiduría. La encuentran todos los que la aman y la buscan. Sale al encuentro de todos los que son dignos de ella y los busca (cfr. Sab 6,12.16). ¿Quién no pensaría inmediatamente en el joven Constantino (cfr. Vida de Constantino III, 1-8), que eligió la Sabiduría como compañera de su vida? Se trata de la Sabiduría Divina, de Dios mismo. Dios pensó todo desde la eternidad, creó todo en el tiempo y gobierna todo incesantemente.
La parábola de las vírgenes sensatas y necias nos lleva a considerar la sabiduría vital del hombre que vela para estar preparado en todo momento al encuentro con Dios.
--- Comprender al hombre desde Dios
“Cristo Redentor -he escrito en la encíclica “Redemptor hominis”- revela plenamente el hombre al propio hombre. Tal es... la dimensión humana del misterio de la redención. En esta dimensión el hombre vuelve a encontrar la grandeza, la dignidad y el valor propios de su humanidad... El hombre que quiere comprenderse hasta el fondo de sí mismo... debe con su inquietud, incertidumbre e incluso con su debilidad y pecaminosidad, con su vida y con su muerte, acercarse a Cristo. Debe, por decirlo así, entrar en Él con todo su ser...” (n. 10).
--- Europa: ateísmo y necesidad de Cristo
¡Europa tiene necesidad de Cristo! ¡Es preciso entrar en contacto con Él, apropiarse su mensaje, su amor, su vida, su perdón, sus certezas eternas y exaltantes! Es necesario comprender que la Iglesia querida y fundada por Él, tiene como finalidad única transmitir y garantizar la verdad que Él ha revelado, y mantener vivos y actuales los medios de salvación que ha instituido, es decir, los sacramentos y la oración.
Nos encontramos en una Europa en la que se hace cada vez más fuerte la tentación del ateísmo y del escepticismo; en la que arraiga una penosa incertidumbre moral, con la disgregación de la familia y la degeneración de las costumbres; en la que domina un peligroso conflicto de ideas y movimientos... El sentido cristiano del hombre, imagen de Dios, según la teología griega tan amada por Cirilo y Metodio profundizada por San Agustín, es la raíz de los pueblos de Europa y es necesario remitirse a ello con amor y buena voluntad para dar paz y serenidad a nuestra época: sólo así se descubre el sentido humano de la historia, que en realidad es “Historia de la salvación”.
DP-221 1981
Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva
La parábola que acabamos de escuchar es una llamada a enfocar nuestra vida como una preparación para en encuentro definitivo con Jesucristo, que no sabemos cuándo se producirá y que, por tanto, debemos aguardar con vigilante conciencia. ”Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora”. Estas diez jóvenes representan a la humanidad que se compone de quienes viven pendientes de Dios y de sus indicaciones, y de quienes, lamentablemente, viven con la lámpara del aceite -la fe y el amor- apagada. La parábola se centra en la llegada del Señor: el momento de la muerte. Quienes están preparadas a la llegada del esposo entran en el banquete eterno, una fiesta preparada por el mismo Dios.
“Cuando lleguemos a la presencia de Dios, decía Newman, se nos preguntarán dos cosas: si estábamos en la Iglesia y si trabajábamos en la Iglesia. Todo lo demás no tiene valor. Si hemos sido ricos o pobres, si nos hemos ilustrado o no, si hemos sido dichosos o desgraciados, si hemos estado enfermos o sanos, si hemos tenido buen nombre o malo”. Si Jesucristo saliera hoy a nuestro encuentro ¿nos encontraría vigilantes, con las manos llenas de buenas obras? Debemos tener el valor de hacernos esta pregunta porque al abandonar el escenario de esta mundo, entraremos en la gran fiesta del Reino de los Cielos o encontraremos cerradas las puertas para siempre.
Esta celebración podría ser un buen momento para detenernos a considerar qué sentido estamos imprimiendo a nuestros días, al trato con quienes nos rodean, al trabajo, al descanso, a fin de rectificar lo que en nuestra vida no está iluminado por la luz de las enseñanzas de Jesucristo. “Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor”. “El examen diario es el amigo que nos despierta cuando la laxitud del sueño nos vence. Es la garantía y la tranquilidad en nuestra obligada vigilia. Acudamos a él con valentía” (San Josemaría Escrivá).
