¿Quién es el administrador fiel y prudente que el amo pondrá al frente de su casa para dar a su tiempo la ración adecuada? (Lc 12, 42).--- La ración, el tiempo y las necesidades: son los tres factores que conjuga el administrador. Esta rara armonía entre personas, medios y horarios nos recuerda el oficio de director de orquesta. La música de las cosas hay que combinarla con el ritmo de las personas. Los instrumentos deben concertarse en la armonía del hogar.
* * * * * * * *
Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo (Eclesiastés 3, 1).--- Hay dos modos de concebir el tiempo: como un saco o como un mapa.
El tiempo-saco abruma con su peso a quien lo carga. En su interior se acumulan, en angustioso revoltijo, tareas, obligaciones, plazos, distracciones: mil asuntos heterogéneos e inconexos. ¡Y ay si el saco se rompe!: Quien no recoge conmigo desparrama… (Mt 12, 30).
El tiempo-mapa, en cambio, está surcado por un camino y hay un paisaje que contemplar. Unas veces el caminante tiende la vista al horizonte, que es su fin, y otras se entretiene con las menudencias de alrededor ---las vicisitudes cotidianas---, que por estar en su lugar preciso resultan únicas, variadas y singulares, acaso un tesoro.
* * * * * * * *
Para administrar bien tu tiempo empieza ordenando tus cosas. Recogiendo cada mañana todo lo de ayer, guardando tu ropa y arreglando tu habitación te dispones óptimamente para el día de hoy. En la organización de tus objetos esbozas tu jornada; en el armario ensayas el horario.
* * * * * * * *
Me acuesto y me despierto, y Yahvé me sostiene (Sal 3, 6).--- El oficio doméstico vela sobre esta especie de morir y nacer que es acostarse y levantarse. El dormitorio, con sus muebles y accesorios, es el lugar donde retomamos la vida en su miniatura, que es el día, y donde percibimos más agudamente su sentido. Allí añoramos al mismo tiempo los brazos de nuestra madre y los de Dios, y por eso musitamos nuestras oraciones y nos vestimos ese traje de niño que es el pijama.
* * * * * * * *
Asistir al crecimiento del prójimo implica ante todo creer en que se producirá; creer que esa persona (el hijo, el marido, la esposa, el hermano) puede y debe ser quien promete ser.
| Palabra de Dios, palabra del hombre |
| Libertad y dignidad de la persona humana |
| Bases fundamentales de la cultura de paz |
| Viktor Frankl a la mujer y al hombre de hoy |
| La filiación del pensamiento de Søren Kierkegaard |
| El vínculo especial de cuidado: construcción de una teoría fundamentada |
| La irracionalidad de lo racionalizado: Una crítica desde la materialidad de la ética |
| El Corazón como camino |
| La resurrección de Jesús en los orígenes cristianos |
| La esperanza de los cielos nuevos y la tierra nueva en la literatura judaica inter-testamental |
| Lo objetivo y lo subjetivo de la redención cristiana Síntesis histórica y perspectiva actual |
| Sentido cristológico de la confesión sacramental |
| Aprender en la Misa a tratar a Dios |
| La Cruz como símbolo protector |
| San José y la caridad: un vínculo devocional e iconográfico [1] |