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El dictador

El dictador

El dictador
  • Público apropiado: Adultos
  • Valoración moral: Desaconsejable
  • Año: 2012
Contenidos: Imágenes (varias S, X), Diálogos (frecuentes D)

Dirección: Larry Charles. País: USA. Año: 2012. Duración: 83 min. Género: Comedia. Interpretación: Sacha Baron Cohen (almirante general Aladeen), Anna Faris (Zoey), Ben Kingsley (Tamir), Jason Mantzoukas (Nadal), Megan Fox, John C. Reilly, Aasif Mandvi (Doctor), Chris Elliott (Sr. Ogden). Guion: Sacha Baron Cohen, Alec Berg, David Mandel y Jeff Schaffer. Producción: Sacha Baron Cohen, Alec Berg, David Mandel, Scott Rudin, Jeff Schaffer, Todd Schulman y Anthony Hines. Música: Erran Baron Cohen. Fotografía: Lawrence Sher. Montaje: Greg Hayden y Eric Kissack. Diseño de producción: Victor Kempster. Vestuario: Jeffrey Kurland. Distribuidora: Paramount Pictures Spain. Estreno en USA: 16 Mayo 2012. Estreno en España: 13 Julio 2012.

Reseña:

El Líder Supremo

   Aladeen es el tiránico Líder Supremo de Wadiya, un país árabe africano. Encantado de tener sometido bajo su férrea bota al pueblo, de desarrollar la energía nuclear con “fines pacíficos” (siempre ríe cuando lo dice) y de ejecutar a aquellos que se le oponen, el dictador es convocado a Nueva York por Naciones Unidas para explicarse. Es el momento en que Tamir, su tío y hombre de confianza, decide deshacerse de él y sustituirle por un estúpido doble. Lo que no sabe Tamir es que Aladeen sobrevive al hombre que iba a eliminarle, pero le toca comportarse como un ciudadano de a pie para recuperar su posición; encuentra una ayuda inesperada en Zoey, una feminista radical vegetariana algo marimacho, que regenta un establecimiento ecologista y solidario.

   Para los baremos de zafiedad que habitualmente maneja Sacha Baron Cohen, probablemente El dictador es una película “fina”. Aunque claro, resulta difícil igualar, incluso para él mismo, los “logros” de Borat. En su línea transgresora, hay que reconocer que concibe algún buen gag, se atreve a bromear con el 11-S y critica por igual a dictaduras tiránicas, presuntas democracias y mitos del progresismo. No osa en cambio mentar siquiera el fundamentalismo, pero claro, eso es más arriesgado. Lo que sí está claro es que a Sacha Baron Cohen le encanta revolcarse en la grosería, y aunque en El dictador parece más contenido que en otras ocasiones, no nos ahorra algunas gracietas de muy mal gusto.

   Aunque con el discurso final parece querer remedar a Charles Chaplin, El dictador está muy, muy lejos, de El gran dictador. Uno hace poesía, el otro, con perdón, emite ventosidades. También se juega con el tema de los dobles, lo que hace pensar en El prisionero de Zenda en clave de humor. La gracia que pueden tener –y, de hecho, tienen- algunos gags políticos queda sepultada por toneladas de zafiedad y mal gusto (Decine21 / Almudí JD). LEER MÁS