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Caníbal

Caníbal

Manuel Martín Cuenca
  • Público apropiado: Adultos con reparos
  • Valoración moral: Con inconvenientes
  • Año: 2014
  • Dirección: Caníbal Caníbal

Contenidos: Imágenes (varias V, S), Ideas (canibalismo F+)

Dirección: Manuel Martín Cuenca. País: España. Año: 2013. Duración: 117 min. Género: Thriller. Interpretación: Antonio de la Torre (Carlos), Olimpia Melinte (Nina), Alfonsa Rosso. Guion: Manuel Martín Cuenca y Alejandro Hernández; libremente inspirada en la novela “Caríbal”, de Humberto Arenal. Producción: Manuel Martín Cuenca, Fernando Bovaira, Simón de Santiago y Alejandro Hernández Díaz. Fotografía: Pau Esteve Birba. Montaje: Ángel Hernández Zoido. Dirección artística: Isabel Viñuales. Vestuario: Pedro Moreno. Distribuidora: Golem. Estreno en España: 11 Octubre 2013.

Reseña:

   “Caníbal” narra la historia de Carlos, el sastre más prestigioso de Granada. Un hombre respetable. Su vida es el trabajo y comer. Pero no cualquier cosa. Carlos es caníbal. Se alimenta de mujeres. Turistas, forasteras, desconocidas con las que no tiene ningún vínculo emocional. Pero todo eso cambia el día que conoce a Nina, una joven rumana que busca desesperadamente a su hermana gemela, desaparecida días atrás. La hermana se llama Alexandra, trabajaba como masajista… y era vecina de Carlos. Nina está desesperada y necesita ayuda. Carlos es su única esperanza.

   Una inteligente inmersión a los recovecos más oscuros del espíritu humano, realizada con sensibilidad y evitando el morbo al que se presta la trama, no hay complacencia en los crímenes o en los cadáveres desnudos. Manuel Martín Cuenca confirma las muestras de poderío que dio en su debut en el largometraje con La flaqueza del bolchevique, que también trataba con elegancia un tema delicado, la relación entre un hombre maduro y una jovencita menor de edad. Su posterior filmografía, a la que hay que reconocer su capacidad de riesgo, decayó, resultaba demasiado hermética.

   Ahora, con Alejandro Hernández como guionista, y el punto de partida de una novela de Humberto Arenal, sabe entregar un retrato bastante preciso de un caníbal. Y a diferencia del Hannibal Lecter de El silencio de los corderos y alrededores, no se mueve tanto en el terreno del juego y la intriga –aunque pueda haberlos–, sino que en el transcurso de la narración sabe entregar elementos clave para entender la oscuridad del alma de Carlos, y para esbozar cuál puede ser el camino, el único camino posible, a la redención.

   El ritmo moroso -contemplativo, dirán algunos- muy propio del cine de Martín Cuenca le expulsa a uno de la pantalla y el tono -no frío, sino géli­do- tampoco ayuda demasiado a involucrar­­se… ni los personajes, con su falta abso­lu­ta de empatía. Unos personajes que vagan por la pan­talla con retorcidas visiones -también marca de la casa- pero que ni siquiera producen horror. Aun­que lo que se cuenta es horrible: el día a día de un hom­bre que compagina una conducta apa­ren­te­men­­te intachable con su gusto por la carne hu­mana. (JD Almudí/ Decine 21: LEER MÁS)