
Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II
Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva
Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica
(Hch 2,14a.36-41) "Convertios y bautizaos todos en nombre de Jesucristo"
(1 Pe 2,20b-25) "Sus heridas os han curado"
(Jn 10,1-10) "Yo soy la puerta de las ovejas"
Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II.
Homilía durante la Misa de ordenación sacerdotal (25.IV.1999)
--- Don del sacerdocio
--- El presbítero, imagen del Buen Pastor
--- Fidelidad a la misión
--- Don del sacerdocio
“Yo soy el buen pastor, (…) conozco a mis ovejas y las mías me conocen” (Aleluya).
Este domingo, llamado tradicionalmente el “buen pastor”, se inserta en el itinerario litúrgico del tiempo pascual, que estamos recorriendo. Jesús se aplica a sí mismo esta imagen (cf. Jn 10,6), arraigada en el Antiguo Testamento y muy apreciada por la tradición cristiana. Cristo es el buen pastor que, muriendo en la cruz, da la vida por sus ovejas. Se establece así una profunda comunión entre el buen pastor y su grey. Jesús, escribe el evangelista, “a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. (…) Y las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (Jn 10, 3-4). Una costumbre consolidada, un conocimiento real y una pertenencia recíproca unen al pastor y sus ovejas: él las cuida, y ellas confían en él y le siguen fielmente.
Por eso, qué consoladoras son las palabras del Salmo responsorial, que acabamos de repetir: “El Señor es mi pastor, nada me falta” (Sal 22,1).
--- El presbítero, imagen del Buen Pastor
Según una hermosa tradición, desde hace algunos años, precisamente el domingo del “buen pastor” tengo la alegría de ordenar nuevos presbíteros. Hoy son 31. Dedicarán su entusiasmo y sus energías jóvenes al servicio de la comunidad de Roma y de la iglesia universal.
Amadísimos ordenandos, mediante el antiguo y sugestivo gesto sacramental de la imposición de las manos y la plegaria de consagración, os convertiréis en presbíteros para ser, a imagen del buen Pastor, servidores del pueblo cristiano con un título nuevo y más profundo. Participaréis en la misma misión de Cristo, sembrando a manos llenas la semilla de la misión de Cristo, sembrando a manos llenas la semilla de la palabra de Dios. El Señor os ha llamado para que seáis ministros de la misericordia y dispensadores de sus misterios.
La Eucaristía, fuente y culmen de la vida cristiana, será el manantial cristalino que alimentará de modo incesante vuestra espiritualidad sacerdotal. En ella podréis encontrar fuerza inspiradora para el ministerio diario, impulso apostólico para la obra de la evangelización y consuelo espiritual en los inevitables momentos de dificultad y lucha interior. Al acercaros al altar, en el que se renueva el sacrificio de la cruz, descubriréis cada vez más las riquezas del amor de Cristo y aprenderéis a traducirlas a vida.
Queridos hermanos, es muy significativo que recibáis el sacramento del orden, en este domingo del “buen pastor”, en el que celebramos la Jornada mundial de oración por las vocaciones. En efecto, la misión de Cristo se prolonga a lo largo de la historia a través de la obra de los pastores, a quienes encomienda el cuidado de su grey. Como hizo con los primeros discípulos, Jesús sigue eligiendo nuevos colaboradores que cuiden de su grey mediante el ministerio de la palabra, de los sacramentos y el servicio de la caridad. La llamada al sacerdocio es un gran don y un gran misterio. Ante todo, don de la benevolencia divina, puesto que es fruto de la gracia. Y también misterio, dado que la vocación está relacionada con las profundidades de la conciencia y de la libertad humanas. Con ella, empieza un diálogo de amor que, día a día, forja la personalidad del sacerdote mediante un camino de formación que comienza en la familia, prosigue en el seminario y dura toda la vida. Sólo gracias a ese ininterrumpido itinerario ascético pastoral el sacerdote puede convertirse en icono vivo de Jesús, buen pastor, que se entrega a sí mismo por la grey confiada a su cuidado.
--- Fidelidad a la misión
Me vienen a la memoria las palabras que os dirigiré dentro de poco, al entregaros las ofrendas para el sacrificio eucarístico: “Vive el misterio que se confió a tus manos”. Sí, queridos ordenandos, este misterio del que seréis dispensadores es, en definitiva, Cristo mismo que, mediante la comunicación del Espíritu Santo, es fuente de santidad y llamada incesante a la santificación. Vivid este misterio: vivid a Cristo; sed Cristo. Que cada uno de vosotros pueda decir con san Pablo: “Ya no vivo yo; es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20).
