Domingo de la semana 12 de tiempo ordinario; ciclo A

Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II

Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica

(Jer 20,10-13) "El Señor está conmigo"

(Rm 5,12-15) "Por un hombre entró el pecado en el mundo"

(Mt 10,26-33) "Lo que os digo de noche decidlo en pleno día"

Homilía I: con textos de homilías pronunciadas por S.S. Juan Pablo II

Homilía durante la ordenación de nuevos presbíteros (21-VI-1987)

---“Otros Cristos”

---Apertura al Espíritu

---Testigos de Cristo

---”Otros Cristos”

“Si uno se pone de mi parte ante los hombres” (Mt 10,32).

Queridos hijos y hermanos: Vosotros que hoy recibís la ordenación sacerdotal sois llamados, de manera particular, con la fuerza de estas palabras de Cristo.

Sois llamados a reconocerlo ante los hombres con toda vuestra humanidad, con todo vuestro “yo” humano.

Si todos los cristianos están llamados a ello, vosotros lo estáis de modo especial. Si de cada bautizado el antiguo escrito dice: “Christianus, alter Christus”, de vosotros de manera particular, se debe decir: “Sacerdos, alter Christus”.

¿Podría acaso ocurrir de otra manera, si cada uno de vosotros tiene el derecho y el deber de actuar “in persona Christi”? ¿Si a partir de hoy, día de vuestra ordenación, cada uno debe servirse de la propia palabra, de la propia voz, de la propia voluntad para cumplir de manera sacramental, el sacrifico de Cristo?

Considerad esto una vez más, antes de acercaros a la ordenación.

---Apertura al Espíritu

Decidle a Dios con las palabras de Jeremías en la primera lectura: “Señor..., tú sondeas lo íntimo del corazón... a ti encomendé mi causa” (Jer 20,12).

Que este momento sea el momento de una particular apertura delante de Dios, en el cual todo el hombre interior le dice a Él: “Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; por tu gran compasión vuélvete hacia mí. Pero mi oración se dirige a Ti, Dios mío, el día de tu favor” (Sal 68/69,17.14).

¡Sí! Que este día sea un tiempo de gracia que se extienda a toda la vida sacerdotal de cada uno de vosotros. Que el “Señor esté a vuestro lado, como fuerte soldado” (Jer 20,11), ante el cual, toda la debilidad humana, la limitación, la pecaminosidad, puedan ser transformadas en santidad, en humildad, en amor, en la potencia del Espíritu.

Volvamos al Cenáculo. Allí inició de hecho el sacerdocio de la Nueva Alianza, unido al sacrificio de Cristo y enraizado en su sacerdocio.

En el Cenáculo también Cristo habla del Espíritu de la verdad: “El dará testimonio de mí” (cfr. Jn 15,26-27), dice a los Apóstoles: “Y también vosotros daréis testimonio de mí” (cfr. Jn 15, 26-27).

---Testigos de Cristo

Estáis llamados a ser testigos de Cristo. El testimonio de los Apóstoles debe prolongarse, debe actualizarse a través del testimonio de cada uno de vosotros.

¡Ven, Espíritu Creador!

Para que pueda crear en cada uno de vosotros un espíritu nuevo y un corazón nuevo.

Para que pueda encender el celo del que habla el Salmista: “El celo de tu casa me devora” (Sal 68/69,10).

La vida que se abre ante vosotros recibe luz y fuerza sobre todo, de la elocuencia de estas palabras del Salvador: “Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo” (Mt 10,32).

La Iglesia ruega para que la elocuencia de estas palabras del Salvador se realice en cada uno de vosotros.

“No les tengáis miedo” (Mt 10,26).

La verdad del Evangelio “decidla en pleno día” (Mt 10,27).

El mensaje de Cristo crucificado y resucitado “predicadlo desde las azoteas” (Mt 10,28).

“Y no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma” (Mt 10,28)

El Señor esté con vosotros, con cada uno de vosotros siempre y en todas partes: ¡os guíe con la potencia de su Espíritu! “para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto dure” (Jer 15,16).

