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53 días de invierno

53 días de invierno

53 días de invierno-
  • Público apropiado: Adultos
  • Valoración moral: Con inconvenientes
  • Año: 2008
  • Dirección: Dirección: Judith Colell
Dirección: Judith Colell
Intérpretes: Mercedes Sampietro, Alex Brendemühl, Aina Clotet, Maria de la Pau Pigem, Montserrat Salvador, Silvia Munt, Joaquim de Almeida, Celso Bugallo, Abel Folk.
Guión: Gemma Ventura
Música: Bingen Mendizábal
Fotografía: Sergi Gallardo
Distribuye en Cine: Filmax
Duración: 91 min.
Género: Drama

Soledades perras 

    Judith Colell fue una de las autoras del film colectivo El dominio de los sentidos, que aglutinaba cinco trabajos de prometedoras cineastas, como María Ripoll. En 2000 debutó en solitario en el largometraje con la desconocida Nosotras. 

    En su segundo largo, Colell se perfila como una autora a tener en cuenta, pues ha rodado un interesante drama social compuesto por tres historias diferentes que confluyen en un punto y tienen que ver con perros, aunque es un film muy distinto a Amores perros. 

    Los protagonistas son tres personas que coinciden en una parada de autobús. Justo al lado, un automovilista deja a su perro atado y le abandona. Recoge al animal Celso, un humilde guardia de seguridad que se lo lleva a su hijo pequeño, al que le da una gran alegría, justo antes de que su esposa embarazada le dé una noticia inesperada, pues le acaban de confirmar que espera gemelos. A Celso le entra auténtico vértigo, por sus graves problemas económicos y la falta de entereza para poner en marcha alguna solución. 

    Otro de los personajes es Mila, una profesora de Lengua y Literatura asustada ante la perspectiva de regresar al instituto, un año después de ser agredida por un alumno violento. Mila tiene como vecina a una anciana solitaria, que acoge perros abandonados, a la que los demás inquilinos del inmueble toman por loca. 

    Por último, Valeria es una estudiante de violoncelo, que mantiene una relación con su profesor, un hombre que le dobla la edad y que tiene pavor de contarle la verdad sobre su vida. Paradójicamente, la madre de Valeria ha sido abandonada por su marido, que también se ha ido con una chica más joven. 

    Los actores sacan todo el partido a unos personajes bien trazados, lo que da lugar a varias secuencias de intensidad dramática. Se luce especialmente Alex Brendemühl, con el personaje que más evoluciona, y sin duda, el más interesante, con momentos de primera, como el de la cabina telefónica, y el desenlace de su historia. Como siempre, Mercedes Sampietro ofrece una lección de arte dramático, y también dan la talla a pesar de la brevedad de sus intervenciones Silvia Munt y Joaquim De Almeida. 

    El arranque es una buena metáfora de lo que les sucede a los protagonistas, que llegan a tocar fondo, quedándose tan solos como el citado perro abandonado. Es la consecuencia más importante de su propia cobardía, pues la directora se centra sobre todo en mostrar a individuos incapaces de tomar las riendas de su propia vida, que tienen difícil superar sus problemas de incomunicación, de aceptación del paso del tiempo y de desamor. 

    A partir de un guión bien urdido, Colell utiliza la cámara para exteriorizar los sentimientos de sus protagonistas. Los planos cerrados, ausentes de aire, imprimen la pauta narrativa de todo el metraje. La asfixia vital a la que se ven sometidos es reforzada por una banda sonora carente de hilo musical extradiegético. 

    Sólo los quejidos del violonchelo dejarán su huella de vez en cuando, a través de los ensayos en el conservatorio o de las piezas que escucha repetidamente Silvia Munt. El resto es silencio, vacío, abandono. La voz en off será el único recuso ajeno al encuadre que, a pesar de su artificiosidad, no resta interés a la propuesta. 

    La directora introduce sutilmente los elementos de su puesta en escena: los planos que dan la espalda a los personajes, la cámara en mano, los cuadros en los que el protagonista se convierte en espectador acodado en un margen de la pantalla mientras observa lo que ha perdido, etc. 

    Todos los recursos al servicio de la emoción concreta que se plasma en la pantalla. Llena de pequeños detalles, de opciones inteligentes, de informaciones incompletas que llenan la narración, la cinta va cobrando fuerza a medida que se suceden los lunes, los miércoles, los viernes y la vida sobrepasa a sus personajes. 

    La virtud de Colell radica, sin duda, en no llevar la narración al territorio del melodrama. La contención de sus actores -entre los que sobresalen unas esplendidas Sampietro y Munt- le ayuda a no caer en la tentación y le lleva a la reflexión. 

    Pero no todo es negativo en el universo de la realizadora y la línea entre la deseperación y la salvación está a una caricia de distancia, a una llamada telefónica, a una mirada de bienvenida. Colell (que se estrenó en el largo con Nosotras [2000]) tiene mucho que decir y aportar a la cinematografía española con su manera de contar sincera y conmovedora, contenida y diferente. Imagen (X): 15' a 15' 40''.(decine21 / Filasiete / Almudí SC-JD)