Almudi.org
  • Inicio
  • Libros
  • Películas
    • Estrenos de CINE
    • Estrenos de DVD - Streaming
    • Series de TV
  • Recursos
    • Oración y predicación
    • La voz del Papa
    • Infantil
    • Documentos y libros
    • Opus Dei
    • Virtudes
    • Kid's Corner
  • Liturgia
    • Misal Romano
    • Liturgia Horarum
    • Otros Misales Romanos
    • Liturgia de las Horas
    • Calendario Liturgico
    • Homilías de Santa Marta
  • Noticias
  • Almudi
    • Quiénes somos
    • Enlaces
    • Voluntariado
    • Diálogos de Teología
    • Biblioteca Almudí
  • Contacto
    • Consultas
    • Colabora
    • Suscripciones
    • Contactar
  • Buscador
  • Noticias
  • La credibilidad de la Iglesia y el fuego de Dios

La credibilidad de la Iglesia y el fuego de Dios

  • Imprimir
  • PDF
Escrito por Alfonso Sánchez-Rey
Publicado: 15 Enero 2019

Si resulta que tenemos la Verdad, ¿por qué no la transmitimos? ¿Por qué no es atrayente? Quizá es que la hemos reducido a ideas. Y no hemos ido al motor que la pone en marcha: el Amor

El gran problema de la Iglesia actualmente es la credibilidad. No somos creíbles. Y es curioso, porque la Iglesia defiende la Verdad. Hoy resulta también muy llamativo lo que se miente, en todos los ámbitos... Es como si nos hubiéramos acostumbrado a la mentira. No importa tanto la verdad de las cosas y las personas, sino si aquello convence. Las noticias falsas ¿cómo son? “creíbles”. Son, a fin de cuentas, algo que concreta deseos que hay en el ambiente, y como nos gustaría que fueran verdad, las creamos nosotros, les damos paso con normalidad y, encima, nos las creemos. Es el hombre “creador”. Si la realidad no me da la razón, creo otra realidad, una realidad virtual que, por lo menos, me va ilusionando, pero que, al mismo tiempo, me engaña.

¿Cómo hacer creíble a Jesús y su Evangelio? ¿Con ideas, con doctrinas? Poner en marcha tan solo ideas nos pone al mismo nivel que las otras ideas que están en circulación y, muchas veces, esas otras ideas son mucho más atractivas que las nuestras, porque, las más de las veces, son cómodas y presentan todas las facilidades para adherirse a ellas. No nos engañemos, sigue pegando lo oriental y la new age.

Además, se va poniendo en circulación cierto carácter esotérico que resulta muy atractivo, y conecta además con una espiritualidad poco comprometida, un “espíritu sin Dios” y sin responsabilidades. La verdad no es lo más importante. En un mercado religioso, que es lo que hoy se lleva, si nos ponemos a competir con todo tipo de ideas raras, tenemos todas las de perder. Pero tampoco podemos consolarnos y decir que nosotros tenemos o estamos en la Verdad, sencillamente porque hemos de usar las armas de Dios para defenderla y, como no lo hacemos, la Verdad acaba debilitada o desaparecida. Pero ¿cómo lo hacemos?

Hay algo que es genuinamente nuestro, que está en la entraña de nuestra fe y no acabamos de darle paso: que Dios es Amor. Y que se ha encarnado. San Juan evangelista no se cansa de repetirlo. Y sabía muy bien a qué se refería: había escuchado los latidos del Corazón de Jesús. Hay que darle más vueltas a la filiación divina y sus consecuencias, porque la teoría nos la sabemos, pero no le hemos puesto patas, no nos la hemos creído convirtiéndola en vida. Que somos hijos de Dios y hermanos entre nosotros no es únicamente una certeza, sino algo que cambia la vida.

Si resulta que tenemos la Verdad, ¿por qué no la transmitimos? ¿Por qué no es atrayente? Quizá es que la hemos reducido a ideas. Y no hemos ido al motor que la pone en marcha: el Amor. Hay que pensar más por qué la gente busca testimonios. No únicamente porque les arrebate un toque de afectividad que para nosotros puede ser empalagoso. Esa justificación resulta muy superficial. Es que necesitan puntos de apoyo, algo que les mueva. Ver que Dios cambia vidas concretas. Necesitan luz, que la Luz verdadera los deslumbre. Y no les damos ámbitos donde eso se produzca. Los nuevos métodos: Alpha, Emaús, Hakuna..., la proliferación de adoraciones por tantos sitios, son formas de encender esa luz. ¿Qué tocan “demasiado” el corazón? Pero vamos a ver, ¿qué es lo que hacía Jesús? ¿Qué es lo primero que hizo Pedro tras Pentecostés? Poner fuego.

Nos estamos empeñando en darle a la gente cosas que quizá no siente como algo que necesiten, y lo que creen necesitar, lo que llevan en su interior como deseo, acaban buscándolo en otros sitios. Si una persona que está sufriendo, por ejemplo, un proceso de ruptura matrimonial, y está destrozada porque su marido la ha dejado plantada (o su mujer, tanto da), ¿qué le ofrecemos? ¿Qué solución le damos? Porque esa mujer que está agobiada por su futuro, en su desesperación puede abocarse a que le echen las cartas, o le digan lo que le espera a través de los posos de café. ¿Qué le damos como alternativa? ¿No tendremos que poner de nuestra parte para encender de nuevo la esperanza, sin teorías, con confianza, con empatía, hablándole de un Dios que ama? ¿Y si le ponemos más fuego, ese fuego que Jesús ha traído a la tierra y quiere que arda?

Alfonso Sánchez-Rey, en religion.elconfidencialdigital.com.

  • Anterior
  • Siguiente

Colabora con Almudi

Quiero ayudar
ARTÍCULOS
  • Palabra de Dios, palabra del hombre
    Martín Gelabert Ballester
  • Libertad y dignidad de la persona humana
    Martín Kriele
  • Bases fundamentales de la cultura de paz
    Egla Cornelio Landeroa
  • Viktor Frankl a la mujer y al hombre de hoy
    Wenceslao Vial
  • La filiación del pensamiento de Søren Kierkegaard
    Juan Fernando Sellés
  • El vínculo especial de cuidado: construcción de una teoría fundamentada
    Lorena Chaparro Díaz
  • La irracionalidad de lo racionalizado: Una crítica desde la materialidad de la ética
    Luis Fernando Villegas
  • El Corazón como camino
    Antonio Schlatter Navarro
  • La resurrección de Jesús en los orígenes cristianos
    José Juan Romero
  • La esperanza de los cielos nuevos y la tierra nueva en la literatura judaica inter-testamental
    Luis  Díez Merino
  • Lo objetivo y lo subjetivo de la redención cristiana Síntesis histórica y perspectiva actual
    Leonardo Cappelluti
  • Sentido cristológico de la confesión sacramental
    José Miguel Odero
  • Aprender en la Misa a tratar a Dios
    Juan José Silvestre Valor
  • La Cruz como símbolo protector
    Teresa Díaz Díaz
  • San José y la caridad: un vínculo devocional e iconográfico [1]
    Sandra de Arriba Cantero
MÁS ARTÍCULOS

Copyright © Almudí 2014
Asociación Almudí, Pza. Mariano Benlliure 5, entresuelo, 46002, Valencia. España

  • Aviso legal
  • Política de privacidad