DP-106 1987

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Homilía II: a cargo de D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva

Como Jeremías (1ª lect.), los que siguen al Señor probarán la incomprensión, la burla y un rechazo incivil que puede incluso abocar a la muerte. Frente a esta posibilidad, Jesús repite tres veces que no tengamos miedo porque está con cada uno para vencer al mal (3ª lect.). Pero la confesión valiente de nuestra fe, aunque sin aspavientos, no debe aguardar a que se produzcan estas situaciones límite de persecución religiosa violenta, sino que debe articularse en los sucesos de cada día en el hogar; en el ejercicio de la profesión, negándonos con amabilidad pero sin temor a prácticas que desdicen de un buen cristiano; en los lugares de diversión y descanso, en las relaciones sociales.

“No tengáis miedo...” La Iglesia, apoyada en ésta y otras enseñanzas de Jesús, recuerda que existe el Infierno, que es verdaderamente terrible. Los mártires, que amaban la vida tanto o más que quienes se apegan a esta existencia terrena, tuvieron muy en cuenta esta advertencia del Señor. Sabían que la vida eterna es más valiosa que la temporal. No condenemos al silencio esta severa enseñanza de Jesús que tanto puede ayudarnos a embridar la concupiscencia de los ojos y de la carne y la soberbia de la vida ayudándonos a un vivir cristiano coherente.

Una vieja sentencia cristiana dice: Respice in finem, mira al fin. Y la Escritura aconseja: “Piensa en los Novísimos y no pecarás” (Eccl 7,40). El fin para los seres humanos racionales es el Cielo o el Infierno. ¿El Cielo? La visión de Dios cara a cara por toda una eternidad. Esa visión comportará una felicidad total, incluso corporal: “Ya no tendrán hambre, ni sed, ni descargará sobre ellos el sol, ni el bochorno, porque el Cordero que está en medio del solio será su pastor, y los llevará a fuentes de aguas vivas, y Dios enjugará todas las lágrimas de sus ojos” (Apoc 7, 16-17). En una palabra, no hay palabras para describir la inmensa dicha que se apoderará de quienes se vean inmersos en ese océano infinito de la Vida Trinitaria de Dios. Lo asegura S. Pablo: “Ni ojo vio, ni oreja oyó, ni pasó al hombre por pensamiento cuáles cosas tiene Dios preparadas para aquellos que le aman” (1 Cor 2,9). El Infierno, en cambio, es terrorífico.

“No tengáis miedo”, nos dice el Señor. En una sociedad en la que se considera una conquista el derecho y el respeto a la diferencia, aunque ésta sea tantas veces burlada, el avergonzarse temerosamente de las propias creencias sencillamente porque difieren de las que tienen las personas que tratamos, no debería tener sentido. Es más, junto a una lamentable falta de personalidad y libertad, un comportamiento semejante es sumamente peligroso porque el Señor ha asegurado que Él también se avergonzará de quien así se conduzca en el día del Juicio delante de su Padre y de sus ángeles. ¿Qué convicciones, qué libertad y qué concepto de sí mismo tiene quien no se atreve a vivir y a hablar como piensa?

“La Iglesia católica -dice Juan Pablo II- no dejará nunca de defender la libertad religiosa y la libertad de conciencia como derechos fundamentales de la persona, porque cree que no hay libertad posible ni puede existir verdadero amor fraterno fuera de la referencia a Dios... Cristo no obligó a nadie a aceptar sus enseñanzas. Las presentaba a todos sin excepción, dejando que cada uno fuese libre de responder a su invitación. Éste es el modelo que sus discípulos hemos de seguir... Lejos de sentirnos obligados a pedir excusas por poner el mensaje de Cristo a disposición de todos, estamos convencidos de que tenemos derecho y obligación de hacerlo”.

