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Información y democracia

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Escrito por Rafael María de Balbín
Publicado: 08 Marzo 2017

Los medios de comunicación deben servir para construir, en orden al bien común de la comunidad humana, en los órdenes económico, político, cultural, educativo y religioso

Un buen indicador del talante democrático de una sociedad es la libertad y el pluralismo de la información. Los totalitarismos tratan de eliminar todas las voces discordantes y fomentan el pensamiento único.

«La información se encuentra entre los principales instrumentos de participación democrática. Es impensable la participación sin el conocimiento de los problemas de la comunidad política, de los datos de hecho y de las varias propuestas de solución. Es necesario asegurar un pluralismo real en este delicado ámbito de la vida social, garantizando una multiplicidad de formas e instrumentos en el campo de la información y de la comunicación, y facilitando condiciones de igualdad en la posesión y uso de estos instrumentos mediante leyes apropiadas» (Pontificio Consejo ‘Justicia y Paz’. Compendio de la doctrina social de la iglesia. N. 414).

Para lograr la objetividad en la información hay que soslayar el peligro de las concentraciones editoriales, televisivas e informativas, que suelen tener vínculos muy estrechos con los poderes financieros y la actividad gubernativa (cf. S. Juan XXIII, Carta enc. Pacem in terris, 260). Los monopolios y oligopolios son obstáculos injustos a la libertad democrática.

Los medios de comunicación ejercen un profundo influjo en la vida de los ciudadanos. Deben servir para construir, en orden al bien común de la comunidad humana, en los órdenes económico, político, cultural, educativo y religioso. «La información de estos medios es un servicio del bien común. La sociedad tiene derecho a una información fundada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad» (Catecismo de la Iglesia Católica, 2494).

Junto a las dificultades técnicas de los medios de comunicación social están también los inconvenientes de las ideologías, del deseo de lucro y de control político, de las rivalidades y conflictos entre grupos. Hay que apelar a los valores morales en el campo de las comunicaciones sociales. «La dimensión ética no sólo atañe al contenido de la comunicación (el mensaje) y al proceso de comunicación (cómo se realiza la comunicación), sino también a cuestiones fundamentales, estructurales y sistemáticas, que a menudo incluyen múltiples asuntos de política acerca de la distribución de tecnología y productos de alta calidad (¿quién será rico y quién pobre en información?)» (Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, Ética en las comunicaciones sociales (4 de junio de 2000), p. 25).

Los medios de comunicación social contribuyen poderosamente al bien o al mal de los ciudadanos singulares y de toda la sociedad, teniendo en cuenta que la persona y la colectividad  humana son el fin y la medida del uso de los medios de comunicación social. Y el bien de las personas no se puede realizar independientemente del bien común de las comunidades a las que pertenecen (cf. Idem, pp. 27-29)

La buena salud democrática depende mucho del comportamiento de los medios de información y comunicación. Debe haber una participación ciudadana, a través de los organismos de participación, en el proceso de toma de decisiones acerca de la política de comunicaciones. Participación que debe ser pública y representativa, para asegurar que los medios de comunicación no estén dirigidos primordialmente al lucro particular ni la imposición ideológica de los poderosos (cf, idem,  pp. 30-32)

Rafael María de Balbín

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