Amadísimos hermanos y hermanas, que habéis venido para participar en esta celebración, oremos para que estos 31 nuevos presbíteros sean fieles a su misión, renueven todos los días su “sí” a Cristo y sean digno signo de su amor a toda persona. Pidamos también al Señor, en esta Jornada mundial de oración por las vocaciones, que suscite almas generosas, dispuestas a ponerse totalmente al servicio del reino de Dios.
María, Madre de Cristo y de la Iglesia, te encomendamos a estos hermanos nuestros que hoy reciben la ordenación. Te encomendamos, asimismo, a los sacerdotes de Roma y del mundo entero. Tú Madre de Cristo y de los sacerdotes, acompaña a estos hijos tuyos en su ministerio y en su vida ¡Alabado sea Jesucristo!
DP-54 1999
Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva
La imagen del pastor, tan familiar al pueblo de Dios -unos pastores fueron los primeros a quienes se les comunicó la noticia de la llegada de Jesús a la tierra-, es utilizada por el Maestro para recordar a los suyos, que el que ha vencido a la muerte, es el verdadero guía de la Iglesia. Esta sugestiva imagen, fue empleada profusamente en la Iglesia de los primeros siglos, tanto en la predicación de los Padres, como en la iconografía.
Jesucristo es el Buen Pastor que conoce a los suyos y que da la vida por ellos; “quien Dios ha constituido Señor y Mesías” (1ª lect), y el que orienta a los “descarriados” y es “guardián de nuestras vidas” (2ª lect).
“Cristo ha dado a su Iglesia la seguridad de la doctrina, la corriente de gracia de los sacramentos; y ha dispuesto que haya personas para orientar, para conducir, para traer a la memoria constantemente el camino” (S. Josemaría Escrivá). Estos son nuestros pastores. La voz que hemos de oír y rechazar la del extraño que “no viene sino a robar, matar y destruir”. Hemos de ponernos en guardia contra esa pseudo curiosidad intelectual que lleva a preferir la voz de los extraños a la Iglesia, pensando que así tendremos una visión más crítica, menos pueril. Ya en la época apostólica, S. Ignacio de Antioquía, escribía: “Os exhorto, pero no yo, la caridad de Jesucristo, a que uséis sólo del alimento cristiano y os abstengáis de toda hierba ajena, que es la herejía. Los herejes entretejen a Jesucristo con sus propias especulaciones, presentándose como dignos de todo crédito, cuando son en realidad como quienes brindan un veneno mortífero diluido en vino y miel. El incauto que gustosamente lo toma, bebe en funesto placer su propia muerte”.
El bombardeo audiovisual que soportamos nos lleva, en ocasiones, a que sean los ojos y no la razón los que nos certifiquen una verdad. La prueba gráfica se presenta siempre como irrefutable, cuando es el material más manipulable y del que más debemos desconfiar. Muchas veces, para encontrar el camino de la verdad en la jungla informativa en que nos movemos, es preciso cerrar los ojos para que las interesadas o falsas imágenes, las fotos o video composiciones no nos engañen, y abrirlos a la Palabra desinteresada y liberadora de Jesucristo que nos llega en la enseñanza del Papa y los Obispos en comunión con él y en quienes actúa Cristo Pastor de su Pueblo.
Jesucristo no quiso sólo mostrarnos el camino que conduce a los parajes más ricos y amenos, sino que sale continuamente en busca de la oveja perdida dándose a Sí mismo en la Eucaristía y en el Sacramento de la Reconciliación. Conocedores de nuestra facilidad para equivocar el rumbo y de nuestras rebeldías, debemos tener la humildad y el talento de acudir al Sacramento de la Confesión para volver al buen camino, donde Cristo Buen Pastor y Médico nos ayudará a volver al camino seguros, limpios y renovados.
Al meditar en este Sacramento de la Misericordia de Dios, digamos de corazón y con agradecimiento lo que, en el Salmo Responsorial, hoy afirma la Iglesia: “El Señor es mi Pastor/ nada me falta...Tu bondad y tu misericordia me acompañan/ todos los días de mi vida/ y habitaré en la casa del Señor por años sin término”.
Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica
«La del Buen Pastor es una voz distinta»
I. LA PALABRA DE DIOS
Hch 2, l4a,36-41: «Dios lo ha constituido Señor y Mesías»
Sal 22,1-6: «El Señor es mi pastor, nada me falta»
1P 2, 2ob-25: «Habéis vuelto al Pastor y guardían de vuestras vidas»
Jn 10,1-10: «Yo soy la puerta de las ovejas»
II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO
La fe en la resurrección y la confesión de Cristo como Señor está recogido por S. Lucas en este discurso de S. Pedro. S. Lucas, como hace Pablo en Rm 10,1s, usa el «kyríos-panton», Señor de todas las cosas, aunque acostumbra a designar a Jesús con estos mismos títulos en los hechos prepascuales. Vuelven a darse momentos clásicos en los discursos «misioneros». En esta ocasión el contraste entre «vosotros crucificásteis» y «Dios lo ha constituido», es una llamada de atención que surte efecto inmediato.
En la alegoría del Buen Pastor, Jesús retoma una imagen ya familiar en el AT. Se atribuye unas funciones que el pueblo tenía como exclusivamente divinas.
¿Cómo suena a los oídos del hombre de hoy una voz que tenga «pretensiones» de tener valor universal? ¿Que alguien pretenda erigirse en único guía del mundo? La clave está en eso de «le ha constituido Señor y Mesías».
III. SITUACIÓN HUMANA
En medio de tantas voces, tantos ruídos, escuchamos la voz de Dios que, es por la gracia, fuente de nuestra propia identidad, porque el mismo Dios nos reconoce como suyos. No es fácil hoy distinguir unas voces de otras. Se requiere atención permanente para distinguir las distintas «longitudes de onda» en que se emiten las voces. Una cosa tenemos por cierta los creyentes: que la voz del Buen Pastor se emite en una onda que no es de este mundo.
IV. LA FE DE LA IGLESIA
La fe
– El germen del Reino es el «pequeño rebaño»: "Este Reino se manifiesta a los hombres en las palabras, en las obras y en la presencia de Cristo. Acoger la palabra de Jesús es acoger «el Reino». El germen y el comienzo del Reino son el «pequeño rebaño» (Lc 12,32), de los que Jesús ha venido a convocar en torno suyo y de los que él mismo es el pastor. Constituyen la verdadera familia de Jesús. A los que reunió así en torno suyo, les enseñó no sólo una nueva «manera de obrar», sino también una oración propia" (764; cf 754).
– Los pastores de la Iglesia: 880-896; 935-939.
La respuesta
– La fe respuesta a la llamada de Dios: "Por su revelación, «Dios invisible habla a los hombres como amigo, movido por su gran amor y mora con ellos para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía». La respuesta adecuada a esta invitación es la fe" (142).
– «Por la fe, el hombre somete completamente su inteligencia y su voluntad a Dios. Con todo su ser, el hombre da su asentimiento a Dios que revela» (143).
– La adhesión y la obediencia a los pastores: 862. 882. 886. 891.
– La parroquia y su pastor: 2179.
El testimonio cristiano
– «Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra ... porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado todo en Él, dándonos al Todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra cosa alguna o novedad (San Juan de la Cruz, Carm. 2,22)» (65).
Oyendo la voz del Buen Pastor sabemos dónde está el camino de la vida. Y nos llama a recorrerlo con Él.
| Palabra de Dios, palabra del hombre |
| Libertad y dignidad de la persona humana |
| Bases fundamentales de la cultura de paz |
| Viktor Frankl a la mujer y al hombre de hoy |
| La filiación del pensamiento de Søren Kierkegaard |
| El vínculo especial de cuidado: construcción de una teoría fundamentada |
| La irracionalidad de lo racionalizado: Una crítica desde la materialidad de la ética |
| El Corazón como camino |
| La resurrección de Jesús en los orígenes cristianos |
| La esperanza de los cielos nuevos y la tierra nueva en la literatura judaica inter-testamental |
| Lo objetivo y lo subjetivo de la redención cristiana Síntesis histórica y perspectiva actual |
| Sentido cristológico de la confesión sacramental |
| Aprender en la Misa a tratar a Dios |
| La Cruz como símbolo protector |
| San José y la caridad: un vínculo devocional e iconográfico [1] |