No escondamos nuestra condición de cristianos aunque con el Salmo Responsorial de hoy podamos afirmar: “Por Ti, Señor, he aguantado afrentas”. Enseñaremos así a muchos el verdadero sentido de los bienes de este mundo, el destino eterno a que toda criatura está llamada. Realizaremos un servicio colosal a tanta gente que, narcotizada por el afán desmedido de unos bienes efímeros, corre el peligro de olvidar aquellos otros que no se acaban, que

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Homilía III: basada en el Catecismo de la Iglesia Católica

 

"``No tengáis miedo'', dijo Jesús y repite el Papa"

I. LA PALABRA DE DIOS

* Jr 20,10-13: "Libró la vida del pobre de manos de los impíos"

* Sal 68,8-10.14 y 17.33-35: "Que me escuche tu gran bondad, Señor"

* Rm 5,12-15: "El don no se puede comparar con la caída"

* Mt 10,26-33: "No tengáis miedo a los que pueden matar el cuerpo"

II. APUNTE BÍBLICO-LITÚRGICO

* En Jeremías, la audacia supera al temor. Pasa del "pavor en torno" a "el Señor está conmigo, mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo" (1ª Lect.).

* Gracias a un solo hombre, Jesucristo, "la benevolencia y el don de Dios desbordan sobre todos". Merced a esa misericordia y don de Dios, la fuerza de Jesús está con los que creen en Él.

* El discípulo de Jesús tiene que superar el miedo mediante la confianza porque:

_ el Reino de Dios no es para guardarlo en el corazón, sino para anunciarlo y realizarlo;

_ si sufre persecución, sus enemigos no podráán matar el alma, sino el cuerpo;

_ Dios Padre cuida mucho más del hombre que de los pajarillos.

* De tal modo ha de vencer el miedo que, si llega la ocasión, tiene que dar testimonio público de que su esfuerzo o valentía no son de él sino de Jesús.

III. SITUACIÓN HUMANA

* La sociedad humana, tantas veces hostil a principios irrenunciables para un cristiano, nos ofrece la oportunidad de defender gallardamente nuestra fe. No se trata de crearse enemigos ni de suscitar polémicas en vano para ejercer de héroes todos los días. Viviendo sencillamente nuestras verdades suscitaremos interrogantes en muchos, especialmente entre quienes creen estar muy seguros "de su propia verdad".

IV. LA FE DE LA IGLESIA

* La fe

_ !Ánimo! Yo he vencido al mundo:

"La fortaleza es la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral. La virtud de la fortaleza hace capaz de vencer el temor, incluso hasta la muerte, y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones. Capacita para ir hasta la renuncia y el sacrificio de la propia vida por defender una causa justa.

"Mi fuerza y mi cántico es el Señor''. ``En el mundo tendréis tribulación, pero !ánimo!, yo he vencido al mundo''" (1808).

_ Dar testimonio de la verdad:

"Ante Pilato, Cristo proclama que había ``venido al mundo a dar testimonio de la verdad''. El cristiano no debe "avergonzarse de dar testimonio del Señor''. En las situaciones que exigen dar testimonio de la fe, el cristiano debe profesarla sin ambigüedad, a ejemplo de S. Pablo ante sus jueces. Debe guardar una ``conciencia limpia ante Dios y ante los hombres''" (2471).

* La respuesta

_ El cristiano, testigo del Evangelio:

"Todos los fieles cristianos, dondequiera que vivan, están obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de su palabra al hombre nuevo de que se revistieron por el bautismo y la fuerza del Espíritu Santo que les ha fortalecido con la confirmación (AG 11)" (2472).

* El testimonio cristiano

_ "No me servirá nada de los atractivos del mundo ni de los reinos de este siglo. Es mejor para mi morir (para unirme) a Cristo Jesús que reinar hasta los confines de la tierra. Es a Él a quien busco, a quien murió por nosotros. A Él quiero, al que resucitó por nosotros. Mi nacimiento se acerca... (S. Ignacio de Antioquía, Rom 6,1- 2)" (2474).

Estamos llamados a la valentía de Cristo, que vino al mundo para dar testimonio de la verdad.