Este examen de conciencia puede operar un cambio de rumbo si fuera necesario o aderezar la lámpara de la fe, la esperanza y el amor -como hicieron las vírgenes prudentes- que nos lleve a hacer una buena Confesión con el consiguiente propósito de enmendar el rumbo de nuestra vida cristiana.
“Velad”, dice Jesús. No es una tarea negativa que sitúe la lucha interior en la frontera del pecado, es un saber orientar todo hacia el Señor con el deseo de agradarle. “Vela con el corazón, dice S. Agustín, vela con la fe, con la caridad, con las obras... Adereza las lámparas procurando que no se apaguen; cébalas con el aceite de una conciencia recta... para que Él te introduzca en el festín, donde ya nunca se extinguirá tu lámpara” (Serm 94).
Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica
«Volverá el Señor para abrir y cerrar la puerta del banquete de bodas»
I. LA PALABRA DE DIOS
II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO
Los tres últimos Domingos de todos los ciclos miran fijamente al futuro definitivo. La esperanza de la salvación definitiva impregna todo el quehacer humano de sentido.
En la parábola de las vírgenes se contraponen la sabiduría (la sensatez) y la necedad. Por la primera nos identificamos con la manera que Dios tiene de ver al hombre y al mundo. Por eso, la 1ª Lect. y el Salmo giran en torno a la búsqueda de la Sabiduría de Dios y de Dios mismo. Por la segunda, el hombre se deja conducir de sus propios puntos de vista. A la primera se le abren las puertas del banquete de bodas de Dios con la humanidad, a la segunda se le cierran.
Las virgenes sensatas no manifiestan tanto un sentimiento de egoísmo, cuanto de reproche a sus compañeras por no haberse tomado en serio la espera del esposo.
III. SITUACIÓN HUMANA
Quien vive con un poco de sensatez, de sentido común, se interesa por acertar en la vida, en la valoración de los sucesos, en la visión de la realidad, en el desenlace final... Esto es lo que suele decirse tener una filosofía de la vida. El Evangelio nos da una teología de la vida. La diferencia estriba en que en el primer caso, el sujeto pensante es el hombre, y en el segundo, Dios para el hombre.
IV. LA FE DE LA IGLESIA
La fe
– Vivimos el entretiempo que media de la primera a la segunda venida del Señor. "El tiempo presente, según el Señor, es el tiempo del Espíritu y del testimonio... pero es también un tiempo marcado todavía por la «tristeza»... y la prueba del mal... que afecta también a la Iglesia... e inaugura los combates de los últimos días... Es un tiempo de espera y de vigilia..." (672; cf 668-675).
La respuesta
– La espera en vigilia: «Vigilia» es un término clásico del lenguaje cristiano para designar un tiempo largo dedicado a la oración en las horas de la noche. Tiempo de silencio exterior y de riqueza interior, porque es espera del Señor y todo se mira desde su próxima venida (sabiduría). Tiempo simbólico que remite a la venida del Señor en la muerte de cada uno y al fin de los tiempos: "En Jesús, «el Reino de Dios está próximo», llama a la... vigilancia. En la oración, el discípulo espera atento a Aquel que «es y que viene», en el recuerdo de su primera venida en la humildad de la carne, y en la esperanza de su segundo advenimiento en la gloria... En comunión con su Maestro, la oración de sus discípulos es un combate, y velando en la oración es como no se cae en la tentación..." (2612; cf 2849. 2699).
El testimonio cristiano
– «Como no sabemos el día ni la hora es necesario, según el consejo del Señor, estar continuamente en vela. Así, terminada la única carrera que es nuestra vida en la tierra, mereceremos entrar con Él en la boda» (1036).
– La parábola de "«la viuda importuna» (cf Lc 18,1-8), está centrada en una de las cualidades de la oración: es necesario orar siempre, sin cansarse, con la paciencia de la fe. «Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará fe sobre la tierra?»" (2613).
El retorno del Señor es gozoso: se compara a un banquete de bodas y, al mismo tiempo, abre un gran interrogante: decide la suerte eterna que cada uno se ha labrado durante la propia vida. El entretiempo actual es tiempo de oración vigilante. En su centro, la Plegaria eucarística y la comunión, vueltas a la venida del Señor.
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