Al felicitar por la Navidad a la Curia romana
CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 22 diciembre 2005 (ZENIT.org).- Al hacer un balance del año 2005, Benedicto XVI recordó sus acontecimientos más importantes para la vida de la Iglesia: el fallecimiento de Juan Pablo II y su elección como Papa; la Jornada Mundial de la Juventud de Colonia; el Sínodo y el Año de la Eucaristía; y el cuadragésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II.
El Santo Padre continuó con la tradición de su predecesor de aprovechar el encuentro con motivo del intercambio de felicitaciones navideñas con los cardenales, arzobispos, obispos y miembros de la Curia Romana, para hacer un repaso de los acontecimientos vividos por la Iglesia en los últimos doce meses.
El encuentro tuvo lugar este jueves en la Sala Clementina del Vaticano. En nombre de los presentes saludó al Papa el decano del Colegio cardenalicio, el cardenal Angelo Sodano.
Fallecimiento de Juan Pablo II
El balance del pontífice comenzó con los últimos días de Juan Pablo II, constatando que en sus últimos meses de vida, el Papa que más documentos ha escrito en la historia y que más ha viajado tuvo que recorrer «un camino de sufrimiento y de silencio».
Recordando la última Semana Santa del Papa Karol Wojtyla, que fue también para él una semana de pasión, constató que «con sus palabras y obras, nos ha dado grandes cosas; pero no es menos importante la lección que nos ha dado desde la cátedra del sufrimiento y del silencio».
Juan Pablo II habló al mundo «a través de su dolor mudo, transformándolo en un gran mensaje», subrayó.
«La respuesta que tuvo lugar en todo el mundo a la muerte del Papa fue una manifestación estremecedora de reconocimiento por el hecho de que él, en su ministerio, se entregó totalmente a Dios por el mundo», aseguró
En un momento lleno de odio y violencia, aclaró, «nos enseñó de nuevo el amor y el sufrimiento al servicio de los demás; nos mostró, por así decir, en vivo, al Redentor, la redención, y nos dio la certeza de que el mal no tiene la última palabra en el mundo».
Elección del nuevo Papa
Benedicto hizo también referencia brevemente a su elección como sucesor de Juan Pablo II en la cátedra del apóstol Pedro, el 19 de abril.
Según confesó, se trata de «una tarea así estaba mucho más allá de todo lo que habría podido imaginar como vocación para mí. Por eso, sólo gracias a un acto de confianza en Dios pude pronunciar en la obediencia mi "sí" a esta elección».
«Al igual que entonces, os pido también hoy a todos vosotros oración, pues cuento con su fuerza y apoyo», indicó.
Jornada Mundial de la Juventud
El primer viaje apostólico internacional de este pontificado con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia, en agosto, fue otro de los momentos analizado por el balance papal.
Al recordar la alegría y la paz del más de un millón de jóvenes congregados a orillas del río Rin, consideró que de aquel encuentro la Iglesia ha aprendido una lección: la importancia de la adoración de la Eucaristía.
«En un mundo en el que progresivamente desfallecen los criterios de orientación y se da la gran amenaza de que cada quien haga de sí mismo el propio criterio, es fundamental subrayar la adoración», afirmó.
Sínodo de los obispos y Año de la Eucaristía
Este año ha sido también el del Sínodo mundial de los obispos sobre la Eucaristía, que clausuró en octubre el Año de la Eucaristía, convocado por Juan Pablo II.
Si bien, como anunció el mismo Papa, todavía quedan por recoger las «Proposiciones» sinodales en un documento que se publicará posteriormente, reconoció que la cumbre episcopal se convirtió en testigo para el mundo de la fe de la Iglesia en la presencia real de Cristo resucitado en la Eucaristía, «con su carne y su sangre, en cuerpo y alma, con su divinidad y humanidad».
«Para mí es conmovedor ver cómo por doquier, en la Iglesia, se está despertando la alegría de la adoración eucarística y cómo se manifiestan sus frutos», confesó.
Cuadragésimo aniversario el Concilio Vaticano II
El pasaje más amplio de su balance el Papa lo dedicó al cuadragésimo aniversario el Concilio Vaticano II, que se celebró el 8 de diciembre pasado.
«Cuarenta años después del Concilio podemos constatar que lo positivo es más grande y está más vivo de cuanto no lo pareciera en la agitación de los años alrededor de 1968. Hoy vemos que la semilla buena, a pesar de que se desarrolle lentamente, sin embargo crece, y crece así también nuestra profunda gratitud por la obra desarrollada por el Concilio».
«La Iglesia, tanto antes como después del Concilio, es la misma Iglesia una, santa, católica y apostólica, en camino a través de os tiempos», dijo contradiciendo a quienes consideran que la cumbre ecuménica supuso una ruptura de la Iglesia con el pasado.
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