películas
Un verano ardiente

Un verano ardiente

Un été brûlant
  • Público apropiado: Adultos
  • Valoración moral: Con inconvenientes
  • Año: 2013
  • Dirección: Philippe Garrel
Contenidos: Imágenes (varias S)

Dirección: Philippe Garrel.
Países: Francia, Italia y Suiza. Año: 2011. Duración: 95 min. Género: Drama. Interpretación: Monica Bellucci (Angèle), Louis Garrel (Frédéric), Céline Sallette (Elisabeth), Jérôme Robart (Paul), Vladislav Galard (Roland), Vincent Macaigne (Achille), Maurice Garrel (abuelo). Guion: Philippe Garrel, Marc Cholodenko y Carolina Deruas-Garrel. Producción: Edouard Weil, Conchita Airoldi, Giogio Magliulo y Pierre-Alain Meier. Música: John Cale. Fotografía: Willi Kurant. Montaje: Yann Dedet. Vestuario: Justine Pearce. Distribuidora: Alta Classics. Estreno en España: 19 Abril 2013.

Reseña:

   Fréderic (Louis Garrel) es un pintor bohemio francés casado con la famosa actriz Angèle (Monica Bellucci). Tras hacer amistad con Elisabeth (Céline Sallette) y Paul (Jérôme Robart), una joven pareja de novios que trabajan en el mundo de los figurantes cinematográficos, deciden vivir en la misma casa en Roma. En ambas mujeres va creciendo la insatisfacción y la infelicidad: en el caso de Angèle por sus mutuas infidelidades; en el caso de Elisabeth, por la falta de madurez de Paul.

   El veterano cineasta Philippe Garrel es un cineasta muy personal, mimado por el cahierismo, que encarna perfectamente las idiosincrasias del cine francés, y que a las historias sentimentales que ha dirigido se añaden sus reflexiones sobre las consecuencias que tuvo en la juventud Mayo del 68. “Un verano ardiente” es una curiosa película que, tras su apariencia absolutamente francesa —relativista, amoral, subversiva, burguesamente antiburguesa...— se esconde un alegato a favor del matrimonio y la maternidad, en clave de lo que la mentalidad dominante llamaría tradicional.

   Se trata de una película de actores, muy bien dirigidos, y que con el telón de fondo de Roma, y sus legendarios estudios de Cinecittá, tejen una intriga que se mueve en la frontera del culebrón sin llegar a traspasarlo. Describe un mundo espiritual muy frágil, muy posmoderno, y sutilmente nihilista. Pero los personajes muestran puntos de fuga que superan ese marasmo que caracteriza al cine centro y norteuropeo contemporáneo. Por ejemplo, la adúltera Angéle es una creyente que busca momentos para ir a rezar a la Iglesia; la débil Elisabeth, que se ha intentado suicidar en el pasado, da la espalda al vacío cuando descubre jubilosa la maternidad; Fréderic reconoce que la muerte de su matrimonio está en haberse cerrado a la procreación.

   Frente a tantas películas de la misma órbita cultural de Garrel, ésta parece dar un paso de superación del sesentayochismo autocomplaciente. Garrel no sólo apuesta por la familia en la resolución de las tramas, sino que el actor protagonista es su hijo Louis, conocido precisamente por protagonizar esa exaltación del 68 que fue “Soñadores”, de Bernardo Bertolucci. Y su padre, el ya anciano actor Marcel Garrel, tiene una aparición puntual que se puede interpretar como una creencia del protagonista en un “más allá” tras la muerte. Dicho esto, también hay que reconocer que el interés intrínseco del argumento es muy relativo, y los vaivenes sentimentales tienen un indudable sabor a “deja vú”. (Cope J. O.)